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Ciudades medias: eficiencia, vivienda y calidad de vida

por Jorge Galindo — Martes, 26 de abril de 2011

Vitoria, una de las ciudades medias por excelencia de España, vista desde arriba. Fuente.

Las ciudades medias, ya sea como parte de grandes Áreas Metropolitanas o como núcleos secundarios aislados, van a ser las protagonistas futuras del urbanismo en España. Ya lo han sido en otros países occidentales con un desarrollo económico y urbanístico que va por delante del nuestro: Estados Unidos, Alemania, Bélgica. Por eso debemos preocuparnos por saber cómo pueden ayudarnos o impedirnos el conseguir una mayor calidad de vida.

El concepto “media”, necesariamente, se refiere a una posición relativa al entorno: la “media” en una muestra estadística es el punto intermedio de todos los valores. En este caso, el valor principal es el número de habitantes de los municipios considerados. En España, la dispersión de tamaños de municipio es muy grande, con un inmenso número de núcleos por debajo de 50.000 habitantes (de hecho, más del 50% de ellos están por bajo de los 500), y unos pocos (13) por encima de 300.000, que concentran el 22% de la población. En principio, toda aquella ciudad entre estos valores puede ser considerada como una “ciudad media”. Esto incluye a veinte millones de españoles repartidos en más de 200 municipios. El porcentaje de habitantes en estas ciudades rondaba en 2010 el 26%, habiendo subido más de cuatro puntos en la última década. Mientras, las ciudades más grandes (más de 500.000 habitantes) perdieron 0,5 puntos. Está claro que la población está decidiendo que el futuro de la vivienda está, en gran medida, en las ciudades medias.

Pero hemos de completar la definición de ciudad media poniéndola en relación con su entorno inmediato, con su ubicación en el sistema urbano: las ciudades medias son lo suficientemente grandes como para generar dinámicas económicas y sociales que superan las fronteras del propio municipio, y son puntos receptores netos de flujos de movilidad de los municipios de su alrededor. Las ciudades medias descentralizan el sistema urbano, esto es obvio, pero… ¿tienden a hacerlo hacia arriba o hacia abajo? Es decir: ¿están “bebiendo” población de las grandes áreas metropolitanas, o de la población rural? En Estados Unidos, por ejemplo, la respuesta está bien clara: las ciudades medias llevan cuatro décadas absorbiendo población de clase media de las grandes áreas, generando continuos urbanos infinitos configurados bajo el paradigma de la baja densidad.

En España, desde mediados de la década de los noventa, las grandes urbes han frenado su crecimiento, y se mantienen gracias a la inmigración extranjera. Las ciudades medias que hacen las veces de subcentro en un área metropolitana han estado absorbiendo la mayor parte de los movimientos de emancipación de jóvenes y de migraciones interiores. Sin embargo, las ciudades más aisladas o que constituyen núcleos económicos secundarios atraen población de áreas rurales o semirrurales colindantes, con lo que tenemos que, en España, los municipios medianos “beben” habitantes de ambas fuentes porque se ha solapado en el tiempo el fenómeno del éxodo rural con el del “éxodo urbano” en tan solo cincuenta años, cuando en el resto de Occidente casi un siglo separó ambos procesos. Esto hace que, como veremos más adelante, distinguir entre ciudades medias aisladas y ciudades medias en áreas metropolitanas sea importante a la hora de considerar factores de intervención.

Una vez establecidos los trazos que definen de la situación, la pregunta que nos debe ocupar a la hora de planificar y diseñar políticas urbanas es la eterna duda de la eficiencia: estas ciudades medias, ¿aportan o restan eficiencia al sistema urbano? Entendemos, por supuesto, “eficiencia” en el sentido económico más estricto y menos “empresarialista”: el de conseguir un mayor volumen de población que esté maximizando su calidad de vida. Esta “duda de la eficiencia” se desdobla y se concreta en dos:

- ¿Las ciudades medias evitan los costes de la aglomeración (problemas de congestión, contaminación y saturación)?
- ¿Las ciudades medias incrementan los beneficios de la agloremación (economías de escala, reducción de costes de intercambio)?

La respuesta no es absoluta. Hay tres factores que intervienen en que la pregunta de la eficiencia se derive hacia el lado positivo o el negativo: diversificación económica, red de transportes, y configuración de la vivienda. Cada uno de estos factores actúa a veces de manera distinta dependiendo de si hablamos de núcleos relativamente aislados o ciudades dentro de áreas metropolitanas. Y aunque el que más nos interesa es el último porque es objeto de este blog hablar de vivienda y espacio público, para comprenderlo plenamente necesitamos abordar antes los otros dos.

1. Grado de diversificación económica y apertura hacia el exterior.

Una aproximación superficial nos dice que a más diversificación económica, mayor capacidad para incrementar los beneficios de la aglomeración, dado que la especialización puede ser muy eficiente a corto plazo, permitiendo que los trabajadores y las empresas de una población hagan muy bien una cosa y todo el mundo les “compre”, pero les expone de manera peligrosa a shocks de demanda del producto o servicio en el que se han especializado. Diversificar disminuye el riesgo, y por tanto aumenta la calidad de vida a largo plazo.

Las ciudades medias más aisladas, por tanto, deberían tender a no especializarse demasiado para evitar casos como, por ejemplo, el de Villacañas y la fabricación de puertas. Sin embargo, la especialización tiene la ventaja de que genera de manera más rápida y potente los beneficios de la aglomeración. Por tanto, el output óptimo será el de tener una especialización sin que esta suponga una dependencia por implicar un alto porcentaje de los activos económicos y laborales del municipio.

Por otro lado, podría considerarse una ciudad media insertada en un área metropolitana mayor aporta más diversificación si está especializada en un sector de actividad, porque puede verse al conjunto de la aglomeración urbana como un sistema económico. Pero para esto es necesario que la movilidad de factores (especialmente trabajadores y empresas) en su interior sea relativamente grande. Es decir: que se trate de una economía integrada. Lamentablemente, esto no siempre es así, debido en gran medida a la relación entre movilidad laboral y vivienda. Ya hablamos aquí de cómo abordar este problema, y no nos extenderemos en él.

2. Red de transportes.

Este es el punto, a priori, más sencillo: a más y mejor conectada esté una ciudad, más probabilidades tendrá de interactuar con su entorno, evitando problemas de saturación y facilitando los beneficios de la aglomeración porque los factores productivos se moverán más rápidamente. Las ciudades medias, tanto aisladas como cercanas a áreas metropolitanas, hacen muchas veces de hubs organizadores de transporte de personas y mercancías, con lo que efectivamente ayudan a reducir los problemas de la saturación y movilidad.

Pero cabe una advertencia importante: una ciudad media (especialmente si está aislada) no puede, no debe confiar en una infraestructura de transporte para incrementar los beneficios de la aglomeración. En España tenemos unos cuantos casos de ciudades de tamaño medio que se ilusionaron ante la llegada del AVE, por ejemplo, para luego darse cuenta de que la nueva linea les vaciaba más que les llenaba, económica y demográficamente hablando. ¿La razón? El núcleo con el que eran enlazadas (Madrid) es sustantivamente mucho más denso y grande, con lo que atraía más actividad de la que expulsaba. Por eso, antes de “conectarse” a los grandes nodos, una ciudad media ha de tener muy en cuenta qué puede perder en términos de aglomeración de capital con esta conexión, y cómo va a contrarrestar este efecto. La estrategia más habitual suele ser una especialización, el disponer de algo distinto, siempre que, como ya hemos resaltado en el punto anterior, esto no suponga una dependencia.

3. Configuración de la vivienda y el espacio público.

La “forma” de una ciudad media será el factor determinante último de su grado de eficiencia. El problema es que la descentralización del sistema urbano que suponen las ciudades medias se puede producir (como de hecho sucede en Estados Unidos) a costa de un crecimiento desmesurado de la baja densidad. Los beneficios de la aglomeración dependen directamente de la densidad: a mayor sea ésta, más fluido será el intercambio de información y factores productivos.

Una clásica ciudad media estadounidense, configurada como suburb de baja densidad. Fuente.

Sin embargo, podría argumentarse que existe un trade off respecto a los problemas de congestión y saturación: a más personas hay en un espacio, más probable es la congestión de cualquier tipo, y mayor es el impacto medioambiental. Lo que sucede es que esto solo es verdad en parte. Por un lado, es imprescindible contemplar el factor de la ordenación urbana: es cierto que gestionar a más gente en menos espacio es más difícil, pero no es imposible. Los datos de densidad en Mumbai y en Manhattan, por ejemplo, no están tan lejanos entre ellos. Por otro, hay consideraciones que hacen que merezca la pena intentarlo: el impacto sobre el territorio (sobre el suelo, especialmente) está mucho más localizado, la gestión de residuos es evidentemente más eficiente, es más sencillo construir redes de transporte público eficaz, y la ubicación de todo tipo de servicios públicos se hace mucho más sencilla porque los ciudadanos están agrupados. Es obvio que hay un umbral a partir del cual estas “economías” de escala de población urbana se convierten en deseconomías. Pero basta con que nos paremos en esos límites, sin llegar a lo que podríamos denominar “muy alta densidad”. Cosa que, por otro lado, es necesario tener muy en cuenta en las ciudades medias dentro de áreas metropolitanas, donde la falta de suelo es más patente: hay un momento en el cual no se debe crecer más, y hace falta asumirlo y aceptarlo.

A tenor de este análisis, si queremos que las ciudades medias de España realmente ayuden a mejorar nuestra calidad de vida (aumentando los beneficios de la aglomeración y reduciendo sus costes), tendremos que conseguir:

- Especialización económica no dependiente, combinada con diversificación.
- Red de transportes eficiente y bien planificada.
- Descentralización equilibrada.
- Vivienda de densidad media-alta y alta bien repartida.

Nótese que si la densidad de vivienda no es media o alta, no se puede equilibrar la descentralización, es mucho más difícil hacer una red de transportes eficiente, y la economía dinámica tendrá menos probabilidades de surgir, relegándose al modelo de ciudad-dormitorio. Por tanto, es en conseguir un espacio urbano de “densidad no baja” donde hemos de poner el peso en las ciudades medias españolas. ¿Qué significa eso? Significa:

a. Establecer un mecanismo fiscal que grave el habitar en viviendas nuevas de baja densidad dentro de términos municipales medianos o grandes, a modo de “compensación” por el mayor impacto medioambiental que supone.

b. Hacer uso previo de recursos disponibles: rehabilitación, rehabilitación y más rehabilitación. Como no podía ser de otra manera, este es uno de los temas favoritos en La Ciudad Viva. Y todo lo que se diga no será suficiente en un país con un exceso de oferta apabullante. Aprovechar los recursos que ya tenemos nos asegura normalmente disminuir la dispersión a la mínima expresión.

c. A la hora de habilitar nuevos barrios, el sector público ha de preocuparse de que en la zona de densidad media-alta o alta los costes y la gestión de recursos públicos sea perfectamente eficiente, particularmente en lo que respecta a recogida de basuras y ahorro energético.

d. Disponer de una red de servicios públicos bien dimensionada y distribuida pensando para que la baja densidad salga realmente cara en este sentido, obligando de alguna manera a quien vive alejado del núcleo a pagar el coste de acceder a los mismos (guarderías, colegios, polideportivos, etcétera).

e. Imputar de manera directa los costes de suministros y canalizaciones específicamente caros para viviendas aisladas o urbanizaciones.

En resumen: si hacemos que construir en baja densidad salga caro, podremos conseguir que el imparable crecimiento de las ciudades medias en España sortee los enormes problemas del formato de “suburbio”, y haga realmente eficientes estos nuevos protagonistas del sistema urbano.

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Algunas lecturas interesantes que han sido fuentes del artículo:

Retrato de un país en crisis, reportaje de El País sobre Villacañas.

Urbanismo, regulación y precios, de Roger Senserrich.

Cities, Agglomeration and Spatial Equilibrium (libro), de Edward Glaeser.

Ciudades medias en España, de Joan Ganau y Joan Vilagrasa.

Geografía y ciudades medias en España: ¿la búsqueda de una definición innecesaria?, Gonzalo Andrés.

Las ciudades medias y la expansión territorial, de Andrea Rojas.

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Un comentario a “Ciudades medias: eficiencia, vivienda y calidad de vida”

  1. Escritos de Jorge Galindo » Blog Archive » {En La Ciudad Viva} Ciudades medias, eficiencia y calidad de vida dice:

    [...] Aquí explico mi punto de vista. [...]

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