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la catarsis de lo público

por Santiago de Molina — Miércoles, 8 de junio de 2011

Pasear por cualquier ciudad y contemplar el espacio público significa ver a cada instante medidas coercitivas que regulan y limitan su uso. Calles, plazas y jardines no son ya de disfrute general. La ciudad no pertenece  a los ciudadanos. En algún momento se ha usurpado a sus habitantes la posibilidad de dotar de espontaneidad a sus acciones o incorporar a la ciudad lo imprevisto.

Las calles y plazas permanecen como una sucesión de espacios de circulación regulada, con barreras para evitar que peatones interfieran con los vehículos, semáforos, señales, publicidad, obstáculos, papeleras y contenedores nos recuerdan a cada paso funciones específicas a cumplir como obligación cívica.

Las plazas no son ya los salones de la ciudad, no se dan allí sino como reliquias de la historia los eventos capaces de congregar a la ciudadanía en instantes previstos, regulados y anticipados. El uso del espacio publico está vigilado hoy por ojos que controlan los movimientos y delitos de sus habitantes. Con el beneplácito de los dirigentes de la ciudad, miles de anuncios de publicidad suponen una distorsión y una contaminación visual irremediable de la forma urbana. Por nuestro bien hemos sido desposeídos de uno de los pocos lujos que atesoraba aquel que habitaba la ciudad: el espacio compartido y su profundo sentido público.

Hoy, entre el 15 y el 20 de la superficie del planeta se encuentra protegida de una u otra manera. Existen zonas sobre las que algún tipo de ley trata de impedir la ocupación o el deterioro. Desde parques nacionales, a monumentos, el diferente grado de protección no se basa en una mera reserva de suelo sino en auténticas zonas de exclusión donde el crecimiento, la alteración o mejora serán imposibles en el futuro. Resulta evidente que a la vez que crece el suelo, el espacio o la arquitectura protegida, los habitantes son quienes ceden parte de sus derechos.

Sin embargo, la tutela a que los gobiernos han ido sometiendo la ciudad se está viendo bruscamente malinterpretada por parte de unos ciudadanos que exigen recuperar la capacidad de interacción con su habitat de un modo muy diferente. Quizás fruto de un nuevo tipo de madurez.

El concepto de lo público se está viendo redefinido a marchas forzadas. La aparición de la tecnología social hace posible la conexión ciudadana de modos impensables hasta hace unos años. La congregación y la confluencia de intereses por medio de las redes sociales, fuera del control de los mecanismos de gobierno tradicionales, otorgan una capacidad a los ciudadanos para disponer por si mismos multitud de cuestiones impensables hasta hace poco. Miles de pequeñas “microdecisiones” combinadas y prácticamente simultáneas, son capaces de alterar el orden urbano habitual.

Hemos visto como estos mecanismos de comunicación ciudadana son capaces de derrocar gobiernos, generar y organizar protestas urbanas y congregar intereses de un modo aparentemente espontáneo y novedoso.

El paternalismo de las medidas coercitivas y legales sobre la ciudad se está viendo modificado o complementado por estas nuevas exigencias de participación por parte de sus habitantes. Mientras, los gobiernos asisten atónitos a este nuevo espectáculo en el que aún no saben bien que partido tomar.

La recuperación de lo público acarrea de modo directo alternativas para generar la ciudad. El urbanismo ha quedado bruscamente arrinconado como una disciplina obsoleta en mano de técnicos y políticos que apenas son capaces de conciliar ya los intereses de los futuros habitantes. Un urbanismo sin densidad que dilapida uno de los bienes más escasos de que disponen los ciudadanos y el futuro: el suelo.

El urbanismo se ha comportado de un modo insostenible. Las ciudades crecen como si el suelo sobre el que lo hacen fuese un bien inagotable. Ciudades dispersas que implican gastos de desplazamientos inviables a medio plazo. Manzanas que funcionan como ghettos aislados entre vías solo de circulación. Ciudades sin calles ni espacio público más que el que pueda generar el inconexo tejido comercial que se genera en sus bajos. Ciudades sin ciudadanos.

Sin embargo la ciudad, históricamente, ha germinado bajo condiciones ligadas al sentido del lugar. La proximidad y la vecindad eran capaces de generar densamente el mayor invento y patrimonio del ser humano.

El sociólogo Richard Sennett comenzó su carrera ocupándose del declive de lo público en un interesante ensayo en que se ponía de manifiesto esta problemática. Hoy el filósofo Javier Gomá exige en otro brillante estudio cierta “ejemplaridad pública” capaz de alterar el modo en que la sociedad se comporta en su vida en común.

Términos como “tercer entorno”, “urbanismo de código abierto” o “urbanismo emergente”, tratan de dar cabida a una nueva manera de concebir la ciudad en que el concepto de “hibridación” pasa a ocupar un lugar predominante en esa redefinición de la forma y las tareas encomendadas a la metrópoli.(1)

La excitación generada por los últimos acontecimientos de movilización ciudadana pronto pasará a un estado distinto, seguramente de menor visibilidad aunque quizás de mayor latencia. Sin embargo la caja de Pandora en la toma de decisiones en la ciudad ya se ha abierto y no parece fácil volver a cerrarla.

Recuperar el control de lo público gracias a un mayor compromiso de los ciudadanos con su entorno urbano, gracias a una nueva forma de autocontrol y de autogestión, fruto de cierta madurez social, parece un camino sin retorno.

Mientras, el papel de los arquitectos seguramente se centre en suavizar y ayudar a encontrar puntos de acuerdo en las zonas de colisión de los intereses contrapuestos que se dan al hacer ciudad. Su capacidad mediadora en los conflictos urbanos no puede ser dejada de lado si quiere sobrevivir al futuro como una figura de utilidad. Esta mutación de sus tareas, parece tan inevitable como irrenunciable.

Si bien el arquitecto está llamado a transformar su labor como intermediario y conciliador de esas voluntades, también es cierto que la mayor parte de la profesión no se encuentra preparada para un entorno de trabajo de estas exigencias. Porque no solo se trata de una reformulación de su papel público sino también de un compromiso ético con su trabajo de una mayor fortaleza.

En una sociedad en la que no cuenta el talento para generar valor, en que el papel del arquitecto necesita redefinirse y en el que apenas es capaz de sostener lazos con lo que tradicionalmente han sido sus principales valores como colectivo profesional, solo parece posible ocupar un lugar útil como intermediario dispuesto y como referente en contra de la superficialidad. La ciudad se ofrece como el mejor tablero de juego para esa tarea.

.

Santiago de Molina

Arquitecto y docente hace convivir la divulgación y enseñanza de la arquitectura, el trabajo en su oficina y la página Múltiples estrategias de arquitectura

(1) términos como el de “urbanismo emergente” acuñado por Juan Freire o el de “hibridación” empleado, fuera de su ámbito arquitectónico habitual, por Stepienybarno en un reciente artículo de la Ciudad Viva y desde el que han lanzado un interesante movimiento de ya ámplia repercusión #URBANISMOREALYA.

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16 comentarios a “la catarsis de lo público”

  1. Javier Ricardo Simón Niño dice:

    Si bien estoy de acuerdo en que el papel del arquitecto necesita redefinirse para tratar de ser uno de los mediadores que canalicen la energía que es capaz de generar una sociedad urbana, tratando de conciliar los intereses, a veces contrapuestos, que la propia ciudad genera, creo que la principal tarea que debe de afrontar nuestra profesión es la de recuperar la confianza de los ciudadanos. Hoy por hoy, amplias capas de la sociedad desconfían de nosotros, nos ven como embaucadortes de bonitas, y huecas, palabras y extraños e incomprensibles diseños, cuyo objetivo primordial escobrar unos honorarios desmesurados.

  2. Javier Ricardo Simón Niño dice:

    No negaré que existe un fondo de razón en esos prejuicios, pero es cierto que han calado profundamente en la sociedad. Quizás como colectivo debieramos someternos a una deconstrucción gremial que nos despojase de viejos y desafortunados hábitos,para tratar de resurgir reforzando los aspectos de nuestra profesión que han hecho que las sociedades precisaran de nuestro concurso desde los albores de la historia, incorporando nuevas ópticas y herramientas hijas de la época que nos ha tocado vivir. No se que ciudad puede surgir de este magma palpitante que muchos empezamos a notar, no en vano en mi opinión la ciudad es siempre una realidad a posteriori, pero hay una clara situación de oportunidad de cambiar cosas en la profesión y en las sociedades urbanas que no podemos permitirnos desaprovechar.

  3. La catarsis de lo público | laciudadviva | veredes dice:

    [...] + artículo publicado en laciudadviva.org etiquetas:arquitectura, artículo, ciudad, ciudadanía, espacio público, urbanismo [...]

  4. Stepienybarno dice:

    Artículo redondo.
    Totalmente de acuerdo en que el control y los anuncios se han apoderado del espacio público consiguiendo con ello que pierda su sentido como “salón de la ciudad”. Aunque, también es cierto que todas estas “microdecisiones” que se están tomando en torno al 15M, están devolviendo al espacio público su verdadero papel protagonista.
    Quizás, desde “la autogestión y autocontrol”, consigamos volver a apropiarnos de él y reclamar su condición de “tablero de juego” para la interacción.
    Y aquí, es cierto que técnicos como los arquitectos podemos tener una tarea más que importante. Como comenta Javier Ricardo Simón Niño, no estaría mal ser capaces de realizar una “deconstrucción gremial que nos despojase de viejos y desafortunados hábitos” para ser capaces de convertirnos en “mediadores” o los “facilitadores” de los que hablan en La Panaderia.
    Para ello, entendemos que es importante que los proyectos y farragosos planes urbanísticos se conviertan en procesos que aúnen diferentes intereses y perspectivas.

    Felicidades, nuevamente, Santiago y gracias por la generosa mención que nos haces.

  5. Valeriano Cárdenas dice:

    Nos sumamos a las felicitaciones, intermediario, facilitador o catalizador son calificativos esenciales para acometer los nuevos quehaceres… No sería mala idea repensar una sencilla estructura jurídica para la gestión del espacio público …que, por poner ejemplo cediera la gestión de pequeños jardines y zonas de juegos a asociaciones vecinales, de tal manera que nos alejemos de la actual infantilización del ciudadano… y empecemos a pensar como una sociedad madura…

  6. Justo Ruiz Granados dice:

    El concepto de la Propiedad es tremendamente complejo y a lo largo de la historia de la humanidad su significación no ha sido siempre la misma. Sólo una característica permanece y es la siguiente: sólo el ser humano tiene la cualidad de poseer algo y este algo lo usa como quiere, o como puede, lo transforma y con ello genera un valor nuevo que antes no existía. La propiedad de este algo puede ser un martillo, un lápiz,… llamémosles herramientas susceptibles de generar objetos y cosas a cambio de un precio cierto. Así ha sido y será desde el principio al fin de los tiempos. El ser humano acrecienta su sentido de la propiedad en el momento en que deja de ser nómada y se hace sedentario. Constantino proclama el cristianismo como la única religión del Estado, es ésta una propiedad feudal que llega al extremo de capitalizar el planeta entero en el SXV(vease a modo de ejemplo el tratado de Tordesillas). El calvinismo y la Reforma de Lutero ponen un punto y aparte al concepto de propiedad privada ya que la burguesía emergente entierra definitivamente el mercantilismo Iglesia-Estado que culminará definitivamente con la Revolución Francesa. Resulta paradójico que la Ilustración fuese el motor de cambio de un nuevo concepto de propiedad, cada vez más privada, y mermara de privilegios al vulgo común hasta el punto de que durante la segunda revolución industrial fuesen los propietarios de esas fábricas llenas de máquinas en donde se producían más máquinas quienes mejorasen las condiciones de salubridad de sus empleados así como regular un convenio laboral. El fin no es otro que obtener mayores ingresos, ya que de este modo los propios trabajadores pueden así comprar aquellos productos que ellos mismos producen con mayor rapidez y eficiencia, es decir, cada vez más baratos (y en estas estamos todavía). Éste, mi querido amigo, es el principio del fin del capitalismo ya que aparece una nueva fuente de ingresos por el cual el Estado se permite gravar ya no sólo a las empresas sino a todo civil común. Este no es otro que el sector servicios. Queramos o no la mayoría de los arquitectos pertenecemos a este sector. Es un sector importante ya que mueve el 70% de los gastos de cualquier ciudadano medio. Dato significativo si pensamos que tan sólo 30 años antes ese 70% se invertía en productos de primera necesidad como comida y vestimenta. Ahora bien, pongamos los puntos sobre las íes: ¿realmente necesita la sociedad de hoy en día, por poner un ejemplo, hoteles de lujo para mascotas? cuando extrapolamos este ejemplo a la Administración pública podemos llegar a encontrarnos disparates aún mayores. Creo seriamente que estamos en los inicios de una fuerte crisis sistémica y cuyo origen no es financiero sino político. Ya nada será igual. Hoy en día el espacio público está herido de muerte, absolutamente fiscalizado por la Administración (que dice llamarse pública). Pero esto se acabó, ya no hay vuelta atrás. Los arquitectos debemos tener un compromiso social (que no socialista) dentro del marco de la libertad (que no liberal) que ofrece el espacio público a todos los ciudadanos. No contar con ellos hoy en día es ser un kamikaze. Es el principio del fin de la arquitectura de los dinosaurios.
    Como siempre, felicidades por tu publicación. Siento haber sido tan extenso… pero me ha encendido.
    Un saludo,
    Justo

  7. STEPIEN Y BARNO » LA CATARSIS DE LO PÚBLICO dice:

    [...] Acceder a la noticia [...]

  8. S. DE MOLINA dice:

    Como decís, Javier Ricardo Simón Niño, Stepienybarno y Valeriano existe una necesidad de replantear el papel del arquitecto en la sociedad. Es un tema no solo fruto de la situación actual sino de los requerimientos sociales que estamos viendo a nuestro alrededor.

    Valeriano, propone medidas concretas y valiosas en torno a la gestión del espacio público y creo que da en el quid del asunto de mucha de esta problemática. La palabra “infantilización” que empleas me parece pertinente.

    Sin embargo no podemos tampoco obviar que la mayor parte de la profesión no son “facilitadores” sino gente que, mal que bien, hace (hacía) proyectos de arquitectura…

    Así pues cómo convertir “proyectistas” en “facilitadores”… ¿Basta cambiar de nombre?, ¿O acaso siempre hemos sido facilitadores, malgre lui?.

    Desde mi punto de vista, la capacidad adquirida por la práctica del proyecto de arquitectura, enfocada desde una posición de un compromiso ético mayor, da muchas de las claves para la reinvención de la profesión del arquitecto en estos nuevos contextos.

    La disposición a ver la realidad desde ópticas diferentes, es un valor. El arquitecto “tiene” una mirada que le permite abrir posibilidades en situaciones en que otros no las ven. En ese sentido si que creo que es facilitador. También como profesional con unas cualidades técnicas que le permiten dar forma a los requerimientos intangibles de la sociedad.

    Para mi son valores que no debiéramos olvidar.

    Si a todo lo anterior le añadimos ciertas buenas dosis de humildad, un esfuerzo por recuperar la dimensión social que toda obra de arquitectura posee, quizás el resultado pueda ser esperanzador.

  9. S. DE MOLINA dice:

    He llegado tarde a tu comentario, Justo.

    El recorrido histórico sobre la propiedad que has expuesto es fantástico. Lateral y rico.

    Suscribo tus palabras: “Los arquitectos debemos tener un compromiso social (que no socialista) dentro del marco de la libertad (que no liberal) que ofrece el espacio público a todos los ciudadanos. No contar con ellos hoy en día es ser un kamikaze”.

    Pero no olvidemos que el arquitecto comprometido es un peligro…

    Un saludo y gracias!!

  10. TOKI dice:

    El concepto de espacio público desapareció en el momento que lo “público” se comenzó a gestionar desde coaliciones político-económicas. Por otro lado, más que redefinir el trabajo del arquitecto, creo que simplemente el profesional que trabaja en espacios urbanos debe reprimir tanto su ego como las ganas de “diseñar” decorados urbanos. Se pueden proyectar soportes abiertos, flexibles y adaptables de lo más interesantes sin caer en la tentación de “diseñarlos”.
    saludos.

  11. La Periferia es el Centro « La Ciudad Viva dice:

    [...] Espaciales. dpr-barcelona 2009 Pp 68 [3] Santiago de Molina. “La Catarsis de lo Público” en La Ciudad Viva Blog. Consulta hecha el 21 de junio [...]

  12. La catarsi dello spazio pubblico dice:

    [...] un interessante articolo proposto da LA CIUDAD VIVA, scritto da Santiago de Molina e da noi  [...]

  13. Informalidad Educacional: fomentar redes autogestionadas de aprendizaje « La Ciudad Viva dice:

    [...] de autocontrol y de autogestión, fruto de cierta madurez social, parece un camino sin retorno.” La catarsis de lo público por Santiago de [...]

  14. “Condicionados pero no determinados” | Miss y Mister Green dice:

    [...] de autocontrol y de autogestión, fruto de cierta madurez social, parece un camino sin retorno.” La catarsis de lo público por Santiago de [...]

  15. Hijos del Mañana » “Condicionados pero no determinados” dice:

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  16. Macotas dice:

    muy buenos dias acabo de enterarme de tu pagina y la verdad es que me parece muy bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote semanalmente.

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