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Resiliencia, o de cómo las ciudades superan la crisis

por Jorge Galindo — Martes, 7 de junio de 2011

La plaza del mercado, en la foto la de Varsovia, siempre ha sido el centro económico de la ciudad, y es de hecho donde surgió la economía de mercado.

Fue allá por verano de 2008 cuando todo comenzó, o mejor dicho, cuando todo se hizo evidente. Hace ya tres años, quién lo iba a decir. En aquel mes de julio, las empresas financieras públicas estadounidenses encargadas de ofrecer préstamos hipotecarios se hundían. Los aparentemente graciosos nombres de Fannie Mae y Freddie Mac se tornaron oscuros e inhóspitos, signo de que algo malo estaba por venir.

E iba a tener mucho que ver con la ciudad en su acepción más llana y física: la de grupo de viviendas. Estábamos hablando, ahora sí todos y no solo algunos expertos iluminados, de una enorme burbuja inmobiliaria. Las advertencias fueron in crescendo durante 2007, hasta la explosión. En España, de hecho, las grandes promotoras comenzaron a declararse en quiebra en aquel año. Es decir: cuando la crisis de crédito llegó de Estados Unidos, el estallido de la burbuja nacional ya estaba allí.

Y esta “tormenta perfecta” provocó una Gran Recesión. Destrucción de empleo acelerada, reducción del PIB, enormes problemas de deuda pública. Las ciudades, pues, se veían ahora afectadas en su dimensión más compleja y humana: la económica y social. Tras la caída de Lehman Brothers y la recesión de 2009, la pregunta principal para las ciudades deja de ser “qué pasará con nuestra vivienda” a “qué sucederá con nuestros habitantes”. Necesitamos un marco de análisis para abordar esta cuestión, que nos permita trabajar a nivel histórico y comparativo para detectar qué entornos urbanos y en qué circunstancias aguantan mejor la crisis, entendiendo por “aguantar” la no merma de bienestar y calidad de vida por parte de los ciudadanos, o incluso (más allá de parámetros estrictamente monetarios) su incremento.

Una situación económica como la actual solo puede ser definida como un shock para un espacio urbano, similar (salvando las distancias) a una catástrofe natural. Y ante un choque, hay tres respuestas posibles y combinables, por este orden: resistir, adaptarse y recuperarse. Estamos, por supuesto, hablando en términos sistémicos: consideramos una ciudad como un sistema económico, social, físico e informacional insertado en un entorno o ecosistema con las mismas dimensiones. De una o varias de las mismas (en este caso, de la economía internacional) viene un factor, casi una avalancha, que afecta a todo el sistema. ¿Cómo se recupera este sistema?

Al hablar de la capacidad de recuperación de un sistema determinado, hablamos de su resiliencia. Es un concepto heredado de las ciencias duras, especialmente de la ingeniería, donde se centra en la mera pérdida y posterior ganancia de equilibrio. La ecología añadió un gramo de complejidad a la idea, al incorporar los conceptos de “absorción” del shock por parte del sistema, y la posibilidad de existencia de un equilibrio nuevo y distinto tras el shock. A partir de ahí y de otras aportaciones anteriores, el economista Ron Martin (Cambridge) está trabajando en una aplicación del concepto a la geografía económica. En el ámbito español, es Ramón Marrades, un joven economista que actualmente está investigando en Holanda, quien trae el tema a nuestro ámbito. Siguiendo a estos autores, si nos quedamos en su acepción más ingenieril, simplemente hablaríamos de cómo una región económica recupera su “senda de crecimiento” (incremento del PIB y creación de empleo) tras la recesión. No estaríamos planteando si han existido cambios en la estructura, si ha aparecido un nuevo equilibrio (noción ecológica). Desde este segundo punto de vista, lo que nos gustaría saber es hasta qué punto el sistema urbano, la ciudad, ha sido capaz de absorber el shock de manera flexible, y cuál ha sido el resultado tras esta absorción.

Porque, ¿qué pasa si el shock es tan fuerte que introduce un cambio permanente? Aquí cabe introducir, como hace Martin, el concepto de histéresis. Según Wikipedia, “la histéresis es la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades, en ausencia del estímulo que la ha generado”. Estamos, pues, ante una idea heredada de la física, que en economía suele utilizarse aplicada al desempleo: existen situaciones en las cuales el paro aumenta hasta unos ciertos niveles, y las causas que han provocado este incremento impiden que descienda. Cabe preguntarse, por ejemplo, si la merma del sector de la construcción en España deja bolsas de desempleados insalvables en nuestras ciudades. Si el hecho de que no se espere recuperación de este sector a medio plazo, y que estemos hablando de trabajadores poco cualificados con escasa capacidad de pasar a otra rama de actividad (salvo que se trate también de una que requiera muchos trabajadores de escasa formación), marca la imposibilidad de descender el nivel de desempleo en los próximos años.

Pero aún cabe un paso más allá en la concepción de resiliencia. Si, como dice Martin, consideramos que estos efectos de “histéresis” pueden no solo ser negativos sino también positivos, se abre la posibilidad para el análisis de lo que la Teoría de Sistemas llama “sistemas adaptativos complejos”. Son “adaptativos” porque son capaces de auto-organizarse ante el shock, y son complejos porque sus elementos y las interacciones entre los mismos constituyen esta auto-organización. Estaríamos hablando, pues, de la capacidad de generar cambios internos para “aguantar” y conservar calidad de vida, pero cambiando la estructura.

Una ciudad es un caso paradigmático de sistema adaptativo complejo. En ella, como sabemos, se concentra la población, y con ello las relaciones sociales, el intercambio informacional y la actividad económica, constituyendo un entorno con relaciones definidas y separadas, aunque en constante contacto con el exterior. Su mayor o menor capacidad de adaptación, y el tipo de respuesta que ofrezca ante un shock, dependerá de sus características internas. Este esquema de Ron Martin lo expone claramente:

Esquema de outputs de un sistema económico regional adaptativo ante un shock. Fuente.

En el apartado de factores a considerar, estaríamos hablando de:

- Estructura económica. Una mayor diversificación, en principio, tiende a favorecer una adaptabilidad también mayor. Un shock externo no suele afectar a todos los sectores por igual. Por tanto, la ciudad que tenga un abanico de especialización más amplio y menos cerrado reducirá su riesgo. Es una mera cuestión de “apuesta”. Por ejemplo, las ciudades de la costa valenciana lo están pasando peor durante esta crisis porque “apostaron” por la construcción y el turismo residencial.

- Competitividad. Este es un concepto más bien ambiguo dentro de la economía, pero esencialmente se refiere a la capacidad de las empresas del entorno de “colocar” sus productos y servicios frente a la competencia. En una situación de descenso de demanda, como la que de hecho estamos viviendo, este será un factor fundamental.

- Sistema de innovación. Por descontado, nada hace más flexible a una economía que sus habilidades y herramientas para reinventarse. Una ciudad como Barcelona que tiene un sistema público-privado de innovación y transferencia de conocimiento establecido y basado en universidades de nivel y empresas colaboradoras tendrá más camino hecho.

- Base de capital humano. El nivel de formación (y la capacidad de reciclarse) de los trabajadores de una ciudad ayudan, por una parte, a la “recolocación” de potenciales desempleados. Y, por otro lado, facilitan el intercambio y generación de información compleja destinada a la innovación y, por tanto, flexibilización del sistema económico urbano ante crisis.

- Cultura empresarial. Este es el componente más ambiguo y difícilmente medible. El hábito de una sociedad determinada de emprender económica y socialmente ante una situación de crisis, ¿cómo se consigue? Más allá de argumentos dudosos sobre “mentalizar” y “educación”, lo que está claro es que hemos de dotar a la ciudadanía de las herramientas necesarias: formación empresarial desde la base, facilidad en la creación de empresas, incentivos para la contratación sostenida.

- Instituciones económicas y gobernanza. El marco institucional y de incentivos en que se mueve la economía local y regional imposibilita ciertas acciones y deja la puerta abierta a otras. Los objetivos, mil veces repetidos, de reducir la burocracia (que no la Administración) a la mínima expresión y controlar de manera férrea las externalidades negativas (como la contaminación), no han perdido ni un ápice de su vigencia.

Estos puntos son, por tanto, los que deberá trabajar cualquier política económica urbana si se busca que una ciudad esté preparada ante potenciales crisis. Hay que resaltar que, como puede apreciarse, no se busca un fin, no se intenta condicionar la acción del sistema o de los actores, sino que, sencillamente, se facilita y potencia al máximo la acción de los mismos. Es una “política de medios” y horizontal, y no de fines o vertical.

El objetivo es que el sistema escoja por sí mismo el “camino” más lógico de los cuatro marcados en el esquema, ordenados por grado de radicalidad en el cambio: resistencia, recuperación, reorientación, renovación.

Sistema de ciudades en Estados Unidos.

Cabe un apunte final pero fundamental: las ciudades no son sistemas cerrados. Al contrario: cada vez más están integrados entre ellos en sistemas de ciudades, de entre los cuales destacan, por evidente aglomeración, las áreas metropolitanas. Es necesario considerar si un mayor nivel de relación económica recíproca entre ciudades hace que éstas puedan actuar de manera más “resiliente” ante crisis económicas, complementando sus distintas especializaciones (estructura económica) y fortalezas en el resto de ámbitos especificados, en una suerte de solidaridad económica sistémica, si queremos utilizar términos pomposos, o mera integración económica, en lenguaje académico llano. Porque, curiosamente, al final estamos hablando de igualdad.

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2 comentarios a “Resiliencia, o de cómo las ciudades superan la crisis”

  1. valeriano cardenas dice:

    Magnífica entrada, como bien explicas la resilencia es la capacidad de absorber el impacto sin alterar las características o propiedades del (eco)sistema, y la fragilidad del mismo es medida de esta variable… atractiva la puerta que abres al final del post a la interrelación con otras ciudades a modo de red-superorganismo.
    Podríamos plantearnos si realmente donde el impacto-crisis incide es en la ciudad como parte o realmente tiene lugar en esa suerte de interconexión red-todo, por decirlo de otra manera, si el impacto incide en el interior de nuestras ciudades o en sus condiciones de contorno.
    Nuestras mas sinceras felicitaciones.

  2. La Periferia es el Centro « La Ciudad Viva dice:

    [...] este punto, resulta muy útil el concepto de resiliencia presentado por Jorge Galindo para ilustrar de que manera los jóvenes técnicos pueden ayudara incrementar la capacidad de la [...]

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