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Variaciones cromáticas

por Marina Moron — Miércoles, 24 de agosto de 2011

 

Todo paisaje es cultural y es nuestra percepción la que le asigna los atributos y relaciones que en último término lo componen. Con ese concepto como herramienta, y con el color como herramienta de análisis del lugar y origen del proyecto, se planteó, como parte de nuestra línea de investigación sobre arquitectura y color, elaborar una propuesta de intervención basada en el estudio del emplazamiento y en el fundamento cromático de la armonía. Armonía entendida aquí no como contraste, no como dialéctica de oposición mediante el juego de complementarios, sino más como una composición de continuidades, de yuxtaposiciones e intersecciones, basada más en la transparencias entre los planos de color y las influencias recíprocas entre ellos, en la forma que Garau, siguiendo algún apunte del propio Arheim, ha señalado.

J. Guinovart

El emplazamiento elegido es “una parcela en la zona de expansión, en contacto con las marismas, en Chiclana de la Frontera (Cádiz)- resulta idóneo para explicitar una forma distinta de enfrentarse al paisaje. Queríamos, al situarnos en el mismo límite, negar la posibilidad de la contemplación, huyendo de las soluciones recurrentes de enmarcar la vista de la naturaleza para producir la ilusión de dominio. El proyecto no podía ser la simple continuación de la ciudad. Asumir la construcción del borde urbano significaría seguir replicando las formas duras del planeamiento industrial, en una frontera siempre cambiante, pero siempre rígida. Ni enfrentarse ni dialogar. Tampoco jugar a disfrazarse de naturaleza. Querríamos introducirnos en el paisaje más que intentar una  mímesis imposible. Y para ello la opción fue jugar, manejar los mismos recursos, las variaciones sensibles, los matices de luz, los entrelazamientos…

 

El proyecto contempla como programa la construcción de un Centro de Estudios e Investigación Medioambientales, una finalidad que consideramos muy apropiada para un espacio que es bá¡sicamente una intersección entre el hecho urbano y el paisaje cultural. Probablemente, sólo la investigación sería capaz del desenvolvimiento consciente en un escenario tan tensionado por las fuerzas de expansión y ocupación. Las líneas dinámicas del paisaje subrayan esa relación de fuerzas. Atenderlas es comprender el lugar. En la marisma, basta una pequeña variación en el nivel del agua para traspasar el protagonismo del paisaje desde la horizontalidad a la verticalidad. Así lo entendió la población de la zona cuando fue marcando con sus compuertas de colores sus territorios. Cuando hemos propuesto un estudio de color para este emplazamiento, éste ha debido ser obligatoriamente dinámico y amplio; tenía que basarse en las transformaciones estacionales, en el papel esencial del tiempo como registro sensible.

 

El estudio de color previo es aquí base y fundamento de la génesis proyectual. La gama dinámica resultante de la percepción sensible de una naturaleza cambiante y viva construye un sustento cromático-conceptual con dos consecuencias fundamentales para la realidad de la intervención. Si los planos de color son al mismo tiempo móviles en el doble eje de ascensión y expansión, dejan de tener sentido términos como rasante, plantas o niveles. Entonces, la topografía deja de ser el recurso de la metáfora habitual para imaginarse como proyección holográfica que se fusiona con los planos del sustrato del paisaje. En segundo lugar, significa que se construye con la realidad lumínica, mucho más que la designación típica de una luz controlada y siempre blanca que se inserta en sección para modelar un espacio. La luz es coloreada -la luz blanca no existe, es una convención normativa- y pertenece al espacio abierto. Reconocerlo es trasladar el protagonismo desde el lenguaje retórico a las cualidades reflexivas de los propios materiales, llevarlo a las posibilidades perceptivas que tiene una composición cromática si está construida mediante una consciente sintaxis tonal.

La armonía es una cualidad subjetiva de las combinaciones de colores, asociada al equilibro y a la compensación que caracterizan la relación entre sus coloraciones y conjuntos de series y grupos. Es una conformación icono-sintáctica sustentada por un esquema cromático, que puede ser más o menos complejo. En la base de su propia consideración subyace un origen musical, evidente en los procedimientos clásicos, tanto en la proporcionalidad -intervalos- como en la tonalidad a partir de los primarios dominantes, y naturalista, con la aplicación de esquemas establecidos presentes en la naturaleza. Entendidas ciudad y marisma como secuencias cromáticas, percibidas en el contacto de su intersección, el proyecto de intervención adquiere la condición de fusión armónica de pentagramas, multiplicados en la ilusión espacial de la transparencia.   Música y sentidos, arquitectura y paisaje.

 

 

*Jesús Marina Barba y Elena Morón Serna

 

Refs.

Josef ALBERS, La interacción del color, Madrid, 1979

Augusto GARAU, Las armonías del color, Barcelona, 1992

Simon SCHAMA, Landscape and Memory, New York, 1995

Tina SUTTON y Bride M.WHELAN, La armonía de los colores, Barcelona, 2006

 

 

 

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Un comentario a “Variaciones cromáticas”

  1. _marina_moron dice:

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