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No tocar.

por Brijuni — Lunes, 7 de noviembre de 2011
Escultura "boy" de Ron Mueck

Escultura "boy" de Ron Mueck

El mundo de los adultos mantiene una extraña relación con el de los niños, una suerte de tira y afloja en el que legislación, pedagogía, modas y miedos conviven de manera bastante poco satisfactoria sin llegar a comprender que el entorno del niño va a ser determinante en su desarrollo intelectual, ya que será capaz de impedir o permitir, incluso fomentar, el intercambio de información con el exterior, y que las escalas de dicho entorno van desde la habitación infantil y la propia vivienda hasta la ciudad y el edificio público.

“Si el medio ambiente físico del niño es pobre, no le aportará más que informaciones restringidas y no estimulará en él la aparición de respuestas nuevas entendiendo por medio pobre el que no favorece su actividad. El niño aprehende y asimila el mundo que le rodea mediante todos sus sentidos, pues la vista no es al principio privilegiada en él y un medio ambiente rico será el que le permita el máximo de actividades diversificadas, actividades que procurarán al niño nuevas estimulaciones sensoriales que enriquecerán su pensamiento” [[i]]

El edificio público debe ser el centro de la vida social de una ciudad. Tanto si está dedicado a la difusión cultural como al ocio siempre será reflejo de la sociedad en sí misma. En este sentido se puede considerar como prolongación de la ciudad o, más exactamente, de los espacios públicos de la misma. 

“What is the public domain? In this context it can be defined as shops, restaurants, airports, railway stations and other public areas which are distinct from the private territory of the family, the home, the motor car or dedicated institutions for children such as the school or the daycare centre where children are supervised and become the responsibility of adult carers, parents and relatives” [[ii]]

Kodomo No Kuni Park en Yokohama. Isamu Noguchi (1965)

Kodomo No Kuni Park en Yokohama. Isamu Noguchi (1965)

Todos los sectores sociales deben poder utilizar libremente estos espacios, en igualdad de condiciones y según sus deseos y necesidades, solamente limitados por las restricciones lógicas que impone el propio espacio o la convivencia. La concienciación que actualmente existe sobre esta función básica del edificio público como catalizador social se hace evidente en leyes como la de accesibilidad para minusválidos, por ejemplo. No siempre ocurre lo mismo con lo que podríamos llamar “accesibilidad infantil” o el libre uso de las instalaciones comunes y públicas por parte de los niños, con especial atención a los menores de siete años. Mediante el estudio de centros escolares y parques urbanos de juegos se puede saber qué estrategias se han ensayado ya en cuanto al uso del espacio por niños, para conseguir un lugar seguro y a la vez estimulante.

En España, la regulación se limita a consejos relativos a la seguridad. Esto, que es básico y sin duda necesario, no es suficiente. Además hay que tener en cuenta que los niños de esta edad no acuden solos al edificio público, con lo que sus cuidadores van a hacerse cargo en gran medida de esta seguridad. Sin embargo, como recalca Piaget y se ve como una de las principales demandas del “consejo de los niños” de Tonucci, el niño necesita de autonomía para poder extraer la información que necesita del exterior. 

Ilustración "ojos de niño" de Frato (Francesco Tonucci)

Ilustración "ojos de niño" de Frato (Francesco Tonucci)

“Obligado a adaptarse incesantemente a un mundo social de mayores, cuyos intereses y reglas siguen siéndole exteriores, y a un mundo físico que todavía comprende mal, el niño no llega como nosotros a satisfacer las necesidades afectivas e incluso intelectuales de su yo en esas adaptaciones, que para el adulto son más o  menos completas, pero que para él siguen siendo tanto más inacabadas cuanto más pequeño es” [[iii]

Esta autonomía dependerá de la libertad de movimientos que tenga según su edad. Como afirma Isabel Berlinches Acín, si el niño está en un ambiente propicio y no recibe ninguna presión externa raramente intentará acciones por encima de sus posibilidades. El recluir al niño en zonas especiales, alejadas del adulto, no hace sino aumentar su sensación de no pertenencia a la sociedad y fomenta de hecho conductas agresivas.

También es importante el aprendizaje por medio de la imitación, para lo cual es fundamental su relación con los adultos. Esta relación debe ser lo más igualitaria  posible, sobre todo en lo que se refiere al espacio. El niño debe sentir que el espacio público le pertenece tanto como a los adultos para poder dar rienda suelta a su capacidad imitativa, para no sentirse cohibido y poder desarrollarse también como ser social, es decir, como parte de esa sociedad.

El edificio público es, normalmente, suficientemente estimulante para el niño, que tenderá a recorrerlo libremente y a tocar y experimentarlo hasta donde pueda. Por ello, las estrategias de diseño para la adaptación de éstos al uso infantil serán muy sencillas, basadas sobre todo en la seguridad y en la protección del contenido del edificio, si es necesario. En la exposición “el niño y el museo”[iv] se ensayaban algunas estrategias que podrían ser útiles a nivel general, como por ejemplo evitar el contacto directo de algunos objetos delicados con el niño (utilizando urnas empotradas en el muro que, además, evitaban golpes) o la de utilizar materiales blandos, seguros para el niño, (que invitasen a tocarlos o incluso saltar sobre ellos) para los elementos auxiliares, como bancos. La utilización del color según las edades del niño ha sido ampliamente ensayada en guarderías y su utilización en edificios públicos, como ocurría en la biblioteca de Hørring, sirve de polo de atracción para los niños, que rápidamente acuden a los lugares de lectura destinados a ellos y se sienten mejor en ellos que en los de los adultos. Este tipo de estrategias, junto con otras como la del restaurante Praq de utilizar mobiliario inspirado en juguetes, sirven para separar usos de una manera natural dentro de un espacio sin necesidad de introducir elementos separadores, como se hace, por ejemplo, en las áreas infantiles de McDonald´s. En resumen, teniendo en cuenta la psicología infantil, ampliamente estudiada desde el siglo XVIII, se puede conseguir que el uso público acoja a todos los públicos en armonía. 

Children´s Museum. Chicago (Estados Unidos)

Children´s Museum. Chicago (Estados Unidos)

Helen Penn, en su artículo “Spaces without children” (Dudek, Mark, Children´s spaces, 2005) afirma que en los últimos años existe una clara tendencia a eliminar a los niños de los lugares públicos, entre los que da mucha importancia a los edificios públicos, a donde se ha trasladado, en muchos casos, el espacio de relación social frente a las plazas de la antigüedad. Distingue dos factores como causantes principales de esta desaparición: la seguridad de los niños y la seguridad de los adultos. Según ella, a pesar de que cada vez la sociedad es más segura para la infancia, el temor a que éstos sufran algún daño es menor y también existe un miedo creciente de los adultos hacia los niños, fomentado por los medios de comunicación. Entre los peligros que puede traer un niño para los demás, ella destaca algunas noticias que aparecen en los medios británicos con cierta frecuencia como vandalismo infantil, peleas entre pandillas, exposición de los niños a pornografía, la explotación infantil o cosas tan extrañas como los peligros que para los perros supone la basura de los bebés entre otras. Como consecuencia de lo anterior, Penn afirma que las familias son cada vez menos numerosas y que los pocos niños que hay en nuestro mundo occidental se ven recluidos en casa porque sus padres entienden que éste es el entorno más seguro.

En definitiva, no se trata tanto de la transformación arquitectónica del edificio público como de la concienciación social. En una encuesta realizada en el Reino Unido entre adultos sobre la presencia de niños en edificios públicos (“Public perceptions of children: interviews with adults”, Dudek, Mark, Children´s spaces, 2005) se puede llegar a la conclusión de que éstos son directamente hostiles ante la hipotética presencia de niños en la mayoría de ellos y, al contrario de lo que anteriormente se ha visto como adecuado según los pedagogos y deseado por los niños, prefieren lugares cerrados donde se les aísle y no les molesten. En este sentido las áreas infantiles de McDonald´s y cadenas similares son las preferidas por los adultos que además valoran el hecho de que los niños puedan comer solos. Realmente sólo los patios de las escuelas parecen ser los lugares donde los adultos admiten que los niños jueguen libremente, ya que los parques y zonas verdes deben compartirlos con las mascotas que los adultos encuestados -opinan mayoritariamente- han de gozar de preferencia ya que, al contrario que los niños (que tienen las escuelas) los perros, por ejemplo, no tienen más lugares donde correr libremente. Esta encuesta, que fue realizada por Eleanor Snow en el año 2004, contó con la participación de cien adultos residentes en Gran Bretaña, elegidos entre diferentes etnias y clases sociales, sin que éstas diferencias se percibiesen en sus respuestas.

Nosotros nos tememos que si la encuesta se hiciera en España, uno de los países con más baja natalidad del mundo, el resultado sería aún más desolador. Sea como fuere, parece evidente que si no se produce un cambio de mentalidad respecto al tema, si no hay algo así como una revolución social acerca de este tema, un grupo de “padres indignados” (con perdón por la comparación) o similar, los niños van a estar cada vez más relegados al ámbito familiar o, más concretamente, al espacio de delante de pantallas de tv u ordenadores…

—–

bRijUNi arquitectos. Estudio de crisis arquitectónica y especulación literaria formado por Beatriz Villanueva Cajide (Arquitecto -ETSAM-, Máster en Gestión de Espacios Virtuales -Fundación Camuñas- y Máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados -ETSAM-) y Francisco Javier Casas Cobo (Arquitecto -ETSAM-y Máster en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura -ETSAM-).


[i] Berlinches Acin, Isabel, Espacio de juegos infantiles urbanos, Madrid, E.T.S.A.M., 1978, p. 79.

[ii]“¿Qué es el dominio público? Bajo este término pueden incluirse lugares como las tiendas, restaurantes, aeropuertos, estaciones de tres y todas aquellas áreas públicas que se diferencien claramente del territorio privado de la familia, como la casa, el coche y de las instituciones dedicadas exclusivamente a niños como las escuelas o guarderías donde los niños son supervisados y están bajo la responsabilidad de cuidadores adultos, padres o parientes” Dudek, Mark, Children´s spaces, Oxford, Elsevier, 2005, p. 178.

[iii] Piaget, Jean e Inhelder, Bärbel, Psicología del niño, Madrid, Ediciones Morata, 2007, p. 65.

[iv] En 1979, con motivo de la celebración del Año Internacional del Niño se celebra en España por iniciativa del Ministerio de Cultura una experiencia pedagógica cuyo objetivo principal era combatir la barrera entre el niño y el arte. Esta iniciativa se denominó “el niño y el museo” y tuvo lugar en la Casa de Velázquez de Madrid.

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13 comentarios a “No tocar.”

  1. platz dice:

    Cada vez surgen más lugares específicamente destinados exclusivamente a los niños: instalaciones en parques, salas de juegos en centros comerciales… Fuera de esto se olvida al niño, no solo en el espacio público, sino en las distintas actividades de los padres. No se busca la participación del niño, sino que no moleste. Estoy de acuerdo en que se trata de un problema de concienciación social, pero me parece muy interesante su consideración en el debate arquitectónico.

    Por otra parte, la obsesión por la seguridad crece alarmantemente

  2. Angel Cordero Ampuero dice:

    Queridos amigos:
    Para empezar, enhorabuena (una vez más) por vuestro post, interesante como aportación “profesional” y como toma de conciencia socio-paterna.
    Me temo, de todos modos, que en general esta tendencia confirma una constante contemporánea: los espacios públicos son cada vez menos públicos. Sobre todo ¡allá vamos! los de propiedad pública. Siempre habrá excusas: seguridad, protección, derechos individuales, privacidades,…
    Cuando el espacio es de dominio privado, la cosa puede cambiar: así, para los niños como para tantos otros grupos sociales, la reunión podrá activar ansiedades en torno al consumo. (Como véis, ya barrunto la Navidad y su perversísimo efecto en los peques…)
    Desde la perspectiva más profesional, incito a una trasgresión en torno a este concepto: socializar los espacios privados, toda vez que se pefilan como principales condensadores sociales. La intención más ideológica, por tanto, sería la de calmar ansiedades: algo así como “calmar el tráfico”, pero en versión pedestre (sic).
    Un saludo afectuoso,

  3. Brijuni dice:

    Platz, Ángel, muchas gracias por vuestros comentarios.
    La creciente obsesión por la seguridad de los niños bien podría ser un indicador positivo propio de una sociedad avanzada pero, al contrario, una lectura sosegada de lo que sugieres, Platz, efectivamente nos hace pensar que lo que tenemos es muy poco tiempo para dedicarle a los niños y por eso queremos poder “abandonarlos” en un lugar seguro mientras hacemos algo de adultos.
    No obstante nuestra opinión es que sí son necesarios espacios seguros en los edificios públicos, es decir, legislados, obligatorios en mucchos casos, donde las tareas de adultos puedan hacerse compatibles con esa seguridad infantil, si bien esto no puede sustituir el tiempo que se le dedique a los niños. ES decir, las dos cosas, no renunciar al tiempo compartido pero cuando no hay más remedio tener la tranquilidad de que puedo ir al banco o al supermercado y dejar cinco minutos a un niño con alguien, o al menos que la agencia tributaria tiene un rincón donde pueden entretenerse mientras esperamos, pintando, o qué sé yo, esto es muy habitual en Holanda, por ejemplo.
    Ángel, apuntas bien y en la dirección adecuada, lo compartimos. Es muy habitual que nuestras necesidades sean cubiertas por lobos con piel de cordero en forma de espacios donde atontar a los niños y hacerles consumidore de mil estupideces versión disney o hanna montana (por suerte aún no estamos muy puesto, perdonad el -quizá- ejemplo, algo anacrónico?). Socializar los espacios privados? Somos muy preguntones y abusones si te pedimos que lo desarrolles un poco más con ejemplos? Un abrazo.

  4. chiquitectos dice:

    enhorabuena por el artículo, coincido plenamente con lo que comentaís, casualmente ayer publiqué una reflexión sobre los espacios para los niños en las ciudades que va por ese mismo camino (http://www.chiquitectos.com/2011/11/08/prohibido-jugar/)
    y por las ideas que apunta Platz, el post surgío tras una conversación sobre las “ludotecas” que está implantando carrefour, un espacio para dejar a los niños mientras los padres hacen la compra…no sé vosotros, pero yo recuerdo que me encantaba ir al mercado y me fascinaba el manejo de la tijera que tenía el pescadero… :)

  5. chiquitectos dice:

    por cierto que me parece tan interesante que voy a hacer una referencia a este texto desde chiquitectos, gracias!

  6. Angel Cordero Ampuero dice:

    Hola de nuevo:
    Gracias a vosotros por echar esta carne en tal asador, carne tierna para asadores de ogro.

    Por cierto, vaya, ejem, buena pregunta!
    Me temo que lo que propongo es más una actitud (revolucionaria, me temo, y por tanto escasamente modelizable) de los profesionales implicados, pero en todo caso creo que en esto de “socializar los espacios privados” los mejores ejemplos tienden al mundo medieval. Ya sabéis, la tradición romántica…

    Otra idea podría estar en las librerías infantiles, sospecho que por eso de que los libros en general no entran en nuestro imaginario de presión consumista: las imágenes que recuerdo son las grandes librerías de Nueva York o el Reino Unido, algún recuerdo vago de Copenhague, pero sin duda no sería difícil rastrear este tipo de espacios “calmados” donde, a pesar de que hay una caja registradora al otro lado de la puerta, el uso es colectivo, abierto y no (aparentemente) condicionado al consumo. Hay alguna en Madrid que no está mal.
    Tampoco está mal (salvando algunas cuestiones de estilo, no sé si como padres habréis hecho ya este ejercicio catártico) la tienda “Baby Deli”, supermegapija pero con una forma de uso interesante, poco frecuente en nuestras latitudes.

    Desde el punto de vista opuesto, hay ejemplos de espacios públicos con, al menos, perspectiva infantil y planteados al margen del consumo. Una muestra local interesante es el espacio que ha montado Pedro Feduchi en el nuevo ayuntamiento, desde luego mis hijos se lo pasaron teta mientras sus papás leían casi tranquilamente. No sé si tendréis experiencias contradictorias en este mismo lugar, pero para mí fue un descubrimiento.

    En todo caso, propongo otra opción (más revolucionaria): “tomar” como padres con hijos los espacios privados susceptibles de ocupación y socializarlos directamente, sin aceptar presiones consumistas (esto va a ser lo más difícil) y sin preocuparnos por algunas malas caras. En este sentido, aporto dos reflexiones como padre: toda esta cultura de la exclusión que comentáis está produciendo, paradójicamente, una generación de niños “desarraigados” (los abueletes dirían maleducados), porque no interactúan positivamente con el mundo adulto; y al mismo tiempo el mundo adulto está a menudo necesitado del sentido creativo de los niños (la alegría para los mismos abueletes) y creo que, a pesar de las apariencias, hay más adultos que echan en falta este contacto que los que lo rechazan, aunque estos últimos sean más conspicuos.

    En fin, seguiremos en la brecha.
    Un abrazo y gracias de nuevo,

  7. Lecturas para una tarde de domingo | sweet home dice:

    [...] No tocar [...]

  8. Brijuni dice:

    Ángel, gracias por una contestación tan detallada. Sí conocemos baby deli, aunque no hemos “participado” en ninguna actividad aún… quizá pronto.
    Tengo una amiga en Londres interesadísima en todo este asunto y la voy a invitar ahora mismo a ver si dice algo sobre todo este tema generacional del que hablas que a mí me parece importantísimo y por tanto muy oportuno el que lo traigas a colación.
    Nosotros estamos asustadísimos con el calado generacional de los padres de nuestra edad acerca del efecto maravillosamente tranquilizador que causan en nuestros hijos -los de todo el mundo- las nuevas tecnologías -iphones, playstations,…- y de eso vamos a hablar pronto, no hay más remedio que hablarlo y mucho, porque es verdad que están sustituyendo al tiempo en familia, a los abuelos y al mismo concepto -finalmente- de civitas por traerlo ya directamente a los temas de la civdad viva. Creo que vamos a ser una generación de padres espantosa. Hemos asumido con mayor naturalidad que nuestros padres cualidades atribuidas a la tecnología, sin más. Es absurdo, en fin, gracias, Ángel, nos gusta mucho tu punto de vista y nos encanta que lo compartas aquí.

  9. Stepienybarno dice:

    Enhorabuena por el artículo, chicos. Como bien sabéis, este es un tema que nos interesa especialmente y que tenemos bien presente desde nuestra asociación de Sinergia Sostenible.
    ¡Qué importante lo que apuntáis sobre que el niño ha de sentir que el espacio público le pertenece tanto o más que a los propios adultos! Si no es así, es cierto que queda cohibido y que se compromete su desarrollo como ser social.

    Qué pena nos siguen dando cientos de plazas que no tienen ni unos tristes columpios o una zona de recreo para los más pequeños.
    Y de los coches, mejor ni hablar ¿cómo puede ser que hoy en día sigua habiendo plazas céntricas o “la plaza del pueblo” rodeadas de transito de vehículos privados? Basta ya! Lo que es bueno para los niños, es bueno para los mayores y esta realidad hay que exigirla a nuestros políticos de una vez por todas. No solo de cortar cintas de inauguración se puede vivir; hay que apostar por microacciones urbanas que a lo mejor no dan tantos votos pero ayudan a hacer ciudad.
    Felicidades, nuevamente, por el post. Muy bueno.

  10. Brijuni dice:

    chiquitectos, perdonad, se nos había pasado deciros que muchas gracias y que lo de las ludotecas, a pesar de que lo que decís es bien cierto, yo no sé ya si empiezo a verlo con buenos ojos, siempre comparado con el infierno de bolas de ikea o similares… he leído vuestro texto y he conocido esto del jurbaning de la upm que la verdad ni idea, qué curioso!! espero poder conocer pronto vuestros talleres.
    stepienybarno, cierto, la seguridad de los niños, y la de todas las personas en general, pero sobre todo las de movilidad comprometida por su inmadurez -niños- o por su físico -ancianos- tiene mucho q ver con políticas de movilidad y circulación interior como ya sabemos todos, pero no, el otro día en la charla q dimos en zaragoza un alumno nos preguntó, a propósito de este tema y de las living zones, shared spaces,woonerf, etc que hemos tratado aquí antes, si no nos parecía un atraso teniendo en cuenta lo importante que es el coche para todo el mundo hoy día. hay mucho x hacer en mentalización aún…

  11. Loliví dice:

    Se que es un poco tarde para hacer comentarios a vuestro post pero me encanta el tema y vestro desarollo del mismo y no lo quería dejar pasar, aunque casi todo está dicho ya.Empezaré por la seguridad del espacio público porque creo que es lo que frena cualquier disfrute del mismo: Si el espacio urbano es hostil y hay peligro de que nuestro hijo sufra atropello, caidas etc, el nivel de stress que acumulamos es tan alto que lejos de ser una salida en familia llena de risas y buen humor acaba siendo un continuo repiqueteo en el cerebro del niño de no te subas ahí, no te acerques al borde, no corras,no me pidas más chuches…total que el niño se aburre y nosotros nos volvemos a casa enfadados y nerviosos de ver lo mal que se porta nuestro hijo.Que diferencia tan abismal de una tarde en un edificio público adaptado al bienestar familiar, adaptado para fomentar la UNIDAD en el ocio. Pongamos mi favorito de Londres, el National Theatre en South bank, el niño puede andar descalzo por las direntes plantas ya que todas están enmoquetadas, podemos tomarnos un vino mientras ellos bailan libremente al son de la música de un conciero gratuito, arriba nos podemos leer un libro en la biblioteca o nos podemos traer uno de casa y tirarnos en el suelo un rato a leer, ellos se hacen amigos y dan carreras por los espacios enormes que les acogen pero no dan voces porque todos estamos en armonía disfrutando de aquel espacio.
    No quiero irme sin hablar de la lactancia en el espacio público, apenas se ven madres dando de mamar a sus bebes y así dificilmente se recuperará este hábito,si no hay ejemplo a seguir nuestros hijos lo verán raro en el futuro, estamos des-haciendo escuela o mal criando…y todo porque es dificil hacerlo en determinados ambientes urbanos llenos de ruidos o de mobiliario urbano incomodo.Termino… Que nos pongan un árbol que de sombra a los columpios y que nos pongan unos bancos con respaldo para que el abuelo no se canse de estar con su nieto, que nos quiten los coches de la plaza para que nuestro hijo juegue en libertad y que nos dejen poner una manta de picnic en el patio del museo y llevar la merienda de casa.un beso brijus

  12. Brijuni dice:

    Nunca es tarde para un comentario tan interesante y que además genera envidia, muchas gracias, Loliví. Nos encanta que nos cuentes tu sitio favorito de Londres que por cómo lo describes, será el de muchas familias con hijos sin duda.
    Aquí antes Ángel hablaba del nuevo espacio -dentro del edificio del Ayuntamiento de Madrid en Cibeles- diseñado por Pedro Feduchi, también buscando esa compatibilidad de actividades de adultos y de niños sin vigilancias ni estrés, es importantísimo eso que dices, las ciudades no sólo han excluido a las personas en favor de los coches si no que marginan a los más débiles: ancianos, minusválidos, niños,… con sus arquitecturas defensivas y sus elementos urbanos imposibles. Muchísimo trabajo por hacer, pero no en diseño, en concienciación!

  13. STEPIEN Y BARNO » NO TOCAR dice:

    [...] Acceder al artículo. [...]

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