La ciudad viva


Está en: Inicio > Blog


El patrimonio como construcción social.

por Eduardo Torres (Mexico) — Viernes, 2 de diciembre de 2011

 

*Autor: Lic. José Fernando Madrid Quezada

¿Qué enseñanzas podríamos obtener del abordaje crítico del patrimonio de una colonia tan estudiada como Santa María la Ribera?, y ¿qué reflexiones en torno al tema mismo del patrimonio se podrían extraer de una estudio cuyo tema son los imaginarios sobre su patrimonio?

Santa María la Ribera

Santa María la Ribera está ubicada al norponiente del Centro Histórico de la Ciudad de México. Fue trazada ex novo y se le considera una de las primeras colonias “modernas” de la ciudad, por contar con espacios y servicios independientes, notablemente una Alameda, mercado, templos, etcétera. Si algo define a Santa María la Ribera, es sin duda su historia. Según estudios académicos, a través del tiempo el lugar ha experimentado una degradación en cuanto al nivel socioeconómico de sus habitantes (TELLO, 1998); un espacio que antes se caracterizaba por la presencia de la pequeña burguesía, hoy por hoy se encuentra habitado por distintos estratos de clases medias. No obstante, cabe señalar que la presencia de los sectores dominantes siempre fue minoritaria, y la heterogeneidad socioeconómica, por el contrario, ha sido una constante; lo anterior pone en duda el dramatismo que se atribuye a este cambio en la configuración de los habitantes.

A causa de su longevidad, la colonia cuenta con un importante patrimonio arquitectónico y cultural –tangible e intangible– salvaguardado real o virtualmente por la las autoridades culturales y delegacionales (GOFGDF, 2000). El patrimonio catalogado se compone de importantes edificios públicos, como los museos de Geología y del Chopo, o el Kiosco Morisco, así como por un número considerable de edificaciones privadas con valor histórico o arquitectónico, principalmente casas unifamiliares de estilo tradicional, ecléctico, art decó, etcétera, así como varios edificios de departamentos y vecindades de grandes dimensiones. Gran parte de estas estructuras proceden de finales del siglo XIX y principios del XX. La colonia está considerada “área de conservación patrimonial” según su Programa parcial de desarrollo urbano (GDF-Seduvi, 2003).

No obstante lo anterior, el patrimonio construido de Santa María la Ribera se halla en una posición precaria debido a muchas causas, entre ellas el abandono, la obsolescencia, la falta de recursos, la densificación de la zona, y la falta de interés o medios tangibles de salvaguarda por parte de las autoridades. Cabe señalar que tanto una opinión generalizada, como estudios serios acerca de la colonia, han vinculado el deterioro del patrimonio a la percibida pauperización de los habitantes que mencionábamos anteriormente (BOILS, 2005:72).

 

Los imaginarios sobre el patrimonio

Sobre este trasfondo, abordamos el tema del patrimonio no como un acervo de bienes preciosos cuya permanencia dependería de su catalogación y vigilancia; sino como una construcción social emergida de la percepción de los actores involucrados en un determinado espacio y tiempo.

 

El patrimonio, entonces, no es un conjunto canónico de bienes físicos o inmateriales, sino un proceso relacionado con la actividad y la agencia humanas, un instrumento de poder simbólico independientemente de la época histórica en que se examine. En ese sentido, el patrimonio nunca es inerte, sino una constante recreación asociada a la formación de identidades individuales, grupales o nacionales. Por tanto, lo que importa del patrimonio es la forma como son percibidos los objetos de memoria. De aquí la variedad en las formas de definirlo, aunque por lo común, toda definición ha puesto atención en su carácter heredado […] o en su apoyo a los procesos de identidad (NIVON, 2010:20).

Desde esta perspectiva, no hay en los objetos un espíritu o mérito intrínseco que los haga por sí mismos valiosos. Nuestra posición es que la definición patrimonial de los objetos radica en la región donde su materialidad se cruza con toda una serie de imaginarios que sustentan su “patrimonialidad”, confiriendo a los objetos un valor nuevo y unas funciones diferentes a aquellas para las cuales fueron inicialmente concebidos. Por ejemplo, mediante la mirada patrimonial, una casa decimonónica deja de ser un mero habitáculo levantado según determinados cánones, para albergar imaginariamente características intangibles como la tradición, la memoria o la identidad de una comunidad. Los imaginarios sustentan el valor de los objetos como patrimonio, pero dependen así mismo de la existencia de dichos objetos. Así, nuestra perspectiva se encuentra en el punto medio entre otorgar la mayor importancia a los objetos o asignar toda la carga del proceso a los actores.

El patrimonio se construye imaginariamente. Por tanto, la investigación se dio a la tarea de rastrear esta definición patrimonial a partir de diferentes instancias, de entre las que cabe destacar a los habitantes, que por la fuerza del número sustentan toda la cultura; al gobierno, cuyas políticas influyen directamente en la preservación del patrimonio; a los académicos, que con sus escritos y compromisos pretenden de manera más o menos consciente orientar la acción social; y los medios, que reproducen masivamente las percepciones de la sociedad, imprimiendo nuevos significados y acentos al patrimonio.

El resultado es una exploración dentro del imaginario que permite una visión crítica sobre la colonia; el patrimonio de Santa María la Ribera no es un producto dado, sino que se construye a través de los relatos contrastantes de quienes lo utilizan física o simbólicamente. Estos relatos, generadores de identidad, y creadores de hecho de lo que significa Santa María la Ribera, responden a mitos y realidades, recuerdos y olvidos, deseos e ilusiones, pero también a prejuicios y tendencias de exclusión.

Conclusiones.

El anterior análisis ha permitido llegar a las siguientes reflexiones: para empezar, que la percibida decadencia socioeconómica de la colonia deja de lado toda una serie de realidades históricas que por sí mismas podrían ser consideradas objeto de patrimonio intangible. Por ejemplo, la continuada convivencia de distintas clases sociales ha sido parte de la identidad de la colonia, y reside en el centro de un imaginario que ve a Santa María la Ribera como un “barrio tradicional” [1]. Este es un rico antecedente que presenta una alternativa interesante y valiosa a las realidades de segregación socio-espacial que hoy aquejan a las urbes latinoamericanas [2]. Sin embargo, la mirada “nostálgica” que opera en muchos actores genera una visión excluyente, que culpa a los nuevos pobladores del deterioro del espacio, y pretende excluirlos de todo relato sobre los verdaderos valores de la colonia. Una mirada centrada en los objetos señala a una arquitectura específica, la de la pobreza, de los llamados “palomares”, como la verdadera causante del deterioro del patrimonio; en consecuencia, lo que los actores definen como patrimonio se compone fundamentalmente de aquello que para ellos  representa un pasado percibido como mejor. La arquitectura es, entonces, un territorio de pugna, y el patrimonio es un instrumento dentro de este debate. Mientras la comunidad no cobre consciencia de que la riqueza de la colonia reside no sólo en su arquitectura, sino en su forma de vida, el patrimonio seguirá siendo motivo de desencuentro, y todo discurso encaminado a su defensa será probablemente infructuoso.

Finalmente, de cara al futuro, cabe hacer una reflexión teórica en torno al tema del patrimonio: sin las personas, el patrimonio no es nada, así como sin los objetos, las personas pierden parte de su identidad, de su forma de vida, del medio material en el que se apoyan para entender la realidad. Esta codependencia de objetos y personas tiene una profunda implicación para el abordaje del patrimonio, y pone en cuestionamiento a las políticas públicas centradas en los objetos. Actualmente esas políticas son contradictorias porque por un lado lanzan la defensa del patrimonio (declaratorias de área de conservación patrimonial, catalogación de edificios, declaratoria de barrio mágico, fomento al turismo, etcétera) y por otro fomentan su deterioro (impulso desmedido a la vivienda popular y la consecuente concentración socioespacial de la pobreza, políticas centradas en los objetos y falta de medios tangibles para fomentar cualquier tipo de preservación)

Mediante una comprensión crítica de la complejidad del patrimonio, es posible pensar en  la unidad espacio-cultura como la verdadera depositaria de los valores atribuidos a los objetos; con una comprensión semejante por parte de los actores, quedaríamos inoculados contra las prácticas más voraces que actualmente atestiguamos en el rubro del patrimonio: la museificación, turistificación y gentrificación de los espacios [3], que más que proteger el patrimonio, generan sepulcros blanqueados desconectados de la vida, en los cuales se percibe, más que la originalidad de los espacios, una forma de simulacro apta para el consumo capitalista.

*Historiador por la UIA, y estudiante de la Maestría en Urbanismo del Programa de Maestría y Doctorado en Urbanismo, Campo de Conocimiento Análisis Teoría e Historia de la Arquitectura y la Ciudad, Facultad de Arquitectura, UNAM, México.

Contacto: fermadridmexico@hotmail.com

Notas a Pie.

[1] Son comunes esta clase de descripciones: “[Santa María la Ribera es] una de las colonias más tradicionales de la ciudad de México y tiene una auténtica atmósfera de “barrio viejo”, donde los comercios familiares se han fundido con antiguas casas y monumentos que reflejan todavía la dignidad de este barrio que fue concebido como el primer fraccionamiento moderno […]”.Vid. Sección de prensa de la página en línea de la Universidad Iberoamericana: www.uia.mx/prensa, consultada el 8 de diciembre del 2010.

[2] Existen estudios que demuestran la negatividad de la segregación socioespacial y la concentración de la pobreza en un determinado espacio. Las grandes ciudades latinoamericanas contemporáneas, dominadas en buena medida por los intereses del mercado, muestran esta tendencia preocupante. Vid. BAYÓN, María Cristina (2008), “Desigualdad y procesos de exclusión social. Concentración socioespacial de desventajas en el Gran Buenos Aires y la Ciudad de México”, en Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 23, núm. 1 (67), pp. 123-150.

[3] La museificación consiste en la atribución de valores museales a los espacios urbanos. Para los fines de este artículo, la gentrificación viene a cuento por la sustitución, en espacios de valor patrimonial, de los pobladores originales por otros de mayores ingresos, bajo la bandera de la preservación del patrimonio. Finalmente, entendemos por turistificación la adaptación de los entornos urbanos o naturales para el mejor desarrollo de la industria turística. Cfr. con algunos artículos interesantes en este rubro: HERNÁNDEZ LÓPEZ, José de Jesús (2009). “Tequila: centro mágico, pueblo tradicional. ¿Patrimonialización o privatización?”, en Andamios, vol. 6, no. 12, diciembre de 2009, pp. 41-67. DELGADILLO POLANCO, Víctor Manuel (2009), “Patrimonio Urbano y Turismo Cultural en la Ciudad de México: las Chinampas de Xochimilco y el Centro Histórico”, en Andamios, vol. 6, no. 12, diciembre de 2009, p. 69-94.

 

Bibliografía

BAYÓN, María Cristina (2008), “Desigualdad y procesos de exclusión social. Concentración socioespacial de desventajas en el Gran Buenos Aires y la Ciudad de México”, en Estudios Demográficos y Urbanos, vol. 23, núm. 1 (67), pp. 123-150.

BOILS, Guillermo (2005), Pasado y presente de la colonia Santa María la Ribera, México, UAM X, 193 pp.

DELGADILLO POLANCO, Víctor Manuel (2009), “Patrimonio Urbano y Turismo Cultural en la Ciudad de México: las Chinampas de Xochimilco y el Centro Histórico”, en Andamios, vol. 6, no. 12, diciembre de 2009, p. 69-94.

GDF, Ley de Salvaguarda del Patrimonio Ur­banístico Arquitectónico del D.F., México, Gaceta Oficial del Distrito Federal, México, 13 de abril del 2000, citada en BOILS, Guillermo (2008), “¿Hacia dónde va la colonia Santa María la Ribera?”, en Diseño y Sociedad, 25-26, OTOÑO 2008 PRIMAVERA 2009, pp. 64-71.

GDF-SEDUVI (2003), Programa parcial de desarrollo urbano. Santa María la Ribera, Atlampa y Santa María Insurgentes, México, Gaceta Oficial del Distrito Federal, 14 de julio del 2003.

HENRÍQUEZ ESCOBAR, Graciela y Égido Villareal, Armando Hitzelin (1995), Santa María la Ribera y sus historias, México, Conaculta/INAH/CNCA/UNAM/Museo Universitario del Chopo, 181 pp.

HERNÁNDEZ LÓPEZ, José de Jesús (2009). “Tequila: centro mágico, pueblo tradicional. ¿Patrimonialización o privatización?”, en Andamios, vol. 6, no. 12, diciembre de 2009, pp. 41-67.

Sección de prensa de la página en línea de la Universidad Iberoamericana: www.uia.mx/prensa, consultada el 8 de diciembre del 2010.

TELLO PEÓN, Berta (1998), Santa María la Ribera, México, Clío, 128 pp.

comparte:
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Twitter
  • Google Bookmarks
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (1 votos, media: 5,00 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Etiquetas: , , , , , ,

Deja un comentario


Los articulos publicados son responsabilidad del/os autor/es y no necesariamente refleja el pensamiento de la organización.

Logotipo de la Junta de Andalucía