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“Hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada”

por Inteligencias Colectivas — Jueves, 1 de diciembre de 2011

La balanza, el telescopio y el enchufe.
Rehabilitación del espacio público a través de micro-equipamientos

“…hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada…(un minuto para coger aire)… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden…(aparece un cliente)…échese un poquito hacia, eso es, mira que ábrame esos pies. Exacto, ahí, ahí… sesentaicinco kilos.
-Ok y ¿qué tal me ves? Bien, ¿no?
-Bien, bien estás…
-Me falta un poco para mi estatura. Muchas gracias.
-A la orden.
(Se acerca otra persona y pregunta).
-¿Qué es lo que hace usted?
-Peso aquí a la gente.
-¿Cuánto cobra?
- Doscientos
-¿Y, tiene muchos clientes?
-Ah, eso siempre caen clientes, la gente siempre busca la, la, la pesa.
-¿Está bien balanceada la pesa?
-Siu, la pesita baila con el cero esa, se siente sola con el cero, en el cero. Mírala, ahí está.
-Muchas gracias.
-A la orden, a la orden… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada…(mientras limpia la báscula con un paño para el próximo cliente)… hágase pesar a la orden, a doscientos la pesada… hágase pesar a la orden…”

En una calle de Medellín, un día cualquiera, una persona cualquiera baja de su casa una pesita que baila sola alrededor del cero. Esa pesita impecable que un día lució reluciente en su cuarto de baño o que se encontró hace algún tiempo entre los escombros de una chabola caída o que compró por mil pesitos a un chamarilero ambulante en algún domingo de mercadillo. La persona, que a partir de ahora llamaremos Miguel, no sabe tocar ningún instrumento, ni tiene ninguna habilidad especial más allá del oficio que aprendió desde pequeño. Miguel, solo tiene en abundancia tiempo libre, que hasta hace algún tiempo no sabía muy bien en que ocupar. Por eso Miguel ha llegado a esa calle de Medellín con la pesita que baila sola alrededor del cero, por eso la ha colocado en el suelo y por eso ha comenzado a ofrecer a todos los viandantes un servicio a cambio de doscientos pesos. Doscientos pesos a cambio de que Miguel te diga el peso con una pesita bien balanceada, en mitad de la calle, sin que tengas que desviarte. Esa calle durante unas cuantas horas al día es más que una calle, es una calle equipada con una báscula.

Hemos visto muchas veces este tipo de situaciones, que transforman el espacio público, incorporando equipamiento espontáneo con el que en cada caso se cualifica de una manera. Un tipo que alquilaba cinco minutos su telescopio a cambio de una moneda, se colocaba en los lugares turísticos con mejores vistas. Allí donde el ayuntamiento aun no había descubierto que los turistas podrían estar interesados en echar un vistazo a la ciudad, este experto urbanista informal incrementaba su volumen de negocio. Descubrimos también fotomatones acoplados a una maleta en la parte inferior de un puesto de frutas ambulante. Por supuesto colocado enfrente de una expendeduría de visas. Incluso hemos visto vendedores informales de “cedés” de música pirata, que implementaban las aceras construyendo sofisticados enchufes para no tener que gastar dinero en las pilas de sus amplificadores.

Indudablemente, estos hechos pueden pareceros detalles tontos sin importancia, fenómenos informales curiosos, que no trascienden a la lógica de la ciudad. Sin embargo qué ocurre si miramos con detalle estas situaciones, qué sucede si intentamos analizarlos exhaustivamente, si extraemos sus claves y sus porqués. Que pasaría si los simetrizamos con otros fenómenos urbanos y les damos la misma legitimación que a los habituales modelos urbanísticos planificados. Posiblemente nos demos cuenta de que cada uno de estos hechos encierra claves, no solo de las patologías del urbanismo contemporáneo, sino también de algunas de sus posibles soluciones. Pero cuidado, esta vez, probemos a mirar desde abajo y con microscopio.

Entre otras cosas, una báscula, un telescopio y un enchufe, evidencian el espacio público equipado. Por un lado lo hacen como denuncia, la planificación urbanística muchas veces reduce la capacidad de equipar nuestras calles y plazas. Desde hace algún tiempo vemos desaparecer del diseño urbano equipamientos que permitían aumentar la actividad. Por el contrario descubrimos que los únicos equipamientos que permanecen perennes, son los mobiliarios conformadores o mobiliarios semáforo, que ofrecen un servicio conciliador que no permite discusión ninguna. La gente no tiene que pactar cuando cruza, miran al semáforo y después al suelo. El espacio público equipado por el contrario si produce conflictos, problemas, comunicaciones, charlas, debates y controversias. Y es por esto, por lo que está siendo eliminado poco a poco. Pero no por una confabulación de la clase política que pretende como objetivo obligar a los seres humanos a no visitar más espacio público que el centro comercial. Sino por la incomodidad que le resulta a las administraciones, el encontrarse “habitando controversias” no planificadas, para las que no han sido entrenadas y que no les causan más que problemas.

Andrés Jaque y su Oficina de Innovación Política durante los últimos años, han estado buscando los caminos donde se ha escondido el urbanismo real, el urbanismo de los parlamentos y las mediaciones. El urbanismo que permite trabajar al arquitecto en espacios de conflicto, pero también de comunicación y vida. Su respuesta ha sido cuanto menos sorprendente. Jaque, en proyectos como “Tupper Home”, “The Rolling house for the Rolling society” o el más reciente “Sweet Parliament Home” decide direccionar la investigación hacia claves que descubren al nuevo urbanismo de hoy, completamente vinculado al diseño de interiores. Afirma que es en los salones de las casas mientras se ve la telenovela, o en los pisos compartidos, donde realmente se están reproduciendo los espacios públicos de conflicto, que no encontramos tan fácilmente en el resto de la ciudad. Según Andrés, el urbanismo real, si nos permitís la licencia perroflautera, es un espacio doméstico más que un espacio público, y es ahí, a las casas, donde debemos ir a encontrarlo.

En este mismo espacio de comunicación, “La Ciudad Viva”, tan solo unos cuantos post hacia atrás, Mauro Gil-Fournier del Vivero de Iniciativas Ciudadanas, titulaba su artículo, completamente recomendable, “Procesos de domesticación urbana”. En este artículo explica una serie de eventos reales que se producen en el espacio público, todos unidos por una componente doméstica. Desayunos, reuniones o sexo, que introducen a los espacios públicos convencionales algunos variantes que permiten quizás, devolver la complejidad al urbanismo, bajando las cosas de casa a la calle.

Ya estamos terminando, en este momento final donde para ponernos un poco dramáticos, cosemos un desenlace, al más puro estilo Agatha Christie. Uniendo las investigaciones de Andrés Jaque, que reivindicaban el urbanismo de los espacios domésticos, con el texto de Gil- fournier, y los micro-equipamientos que describíamos en la primera parte del relato, podemos hacer un coctel que apunte un posible camino alternativo a la aburrida planificación conciliada que vive hoy el espacio público. Cada uno de los objetos, la báscula, el telescopio y el enchufe, introducen un componente doméstico que permite devolver el parlamento a las calles y las plazas. Pero a la vez, consiguen no generar disputas excesivamente descontroladas por estar acompañados de Miguel y de un proyecto de gestión, que permiten consensuar estos equipamientos con el resto de agentes que participan de los espacios donde se encuentran. El equipamiento doméstico puede volver a traer la guerra desde los sofás, a los bancos del parque. Y si no, por lo menos nos pesamos con Miguel, que total, son solo doscientos pesos y la pesita está bien balanceada. A la orden.

*Inteligencias colectivas

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