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Bajo sospecha.

por Brijuni — Lunes, 9 de enero de 2012
26 viviendas sociales en Alameda (Málaga). Elisa Valero. Fotografía: Fernando Alda.

26 viviendas sociales en Alameda (Málaga). Elisa Valero. Fotografía: Fernando Alda.

La arquitectura sigue siendo, aunque contaminada de una gran cantidad de temas menores, un asunto constructivo. La profesión entiende que la complejidad del proceso constructivo ha ido en aumento y por tanto el carácter heroico de aquellos que aún realizando la aceptada y muy manoseada triple actividad (docente, investigadora, proyectual-constructiva) siguen en la brecha de la obra y la responsabilidad civil, es aún mayor y la distancia que los separa de los puramente teóricos es insalvable excepto en casos muy puntuales. Siendo así, la vivienda de baja densidad aparece como un asunto menor donde validar la actividad del arquitecto, teniendo en cuenta que de algún modo, la baja densidad sigue bajo sospecha. Veamos por qué.

En primer lugar, la maldita crisis pasó por alto la proliferación del modelo de ciudad-jardín de Ebenezer Howard en su versión más infantil. Se produjeron sólo dos situaciones posibles. Allí donde el suelo era abundante y barato, pueblos de todo el territorio y localidades de la periferia de las grandes ciudades, el modelo se utilizaba para crecer en tamaño (también en costosas e inútiles infraestructuras) y recaudación municipal vía impuestos, validado por infames planes y normativas que daban crédito a la idea de que los pequeños núcleos deben crecer en la baja densidad, traducida de forma simple a una limitación en altura (dos o tres) de chaletones y adosados con mini-patio vallado. La otra situación, de vuelta a la gran ciudad, se repitió más o menos de la misma forma angustiosa excepto en seleccionadas urbanizaciones cerradas donde las parcelas crecían hasta tamaños indecentes que sus dueños podían pagar, convirtiendo lo que podían haber sido interesantes espacios de descompresión de la trama urbana en un gran espacio vallado y vigilado que en su interior alojaba una urbanización de lujo. Huelga decir el nulo valor para la ciudad de ambas situaciones.

Aún así conviene, antes de seguir, aclarar de qué estamos hablando cuando decimos baja densidad. No habiendo un acuerdo aparente en el ámbito de la investigación, Aurora Fernández Per y Javier Mozas sitúan en cien viviendas por hectárea el tope por debajo del cual se puede hablar de baja densidad.  También distinguen entre densidad bruta y densidad neta. Grosso modo, en la primera tenemos en cuenta los viarios (planes urbanos) y en la segunda no y esto conduce rápidamente a que el atento lector se pregunte si tiene sentido hablar de la baja densidad de un objeto arquitectónico aislado como un conjunto de unifamiliares, sin hacerlo en relación a la ciudad y al espacio que consumen sus accesos, o es mejor hacerlo en relación con su entorno, al menos, inmediato, y entonces nos preguntamos si la Unidad de Habitación de Firminy, objeto aislado coronando una suave colina, es vivienda de baja densidad (bruta, pues ocupa muy poco espacio en relación al que libera en la colina) o alta densidad (neta, ya que en su proyección vertical acumula muchas plantas que lo hacen ser un objeto denso en sí mismo).

Aquí por tanto estamos hablando de urbanismo y no de vivienda de baja densidad. Para seguir centrando el tema, descartaremos las saludables operaciones del Movimiento Moderno y su baja densidad bruta (grandes bloques convenientemente separados y espaciados) y hablaremos sólo de baja densidad neta, es decir, de la relación de lo construido con lo proyectado verticalmente (ocupación) incluyendo espacios interiores como patios o jardines pero no en su relación con los viales o la ciudad, con lo cual estamos hablando de conjuntos de viviendas de poca altura y, en todo caso, de cierta porosidad o permeabilidad a ser posible.

Probablemente uno de los ejemplos relativamente recientes más interesantes y conocidos sean las viviendas de Mulhouse de Lacaton&Vassal de las que ya se habló aquí (Detail Edición Española 1/2008). Interesa por muchísimas razones explicadas una y mil veces de las que a nosotros hoy nos gustaría señalar una: la flexibilidad o la ausencia de programación de los espacios. Teniendo en cuenta que estas catorce viviendas forman parte de un programa de sesenta y una vivienda sociales, cualquiera que conozca la sofocante normativa de cualquier país desarrollado, entenderá el enorme mérito de haber conseguido mayores superficies de las  programadas dentro un presupuesto ajustado apostando por un lujo espacial y la libertad de un programa definido sólo a medias a la espera de que el usuario lo adapte a sus necesidades.

Esta flexibilidad en el programa ha sido con frecuencia reclamada desde la participación del usuario, como hace Antonio Jiménez Torrecillas en relación a sus viviendas sociales en Molvízar ya que “en el 95% de los casos, los beneficiarios de estas viviendas, nada más habitarlas, comienzan un rosario de reformas cuyo objetivo no es otro que el de amoldar sus casas a sus particulares deseos de vida. (…) Estos conjuntos no son más que “panales” a la espera de la labor de las abejas.”

Posteriormente, en la casa más o menos, Lapanadería incorpora el concepto tiempo a los nuevos modos de habitar y en concreto al grado de acabado de las viviendas “permitiendo a los usuarios que pudieran terminarlas en la medida que fuera necesario y en función de los recursos disponibles”, algo que de nuevo nos lleva de algún modo a pensar en los poblados dirigidos de los años 50 donde los futuros habitantes de las viviendas aportaban su trabajo (los domingos ya que la semana laboral era de lunes a sábado, de ahí que se les conociera como “los domingueros”) en contraprestación al veinte por cierto que no financiaba el estado y que ni siquiera estaban en condiciones de aportar de otra manera.

De hecho en los Países Bajos no tienen las mismas exigencias que en nuestro país y es curioso comprobar por ejemplo cómo no existe una palabra para anunciar una vivienda en alquiler vacía (sin muebles ni acabados) cuando sí existe para amueblada y para decorada (sin muebles pero sí con acabados en suelo y paredes). La normativa que arrastramos, absolutamente proteccionista y por desgracia necesaria para evitar la picaresca y la infravivienda, es uno de los asuntos donde innovar para crear nuevas situaciones posibles adaptadas, sin moralinas, a hipotéticos usuarios menos exigentes en materia de terminaciones por ejemplo.

15 viviendas unifamiliares en Almadén de la Plata (Sevilla). Olvido Muñoz. Fotografía: Jesús Granada.

Otra de las carencias de los programas de baja densidad en viviendas que derivan en la sucesión en serie de unifamiliares es su baja cohesión social. La sociabilidad y el hedonismo son, según Amann y Cánovas (y otros muchos), el asunto de la vivienda y quizá del siglo en el que nos encontramos. Mientras el hedonismo podría ser, quizá, satisfecho en algunas ocasiones de forma privada e individual, la sociabilidad es un asunto colectivo que las redes sociales y la tecnología sólo matizan sin que sea posible que satisfagan por completo.

El proyecto de dosmasunoarquitectos para 67 viviendas en La Maquinilla, Colmenar Viejo (Madrid) se preocupa según sus autores de los espacios comunes y la construcción de la colectividad proponiendo “un sistema de transición de privacidad entre la ciudad más pública y el jardín más privado en el que tengan cabida otra serie de espacios intermedios (…) colectivos, que crean un colchón entre la vía pública y la vivienda privada (…) distribuyéndose en planta baja y planta alta dando lugar a áreas de recreo y esparcimiento”.

De ello también se ocupan Jorge Palomero y Ángel Cordero en sus 12 VPO en San Francisco de Huércal-Overa (Almería) donde invierten el significado de los lugares comunes poniendo en crisis la tipología convencional de viviendas adosadas en hilera, cuyas calles “privadas” dominan el territorio suburbanizado (…) agregando las viviendas en torno a núcleos y abriendo los accesos hacia la calle en espacios de convivencia: los lugares comunes, entendidos como Mario Benedetti en sus paisajes íntimos: experiencias cotidianas con potencial poético”. Plomero y Cordero expanden la ciudad hasta los límites de la privacidad proponiendo a cambio “una imagen discreta (…) y una solución discreta al continuo problema de la liquidación urbana”.

También de la imagen discreta (o del contexto histórico y el respeto a la tradición) nos hablan otros proyectos igualmente vernáculos y respetuosos con esa historia encalada de muros blancos y sol castigando que aprecia los patios y las sombras como los de Antonio Jiménez Torrecillas y Elisa Valero, entresitio o Lourdes Bueno y Luis Valero.

51 alojamientos en La Rinconada (Sevilla). Lourdes Bueno y Luis Valero. Fotografía: Jesús Granada.

51 alojamientos en La Rinconada (Sevilla). Lourdes Bueno y Luis Valero. Fotografía: Jesús Granada.

Junto a la tranquila presencia de todos ellos, sólo alterada con colores disonantes en las puertas (Bueno y Valero)  o materiales igualmente vernáculos pero inesperados (Elisa Valero), Jiménez Torrecillas traslada el foco del debate al asunto de la obsolescencia programática y la ausencia de participación del usuario sobre la que reclama quizá “una mayor participación de cada familia durante el proceso de gestación del proyecto, o tal vez permitir una estructura espacial más libre que hiciera posible atender “a la carta” las necesidades de cada usuario.”

Es un tema, el de la participación, ya muy antiguo y también, como la baja densidad, sometido a debate y sospechoso de ineficaz. Antonio Vázquez de Castro, arquitecto madrileño autor junto a José Luís Iñíguez de Onzoño, del poblado dirigido de Caño Roto a finales de los años 50 en Madrid nos habló de ”Turner  y todos estos que hablaban del diseño participativo (Alexander). Es imposible y más cuando tratabas como era nuestro caso con gente que no sabía leer los planos. Caño Roto tiene una gran riqueza tipológica porque empezamos ese juego desde el principio, pero como estábamos muy presionados para que el proyecto no se dilatara por la urgencia política, en dos o tres meses nos hinchamos a hacer series tipológicas a ver cuales tenían más aceptación y siempre jugábamos con algo que se llama baja densidad pero cierta compactación y ocupación de suelo, huyendo un poco del tema de los esquemas del Movimiento Moderno de grandes espacios libres. Aquí seguía vivo el esquema de los CIAM y la carta de Atenas. Nosotros fuimos por otro camino que nos interesaba más y fue quizá el éxito rotundo de los poblados. Fuimos lo suficientemente sensatos con la participación aunque se nos complicaba mucho porque eso se hacía en la prestación personal no en las que se hacían para la gente que quería una vivienda hecha por alguien de fuera no participando ellos. En Entrevías, en Caño Roto y en Orcasitas, en los poblados del sur fue más o menos donde se hizo los programa de prestación personal.”

Si ya en los años sesenta había conciencia del fracaso del urbanismo top-down que proponían los CIAM frente a la nueva sensibilidad ground-up de las propuestas participativas con todas sus reservas, parece imposible retomar esas propuestas, aún cuando siguen siendo de baja densidad neta y alta densidad bruta, buscando la concentración en nodos de redes muy dispersas frente a los más aceptados modelos de ciudad compacta y compleja de Salvador Rueda que se oponen al sprawl de la ciudad dispersa y difusa.

En esa línea, la propia Elisa Valero prefiere hablar de densidad natural y no de alta o baja densidad, entendiendo que a cada población y núcleo urbano le corresponde una densidad en correspondencia con su naturaleza, estructura, historia y demás parámetros asociados, de tal forma que el crecimiento se produce de forma orgánica y natural y no como un añadido o parche. Valero también utiliza la idea de urban-porosis para explicar la pérdida de tejido urbano (solares vacíos, viviendas sin ocupar) y el consiguiente deterioro de los centros urbanos y su actividad, muy habitual en algunas ciudades americanas (por ejemplo Detroit) que se han volcado en las comunidades suburbanas abandonado el centro hasta convertirlo en un gueto.

Intensificar y complejizar los obsoletos e históricos centros urbanos se convierte por tanto en tema posible también para algunas bajas densidades existentes como en los proyectos de rehabilitación de cinco viviendas en  Francisco Escudero, Marta y Luz Marta Fernández Valderrama en la calle Goyeneta de Sevilla o la Casa Tetris de Semisótano Arquitectos en el casco histórico de Almería, un edificio de un siglo de antigüedad cuya obsolescencia constructiva y programática de cinco viviendas se recicla (según la acepción más aceptada de la hasta ahora llamada rehabilitación) para tener una nueva oportunidad de vivir largamente en sus nuevas trece viviendas resultado de varias superposiciones volumétricas de cierta complejidad.

Reciclar más rehabilitar, decía Juan Herreros en la presentación junto a José María Ezquiaga y Juan Fisac del Proyecto Madrid Centro, con ideas muy próximas a la sensibilidad de Lacaton&Vassal para, no ya el centro sino la periferia de París y el enorme cinturón de pequeñas localidades construido en los años setenta. Reciclar, por tanto, concediendo así la posibilidad de que algo tenga una nueva oportunidad, un nuevo uso, una vida nueva, más allá de la restitución de su condición anterior.

Pero aunque sigamos reciclando, ojalá, cada día más, las construcciones de nueva planta seguirán pujando por nacer a pesar de los enormes stocks de viviendas sin vender y de la escasez de suelo en las grandes ciudades. Si hay que hacerlo, piensan algunos, al menos que sea construyendo con verde, el único material de proyecto que interesó a Lucía Cano y José Selgas en su proyecto Vallecas 20 donde “las plantas absorben los contaminantes del aire produciendo oxígeno, su presencia tiene un efecto muy positivo tanto para la psique como para la salud (…) además absorben el ruido, controlan la temperatura, refrescan en verano y protegen del frío en invierno…”

Trabajando en la difícil alta densidad de muy baja altura, el proyecto Camaleon Living en Rivas-Vaciamadrid de Carlos Arroyo juega con el planeamiento para no segregar una parcela para cada una de las 119 viviendas que comparten, al contrario, una única parcela ahora sí, susceptible de ser usada con dignidad para espacios comunes y públicos de interés para la comunidad que de otra forma hubieran estado condenados a pírricas soluciones individuales. Así mismo convierte la exigente normativa de acceso de emergencias en una oportunidad para reformular los accesos privados en coche y los espacios públicos a través de espacios semi-enterrados y semi-abiertos y añadiendo una pista de atletismo que garantiza el fácil acceso de emergencias.

Densidades artificiosas en contextos casi inexistentes se dieron en los VINEX (cuarta nota extra) holandeses que intentaron solucionar el problema de vivienda en Holanda desarrollando dos terceras partes de las más de seiscientas mil viviendas que el programa quiso construir entre 1995 y 2005 en urbanizaciones fuera de las ciudades y en general en lugares donde no había posibilidad de trabajar cerca, lo cual complicó el ya enorme problema del tráfico en el Ranstad holandés. Según Susana Aparicio (SUJU architectuur), la nota exigía una densidad de 35 viviendas por hectárea (entendemos que densidad bruta) para garantizar una “ciudad compacta”.

La realidad del tedio de viviendas unifamiliares en ninguna parte o simplemente próximas a un centro comercial o a un nudo de comunicaciones, se salpicó con algunas propuestas interesantes como las de 119 viviendas de MVRDV en Hagen Island, dentro del master plan para siete mil viviendas en Ypenburg, cerca de la Haya, que asumiendo como tantas veces que la situación no era la ideal, construyeron grupos de una, dos, tres, cuatro y ocho viviendas situadas en filas no alineadas introduciendo así diagonales visuales y un paisaje inesperado de colores y materiales diferentes retomando quizá la berlagiana idea de la unidad en la multiplicidad.

También desde un programa VINEX y de nuevo traduciendo un contexto casi inexistente en una oportunidad para la complejidad y la intensidad, S333 vuelven a lo general a pesar de lo particular de Schoenmaekers y construyen 56 de las setecientas viviendas del VINEX para Bloembollenhof (Vijfhuizen), al sur de Haarlem con una única imagen y tres materiales que se combinan de forma idéntica para todos los grupos de viviendas que se reparten buscando una irregularidad regular por la parcela, de nuevo a la búsqueda de espacios diferentes y relaciones interiores inesperadas entre las distintas viviendas, huyendo de la monotonía de la sección invariable de calle-jardín-casa.

Otros planteamientos más densos recuperan las ideas de invernadero incorporado a la vivienda del proyecto de Mulhouse de Lacaton&Vasall y de paso la estética agrícola y su sabiduría constructiva que, en su sencillez, como en el caso del proyecto de Javier Gutiérrez en la Dehesa de la Villa (Madrid), donde ofrece una interesante imagen conjunta manteniendo la escala de las unidades, a medio camino entre los extensos paisajes almerienses de plástico infinito y la emoción de una nueva sensibilidad tecnológica en la que además se propone una cierta “hibridación de los elementos característicos de la vivienda colectiva con otros de la vivienda unifamiliar”.

Viviendas en Iznájar (Córdoba). Solinas + Verd. Fotografía: Jesús Granada.

Es un asunto antiguo, que ya cuestionó Antonio Miranda con su Elogio de la medianería urbana. Problemas de los desarrollos en vivienda unifamiliar aislada y no ya por su evidente consumo de suelo y otros recursos sino por su falta de cohesión social, por lo que Miranda propone trabajar el espacio público como ámbito de hábitat interior.

Aceptando esta crítica y el hecho de que no se puede demonizar la baja densidad en todos los casos, es posible trabajar con proyectos optimistas y valientes como muchos de los que aparecen en el texto y en el número actual si bien, como arquitectos, quizá no deberíamos olvidar que nuestros proyectos no sólo deberían aspirar a cumplir los sueños del pequeño burgués en que la sociedad del primer mundo nos ha convertido, ni un mundo más seguro, sino un mundo mejor.

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Artículo publicado en la revista Detail (edición española), número 3 (Vivienda baja densidad) del año 2011, páginas 252-255.

Texto:

bRijUNi arquitectos. Estudio de crisis arquitectónica y especulación literaria formado por Beatriz Villanueva Cajide (Arquitecto -ETSAM-, Máster en Gestión de Espacios Virtuales -Fundación Camuñas- y Máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados -ETSAM-) y Francisco Javier Casas Cobo (Arquitecto -ETSAM-y Máster en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura -ETSAM-).

 

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