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Bajo sospecha.

por Brijuni — Lunes, 9 de enero de 2012
26 viviendas sociales en Alameda (Málaga). Elisa Valero. Fotografía: Fernando Alda.

26 viviendas sociales en Alameda (Málaga). Elisa Valero. Fotografía: Fernando Alda.

La arquitectura sigue siendo, aunque contaminada de una gran cantidad de temas menores, un asunto constructivo. La profesión entiende que la complejidad del proceso constructivo ha ido en aumento y por tanto el carácter heroico de aquellos que aún realizando la aceptada y muy manoseada triple actividad (docente, investigadora, proyectual-constructiva) siguen en la brecha de la obra y la responsabilidad civil, es aún mayor y la distancia que los separa de los puramente teóricos es insalvable excepto en casos muy puntuales. Siendo así, la vivienda de baja densidad aparece como un asunto menor donde validar la actividad del arquitecto, teniendo en cuenta que de algún modo, la baja densidad sigue bajo sospecha. Veamos por qué.

En primer lugar, la maldita crisis pasó por alto la proliferación del modelo de ciudad-jardín de Ebenezer Howard en su versión más infantil. Se produjeron sólo dos situaciones posibles. Allí donde el suelo era abundante y barato, pueblos de todo el territorio y localidades de la periferia de las grandes ciudades, el modelo se utilizaba para crecer en tamaño (también en costosas e inútiles infraestructuras) y recaudación municipal vía impuestos, validado por infames planes y normativas que daban crédito a la idea de que los pequeños núcleos deben crecer en la baja densidad, traducida de forma simple a una limitación en altura (dos o tres) de chaletones y adosados con mini-patio vallado. La otra situación, de vuelta a la gran ciudad, se repitió más o menos de la misma forma angustiosa excepto en seleccionadas urbanizaciones cerradas donde las parcelas crecían hasta tamaños indecentes que sus dueños podían pagar, convirtiendo lo que podían haber sido interesantes espacios de descompresión de la trama urbana en un gran espacio vallado y vigilado que en su interior alojaba una urbanización de lujo. Huelga decir el nulo valor para la ciudad de ambas situaciones.

Aún así conviene, antes de seguir, aclarar de qué estamos hablando cuando decimos baja densidad. No habiendo un acuerdo aparente en el ámbito de la investigación, Aurora Fernández Per y Javier Mozas sitúan en cien viviendas por hectárea el tope por debajo del cual se puede hablar de baja densidad.  También distinguen entre densidad bruta y densidad neta. Grosso modo, en la primera tenemos en cuenta los viarios (planes urbanos) y en la segunda no y esto conduce rápidamente a que el atento lector se pregunte si tiene sentido hablar de la baja densidad de un objeto arquitectónico aislado como un conjunto de unifamiliares, sin hacerlo en relación a la ciudad y al espacio que consumen sus accesos, o es mejor hacerlo en relación con su entorno, al menos, inmediato, y entonces nos preguntamos si la Unidad de Habitación de Firminy, objeto aislado coronando una suave colina, es vivienda de baja densidad (bruta, pues ocupa muy poco espacio en relación al que libera en la colina) o alta densidad (neta, ya que en su proyección vertical acumula muchas plantas que lo hacen ser un objeto denso en sí mismo).

Aquí por tanto estamos hablando de urbanismo y no de vivienda de baja densidad. Para seguir centrando el tema, descartaremos las saludables operaciones del Movimiento Moderno y su baja densidad bruta (grandes bloques convenientemente separados y espaciados) y hablaremos sólo de baja densidad neta, es decir, de la relación de lo construido con lo proyectado verticalmente (ocupación) incluyendo espacios interiores como patios o jardines pero no en su relación con los viales o la ciudad, con lo cual estamos hablando de conjuntos de viviendas de poca altura y, en todo caso, de cierta porosidad o permeabilidad a ser posible.

Probablemente uno de los ejemplos relativamente recientes más interesantes y conocidos sean las viviendas de Mulhouse de Lacaton&Vassal de las que ya se habló aquí (Detail Edición Española 1/2008). Interesa por muchísimas razones explicadas una y mil veces de las que a nosotros hoy nos gustaría señalar una: la flexibilidad o la ausencia de programación de los espacios. Teniendo en cuenta que estas catorce viviendas forman parte de un programa de sesenta y una vivienda sociales, cualquiera que conozca la sofocante normativa de cualquier país desarrollado, entenderá el enorme mérito de haber conseguido mayores superficies de las  programadas dentro un presupuesto ajustado apostando por un lujo espacial y la libertad de un programa definido sólo a medias a la espera de que el usuario lo adapte a sus necesidades.

Esta flexibilidad en el programa ha sido con frecuencia reclamada desde la participación del usuario, como hace Antonio Jiménez Torrecillas en relación a sus viviendas sociales en Molvízar ya que “en el 95% de los casos, los beneficiarios de estas viviendas, nada más habitarlas, comienzan un rosario de reformas cuyo objetivo no es otro que el de amoldar sus casas a sus particulares deseos de vida. (…) Estos conjuntos no son más que “panales” a la espera de la labor de las abejas.”

Posteriormente, en la casa más o menos, Lapanadería incorpora el concepto tiempo a los nuevos modos de habitar y en concreto al grado de acabado de las viviendas “permitiendo a los usuarios que pudieran terminarlas en la medida que fuera necesario y en función de los recursos disponibles”, algo que de nuevo nos lleva de algún modo a pensar en los poblados dirigidos de los años 50 donde los futuros habitantes de las viviendas aportaban su trabajo (los domingos ya que la semana laboral era de lunes a sábado, de ahí que se les conociera como “los domingueros”) en contraprestación al veinte por cierto que no financiaba el estado y que ni siquiera estaban en condiciones de aportar de otra manera.

De hecho en los Países Bajos no tienen las mismas exigencias que en nuestro país y es curioso comprobar por ejemplo cómo no existe una palabra para anunciar una vivienda en alquiler vacía (sin muebles ni acabados) cuando sí existe para amueblada y para decorada (sin muebles pero sí con acabados en suelo y paredes). La normativa que arrastramos, absolutamente proteccionista y por desgracia necesaria para evitar la picaresca y la infravivienda, es uno de los asuntos donde innovar para crear nuevas situaciones posibles adaptadas, sin moralinas, a hipotéticos usuarios menos exigentes en materia de terminaciones por ejemplo.

15 viviendas unifamiliares en Almadén de la Plata (Sevilla). Olvido Muñoz. Fotografía: Jesús Granada.

Otra de las carencias de los programas de baja densidad en viviendas que derivan en la sucesión en serie de unifamiliares es su baja cohesión social. La sociabilidad y el hedonismo son, según Amann y Cánovas (y otros muchos), el asunto de la vivienda y quizá del siglo en el que nos encontramos. Mientras el hedonismo podría ser, quizá, satisfecho en algunas ocasiones de forma privada e individual, la sociabilidad es un asunto colectivo que las redes sociales y la tecnología sólo matizan sin que sea posible que satisfagan por completo.

El proyecto de dosmasunoarquitectos para 67 viviendas en La Maquinilla, Colmenar Viejo (Madrid) se preocupa según sus autores de los espacios comunes y la construcción de la colectividad proponiendo “un sistema de transición de privacidad entre la ciudad más pública y el jardín más privado en el que tengan cabida otra serie de espacios intermedios (…) colectivos, que crean un colchón entre la vía pública y la vivienda privada (…) distribuyéndose en planta baja y planta alta dando lugar a áreas de recreo y esparcimiento”.

De ello también se ocupan Jorge Palomero y Ángel Cordero en sus 12 VPO en San Francisco de Huércal-Overa (Almería) donde invierten el significado de los lugares comunes poniendo en crisis la tipología convencional de viviendas adosadas en hilera, cuyas calles “privadas” dominan el territorio suburbanizado (…) agregando las viviendas en torno a núcleos y abriendo los accesos hacia la calle en espacios de convivencia: los lugares comunes, entendidos como Mario Benedetti en sus paisajes íntimos: experiencias cotidianas con potencial poético”. Plomero y Cordero expanden la ciudad hasta los límites de la privacidad proponiendo a cambio “una imagen discreta (…) y una solución discreta al continuo problema de la liquidación urbana”.

También de la imagen discreta (o del contexto histórico y el respeto a la tradición) nos hablan otros proyectos igualmente vernáculos y respetuosos con esa historia encalada de muros blancos y sol castigando que aprecia los patios y las sombras como los de Antonio Jiménez Torrecillas y Elisa Valero, entresitio o Lourdes Bueno y Luis Valero.

51 alojamientos en La Rinconada (Sevilla). Lourdes Bueno y Luis Valero. Fotografía: Jesús Granada.

51 alojamientos en La Rinconada (Sevilla). Lourdes Bueno y Luis Valero. Fotografía: Jesús Granada.

Junto a la tranquila presencia de todos ellos, sólo alterada con colores disonantes en las puertas (Bueno y Valero)  o materiales igualmente vernáculos pero inesperados (Elisa Valero), Jiménez Torrecillas traslada el foco del debate al asunto de la obsolescencia programática y la ausencia de participación del usuario sobre la que reclama quizá “una mayor participación de cada familia durante el proceso de gestación del proyecto, o tal vez permitir una estructura espacial más libre que hiciera posible atender “a la carta” las necesidades de cada usuario.”

Es un tema, el de la participación, ya muy antiguo y también, como la baja densidad, sometido a debate y sospechoso de ineficaz. Antonio Vázquez de Castro, arquitecto madrileño autor junto a José Luís Iñíguez de Onzoño, del poblado dirigido de Caño Roto a finales de los años 50 en Madrid nos habló de ”Turner  y todos estos que hablaban del diseño participativo (Alexander). Es imposible y más cuando tratabas como era nuestro caso con gente que no sabía leer los planos. Caño Roto tiene una gran riqueza tipológica porque empezamos ese juego desde el principio, pero como estábamos muy presionados para que el proyecto no se dilatara por la urgencia política, en dos o tres meses nos hinchamos a hacer series tipológicas a ver cuales tenían más aceptación y siempre jugábamos con algo que se llama baja densidad pero cierta compactación y ocupación de suelo, huyendo un poco del tema de los esquemas del Movimiento Moderno de grandes espacios libres. Aquí seguía vivo el esquema de los CIAM y la carta de Atenas. Nosotros fuimos por otro camino que nos interesaba más y fue quizá el éxito rotundo de los poblados. Fuimos lo suficientemente sensatos con la participación aunque se nos complicaba mucho porque eso se hacía en la prestación personal no en las que se hacían para la gente que quería una vivienda hecha por alguien de fuera no participando ellos. En Entrevías, en Caño Roto y en Orcasitas, en los poblados del sur fue más o menos donde se hizo los programa de prestación personal.”

Si ya en los años sesenta había conciencia del fracaso del urbanismo top-down que proponían los CIAM frente a la nueva sensibilidad ground-up de las propuestas participativas con todas sus reservas, parece imposible retomar esas propuestas, aún cuando siguen siendo de baja densidad neta y alta densidad bruta, buscando la concentración en nodos de redes muy dispersas frente a los más aceptados modelos de ciudad compacta y compleja de Salvador Rueda que se oponen al sprawl de la ciudad dispersa y difusa.

En esa línea, la propia Elisa Valero prefiere hablar de densidad natural y no de alta o baja densidad, entendiendo que a cada población y núcleo urbano le corresponde una densidad en correspondencia con su naturaleza, estructura, historia y demás parámetros asociados, de tal forma que el crecimiento se produce de forma orgánica y natural y no como un añadido o parche. Valero también utiliza la idea de urban-porosis para explicar la pérdida de tejido urbano (solares vacíos, viviendas sin ocupar) y el consiguiente deterioro de los centros urbanos y su actividad, muy habitual en algunas ciudades americanas (por ejemplo Detroit) que se han volcado en las comunidades suburbanas abandonado el centro hasta convertirlo en un gueto.

Intensificar y complejizar los obsoletos e históricos centros urbanos se convierte por tanto en tema posible también para algunas bajas densidades existentes como en los proyectos de rehabilitación de cinco viviendas en  Francisco Escudero, Marta y Luz Marta Fernández Valderrama en la calle Goyeneta de Sevilla o la Casa Tetris de Semisótano Arquitectos en el casco histórico de Almería, un edificio de un siglo de antigüedad cuya obsolescencia constructiva y programática de cinco viviendas se recicla (según la acepción más aceptada de la hasta ahora llamada rehabilitación) para tener una nueva oportunidad de vivir largamente en sus nuevas trece viviendas resultado de varias superposiciones volumétricas de cierta complejidad.

Reciclar más rehabilitar, decía Juan Herreros en la presentación junto a José María Ezquiaga y Juan Fisac del Proyecto Madrid Centro, con ideas muy próximas a la sensibilidad de Lacaton&Vassal para, no ya el centro sino la periferia de París y el enorme cinturón de pequeñas localidades construido en los años setenta. Reciclar, por tanto, concediendo así la posibilidad de que algo tenga una nueva oportunidad, un nuevo uso, una vida nueva, más allá de la restitución de su condición anterior.

Pero aunque sigamos reciclando, ojalá, cada día más, las construcciones de nueva planta seguirán pujando por nacer a pesar de los enormes stocks de viviendas sin vender y de la escasez de suelo en las grandes ciudades. Si hay que hacerlo, piensan algunos, al menos que sea construyendo con verde, el único material de proyecto que interesó a Lucía Cano y José Selgas en su proyecto Vallecas 20 donde “las plantas absorben los contaminantes del aire produciendo oxígeno, su presencia tiene un efecto muy positivo tanto para la psique como para la salud (…) además absorben el ruido, controlan la temperatura, refrescan en verano y protegen del frío en invierno…”

Trabajando en la difícil alta densidad de muy baja altura, el proyecto Camaleon Living en Rivas-Vaciamadrid de Carlos Arroyo juega con el planeamiento para no segregar una parcela para cada una de las 119 viviendas que comparten, al contrario, una única parcela ahora sí, susceptible de ser usada con dignidad para espacios comunes y públicos de interés para la comunidad que de otra forma hubieran estado condenados a pírricas soluciones individuales. Así mismo convierte la exigente normativa de acceso de emergencias en una oportunidad para reformular los accesos privados en coche y los espacios públicos a través de espacios semi-enterrados y semi-abiertos y añadiendo una pista de atletismo que garantiza el fácil acceso de emergencias.

Densidades artificiosas en contextos casi inexistentes se dieron en los VINEX (cuarta nota extra) holandeses que intentaron solucionar el problema de vivienda en Holanda desarrollando dos terceras partes de las más de seiscientas mil viviendas que el programa quiso construir entre 1995 y 2005 en urbanizaciones fuera de las ciudades y en general en lugares donde no había posibilidad de trabajar cerca, lo cual complicó el ya enorme problema del tráfico en el Ranstad holandés. Según Susana Aparicio (SUJU architectuur), la nota exigía una densidad de 35 viviendas por hectárea (entendemos que densidad bruta) para garantizar una “ciudad compacta”.

La realidad del tedio de viviendas unifamiliares en ninguna parte o simplemente próximas a un centro comercial o a un nudo de comunicaciones, se salpicó con algunas propuestas interesantes como las de 119 viviendas de MVRDV en Hagen Island, dentro del master plan para siete mil viviendas en Ypenburg, cerca de la Haya, que asumiendo como tantas veces que la situación no era la ideal, construyeron grupos de una, dos, tres, cuatro y ocho viviendas situadas en filas no alineadas introduciendo así diagonales visuales y un paisaje inesperado de colores y materiales diferentes retomando quizá la berlagiana idea de la unidad en la multiplicidad.

También desde un programa VINEX y de nuevo traduciendo un contexto casi inexistente en una oportunidad para la complejidad y la intensidad, S333 vuelven a lo general a pesar de lo particular de Schoenmaekers y construyen 56 de las setecientas viviendas del VINEX para Bloembollenhof (Vijfhuizen), al sur de Haarlem con una única imagen y tres materiales que se combinan de forma idéntica para todos los grupos de viviendas que se reparten buscando una irregularidad regular por la parcela, de nuevo a la búsqueda de espacios diferentes y relaciones interiores inesperadas entre las distintas viviendas, huyendo de la monotonía de la sección invariable de calle-jardín-casa.

Otros planteamientos más densos recuperan las ideas de invernadero incorporado a la vivienda del proyecto de Mulhouse de Lacaton&Vasall y de paso la estética agrícola y su sabiduría constructiva que, en su sencillez, como en el caso del proyecto de Javier Gutiérrez en la Dehesa de la Villa (Madrid), donde ofrece una interesante imagen conjunta manteniendo la escala de las unidades, a medio camino entre los extensos paisajes almerienses de plástico infinito y la emoción de una nueva sensibilidad tecnológica en la que además se propone una cierta “hibridación de los elementos característicos de la vivienda colectiva con otros de la vivienda unifamiliar”.

Viviendas en Iznájar (Córdoba). Solinas + Verd. Fotografía: Jesús Granada.

Es un asunto antiguo, que ya cuestionó Antonio Miranda con su Elogio de la medianería urbana. Problemas de los desarrollos en vivienda unifamiliar aislada y no ya por su evidente consumo de suelo y otros recursos sino por su falta de cohesión social, por lo que Miranda propone trabajar el espacio público como ámbito de hábitat interior.

Aceptando esta crítica y el hecho de que no se puede demonizar la baja densidad en todos los casos, es posible trabajar con proyectos optimistas y valientes como muchos de los que aparecen en el texto y en el número actual si bien, como arquitectos, quizá no deberíamos olvidar que nuestros proyectos no sólo deberían aspirar a cumplir los sueños del pequeño burgués en que la sociedad del primer mundo nos ha convertido, ni un mundo más seguro, sino un mundo mejor.

——-

Artículo publicado en la revista Detail (edición española), número 3 (Vivienda baja densidad) del año 2011, páginas 252-255.

Texto:

bRijUNi arquitectos. Estudio de crisis arquitectónica y especulación literaria formado por Beatriz Villanueva Cajide (Arquitecto -ETSAM-, Máster en Gestión de Espacios Virtuales -Fundación Camuñas- y Máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados -ETSAM-) y Francisco Javier Casas Cobo (Arquitecto -ETSAM-y Máster en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura -ETSAM-).

 

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16 comentarios a “Bajo sospecha.”

  1. Daniel Moyano dice:

    Muy interesante artículo. Especialmente me quedo con la reflexión compartida con Elisa Valero sobre la adecuación de las diferentes densidades a cada lugar, una relación que debería ser de identidad, y no de simple aprovechamiento. Esta mala interpretación del planeamiento, en el que dominan siempre los aspectos económicos, es la ruina de la ciudad.

  2. Inteligencias Colectivas dice:

    Estamos de acuerdo, la densidad debería ser una variable más compleja y mucho más relacionada con lo específico de cada sitio de lo que está ahora. Pero a la vez, la densidad debería introducir variables temporales que permitan empezar a estudiar la saturación de los tejidos. Hoy, ocupamos todo el espacio que nos deja la densidad permitida, cuando a lo mejor sería más interesante plantear planificaciones con densidades variables que puedan modificarse a lo largo del tiempo en función de parámetros vivos que estudien con sentido común hacia donde están yendo las ciudades.

    Sin embargo no olvidemos que posiblemente la frase más importante de todo el texto sea la última. Hay muchas maneras de defender la bajar densidad a través de proyectos imaginativos, colectivos y participados. Ejercicios altamente recomendables. Pero si hacemos casos a los números, herramienta objetiva y olvidada, descubrimos que frente a lo que se nos ha vendido siempre, la ciudad sostenible no es VERDE sino GRIS, y los modelos de verdes densidades bajas obligatoriamente consumen recursos más allá de lo que nos podemos permitir. Nueva York y sus calles grises, con altos rascacielos son el módelo de ciudad sostenible, no para que unos pocos puedan permitirse vivir en el campo, sino para que los ciudadanos del mundo puedan vivir dignamente consumiendo los recursos que nos corresponden.

  3. Brijuni dice:

    Muchas gracias, Inteligencias Colectivas, por vuestro comentario.
    Justo de la ciudad-jardín pequeño burguesa de chaletones y “acosados” es de lo que nos alerta Miranda en su “Elogio de la medianería urbana”, igual que Rueda habla de la ciudad compacta, compleja,… (mediterránea), frente al peligro de lo verde que multiplica los costes y las infraestructuras para servir a la baja altura… en cierto modo nosotros sí la tenemos demonizada pero es una tipología o forma de hacer que quizá en algunos sitios puede funcionar, no sé muy bien cuáles, los hay en el mundo entero… quizá sólo como asunto vernacular, no? qué pensáis?
    Desde luego es interesantísima vuestra reflexión sobre densidad como f(t), aunque desde luego difícil de articular en los planeamientos y normas subsidiarias y demás reglamentación absurda y pesada que lastra el progreso y el conocimiento hasta que encontremos fórmulas más ágiles de ordenar el territorio a través de otro tipo de leyes…
    No me resisto a pediros que leáis este texto que hicimos hace algún tiempo, perdonad la auto-referencia, pero quizá también os interese y desde luego a nosotros nos gustaría mucho conocer vuestra opinión al respecto:
    http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=2722
    Daniel, muchas gracias por tu comentario, espero que Elisa se pase por aquí y vea que eres “fan” de su urban porosis!! Suscribimos lo que dices sobre identidad y no aprovechamiento, en palabras de Fariña, una relación no depredadora sobre el territorio. Un abrazo.

  4. Brijuni dice:

    Por cierto, qué gran parecido entre lo que dice A. J. Torrecillas de las viviendas como “panales a la espera de la labor d las abejas” y la torre de 15 plantas en el barrio de Miraflores de Lima que contáis en vuestro post de las baldosas, no?

  5. Inteligencias Colectivas dice:

    Gracias por la “autoreferencia”, no habíamos leído previamente el artículo de las “little boxes” y la verdad, sin querer pelotear merece la pena.

    Nos gusta la mirada del artículo y vuestra perspectiva de que la arquitectura y el urbanismo no sean excesivamente categóricos. Quizá lo mejor sean estos planteamientos de “piensa global, pero actúa local” que en realidad es lo que recalcaba Daniel sobre las cuestiones de Elisa Valero de trabajar específicamente en cada sitio con las condiciones que plantee cada lugar, de hecho puede ser precisamente la cuestión que permita sobrevivir al arquitecto en estos tiempos. Capaces de reflexionar críticamente en cuestiones muy globales y capaces al mismo tiempo de poder aplicarlas personalizadamente en cada sitio donde se actúe. Incluso en viviendas aisladas.

    Pero esto no puede hacernos olvidar que los modelos de viviendas aisladas por ejemplo, tienen un gasto por usuario, solamente en construcción de infraestructuras, infinitamente mayor que modelos de viviendas agrupadas, excepto si se plantearan desde perspectivas de ancho de banda normativo donde entraría la especificidad. El problema viene también del prejuicio, y de la lamentable forma en que las empresas han vendido los productos arquitectónicos a la ciudadanía. La ciudad verde por ejemplo, modelo sostenible en las ferias inmobiliarias, es posiblemente el modelo menos “verde” de hacer ciudad, de la misma forma que las “smart cities” actuales (guiño) se las están apropiando empresas que no hacen sino vender patentes. Esto no tiene por que gustarnos y de hecho no nos gusta.

    Por el contrario nos gustan densidades que construyen urbanismo desde la escala ciudadana, y desde su punto de vista que falta hace. Densidades que hablen de cuanto hace falta andar hasta encontrar una panadería, cuantas casas hacen falta para que un negocio de un bar salga adelante, y cosas así. Nos gusta el criticado modelo urbanístico de “Saconia” atravesado por la calle Antonio Machadao, que planteaba un modelo de densidad que permitiera colocar un colegio en el centro de cada manzana. Y proponía lo del colegio, porque es una dotación que permite construir ciudad desde la creación de amistades de los niños y hasta de la participación y la implicación de los padres. ¿Donde han quedado estas medidas urbanísticas que hablaban de cohesión de ciudad desde un punto de vista muy del ciudadano y que cualquiera podemos entender aunque no seamos muy smart?

  6. Angel Cordero Ampuero dice:

    Gracias de nuevo, por vuestros agudos artículos y, de paso, por la difusión de nuestro proyecto (Jorge Palomero, por cierto) en Huércal-Overa.
    Me apunto casi incondicionalmente al comentario de Daniel Moyano sobre la adecuación. Si me permitís la pedantería (o cursilada) creo que hay que reivindicar, por encima de otros muchos valores urbanísticos o arquitectónicos, el criterio de pertinencia. En una palabra, basta ya de impertinencias.
    Como glosa al resto de comentarios, creo que a pesar de nuestro incondicional progresismo seguimos siendo feudatarios del etnocentrismo. ¿Porqué la ciudad ha de ser el único modelo de ocupación del territorio, a nivel físico, espacial, simbólico, ético, estético, paranoico…?
    Sigo creyendo, a pesar de mi inevitable aburguesamiento (literal), que el territorio de occidente, por suerte el español, tal vez el francés, desde luego más que otros sobre-antrópicos como el neerlandés, aún está abierto a modelos más pertinentes. Propongo reinventar el pueblo, el núcleo rural como modelo adscrito al medio físico, limitado en infraestructuras, limitado en crecimiento e incluso recesivo, garantizado en su propia cohesión social, compacto -no denso- y sostenible como principio, no como fin.
    En fin, otra reflexión más teórica que práctica, pero que tiene que ver más con la forma de habitar que con la forma de diseñar el hábitat.
    Y por otra parte, me temo que seguimos sin planear nuestras ciudades, no por falta de planos sino por falta de conceptos urbanos. Mejor dicho, por su falta de aplicación. Seguimos empeñados en el debate sobre la extensión, sobre el crecimiento, igual que los ingenieros del siglo XIX. Pero hoy las fuerzas motrices no llegan ya ni de la tecnología, tan solo del mercado. Así nos luce el pelo…
    ¿Aprenderemos algún día a vivir en recesión?
    (Espero que no me malinterpretéis, no estoy en aquello de la tijera…)
    Un abrazo y muchos ánimos

  7. Inteligencias Colectivas dice:

    Por cierto, si que hay gran parecido. El modelo obligado en Lima es una potencia en el proyecto de Torrecillas. En el fondo nos hemos dado cuenta los aruqitectos, de que la imaginación de los usuarios puede hacernos mejor la arquitectura y esto ya es un paso muy grande si conseguimos consolidarlo. De hecho es un temazo para un artículo a ver si te animas, el usuario transformador de arquitectura, que hay muchos ejemplos increibles, desde la fachada a lo MVRDV de los bloques de viviendas de la M30 hasta los proyectos algo más dirigidos de Elemental. En España es un camino aun con mucho que recorrer que a la vez posibilita un mejor reparto del negocio de la construcción, donde grandes constructoras dejarían un trocito de pastel a empresas familiares de reformas que podrían contribuir a terminar mejor muchas casas. Del mismo modo las grandes empresas de arquitectura, dejaría un papel a los pequeños estudios específicos que podrían trabajar con las familias como “arquitectos de cabecera”.

    Perdón por el tamaño de los comentarios.

  8. Brijuni dice:

    @Inteligencias colectivas: suscribimos todo. Sobre las smart cities seguro que ya habéis leído el artículo de José Fariña al respecto, que dice justo lo que decís vosotros sobre las empresas “autoras” de las ciudades inteligentes del futuro: telefónicas y demás…
    El modelo de Saconia es interesantísimo. Yo creo que sí que hay que mirar esos ejemplos de barrio y de dotaciones mínimas fundamentales y creo que se ha hecho más veces. Sin ir más lejos, Dudok en la ciudad holandesa de Hilversum construyó 19 escuelas entre 1916 y 1933 y todas eran los edificios principales en los barrios, una especie de “templo laico” según él, que debía articular la vida del resto de ese trozo de ciudad, que era deudora del modelo de ciudad jardín que de algún modo se ha impuesto luego como verde y es justo lo contrario como también decís, pero bueno.
    Con respecto al panal y la arquitectura hecha o modificada por el usuario, entiendo que vuestra postura no es proteccionista y eso nos recuerda un editorial de hace algunos años en la revista Arquitectura del COAM donde se lamentaban sobre los desmanes realizados por los dueños de las viviendas de un conocido edificio en la Plaza de Cristo Rey de Madrid, una torre de viviendas, sabéis cuál? Qué os parece esta apropiación de cierres y terrazas y la modificación (que está prohibida en realidad pero la gente cree que con pedir permiso a la comunidad ya no lo está) de las fachadas de los edificios? Es la misma situación que la de un edificio inacabado como el de Lima? Yo creo que nos gustaría mucho más que el artículo lo hicierais vosotros con todas las referencias que tenéis al respecto ya que muchas son además desconocidas por el personal (nos incluimos) y merece muchísimo la pena que las conozcamos gracias a vosotros.
    Muchísimas gracias por ello y por el tamaño de vuestros comentarios.

  9. Brijuni dice:

    @Ángel, muchísimas gracias por tu comentario. No nos pudimos resistir a poner en portada el coche y vuestras viviendas!
    Se habla mucho de decrecimiento en urbanismo últimamente. Acompaña muy bien el momento actual. Entendemos tu postura y que te refieres al primer mundo ya que los problemas de habitación, si aquí están solucionados a medias (viviendas vacías) en el tercer mundo es que ni se (nos) han (hemos) puesto a ello.
    Ayer hablábamos en una reunión en Vivienda sobre la “pertinencia” de que un técnico municipal informe favorablemente sobre las cuatro torres de Madrid o cualquier otro asunto. Al final, el equilibrio entre la autonomía de los que moran un territorio y su bondad y el controlar que grupos pequeños de poder (alcaldes, concejales y promotores) en coalición con un técnico informante, hagan de su capa un sayo, es muy difícil, no? Lo digo en respuesta a lo que dices de lo pertinente que puede ser hacer o no hacer… Bueno, tú lo has explicado mucho mejor…

  10. Angel Cordero Ampuero dice:

    Queridos brijunis, las gracias siempre a vosotros, que sois los que os curráis estos temas. Por mi parte, ya sabéis, poco más que un diletante esporádico.
    Me temo que al final llego a lo de siempre, a la política real, es decir, lo contrario de la Realpolitik. El problema de occidente es que ha llegado a una disociación absoluta entre el pensamiento de las buenas intenciones y la agudeza de los negocios. Una cada vez más teórica y, me temo, cada vez más alejada de la acción y la otra cada vez más real y más poderosa. Por encima de los prejuicios ideológicos (que los tengo, y muchos) esta situación nos conduce a un colapso social catastrófico.
    Como urbanista, incluso me gusta decir como diseñador urbano, sólo tengo auténtica capacidad de análisis sobre cuestiones técnicas, tal vez un poco más capacidad propositiva. Pero creo que este debate se extiende, como debate político, sobre quién o cómo se deben tomar las decisiones, tanto a escala urbana como doméstica. Ahí los técnicos sólo somos (y sólo debemos ser) unos ciudadanos más: no debemos consentir las oligarquías, como nadie debería consentirlas; no debemos tolerar las decisiones interesadas, como nadie debería tolerarlas; no debemos fomentar las desigualdades, los mecanismos de exclusión, la expoliación de los recursos y cuantas cosas más se nos ocurran. Esto ya parece un texto de Educación para la Ciudadanía.
    Pero tampoco debemos engañarnos, como siempre por un cierto narcisismo bien cultivado en nuestra formación: nosotros no diseñamos sociedades, ni sistemas políticos. Ni siquiera tenemos capacidad profesional como agitadores, en el sentido más clásico de la palabra (habrá que releerse a Lenin). Que los políticos honestos sean leales (ahí es nada), escuchen a los muchos (brijunis a la cabeza, “Inteligencias colectivas” y tantos más) que piensan, que actúen como auténticos representantes de la ciudadanía y canalicen la planificación pertinente de la ciudad/pueblo/territorio/lo-que-sea: a los técnicos no nos quedará más tarea que la de diseñar –pertinentemente- para esa sociedad.
    Hay utopías mejores.
    Un fuerte abrazo.

  11. Brijuni dice:

    Ángel, siento muchísimo lo del nombre de tu socio, creo que salió mal en la edición impresa, lo miraré.. lo cambio ahora mismo aquí.
    El debate para mí es siempre político. Sin la política, los políticos, las leyes y marcos reguladores, toda investigación y toda reflexión no pasa del papel, una pena… todo avanza muy lento y desespera. Me quedo con tus utopías mejores, un abrazo!

  12. laura dice:

    Se trata de un debate que nos hemos inventado, las necesidaddes del ciudadano varían, crecen y se multiplican y así debe hacerlo la oferta urbanística, no puedo demonizar ninguna tipología porque conozco gente feliz en todas ellas.

    Por experiencia propia, del día a día, conozco Alemania, tiene grandes núcleos urbanos rodeados o intercalados de urbanizaciones, urbanizadas por los ayuntamientos, rodeadas o infiltradas `por bosques y lagos, explotados como recurso económico, como elemento vivo y participante de la ciudad, también para el ocio (incluso el Tiergarten de Berlín es una masa arbórea económicamente explotada) y se pueden construir rascacielos y casitas de cuento y todo pertenece a nuestra civilización y no hay por qué renunciar a nada ni primar una tipología frente a otra. Creo que los recursos constructivo y de infrestructura de un rescacielos estarán concentrados pero no son menores que los de una zona de viviendas unifamiliares, en cálculos reales la plante termica y eléctrica que alimenta el rascacielos da cobertura a bastantes urbanizaciones en las que además se está imponiendo el uso de paneles solares, geotermia y recursos naturales fáciles de incorporar cuando no hay legislaciones constringentes…

    Pero es sólo mi opinión personal, como siempre gracias por levantar ampollas.;)

  13. Brijuni dice:

    Laura, muchas gracias por tu comentario y desde luego por los ejemplos tan valiosos que anotas.
    Demonizar la baja densidad, así radicalmente, sería estúpido, está claro. Generalizando, sí que parece haber un acuerdo sobre las dificultades de hacerla convivir con un planteamiento sostenible de crecimiento como se ha visto en el último boom aquí en España pero desde luego que no podemos cargarnos la tipología y construir en altura sin más.
    No obstante, creo que, siendo lo que dices muy cierto y muy acotado, este discurso de la baja densidad no ha calado en absoluto en la sociedad y el debate que aquí podemos mantener está muy lejos de que el ciudadano, con sus múltiples demandas y crecientes y cambiantes necesidades, entienda lo peligroso que puede ser el que la arquitectura o el urbanismo se preste a satisfacerlas siempre, como ha sido el caso, con crecimientos absurdos y desmadrados para satisfacer necesidades privadas que van en contra del bien común. Y de eso más bien es de lo que queríamos hablar… Un abrazo!

  14. BAJO SOSPECHA dice:

    [...] Acceder a la información. [...]

  15. BAJO SOSPECHA. dice:

    [...] Acceder al post en La ciudad viva, aquí. [...]

  16. Eva dice:

    Me ha gustado mucho tu post, estaba buscando algo parecido y por fin lo he encontrado, lo compartire con varios amigos.

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