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Lucha contra el cambio climático. Lo que ganamos y no lo que perdemos

por Manu Fernandez — Miércoles, 25 de enero de 2012

Es una viñeta que ha circulado bastante en los últimos tiempos , un dibujo (de Joel Pett y publicado originalmente en el USA Today) que describe una escena en la que un aparente escéptico-negacionista del cambio climático, ante un conferenciante detallando las ventajas de la lucha contra el cambio climático, clama: ¿y si al final resulta que es un bulo y estamos creando un mundo mejor para nada?“.

Creo que es una forma muy inteligente de plantear de manera sencilla dónde están algunos de los problemas sobre la comunicación social de la ciencia del cambio climático. No es momento de entrar en la los detalles de los climate-gate, las salidas de barra de los lobbies climáticos ni, en general, las disputas concretas sobre cuestiones muy específicas sobre el origen e impacto del cambio climático. La cuestión es, más bien, ¿cómo es posible que en una sociedad supuestamente moderna, al igual que con otras cuestiones donde la ciencia tiene tanto que decir, encuentren caldo de cultivo pensamientos acientíficos sobre el cambio climático? Es una respuesta compleja pero la viñeta nos apunta en otra dirección. No es problema de los negacionistas, sino de cómo se comunica la ciencia climática y, en general, cómo se hacen llegar a la sociedad determinados mensajes. No sólo esto, sino que también cabe preguntarse cómo es posible que, sabiendo lo que sabemos, nos cueste tanto actuar.

Dicen, ahora que tenemos algo de perspectiva, que el discurso alarmista que tanto cautivó al mundo de la mano de la verdad incómoda de Al Gore ha contribuido poco a la larga a construir compromisos internacionales serios y a crear una mayor conciencia social y compromiso individual. La psicología ambiental sabe bien cómo los seres humanos tenemos limitaciones para comprometernos con el futuro y actuar ante amenazas hipotéticas. Somos más de aquí y ahora. Y nuestras presunciones se hacen fuertes frente a nuevas evidencias.

Por eso, otro tipo de planteamientos como el del documental Carbon Nation, tienen mucho más calado y marcan mejor la línea de por dónde construir no sólo una ciudadanía más comprometida sino también políticas públicas mejor diseñadas y explicadas. En el tráiler se anuncia con un enfoque muy interesante, alternativo al que hemos visto en Una Verdad incómoda y en otras películas que han apostado por un tono catastrofista y busca superar el discurso negacionista abundando en soluciones más que en el diagnóstico de situación y sus causas. Como anuncian en GOOD, una película a la que le da igual si no crees en el cambio climático. Quizás el alarmismo no haya sido una buena estrategia comunicativa para movilizar a la población, algo de lo que se acusó con cierta razón a al Gore y quién sabe si esta película tendrá más éxito, no de taquilla sino de posibilidades reales para actuar contra el cambio climático.No renunciemos, por supuesto, a explicar bien todo el complejo proceso del cambio climático y los impactos que genera, pero seguramente tengamos que explicar mejor los beneficios de las políticas que tienen que ver con él.

No se trata de renunciar al petróleo (que también), sino de dejar de gastar en combustibles fósiles y crear un modelo inteligente de producción y consumo energético más barato, más razonable, más justo, más distribuido. No se trata de hacer la vida imposible al coche, sino de disponer de ciudades que realmente podamos disfrutar sin tantos temores (calidad del aire, por ejemplo). Cualquier acción relacionada con la lucha contra el cambio climático merece la pena aunque no existiera el cambio climático, aunque fuera el mayor bulo de la historia. No se trata de hacer el juego a una corriente anti-racionalista que cabalga a lomos de posturas como las que podemos ver en el Tea Party. Pero sí de acercar las cosas a la realidad más tangible.

En la comunicación y educación ambiental para crear un modelo de vida más sostenible y ciudades más vivas, creo que tiene una importancia fundamental desde qué actitud se comunica al público y qué tipo de mensaje se quiere hacer llegar. Será clave para conseguir cambios y para entender mejor las transformaciones necesarias. Pienso, por ejemplo, en cómo se han explicado tradicionalmente los proyectos de peatonalización para sacar los coches del centro de las ciudades. Siempre han contado con la oposición inmediata de los más afectados, posiblemente porque siempre se incide en que la política es echar a los coches, hacerles la vida imposible. Prohibir es el mensaje, renunciar parece que es lo que piden las políticas de movilidad sostenible. En cambio, poco conseguimos explicar de los beneficios, que es lo que realmente se persigue. Se nos olvida explicar que la medida implica ganar espacio ciudadano, ganar en más personas paseando y viendo escaparates, ganar en calidad del aire, ganar en espacios de tranquilidad,….y eso es hacer un mundo mejor, una ciudad mejor. Es una reflexión que podemos aplicar a otras formas de sostenibilidad aplicadas a la ciudad pero es en la movilidad donde es más fácil advertir esta contradicción. Al fin y al cabo, ¿cómo cambiar todo un siglo de historia de pasión por el automóvil? Una cultura instalada a fuego en la mentalidad individual y en el subconsciente colectivo. No lo olvidemos: el automóvil es, sencillamente, genial. Te da privacidad, flexibilidad para los viajes de punto a punto, distinción,  seguridad,….Sí, hay argumentos perfectamente racionales para rebatir todas esas ventajas, pero parece que no son convincentes si el mensaje es “vamos a hacer la vida imposible al coche”. Más convincentes, mucho más convincentes serán si conseguimos hacer visibles, tangibles y cercanos los beneficios reales de transformar la prioridad vial y, en general, las políticas favorecedoras del coche como centro de la vida urbana. Esos beneficios son los que no siempre se transmiten.

El cambio climático es un problema fundamental, crítico. Nos jugamos nuestra forma de vida, la salud de los ecosistemas, el futurio del planeta. Hoy mismo reconoce el gobierno chino que es un problema para su economía. Pero estas son palabras grandes y nadie se bajará de su coche por ellas. O los que podían hacerlo ya lo han hecho y queda una gran parte de la población que aún espera entender cómo puede mejorar su vida en lo cotidiano enfrentándonos a un cambio climático que parece que nos obliga a renuncias y sacrificios cuando, en muchos aspectos, ptenemos mucho que ganar.

 

Manu Fernández es analista urbano en Naider y autor del blog Ciudades a Escala Humana.

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3 comentarios a “Lucha contra el cambio climático. Lo que ganamos y no lo que perdemos”

  1. MANOLO CARMONA dice:

    Interesantísimo artículo sobre un tema tan de actualidad como es el cambio climático. Estoy contigo en que han servido de poco los mensajes que usan el arlarmismo y el miedo para intentar cambiar actitudes y conductas, es más sensato y eficaz usar argumentos e implicar en las soluciones.
    Te dejo un enlace a un post que escribí hace un tiempo sobre el fenómeno de la ecofatiga que está muy relacionado con el efecto que producen estos mensajes en las personas.

    http://psicoambientalia.blogspot.com/2011/12/ecofatiga.html

    Un saludo.

  2. Manu Fernandez dice:

    Manolo, gracias por tu comentario. He entrado en terrenos poco explorados para mí, como es el tema de la psicología ambiental, que creo que dominas tú más que yo, y tampoco me he apoyado en grandes argumentos para sostener la idea general del artículo sobre el escaso efecto de los mensajes alarmistas. No sé cuál es tu valoración más amplia, pero siento que van por ahí los tiros. Desde luego, el argumento de la ecofatiga sirve (gracias por compartir el enlace).
    Añado otra cuestión que no incluí en el post, pero creo que es relevante. Al renunciar a utilizar el alarmismo y, sobre todo, al renunciar a utilizar mensajes de frugalidad, austeridad, renuncia, etc. (que puede que sean contraproducentes) y, en cambio, utilizar más los mecanismo de adhesión más positivos (lo que en el artículo llamo mostrar los “beneficios”), quizá estemos perdiendo el objetivo final, es decir, que creo que al final sólo cambiamos personal y colectivamente hacia comportamientos más sostenibles si asumimos esa parte de renuncia, de autocontrol, etc. La autocontención de la que habla Jorge Riechmann.
    En fin, no sé si lo he explicado bien, pero es por tirar del hilo.

  3. MANOLO CARMONA dice:

    Bienvenido al apasionante mundo de la psicología ambiental…

    Estoy contigo en que es más útil a la hora de diseñar campañas de comunicación y sensibilización mostrar los aspectos positivos, para evitar este efecto “ecofatiga”, y que mejor beneficio que apelar a nuestro órganos más sensible: el bolsillo. Habría que informar y convencer de que un estilo de vida más sostenible, además de ser más saludable es económico y se ahorra.

    Otro tema que dentro de esta materia me parece importantísimo es la relación existente entre actitudes y conductas proambientales, evidentemente la mayoría de las personas tienen opiniones positivas en cuanto a conservación de entornos y medio ambiente, sin embargo estas actitudes no suelen traducirse en conductas ecológicamente responsables.

    En fin, queda mucho por avanzar en esta materia, pero creo que es necesario la psicología ambiental se transversalice y participe activamente en el diseño de nuestras ciudades.

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