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Perversas ambiciones

por Brijuni — Viernes, 29 de mayo de 2009
Las Ciudades Incompletas #4.

Las Ciudades Incompletas #4.

En “La arquitectura del poder -cómo los ricos y poderosos dan forma a nuestro mundo”, Deyan Sudjic repasa la historia de la arquitectura enlazando nombres de arquitectos y las obras que estos llevaron a cabo por encargo de políticos, gobernantes, ejecutivos y presidentes de grandes corporaciones, en un ejercicio que señala una cierta connivencia -extrapolable sin ningún género de dudas hasta nuestros días- entre las ansias de poder y propaganda de unos y la ambición ególatra de otros. La ciudad, no cabe duda de ello, queda marginada casi siempre de lo que se califica ahora como interés general, en pos de un interés particular propagandístico que llevado al paroxismo por el cuarto poder desemboca en la ridícula photo finish de político y artista-arquitecto-famoso.

El siglo XXI ha venido ofreciendo oportunidades de transformación a aquellas ciudades que eran elegidas sede de los Juegos Olímpicos (de verano, se entiende) cada vez con mayor fruición y el ejemplo más cercano es Barcelona en 1992. Estas operaciones de maquillaje al estilo Potemkin supusieron un gran éxito para la ciudad (aunque luego discutido y ciertamente ahora en crisis) que otras intentaron copiar, del mismo modo que el efecto Guggenheim de Bilbao. Por desgracia, Madrid 2016, de suceder, será un fallido nuevo intento de hacer ciudad por los políticos, que han elegido representarse y perpetuarse a través de grandes obras que dan la espalda a la población y a los barrios en los que se insertan mientras apoyan procesos especulativos de gentrificación en el centro legitimando así al mercado inmobiliario como un agente más de la ciudad.

Por detrás de estas ciudades y en general de todas las que el mundo anglosajón señala como world class cities, aparecen un gran número de ciudades secundarias que por tamaño, relevancia histórica o geográfica no han llegado a desarrollarse ni en extensión ni en población como las anteriores, y cuyos servicios e instituciones aún están en muchos casos incompletos, o simplemente desean competir con mayores garantías de éxito en el mercado global del turismo. Para ellas, la arquitecta Beatriz Ramo publicaba en la revista Monu un trabajo titulado The Re-Creation of the European City. “Urban Shopping List” for Secondary Cities en el que explicaba cuáles podían ser algunos de los elementos que podían desencadenar que estas urbes despegaran: la importancia de las líneas aéreas low cost y de Ikea o los eventos culturales y deportivos.

No obstante, existen desarrollos urbanos mucho más abajo en este cruel escalafón donde aparecen los slum de las ciudades miseria que retrata con precisa mirada el historiador Mike Davis en su “Planeta de ciudades miseria” como fenómenos de crecimiento dimensional y poblacional de la segunda mitad del siglo anterior, cuya proyección hacia la primera mitad del siglo XXI resulta escalofriante y de cuyas imprevisibles consecuencias aún no somos conscientes.

Mientras tanto, el primer mundo se ha embarcado en una cruzada medioambiental que deviene industria del futuro en la que se ha confiado además como aliada para salir de la crisis económica mundial. En este contexto, ¿qué papel se ha confiado a los arquitectos en la ciudad? ¿Sería posible que por ejemplo los colegios -única organización colectiva que existe y nos representa- lideraran un proceso real de diálogo en el que se articularan propuestas reales para intervenir en la ciudad? ¿Cuáles son los procesos posibles que podrían conducir a ello? ¿En qué momento pueden, citando a Richard Rorty, nuestras obsesiones privadas coincidir con las necesidades públicas? ¿Podemos parar por un momento de hablar y dedicarnos simplemente a construir un mundo mejor?

Texto: Brijuni Arquitectos (Beatriz Villanueva Cajide y Francisco Javier Casas Cobo).

*Imagen perteneciente a la serie Las Ciudades Incompletas, de Raúl Lázaro.

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13 comentarios a “Perversas ambiciones”

  1. Loliví dice:

    Hablar, hablar y hablar cierto es que se habla demasiado y sa hace poco.Las ciudades están enfermas con una gripe mucho más contagiosa y grave que la porcina o aviar y están infectando a nuestros pueblos que quieren parecerse a ellas. Quieren tener grandes boulevares, quieren tener un gran museo, un gran teatro, quiren tener suelo calificado para viviendas para triplicar su superficie…pero los pueblos se olvidan de la grandeza de ser pequeños, de la cercanía que han tenido con el ser humano y que eso es lo que les hace mejores.Las grandes ciudades se olvidaron hace tiempo de que en ellas vive gente, con un ritmo diferente al de los coches y máquinas. Los politícos tienen que replanterarse lo que es dejar un buen legado a la ciudad.Bajemos el ritmo y acompasémoslo al del hombre…todo nos irá mejor.
    Dolores Victoria Ruiz Garrido.

  2. Desde El Semisótano dice:

    Al hilo de vuestras interesantes reflexiones, os acompaño un estracto de una cosilla que he escrito para “comunacreativa”…

    “En un cuerpo sano, los fluidos recorren el organismo de forma armoniosa y acompasada, cada órgano cumple su función en perfecto equilibrio con el resto. El aire que respiramos oxigena toda la maquinaria…

    Los habitantes de un edificio son la sangre de la arquitectura. Un único fluido compuesto de miles de elementos distintos (especializados) y complementarios. Si no se anteponen las personas a cualquier otro criterio (la imagen, los formalismos, la vanidad, los intereses económicos, el poder,…) nuestras arquitecturas y por ende nuestras ciudades nacerán predispuestas “genéticamente” a la enfermad y estarán condenadas a una muerte anticipada y segura.

    Cada edificio es una oportunidad de mejorar la vida de las personas que lo habitan; la suma de muchas buenas arquitecturas contribuirán a producir, sin lugar a duda, una ciudad mejor.

    Los arquitectos tienen la responsabilidad de trabajar para evitar las oportunidades perdidas, proyectando para mejorar la vida de las personas y mediando con el resto de actores del proceso para establecer este principio como base de todas las actuaciones que se realicen.”

    Juanjo Ruiz

  3. Manu Fernández dice:

    Me interesó este artículo http://bit.ly/88yDZ
    publicado en @laciudadviva

  4. La Ciudad Viva dice:

    @manufernandez Gracias! Te nos has adelantado para hablar del nuevo post ;-) http://is.gd/IPyk -Perversas ambiciones

  5. joserrat dice:

    Creo que teneis razón en depurar responsabilidades hacia políticos, empresarios, arquitectos, sobre el daño producido a las ciudades, pero hay mucho de responsabilidad compartida, de responsabilidad de la sociedad en su conjunto.
    Por ejemplo, cuando se produjo el boom inmobiliario, no era solo que el libremercado dejara la puerta abierta a la especulación de las grandes empresas inmobiliarias, y los arquitectos se frotaran las patitas y babearan por las grandes cifras de honorarios que engrosarían sus cuentas bancarias… sino que “casi todo el enfermo país” estaba dispuesto a hacer negocio con bienes de primera necesidad -la vivienda- y así nos ha ido. El malestar de nuestras ciudades no se debe solo a los ávidos planificadores o grandes actores de la economía y la política, sino al desencajado orden social, a la opulencia reinante, al sálvese quién pueda.

  6. Jack Babiloni dice:

    Decía De Oíza a Aberasturi en una legendaria entrevista televisiva en los años ochenta (siglo XX): “La ciudad es el único invento de la humanidad”; la charla continuaba con la aparentemente ingenua fruición mítica del entrevistado, siempre teñida de librepensamiento humilde, duda metódica y guasa conceptual. Cualquiera que -siquiera como ejercicio inepto- sucumba a la tentación de antropocentrismo, tan inútil como sugeridoramente operativa, acabará por dar la razón a don Francisco: todos los demás ingenios atribuidos al hombre no son más que parches bordados en pan de oro o hallazgos pasto de las caducables hemerotecas Guinness (tras la irrupción de las vacunas o los trasplantes, verbigracia, las farmacéuticas y los alópatas-vedette inventaron el negocio-de-la-salud). Lo que quizá no sopesó don Paco con la debida suficiencia fue la irrupción del cerebro-del-arquitecto, en contraposición sibilina con aquel “vientre” de los jurásicos artistas de entreguerras, por no remontarnos a Altamira, Mesopotamia o Pompeya, tres ubicaciones de preclara sintonía emocional.
    No es cierto que el ladrillo haya entrado en crisis. Lo que ya no dio más de sí fue la apología de la macrovaloración de lo suprimible. Si a esto unimos la secular inflación que el hombre acostumbra a depositar en el argumento de autoridad, no es de extrañar que en la arquitectura del XX-XXI nos encontremos con ridículos casos de metástasis de estilo, cuya quizá mayor pantomima de última hornada en España la encontremos en Valencia -así, al azar-, ciudad antaño trazada por olvidadas estirpes de gremios portuarios ultracapaces y hoy pasto hortera de ridículos edificios elefantiásicos que no responden a necesidades sino a huecas propagandas. Aun así -gozaría equivocándome- los ayuntamientos, autonomías o estados del planeta Tierra seguirán durante lustros confiando trazados urbanísticos a arquitectos o ingenieros cuyo mayor interés apunta al satinado mate de la portada de TIME o a la hipercolección de premios concedidos por colegas prepremiados. Lo de la arquitectura como espacio-habitable (como bien apunta El Semisótano y sugiere Joserrat) habremos de retomarlo cuando los tecnócratas se extingan de los talleres de arquitectura y de sus “salas anexas” (sillones de ediles y presidentes).
    Siempre me pregunto qué pensaría Scarpa de semejante panorama…

  7. La Ciudad Viva dice:

    Son muy interesantes los comentarios que nos han dejado en el post Perversas Ambiciones, lean y comenten! http://tr.im/n3jI

  8. La Ciudad Viva dice:

    Interesante debate en el post Perversas Ambiciones, entre ellos un comentario de @manuederra http://tr.im/n8Ev

  9. Manu Fernandez dice:

    Yo ando como outsider en esto de la arquitectura, y en los últimso meseshe ido leyendo y escribiendo varias cosas que, ahora me doy cuenta, están relacionadas con la práctica profesional y el discurso conceptual de la profesión. Son muchos elementos: las estrategias de creación de posicionamiento global de las ciudades a base de edicios emblemáticos con firmas emblemáticas, la cultura de la satisfacción y el despilfarro en la que hemos vivido la última década, la enorme extensión que ha tenido -sospecho- en la academia “oficial” hasta hace un tiempo la visión modernista y funcionalista de la ciudad y la arquitectura, la bajísima calidad de nuestra clase política que se arrima a cualqueir nombre y a cualquier maqueta que le procure cuatro portadas y una fiesta de inauguración, la falta de diálogo inter-disciplinar para poder construir ciudad a base de cosntruir ciudadanía y no edificios.

  10. daniel ayala | cv dice:

    Muchas gracias Manu por tu comentario, desde luego hace tiempo que desde tu blog Ciudades a escala humana nos muestras los distintos debates y posicionamientos que entorno a la ciudad, la competencia entre ciudades y las politicas que en ella se desarrollan. Estoy totalmente de acuerdo en que construir ciudad o quiza más importante aún (ya que parece que va a ser el futuro) intervenir en la ciudad construida debe hacerse desde la construcción de una ciudadanía, la interdisplinaridad y la participación.

  11. Brijuni dice:

    Efectivamente, Daniel, Manu, en esas estamos, el tema de la participación en la construcción de la ciudad está en pañales. De todas formas, somos una democracia, dicen, muy joven, hay otras peores. Yo me pregunto porqué no se vota con listas abiertas en las elecciones y tenemos que cargar con errores y gente impuesta que de otra manera serían apartados de las responsabilidades y el poder. ES un problema grave el hecho de que los arquitectos hayamos vivido encerrados en nuestra burbuja y no hayamos sido capaces de liderar en absoluto una generación política y democrática que haya construido ciudades mejores. No pretedo insultar ni mucho menos a nadie pero la burocracia y la parálisis de la tecnocracia, han ayudado muy poco desde los puestos de funcionarios a que haya un modelo menos rígido y sí más reflexivo y abierto a los ciudadanos.
    Totalmente de acuerdo con Loliví en que hemos perdido la referencia del hombre y su ritmo, frente a la máquina, el automóvil, en las ciudades. No basta con peatonalizar de vez en cuando una zona para decir lo contrario. Todo un modelo de urbanismo está en entredicho. La sección de la calle es obsoleta, arcaica, inocente y nada interesante. Se repite un modelo de acerado, bordillo, calzada, medianera y rotonda simple y aburrido, que no crea ciudad. Son cosas tan básicas que parece mentira tener que recordarlas. ¿Por qué todas las calles son iguales en todos los ensanches de cualquier ciudad? Quizá es eso lo que llamamos democracia…

  12. Luisa dice:

    Desde luego deberiamos pensar en erradicar esas ciudades de miseria en lugar de construir ciudades para gente ricos. Es una vergüenza este mundo que vivimos.

  13. jbs dice:

    He leido el libro del autor servio nacido en londres. por qué no ¿la arquitectura y el poder?. El título en castellano no es el mismo que en inglés (The edifice complex) aunque tiene relación con su contenido. Se puede hacer arquitectura sin necesidad de la ciudad pero no es posible hacer ciudad sin arquitectura. La ciudad es el producto cultural-social más complejo hecho por el hombre. Sin embargo el capitalismo globalizado la ha convertido en un producto empresarial. Comprobadlo en las últimas expansiones urbanísticas de todas las ciudades del mundo: el espacio privado padece de elefantiasis y el espacio público sufre de una anemia aguda. El protagonista es el coche porque las densidades son muy bajas, similares a las de Los Ángeles, convertida de manera absurda en la ciudad posmoderna usamericana paradigmática. Allí la ciudad está hecha para el coche, no para el ciudadano porque éste no existe. En USA no hay ciudadanos, hay exelentes consumidores. El consumidor no tiene que cuestionarse sobre los demás. El ciudadano sí. La ciudad es la dimensión material de la política. El urbanismo es política antes que empresa. Sobre esta dialéctica el libro habla poco pero está lleno de anécdotas para ser consumidas, no para ser utilizadas como pruebas en contra de la incómoda, fea e insostenible que estamos construyendo actualmente. También fea su arquitectura. A nadie se le ocurre llevar a un amigo a conocer las urbanizaciones o últimos ensanches. En cambio, sí a los centros históricos. Todavía son una buena lección sobre la dialéctica ente el espacio público y el espacio privado.

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