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Tesis doctorales, Investigación y Arquitectura

por Santiago de Molina — Lunes, 13 de febrero de 2012

El aluvión de tesis doctorales que se avecina en los próximos años parece incontenible. La “extraordinaria” disponibilidad de tiempo que ofrece hoy el campo de la arquitectura,  sumado a la amenaza sobre la caducidad de unos estudios o los trámites impuestos para el desarrollo de una carrera académica, parecen motivos suficientes para que una horda de investigadores naden contracorriente para obtener sus correspondientes títulos en muchas universidades españolas.

Por si no fuese bastante, un sistema universitario que impone un numero de doctores para acreditar los títulos que imparte cada facultad, hacen de las tesis doctorales un severo peaje. Así lo viven tanto los interesados en la docencia, como las propias universidades.

Ser “doctor” es hoy una carrera. Literalmente. Y por si fuera poco, una carrera contra reloj y sin apenas medios. “¿Cómo se hace una tesis?”(1), se ha convertido en el libro de mayor éxito en las librerías de Arquitectura, y en la mayor pesadilla para las mesillas de noche de quienes lo adquieren.

Y sin embargo ante esa previsible oleada, cabe recordar como decía Steiner, aun con la ironía de saberse inmerso en el propio sistema académico: “la masa de libros y ensayos críticos, artículos de investigación, actas y tesis que se producen al año en Europa y Estados Unidos tienen el peso ciego de un tsunami.(…) Sólo en el campo de la literatura moderna, se calcula que en las universidades soviéticas y occidentales se registran unas treinta mil tesis doctorales al año. (…) Nuestro Bizancio son las universidades, los institutos de investigación y las editoriales universitarias”(2).

El riesgo de bizantinismo del discurso secundario y prescindible está tan presente como las oportunidades para que, entre tanto estudio, la disciplina de la arquitectura sea capaz de ver florecer auténtica erudición y talento investigador.

Cada tesis doctoral, sea o no prescindible, hace un juramento a la academia y a lo que esto significa. Una tesis no puede ser un panfleto y debe fundamentar las opiniones (y sentimientos) en un texto con un número de testimonios y citas suficiente para garantizar la seriedad del compromiso académico, recordaba Rafael Moneo refiriéndose a la lectura de una controvertida pero feliz tesis (3). Como documento, no cabe el engaño de imaginar que se trata de algo donde quepa el desarreglo. Exige un rigor y una precisión quizá desacostumbrados. Pero no por ello deja de ser un trabajo accesible. Y no obstante la tesis doctoral en el campo de Arquitectura se mueve sobre un especial territorio de incertidumbres y dudas.

Los estudios que transitan el campo de la historia del arte, de la construcción o de las instalaciones, poseen una metodología ligada a unas disciplinas matrices desde las que reciben una forma de trabajo con fundamentos que pueden considerarse “científicos”. Sin embargo, en el campo específico de los proyectos de arquitectura, responder a la cuestión de la “cientificidad” se vuelve perentoria tanto para el tribunal que las juzga, como para el propio doctorando.

Existen casos memorables que han puesto en tela de juicio qué es una tesis de Arquitectura en si misma… O que incluso han respondido a este asunto con cierto descaro. En su día, “Cosas Vistas de Izquierda y a Derecha ( sin gafas)” de Enric Miralles podía haberse leído como un desafío a esa pregunta. “Hubiera cabido entender la tesis de Enric Miralles como un polémico alegato a lo que eran la mayor parte de las tesis en aquellos momentos. Pues sin duda había un amplio terreno abierto para la discusión acerca de lo que debía de ser la tesis de quien, simplemente, pretendía ser profesor de proyectos en una escuela de arquitectura”(4).

Cada tesis en el campo de juego del proyecto de Arquitectura propone, – de manera  encubierta o no- , una forma de responder a esa cuestión. ¿Debiera ser siempre de este modo?, ¿Son las tesis doctorales sobre proyectos de arquitectura o de urbanismo un amplio y descomunal catálogo de excepciones?, tal vez sea esta su propia esencia, la excepcionalidad. Sin embargo sólo las que entre todas permitan el avance de la disciplina pueden, sensu stricto, considerarse valiosas.

Creo que la tesis doctoral de proyectos debe aspirar, por su especial naturaleza a una doble condición, tanto académica como creativa. Sin el necesario rigor se verá en la tesitura de no ser más que un extraño poema, una curiosa recopilación, una reseña ilustrada, o en el peor de los casos, algo ilegible y amenazadoramente prolijo. Por otro lado, sin una necesaria dosis de creatividad, sin la imprescindible aportación personal, no será más que un catálogo o el vacío comentario de un comentario. “Por cruel que parezca, la crítica estética merece ser tenida en cuenta sólo, o principalmente, cuando es de una maestría de la forma  responsable comparable a su objeto”.(5)

A esta exigencia, inmisericorde pero obligada de Steiner, cabría contraponer lo específico y diferencial  que suponen una investigación en el campo de los proyectos de Arquitectura. ¿Cabría decir que las mejores tesis de proyectos de Arquitectura son proyectos de Arquitectura en si mismos?. ¿Cabría como tesis doctoral una honesta y simple declaración de sus autores sobre su forma de proyectar?. ¿Pertenecen tesis y biografías al mismo género literario?… O algo de más amplitud aun, ¿Es un proyecto de Arquitectura una tesis doctoral en si mismo?.  Muchas de estas cuestiones han estado sobre la mesa desde que el propio sistema académico hizo necesaria la figura del doctor en las escuelas de arquitectura.

Un paréntesis breve: conviene recordar que algunos de los viejos doctores, hoy presidentes de los tribunales que las juzgan, obtuvieron su grado de doctor gracias a la presentación de un proyecto que fue aceptado como investigación doctoral… Eran, indudablemente, otros tiempos y desde luego no cualquier proyecto era considerado válido como tesis doctoral.

Por otro lado, en un clima de auténtica investigación resulta inconcebible hoy el desarrollo de una tesis doctoral fuera de líneas de investigación concretas. La responsabilidad de las estructuras docentes y universitarias para concentrar y dotar de medios a sus campos de especialización parece forzosa. Resulta impensable querer hacer una tesis sobre genética sin sentir la influencia de las universidades de Stanford o Massachussets, o una en astrofísica sin estar al tanto de lo que sucede en la órbita de las universidades John Hopkins o Berkeley, donde imparten docencia los últimos premios Nóbel. Y sin embargo en arquitectura, ¿desarrolla cada doctorando su trabajo dentro de líneas de investigación con un nivel de  concreción, medios o especialización semejante?. Sobra la respuesta (6).

Si la doble finalidad de una tesis doctoral es tanto el acceso a una carrera universitaria como el avance de la propia disciplina, el sistema académico no puede permitirse falsear ninguno de esos dos objetivos. Lo contrario es una pérdida de energías y talento.
.
Santiago de Molina
arquitecto y docente madrileño hace convivir la divulgación y enseñanza de la arquitectura, el trabajo en su oficina y el blog Múltiples estrategias de arquitectura

NOTAS:
(1) ECO, Umberto, ¿Cómo se hace una tesis?, Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 1983, (Ed. Or. 1977). A ese libro habría que recomendar simultáneamente otro: CHESTERTON, G.K, Cómo escribir relatos policiacos, Ed. Acantilado, Barcelona, 2011.  Una vez escrito este comentario ha llegado a mis manos, cosas del destino, un escrito del mismo Umberto Eco al respecto de esta recomendación guasona, que transcribo como argumento feliz de autoridad: “Un estudioso maduro, cuando se pone a investigar” le dijo a Eco un miembro del tribunal de su tesis ,” avanza a base de pruebas y errores, proponiendo y rechazando diferentes hipótesis, pero al final de ese proceso, se suponía que estas dudas estarían resueltas y el estudioso debía presentar sólo las conclusiones. Por el contrario,” dijo”, Eco presenta la historia de sus indagaciones como si fuera una novela de detectives”.

(2) STEINER, George, Presencias Reales, Ed. Destino, Barcelona, 2001, (Ed. Or. 1989), pp. 41-47

(3) MONEO, Rafael, “`Cosas vistas a izquierda y a derecha ( sin gafas)´ tesis doctoral de Enric Miralles Moya, 1987”, Ahora en ROVIRA, Josep M.(ed.) , Enric Miralles, 1972-2000, Editorial fundación Caja de Arquitectos, Barcelona, 2011, pp. 70

(4) Ibídem, pp. 61

(5)  Op, Cit. STEINER, pp.29. Poco más adelante decía, “el dominio bizantino del discurso secundario y parasitario sobre la inmediatez, de lo crítico sobre lo creativo, constituye, en si mismo un síntoma. Un ávido deseo de interposición, de mediación explicativo-valorativa entre nosotros y lo primario, impregna nuestra condición. Citando la burlona distinción de Byron, preferimos los críticos a los bardos; o, más bien, cultivamos los bardos que son más reseñables, los que `pueden ser enseñados´” pp. 58

(6)  En alguna ocasión he dicho que para hacer una tesis, la pura voluntad de hacerla, es ya el 30% de su éxito. (Otro 20% es tener el tema de la tesis). Estar inscrito en alguna línea de investigación hoy debiera sumar a ese porcentaje.

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29 comentarios a “Tesis doctorales, Investigación y Arquitectura”

  1. Tesis doctorales, Investigación y Arquitectura « La Ciudad Viva | The Nomad | Scoop.it dice:

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  2. Manuel Saga dice:

    Desde la ignorancia del que sólo empieza a asomarse a la ventana y atisba una parte del paisaje, tengo una pregunta…

    ¿Sería muy arriesgado decir que son los propios tribunales de Tesis y su red de contactos/amistades académicas los que establecen que líneas de investigación son posibles en una tesis de arquitectura y cuales no? Es decir, en este momento en que no existe un criterio común, ¿es más que nunca una cuestión de ante quien leo mi investigación, en vez de si mi investigación es realmente buena?

    Un saludo

  3. Brijuni dice:

    Imposible ser más oportuno, Santiago, enhorabuena.
    Nos encanta el pesimismo de Steiner y su crítica a la “polución de textos sobre textos, especialmente en humanidades…”
    No estoy especialmente de acuerdo con esto:
    “Por otro lado, en un clima de auténtica investigación resulta inconcebible hoy el desarrollo de una tesis doctoral fuera de líneas de investigación concretas.”
    Y creo que como profesor de proyectos, habrás visto muchas tesis de compañeros que en absoluto estarían de acuerdo con esa afirmación.
    Llevarlo a la genética y a la astrofísica creo que no ayuda ya que, entre otras muchas razones, la arquitectura no es una ciencia “verificable” donde ensayar y probar hasta acertar. Lo que para unos es un acierto para otros será un error siempre, en arquitectura (y sobre todo en proyectos, quizá en construcción o “materiales” no sea así) es imposible este tipo de acuerdos.
    En cualquier caso, un tema interesante y muy actual para todos, enhorabuena.

  4. Miguel dice:

    Entiendo más como preguntas que como posturas tu texto, y pese a esto, comparto la situación.
    Recién defendido mi trabajo fin de máster, lo que antes se llamaba tesina o lo que es lo mismo, tesis pequeñina, me encuentro en ese momento de enorme incredulidad y desconfianza en el sistema, en gran parte motivada por una inesperada, aunque temida, respuesta por parte del tribunal a mi acto de defensa.

    Los tribunales de tesis se montan, si no me equivoco, ad hoc, cada departamento del tres al cuarto tiene ya su propia revista científica y la ortodoxia hace que compañeros que solo se diferencian de ti en años de experiencia, y que te tutean en los pasillos, al juzgarte, que es lo que hace un tribunal, te traten de “usted”.

    Creo firmemente que un proyecto de arquitectura puede ser una tesis doctoral, pero no todos los proyectos de arquitectura.

    Como bien dices, el resultado de una tesis debe ser el avance de la disciplina y un trabajo que vuelva a operar sobre antecedentes históricos, referentes pasados, obras de maestros, etc, etc… lo que está planteando es trabajar sobre los cimientos del ejercicio, y pocos, muy pocos edificios, crecen después de que se recalce su cimientación. Generalmente los recalces son sinónimo de patologías ¿no?

  5. Miguel dice:

    Aunque creo que Brijuni tiene razón, solo se la daría si incluimos que el proyecto de arquitectura es una ciencia que no ha sido verificada. Y para mi ahí estriba uno de los problemas. Y en mi propio proyecto de tesis me enfrentaré a la batalla.

    Hasta ahora todos los modelos de producción de proyectos se han tachado de pseudo-científicos y de que anulaban la capacidad creativa de sus autores y provocaban resultados maquinales unívocos. ¿Podemos romper ese círculo vicioso? ¿Podemos crear de manera científica preservando la aportación personal de los agentes creadores? (o al menos sistematizada y racional).

    Creo/espero demostrar que si.

  6. Manuel Saga dice:

    Pues sí Miguel, empatizo completamente con tu postura. No se trata de sistematizar la producción científica en arquitectura… pero si que deberíamos tener un mínimo criterio para poder identificarla, valorarla… y de paso defenderla.

    A veces es difícil defender la rigurosidad de un trabajo sin más herramientas que la propia validez de ideas y planteamientos, que se estrellan contra muros de academicismos y miradas estrechas.

    Y ya no hablo sólo de nosotros mismos contra los tribunales o quien sea que nos “juzga” o “evalúa”, creo también que si queremos disfrutar de un intercambio de conocimiento interdisciplinar a un buen nivel, no podemos prescindir de unas mínimas normas que cualquiera ahí fuera conoce sobradamente. Pienso en antropólogos, sociólogos, historiadores o geógrafos cuyos artículos de tercero de carrera están hechos con más seriedad que las memorias de muchos PFCs…

  7. Miguel dice:

    Que pedazo de frase

    “cuyos artículos de tercero de carrera están hechos con más seriedad que las memorias de muchos PFCs…”

    .

    Si nos acercáramos más a la sistematización, a los procesos, a la comprobación a posteriori de la calidad, la validez y los efectos de nuestras obras… Otro gallo nos cantaría. Posiblemente dejaríamos de ser considerados artistas.

  8. Santiago de Molina dice:

    El debate está animado, muchas gracias!.

    Empezando por un tema que parece capital y es el de las líneas de investigación sobre el que inciden Manuel y Brijunis…

    En fin, parece claro para todos, que hoy por hoy las líneas de investigación en el campo de los proyectos de arquitectura aun no poseen el suficiente nivel de concreción para asemejarse a las de otros terrenos. Un repaso a las que hoy se dan en los departamentos de proyectos de las universidades españolas parece suficiente prueba.

    Lo genérico y lo amplio de la dedicación de los profesionales de los proyectos no ayuda a que así sea, dentro de esas líneas caben casi la mayor parte de las tesis doctorales que se producen. ¿Será esto así en el futuro?.

    Seguramente, y soy consciente, el nivel de concreción en el campo de los proyectos sea una tarea imposible incluso a largo plazo. Juegan en esa dirección muchos factores heredados. Pero es un hecho cierto igualmente, que para conseguir financiación para una línea de investigación dentro del campo del proyecto de arquitectura no vale ninguna vaguedad… Sin tener un marcado sentido, unos fines claros, no es posible, con toda lógica, soñar con un euro.

    Esas líneas de investigación, que desde luego creo que no marcan en absoluto los tribunales de las tesis y si los organismos que otorgan financiación, aglutinarán a doctorandos cuyos temas sean afines. Y seguramente desde allí se produzcan tesis doctorales mucho menos “excepcionales”(en el sentido de excepción) que como las hemos desarrollado hasta ahora.

    ¿será ese sistema de la financiación, que se está empezando a imponer hoy en el sistema educativo, el que de mayores frutos a largo plazo?. Esa pregunta queda para el futuro.

    Y aquí llega el comentario de Miguel sobre la raíz de lo que deben ser las tesis doctorales. ¿Es necesario “recalzar” en algo el modo en que éstas se realizan para que no supongan un peaje y si una aportación a la disciplina?

    Gracias de nuevo a todos!

  9. Miguel dice:

    Para mi la ruptura con la ortodoxia me parece altamente necesaria aunque tremendamente peligrosa.

    Como decía Manuel, nunca hemos hecho producción científica en nuestras carreras de arquitectura. Pretender hacerlo, de golpe y porrazo, en la tesis da resultados escalofriantes.

    Creo que deberíamos construir un modelo alternativo, capaz de transformar los proyectos en aportaciones científicas.

  10. Santiago de Molina dice:

    Miguel,

    Estoy firmemente convencido de que la ortodoxia en lo que en realidad significa una tesis doctoral impone diciplina, rigor y autocrítica en la elaboración de ellas. No hay posibilidad de ruptura, ni peligro. Una tesis es lo que es. Sin el correspondiente aparato académico corre el riesgo de no “colar”. Una tesis de Arquitectura una rara mezcla en que lo “científico” y lo “creativo” van de la mano en los mejores casos.

    Insisto en lo ya dicho:

    “Creo que la tesis doctoral de proyectos debe aspirar, por su especial naturaleza a una doble condición, tanto académica como creativa. Sin el necesario rigor se verá en la tesitura de no ser más que un extraño poema, una curiosa recopilación, una reseña ilustrada, o en el peor de los casos, algo ilegible y amenazadoramente prolijo. Por otro lado, sin una necesaria dosis de creatividad, sin la imprescindible aportación personal, no será más que un catálogo o el vacío comentario de un comentario”.

  11. Miguel dice:

    No me refiero a eso. El rigor del que tu hablas, para mi es calidad en el trabajo y casi diría que decencia al hacer las cosas bien y con la necesaria humildad y autocrítica.

    Cuando me refiero a ortodoxia, hablo de la demanda por parte de los tribunales de estructuras rígidas de comunicación, que traducen estructuras de pensamiento igualmente rígidas. Cuando una tesis no se produce desde estas, y trata de producir las primeras, se notan los chirridos.

    El dilema está en el mismo concepto de la producción y la divulgación. ¿Cuántos “investigadores” están compartiendo su trabajo? Dile a un director de grupo que libere su producción con licencia CC… Para mi, la investigación universitaria, como institución, es un dinosaurio gigantesco que no se ha dado cuenta de que ya es fósil.

  12. Manuel Saga dice:

    Parece que aspiramos a un equilibrio entre libertad y rigor, en los planteamientos, en la apreciación, en la evaluación y la financiación.

    No por ser “artistas” dejamos de hacer investigación. No por ser “investigadores” deberían perder nuestros planteamientos su esencia como arte.

    Como decía Gustav Klimt “El arte no crea objetos para ser vistos, sino que hace visible aquello que toca”. Según este prisma, toda investigación que ponga algo en relevancia es arte por definición, y en esta rueda corremos todos ya seamos arquitectos, pintores, psicólogos o ingenieros.

    Y… ya está, me voy a almorzar. Encantado de echar el rato debatiendo con vosotros. Un saludo!

  13. almalé dice:

    Podríamos hablar que un 99% de las tesis realizadas cada año son un simple trámite de la burocracia universitaria. Siempre he sido de la opinión que las tesis doctorales se tendrían que presentar, una vez se obtiene la jubilación y si el autor después de toda una vida dedicado a su querida profesión tiene algo interesante que contar y compartir. Cómo dice Santiago hasta que las tesis no dejen de ser meros peajes… La excepción que confirma la regla: Genios cómo Enric sólo salen uno cada siglo, lo más triste es que se publican cientos y miles de tesis cada año y “Cosas vistas a izquierda y a derecha (sin gafas)” sigue 25 años después inédita…

  14. Eva Chacón dice:

    Estimados todos, estoy siguiendo con mucho interés esta linea de debate muy acertadamente planteada y lanzada por Santi, si bien me he resistido a participar hasta ahora porque al estar en este momento metida de lleno en el desarrollo de mi tesis, y quizás arrastrada por mi instinto de supervivencia, no puedo ver todo el proceso sino como optimismo.
    Pero como veis acabo animándome, y es por ‘culpa’ del comentario del amigo almalé. Con todo el cariño debo decir que no creo para nada que las tesis sean “un simple trámite de la burocracia universitaria” ni que debiéramos todos esperar a alcanzar la sabiduría de un buda para escribirlas. Se trata más bien de demostrar que se ha alcanzado la madurez necesaria para realizar una aportación útil al avance del conocimiento, que será la primera de otras muchas a lo largo de tu carrera como investigador. Por tanto, según entiendo, el objetivo no es otro que poner tu ‘granito de arena’, no de sentar cátedra en la materia. Y sobretodo el objetivo es demostrar que tienes capacidad para desarrollar un proceso coherente de planteamiento de un problema real en el transcurso actual del conocimiento, búsqueda de antecedentes y posible soluciones hasta llegar a conclusiones útiles. Se parece mucho al ‘proceso de proyecto’ que con el PFC demostramos tener capacidad de desarrollar y llevar a feliz término… Saludos y feliz tarde a todos :)

  15. Miguel dice:

    Estupenda síntesis Eva. Y viene al pelo para plantear la pregunta de otra forma. Si muchos cuestionan el PFC como “medida” (que imagino que Almalé llamará trámite) para determinar quién es arquitecto y quién no ¿no es idéntica la situación con la tesis para determinar quién es doctor y quién no?

  16. Eva Chacón dice:

    Yo creo que sí, Miguel, o al menos son muy parecidas. Está claro que en el sistema de enseñanza establecido obtienes una titulación a cambio de demostrar la adquisición de una capacidad. Que en el caso del título de Arquitecto sea un proyecto de arquitectura no deja de ser lógico. Otra cosa es que se fomente un desarrollo de proyectos más marcadamente constructivos en detrimento de otras vías posibles…

  17. Stepienybarno dice:

    Lo primero de todo, agradecer a Santiago el poner este tema encima del tablero.

    Desde nuestra experiencia como investigadores, estamos de acuerdo con la mayoría de los temas que se plantean en el artículo. Creemos que el meollo de la cuestión está en que, la arquitectura es muy diferente a otras disciplinas de carácter técnico y esta diferencia se acentúa a la hora de hacer una tesis. Como comenta Brijuni y matiza Miguel, “la arquitectura no es una ciencia “verificable”.

    Por otro lado, creemos que los cursos de doctorado, que hicimos nosotros, o ahora los master, bien pudieran ser más actuales y acordes a la nueva era digital que estamos viviendo.
    A su vez, no es fácil, en general, conseguir becas de investigación y, en particular, para los arquitectos es más complicado todavía, lo cual dificulta en gran medida la disponibilidad del posible investigador.

    Al igual que Miguel, tenemos cierta “desconfianza en el sistema” y, al final, como se comenta en post, toda esta aventura se convierte en un “severo peaje” que hemos de pagar. Son demasiadas horas robadas al sueño y a nuestra familia, dentro de una “carrera contra reloj y sin apenas medios”, que hace que te tengas plantear dos veces el tema antes de liarte con la tesis doctoral.
    Si entramos en lo que supone la lectura de comunicaciones en congresos de nuestras investigaciones el panorama no mejora. Nuevamente, se trata de un gran desembolso económico y entrega de tiempo, para ir sumando certificados que nos ayuden con la entrega de nuestras tesis doctorales a aportar, como bien apunta Eva, un valor novedoso, riguroso e interesante al mundo científico.
    Lo dicho y felicidades por el post y por ser capaz de encender la llama del debate!

  18. Sergio Martínez dice:

    Enhorabuena por el artículo y el debate suscitado Santiago! Y ánimo con tu investigación Miguel, si crees en ella defiéndela con el mismo ahínco que defiendes tus ideas por la web y llegará a buen puerto seguro.

    Un primer punto que me llama la atención de vuestras opiniones es que puede parecer que el título de doctor solo sea útil para obtener una plaza en un departamento de la universidad, cuando la realidad es que el doctorado acredita la capacidad de realizar una investigación científica. Creo que en este desalentador contexto profesional, los arquitectos debemos aprender también a aplicar nuestra capacidad investigadora fuera de las universidades, ya sea en instituciones públicas o privadas.

    Por otro lado, me parece importante retomar el tema de las líneas de investigación que se ha señalado antes. Como bien apuntaba Santiago, de ello depende la financiación de la investigación, y con ello su profesionalización (en el mejor sentido de la palabra). Valga como ejemplo de lo mal que se están haciendo las cosas a día de hoy, la lista de proyectos susceptibles de recibir un becario FPI de este año 2012 (publicada recientemente), en la que sólo hay un proyecto desarrollado en una escuela de arquitectura y es sobre la mitigación del daño en estructuras reticulares. En realidad hay otros dos o tres proyectos sobre arquitectura en facultades de humanidades y otros tantos en facultades de informática. Esto debería hacernos reflexionar.

    Creo que el modelo de tesis introspectiva o autobiográfica no debe desaparecer, pero también creo que este tipo de investigación debería ser la opción elegida por una minoría (no quiero usar la palabra genios, pero si quizá arquitectos excepcionales). Intentar extender este modelo al común de los investigadores creo que propicia el que no se pueda alcanzar el nivel de interés que debieran y muchas tesis se conviertan en meros trámites administrativos. En mi opinión un modelo de líneas de investigación fuertemente especializadas por escuelas (o quizá mediante agrupaciones estratégicas de departamentos afines de varias escuelas) daría resultados mucho más interesantes, sino en cada tesis por separado (que probablemente también), muy especialmente como conjunto de producción teórica.

  19. Miguel dice:

    Al hilo de todo esto… http://principiamarsupia.wordpress.com/2012/02/13/carta-a-francisco-camps-doctor-cum-laude/

  20. Andrés dice:

    Desde mi humilde (pero conocedora de causa) posición de reciente doctor por un departamento de proyectos, debo decir que me alegro de este animado debate.

    Apuntar, eso sí, una serie de cosas:

    . Que estoy de acuerdo (Santi) que no pasa nada, o que incluso está bien, con aceptar ciertos convencionalismos académicos: a mí me han ayudado más que desanimado.

    . Que debo de ser (Eduardo) del raro 1% que no ha hecho la tesis como un simple trámite burocrático: he sido muy feliz haciéndola; he tenido una relación tremendamente fructífera con mi director; y he descubierto una forma de trabajar e investigar la arquitectura que, a mi edad, no conocía.

    . Que no debemos caer (Miguel) en la trampa fácil de denostar que se haga investigación académica en arquitectura: claro, que se puede hacer bien y mal, pero fijémonos en las tesis buenas (¡que las hay, y son estupendas!). No creo que el proyecto pueda ser un sustituto viable de este tipo de investigación, sencillamente son dos cosas diferentes, si lo quieres complementarias (así lo expliqué hace un tiempo en “cómo investigar en un Dto. de Proyectos”:http://www.andresmartinez.es/index.php?id=479&l=1)

    Nada más, y enhorabuena a todos por los comentarios.

  21. Miguel dice:

    No denosto que se haga investigación académica, solo creo que el academicismo en la investigación es un palo en las ruedas muchas veces, aunque otras sirva para que barbaridades se queden en la cuneta que es donde les corresponde.

    Releyendo tus textos me parece que plantear las virtudes del análisis de proyectos que tiene por fuerza que basarse en relaciones construidas (que es distinto que descubiertas y validadas por agentes externos x Ej: Mies diciendo que se basa en la casa griega) no me parece suficientemente válido para las tesis de proyectos. ¿Por qué no hay experimentación científica en arquitectura? ¿Por qué no hay aproximaciones hipotéticas a nuevos procesos de proyecto que se puedan confirmar con metodología científica?

    Estamos aplicando sistemas académicos del area de humanidades, ¿por qué no aplicar sistemas de ensayo y error del área de ciencias?

    Me parece que partiendo de que tu respuesta, Andrés, es operativa y muy esclarecedora cuando se pone en práctica, y creo que Santiago defiende bastante esta postura (su acervo intelectual sigue sorprendiéndome), creo que debemos construir el espacio para una investigación científica experimental en el área de proyectos. Y no me entréis por la vía fácil de lo que “hasta ahora” se ha llamado experimentación que todos sabemos que no voy por ahí.

    Excelente diálogo.

  22. Andrés dice:

    ¡Hola Miguel! contestándote a lo que dices:

    . “barbaridades se queden en la cuneta”: me parece suficiente mérito y justificación para que siga existiendo el academicismo; estoy seguro de que las cosas no ortodoxas y que merezcan la pena acaban fácilmente encontrando su camino entre los vericuetos académicos. El caso paradigmático y extremo de Enric Miralles, citado más arriba (y hablo a falta de leer esa tesis) no hace sino confirmar, me parece, este punto.

    “relaciones construidas vs. validadas por agentes externos”: que Mies se basa en la casa griega lo sabe todo el mundo, empezando por él, aunque no lo dijera: otra cosa es demostrarlo, porque ¿no es útil -a los que enseñamos e investigamos- desvelar y explicar el cómo dónde y porqué? Y ello no sólo para los alumnos, sino para aumentar, aunque sea en un poco, el conocimiento: que ese es el objetivo de cualquier investigación.

    “porqué no hay experimentación científica en arquitectura”: pues porque… la arquitectura no es una ciencia strictu-senso: está a mitad de camino entre las ciencias y las humanidades; de ahí toda su dificultad, de ahí, también, todo su potencial investigador. Y dicho esto, el gran esfuerzo es adaptar la metodología científica a tal singularidad: ¡claro que hay que hacerlo! Porque, entre otras cosas y como muy bien ha sacado Santi a colación, de ello depende la otorgación o no de financiación. Lectura que recomiendo para este encaje de bolillos entre ciencia/humanidades (aparte de Steiner): “Conocimiento objetivo”, de Karl Popper.

    En mi opinión la “investigación científica experimental en el área de proyectos” se hace (la hacemos los que nos dedicamos a ella) en el estudio, en la obra. Lo que se hace en la universidad, sigo defendiendo, debe de ser otra cosa: ni opuesta ni contradictoria, sino complementaria. Igual que no te gustaría que la academia se te metiera en el estudio ni en la obra, no me parece que la obra se me meta en exceso en la academia. Sencillamente, y debemos estar bien felices de poder hacerlo, el lunes nos dedicamos a la primera, el martes a la segunda. Y el gran reto es ver cómo (gracias a la elaboración mental que nos hacemos en la cabeza) la una retroalimenta, y mejora, a la otra.

    ¡Un abrazo Miguel! Andrés.

  23. Andrés dice:

    (Perdón, quedó sin añadir):

    otra cosa es que organicemos los proyectos que hacemos como si fueran procesos de investigación I+D, que es lo que nos daría esa financiación: en esto estoy totalmente de acuerdo (ver sino: “los métodos de evaluación I+D deben de cambiar” http://www.andresmartinez.es/index.php?id=456&l=1), pero creo que no tiene demasiado que ver con el tema “tesis doctorales” (es decir, investigación en sede académica) que ha planteado Santi. ¡Un saludo! AM.

  24. Santiago de Molina dice:

    Hay muchos desarrollos puesto sobre la mesa sobre los que merece la pena detenerse.

    El central, tal vez sea el de la base científica de una tesis doctoral en arquitectura.

    Miguel reclama métodos alternativos a los de las “disciplinas de letras”, algo parecido a la prueba y el error de otros campos. Creo que no hay mucho que inventar en cuanto a método científico. E incluso poco que añadir respecto al método y rigor académico que deben seguir las tesis. Sin embargo coincidimos en una necesaria “cientificidad”, puesto que sobre la ciencia es posible el avance pero no sobre el pantanoso pero imprescindible terreno del arte. O dicho de otro modo, me parece que no hay progreso entre Altamira, Velázquez y Picasso. Simplemente no puede decirse que sea mejor o más cierto un momento, o un “modo de ver”, que otro. Y sin embargo este planteamiento es inconcebible respecto a la ciencia. Creo que ahí radican muchas de las dificultades de las que hablamos. Y de las cuales Andrés hace referencia citando como argumento de autoridad el texto de Popper.

    La arquitectura no permanece tranquila en ninguna de esas dos posesivas casas de la ciencia y del arte. Y sin embargo es inquilina en ambas.

    Eduardo de modo indirecto preguntaba sobre el momento vital adecuado para lanzarse a hacer una tesis doctoral. (Que ya es un tema como para debatir largo y tendido). Creo que hay tres momentos vitales buenos para lanzarse a ello con ciertas opciones. Uno tal vez sea la jubilación. Aunque ¿conoce alguien alguna tesis realizada en ese momento?. Eva apuesta en su propio caso por uno de los que creo que pueden ser mejores. Es siempre difícil encontrar el hueco suficiente en la biografía.

    Por otro lado, la falta de medios y lo que significa una línea de investigación, que apuntan Sergio y Stepienybarno, son otras estupendas ramificaciones del asunto. Y que inevitablemente irán acercándose al centro de lo que será hacer una tesis dentro de no demasiado tiempo.

    Gracias a todos por vuestras aportaciones!.

  25. Miguel dice:

    Si pero no. Como bien sintetiza Santiago, creo que debemos aproximarnos a la ciencia para avanzar. Seguir en el campo de las humanidades nos condena a una cierta recurrencia cíclica, que si bien es indudablemente positiva porque genera consciencia, creo que no es capaz de generar virtualización, no mira al futuro y no despliega posibles actualizados. (El capítulo del fin de máster a este respecto me hizo sudar tinta).

    En lo que no estoy de acuerdo con Andrés es en el hecho de que en el estudio se produzca investigación científica. Haberlos, habralos, pero no podemos arrogarnos un ejercicio que tiene un legado enorme de metodología, de trabajo sobre la redundancia y la recurrencia, el cotejo de ensayos, modelos, etc. ¿Se produce eso en los estudios? Creo que no, que no debemos confundir las inquietudes, la semejanza, la prueba y toma de riesgo con los tipos, con modelos científicos serios que por otra parte creo que son perfectamente desarrollables si somos capaces de incorporarles el pensamiento de humanidades que caracteriza a nuestra profesión.

    Creo además que el entorno académico es un estupendo caldo de cultivo para el ensayo de estos métodos de producción (y cotejo) de arquitectura. Una clase en la que en lugar de veinte alumnos pudiera considerarse a veinte investigadores a los que se les ofrece un modelo de producción (y ojo que no estoy hablando de modelo o de tipo arquitectónico), un modelo de pensar arquitectura, para que lo desarrollen y lo pongan a prueba, me parece una situación bastante apetecible.

  26. De la formación a la difusión « laboratorio de ideas dice:

    [...] La ciudad viva: educación e investigación Comparte [...]

  27. almalé dice:

    Reconozco que hay pocos ejemplos, pero “haberlas, haylas”: http://www.caracol.com.co/noticias/un-jubilado-espanol-completa-su-tesis-doctoral-tras-casi-medio-siglo/20000725/nota/149088.aspx

  28. Ecce Vero dice:

    Las tesis como la de Miralles no obtuvieron Cum Laudae porque un grupo de nietos de enchufados juzgaron a quién no eran capaces de juzgar, alguien superior a ellos. Hagan honor a la verdad y reconozcan su mezquindad y su borrachera de pedanteria subjetiva que no lleva sino a la disolución de la deseable objetividad académica. Desempolven de una vez su moral y saquen brillo a su eliminación de tráfico de influencias. ¿El Saber nos hace iguales? ¿o está en manos de unos pocos acceder a los privilegios del reconocimiento por ser de una familia influyente, rica o de tradición familiar?.

  29. Leonidas Bayo dice:

    Varios de los problemas,al respecto de las investigaciones científicas o sociales y su financiamiento, planteados aquí, son discutidos por Edward T. Hall en su libro “Más allá de la cultura”, donde muestra claramente el favorecimiento existente, en los órganos de financiamiento, de las más científicas y ´apolíneas´frente a las más dionisíacas o poco demostrables a priori. Rige un corporativismo intelectual a favor de lo previsible.

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