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Ciudades sin estilo

por Brijuni — Lunes, 12 de noviembre de 2012

Team 10 meeting in Aldo van Eyck's garden, Loenen aan de Vecht, 1974

Revisando los textos que los protagonistas escriben sobre los últimos días del CIAM y el nacimiento del TEAM 10, uno se pregunta cómo se pudo perder esa oportunidad única de hacer algo que parece tan importante como revisar el movimiento moderno. Revisión o actualización que, por cierto, todavía está por hacer.

Los componentes del TEAM 10 se sentían legítimos herederos del pensamiento que originó el movimiento moderno, habían estado íntimamente relacionados con los fundadores del CIAM y compartían la esencia de sus ideas. Según explica Alison Smithson, una de las fundadoras del TEAM 10, en la introducción The beginning of Team 10 de su libro Team 10 meetings 1953-1984, lo que querían era volver a las ideas que habían dado origen a la Carta de Atenas con una “mirada más fresca”.1

El TEAM 10 estaba separado, por cuestiones geográficas, en dos grandes grupos. Se podría decir que los Smithson lideraban el equipo británico, mientras que Jaap Bakema hacía lo propio con el equipo holandés. Ambos equipos estaban unidos por un fin común: escribir la Carta de Habitar, la revisión de la Carta de Atenas, publicada en 1942. Estaban de acuerdo en lo básico: el urbanismo del movimiento moderno estaba demasiado basado en la máquina, en el coche. Había aportado grandes cosas respecto a urbanismos anteriores, sobre todo en materia de higiene, iluminación, comunicaciones, transportes y, en general, modernización de las ciudades, pero se había olvidado de lo básico: las relaciones entre los habitantes que, para los integrantes del TEAM 10, era el fin principal de la ciudad.

Las escalas básicas del CIAM [casa, trabajo, transporte y ocio] no fomentan las relaciones interpersonales, según los Smithson y es necesario revisarlas. Por eso ellos proponen otras cuatro que justificarán mediante la sección de Geddes: ciudades, pueblos, aldeas y casas unifamiliares. Los holandeses parecen menos interesados en esto y van más allá en lo que a términos fenomenológicos se refiere proponiendo temas como “la gran realidad del umbral”, “crecimiento y cambio” o “la estética de los números” para el CIAM X. El pragmatismo de los ingleses choca con la poética holandesa y el desentendimiento inicial va creciendo a lo largo de los años hasta convertirse en el enfrentamiento que acabará con la amistad entre los Smithson y Bakema, con el TEAM 10 y, por extensión, con la revisión del urbanismo propuesto por Le Corbusier.

Parece que una vez más los arquitectos nos perdimos en los detalles o nos dejamos llevar por nuestro ego y olvidamos al ciudadano. Eran épocas de bonanza económica y el necesario debate sobre nuestras ciudades se trasladó a Las Vegas de la mano de los postmodernos. A pesar de que la intención era la contraria, la realidad es que el discurso se volvió más intelectual y la arquitectura se separó, todavía más, de la sociedad. El ciudadano, con razón, se sintió defraudado y abandonado en las ciudades que el movimiento moderno había sido creado para su coche más que para él mismo.

Los arquitectos hemos participado de este debate más propio de las escuelas que de la profesión, mientras asistíamos, impávidos, al espectáculo bochornoso que constituía, en muchos casos, el crecimiento desmesurado de nuestras ciudades durante los años en que la economía era boyante.

Ahora, con la crisis económica y esas ciudades monstruosas constituidas en muchos casos por PAUs que se han quedado medio desiertos y en los que la gente se siente desprotegida y sólo encuentra una cierta seguridad en los grandes edificios comerciales, vemos que hemos permitido que se perdiera el concepto de calle, que los parques infantiles se rodeen de carreteras de seis u ocho carriles y que, en resumen, la relación vecinal sea un imposible. Ahora, que no hay dinero para construir, es el momento de reflexionar. Hay jóvenes arquitectos que están colaborando en la adecuación de barrios olvidados de sus ciudades y también hay teóricos que vuelven su mirada a esos años en los que se pudo revisar el urbanismo del movimiento moderno y, quizás, evitar, que todo esto pasase.

Sin embargo, frente a estos, surgen en paralelo debates más teóricos e intelectuales que esperamos no traspasen los umbrales de las escuelas de arquitectura. Es el caso del planteado por Patrick Schumacher, primero en una presentación y debate celebrado en el club londinense Dark Side y luego desarrollado en un artículo publicado por la revista Architectural Design de la misma ciudad. En ambos casos Schumacher plantea la cuestión, ni más ni menos, de si el parametricismo es el nuevo estilo arquitectónico. Por supuesto, Schumacher, socio de Zaha Hadid, tiene sus motivos para defender esta teoría y son lícitos. Lo que igual no parece tan oportuno es el propio debate. Cuando toda la comunidad arquitectónica ha dejado de lado la idea de estilo él busca posicionarse en la historia como seguidor [o quizás pionero] de un nuevo estilo.

Además, para justificar su postura, hace un análisis de los últimos movimientos arquitectónicos analizando por qué, según su opinión, son o no merecedores de la distinción “estilo”, desarrollando una serie de parámetros que son aplicables al parametricismo con lo que, lógicamente, concluye que éste sí es un estilo.

Dejando aparte el debate en sí y buscando un paralelismo imaginario con los últimos días del TEAM 10 y la irrupción de la escena postmoderna, lo que nos parece preocupante es que se interrumpa, una vez más, la necesaria comunicación entre arquitecto y cliente [urbanista y ciudadano en este caso] y que, de nuevo, quede la revisión de nuestras ciudades sin hacer. También que, si el parametricismo se convierte en un estilo, como propone Schumacher, va a dejar de ser útil como herramienta para conseguir humanizar la ciudad.

. . .

1 Smithson, Alison, Team 10 meetings 1953-1984, Delft, Publikatieburo, Faculteit der Bouwkunde, 1991, p.9

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2 comentarios a “Ciudades sin estilo”

  1. Daniel - CCAD dice:

    El otro día he estado en un evento TEDx que planteaba 10 ponencias, cada una de un tema completamente diferente. Desde educación hasta diseño, pasando por urbanismo, música, empresas…
    Los asistentes éramos, también, cada cual de un palo. Diferentes profesiones, diferentes perfiles…

    Los ponentes, cada uno con su estilo, conseguían hacer que nos metiéramos en su historia y por un rato les comprendiéramos y participásemos de su aventura.
    ¿Por qué no podemos/sabemos hacer esto los arquitectos? ¿Por qué parece que sólo somos capaces de dirigirnos a público que ya nos ha comprado antes de escucharnos?
    A veces las conferencias de arquitectura parecen mítines políticos…

    No sé si el origen está en la historia que contáis, pero no me resulta para nada imposible que así fuera.
    Felicidades por el artículo.

  2. juan dice:

    La época del Team 10 es la época de la llamada (en Holanda) “maakbare samenleving”, algo así como la “sociedad maleable”. Con la construcción del Estado de Bienestar desde la posguerra del 45 se pensaba que cualquier problema social podría ser resuelto dirigiendo al conjunto de la sociedad desde el Estado. Los arquitectos, fieles soldados de un Estado que era su único cliente, trasladaron esa idea a la arquitectura. Bakema y Van Eyck, entre otros, pensaban que con la arquitectura podía mejorarse la sociedad. En gran medida de esta idea provienen sus teorías y debates sobre la arquitectura y la ciudad.
    La idea cayó en desgracia en los ’80 con la llegada de los neoliberales al poder, la fiesta de las privatizaciones, y la idea bastante yanqui de que el individualismo y el consumo eran seguro de democracia y que lo contrario no significa otra cosa que totalitarismo. De allí surge toda la generación de star-arhcitects que, desde la lobotomía que R. Koolhaas le realiza a la profesión con el Delirius NY, no se preocupan de otra cosa que no sea el estilo… de alli que Schumacher quiera seguir la fiesta.
    Lo que personalmente creo es que los arquitectos deberían volver a plantear soluciones, alternativas, utopías en pos de ideales bien concretos, porque si hay algo que nos diferencia de muchas otras profesiones es nuestra visión a mediano y largo plazo y nuestra capacidad creativa.
    Consumir esa energía en la estética de los edificios es desperdiciar un potencial del que podría hacerce mejor uso.
    El urbanismo Moderno no estaba equivocado, pero si pecó de la soberbia y omnipotencia que les permitía un cliente todopoderoso y fiel como eran los gobiernos de la posguerra.

    Buen artículo chicos, y no estaría mal seguir por este camino.

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