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Urbanismo contracultural o un cambio de paradigma, by Reyes Gallegos

por Reyes_Gallegos — Lunes, 4 de febrero de 2013

Antes de que comencemos con las nuevas publicaciones de los editores del blog LCV a partir de este mes de Febrero, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre algunos de los debates de los últimos meses.

En la pasada edición de Arquia/próxima en Octubre de 2012, bajo el título “Nuevos formatos” se valoró especialmente una propuesta de trabajo en equipo que desarrolla un proyecto de investigación y difusión en red, una base de datos abierta y participativa: Inteligencias colectivas. El jurado de arquia/próxima 2012, preseleccionó 120 realizaciones de nuevos “roles” de jóvenes arquitectos que desarrollan su trabajo buscando nuevos formatos, a través de encargos o auto-encargos, nuevas formulas de colaboración en grupo o colectivos, activismo social y participación ciudadana, urbanismo de acción, nuevos medios de comunicación aplicados a la arquitectura, así como una nueva sensibilidad respecto de lo construido.

Pocos meses antes, participamos de la 7ªEdición del Festival Internacional de Arquitectura EME3, que partió de un análisis exploratorio de la aplicación del concepto “BOTTOM-UP” en la arquitectura y su relación con la sociedad: “En un contexto como el actual, las acciones generadas con y a través de la sociedad civil cuestionan y ponen en entredicho las bases de nuestro sistema. Acciones que hasta la fecha tenían una repercusión minoritaria, florecen ahora con fuerza, apostando por la creatividad, la gobernanza y la innovación”.

Los equipos de arquitectos/as españoles que trabajan en esta línea asisten a diario al debate de la Red sobre “Nuevos modelos y mecanismos de gestión en la ciudad”, y conforman una lista interminable. El fenómeno del colectivo viene siendo motivo de debate en los últimos meses dentro del panorama arquitectónico español, acompañado por el debate sobre si la crisis actual potencia este modelo.

Un artículo de Santiago de Molina en este blog bajo el título “Colectivos, caducidad y crisis” asociaba la proliferación del colectivo al descreimiento generalizado en la práctica de la Arquitectura; y lo entiende como una “ávida búsqueda de nuevos modelos que permitan entrever un futuro”. Santiago de Molina en este artículo concede al colectivo español los adjetivos de caduco y local -diferenciándolo de los franceses o americanos- y reflexiona sobre la capacidad del arquitecto para organizarse en una “responsabilidad colectiva” y en la especulación de esta idea cuando “de trabajo y tiempo útil se habla“.

A partir de este artículo se ha generó un interesante debate en torno a los colectivos, y durante el mes de Noviembre de 2012 se publicaron artículos en diferentes blogs. Entre ellos, el colectivo Todo por la praxis ha continuado con la reflexión haciendo referencia a Lutter Blisset, Wu Ming, y a todo el universo situacionista (visitar artículo y debate aquí). Coincido con ellos en el posicionamiento que adquiere el colectivo diluyendo la autoría y las lógicas del mercado, y utilizando la identidad múltiple como estrategia de combate frente a la apropiación. Aunque también coincido con Santiago de Molina en la preocupación sobre el carácter precario que puedan adquirir estas prácticas “sensibles” o “informales” del urbanismo y la arquitectura.

En las décadas de los 70 y 80 ocurrieron grandes hitos en las periferias. Inventos tecnológicos surgieron desde situaciones “marginales”; procesos culturales complejos que emergían en los espacios más sensibles por la lucha contra el control de una minoría, herederos de lo contracultural. Al respecto, voy a permitirme abrir un amplio paréntesis, con el objetivo de buscar analogías entre la contracultura y algunos de los nuevos modelos que aparecen como alternativa al urbanismo, ya que algunos ejemplos de estas décadas pueden recordarnos al movimiento actual denominado por la organización eme3 2012 como “bottom-up” (de abajo a arriba) o al “fenómeno”, si lo hay, del colectivo. Como el caso del movimiento Green Guerrillas (desde 1973 hasta hoy) que invade con huertos la Ciudad de Detroit y el Lower East Side de Nueva York; o la construcción del Complejo Okohaus en Berlín (1978) -ver artículo de Israel Nagore-, que introduce la figura de la participación en los procesos de producción nos remiten a un posible germen de contraurbanismo, permitiéndome la analogía de términos, con los que se pretendían plantear nuevos modos de habitar desde una especial preocupación por generar una construc­ción que se saliera de lo establecido.

Fig.1 Reunión de la Red de Arquitecturas Colectivas. Valencia, 2011 / Fig.2 Team 10 meeting in Aldo van Eyck’s garden, Loenen aan de Vecht, 1974

Sostiene José Luis Herrera Zavaleta en el Ensayo sobre filosofía y contracultura -2009- que la contracultura es una forma específica de ver la realidad, que establece límites a lo hegemónico, formula interrogantes, introduce enigmas en el imaginario social y constituye un paradigma que nos permite comprender el devenir de expresiones culturales alternativas a un sistema; incluyendo manifestaciones artísticas, sociales, científicas, filosóficas, económicas y políticas, contrarias o diferentes a la Cultura Oficial, a la cultura del sistema.

Se emplea por primera vez el término contracultura stricto sensu en El nacimiento de una contracultura -1968- del historiador norteamericano Theodore Roszak, refiriéndose a la actividad rebelde de la juventud de los años 60; una juventud incardinada en el Movimiento hippie o Flower Power: anarquía no violenta y antibelicista, preocupada por el medio ambiente como rechazo al materialismo occidental- e influenciada por la Generación Beat y sus beatniks – grandes iniciadores de la revolución contracultural y forjadores de la identidad inconformista-.

[Mucho antes, Sócrates fue condenado a muerte por hacer contracultura y cuestionar con sus enseñanzas la sociedad ateniense. Otros antecedentes remotos a la contracultura podemos verlos en el romanticismo y su ulterior admiración por los seres fuera de la ley -piratas, bandoleros y vagabundos-, a los que consideraba verdaderos símbolos de la libertad; y las vanguardias, léanse dadaísmo- con su objetivo de demoler lo existente, sembrar confusión, derrocar valores tradicionales, e incluso el arte mismo- y surrealismo -que construye una concepción propia de la vida y el arte-.]

En Francia, al mismo tiempo que Roszak publica su obra, se desarrolla el movimiento -contracultural- Mayo de 1968, que fue el crisol en el que se desarrollaron todos los síntomas del malestar que arrastraba la sociedad francesa. Dicha movilización que despertó en Francia la guerra de Argelia, sensibilizó fuertemente a la sociedad, y dejó el terreno fértil para el surgimiento de una nueva izquierda: la Nouvelle Gauche. El movimiento comparte historia con las postrimerías de la Nouvelle Vague, un grupo de cineastas franceses surgido a finales de la década de los 50 como reacción contra las estructuras que el cine francés imponía hasta ese momento y que postularon como máxima aspiración, no sólo la libertad de expresión, sino también libertad técnica en el campo de la pro­ducción fílmica; un claro ejemplo de contracultura dentro de la contracultura. Como lo es su secuela británica denominada Free cinema. Y sin cambiar de escenario, es en Inglaterra donde germina en la década de los 70 el movimiento –contracultural- llamado Punk, producto de una sociedad sin futuro, de una grotesca, ficticia y tiránica realidad como presente, y un pasado lleno de mentiras que parecía no tener sentido.

Fig. 1 The Naked Ciity ó Guide psychogéographique de Paris de Guy Debord / Fig.2 Fotograma de la película Jules et Jim, de François Truffaut

Sostiene José Luis Herrera Zavaleta que la contracultura no busca un nuevo sistema. Es sólo la lucidez frente a los sistemas dominantes a través de la historia. Por eso será siempre alternativo y si se quiere, también a veces sumergido e infinito. Si bien se ha insistido casi exclusivamente en la Contracultura bajo su aspecto artístico, musical, cinematográfico, pictórico, etc., el movimiento real nos muestra que esta noción está presente en todas las áreas de la Cultura e incluye todas sus expresiones, tal es el caso del urbanismo.

La contracultura se mueve para marcar nuevas tendencias y lograr cambios; no sólo en el sistema que asfixia y oprime, sino para lograr que ese caminante que es el hombre se encuentre algún día a sí mismo. ¿Acaso estamos antes un nuevo orden de un urbanismo contracultural; ante un simétrico momento que requiere de similares soluciones; una forma de poner nombres a los carriles paralelos, alternativos, inconformistas, transgresores?

Fig.1 Archigram. A walking city in New York, 1964 / Fig.2 La Araña. Recetas urbanas. Santi Cirujeda. 2009

Hay motivos de sobra para pensar que estamos en un momento cuyo potencial es mayor que ese; un paradigma único:

La globalización, las nuevas tecnologías y las redes de trabajo están afectando a las fórmulas de hacer ciudad como no pudieron hacerlo en los 70.

[Guattari ya planteaba en Las tres ecologías o aproximaciones complementarias: La ecología mental (valores, pensar, sentir) o redescubrimiento del espacio del común; La ecología social y flujos de energía (espacio/tiempo); y las nuevas redes de energía (ambientales o técnicas).]

La colectividad organizada ya no es una comunidad dependiente, sino una Red, que actúa individualmente, pero también colectivamente cuando interesa aunar esfuerzos. De esta forma se consigue libertad (individual) y ejercer el derecho (Red).

Como afirma Doménico de Siena (Ponencia en #bat_2012) la Comunidad y la Red se diferencian en varios aspectos: La Comunidad exige representatividad, jerarquía, intereses comunes, presencia y pertenencia (puede llegar a ser dependiente). La Red sin embargo se caracteriza por la horizontalidad, el equilibrio, el uso del sentido común como eje de las decisiones y poder basado en la información. Esta teoría se acerca al reto que propone Zygmunt Bauman en su libro Tiempos líquidos -2007- sobre lel equilibrio y la libertad, y puede que no sepamos aun que estamos inventando nuestro propio modelo: las redes están teniendo la capacidad de generar un contexto propio, una especie de “inteligencia compartida” capaz de organizarse horizontalmente para debatir, protestar, generar, trabajar y compartir abiertamente la información y la cultura de forma productiva.

Si este fuese el caso, cabría hacerse las siguientes preguntas: ¿Quién y cómo produce la red? ¿Con qué recursos? ¿Cómo se sostiene? ¿Cómo encontrar la sostenibilidad en este nuevo soporte? ¿Cómo resolver las dependencias económicas del trabajo de la comunidad en la Red? (Ver debate reciente en el blog sobre Crowdfunding a partir de una entrevista a paisaje transversal y el post bajo el título “Crowdfunding aplicado al desarrollo urbano” de Ecosistema urbano).

Imagen del proyecto Wikihouse

Al respecto de las dificultades que conlleva salirse de “las esferas” de la sociedad capitalista para inventar nuevos modelos independientes y acordes a otros ideales, Richard Sennet, en el libro Together: The Rituals, Pleasures and Politics of Co-operation -2012-, analiza la evolución de los rituales de cooperación en las iglesias medievales y en los gremios, en los talleres del Renacimiento y en los tribunales, o en los primeros laboratorios modernos y en las embajadas diplomáticas. Sennett explora la naturaleza de la cooperación e identifica las razones por la que se ha debilitado y cómo se puede mejorar analizando las experiencias y las nuevas perspectivas en la cooperación a través de Internet y en otros colectivos profesionales y sociales.

Igual que la cultura buscó en la contracultura, aquellos que pensamos que las herramientas actuales para la gestión urbana no son capaces de representar satisfactoriamente la realidad, apelamos por buscar herramientas alternativas; organizativas, económicas e instrumentales. Con el impulso de las nuevas tecnologías no son pocos los trabajos de recopilación, investigación, geolocalización y visualización de datos y experiencias urbanas que contemplan otros modos y modelos de intervención en la ciudad. Redes de colectivos aumentan su potencial: organizados horizontalmente arriesgan y trabajan en procesos cotidianos según una lógica y una ética, estableciendo unos mínimos casi sobre la marcha, haciendo cada vez más necesario un posicionamiento en función de unos “mínimos”.

Avanzamos en nuevos mapas y estructuras abiertas; y no queremos definir lo que pretendemos siga siendo “abierto” porque tememos que el hecho de ponerle nombre a las cosas genere erróneas reinterpretaciones como en el pasado. Los conocemos e identificamos, aunque aún no los hemos transformado en una metodología aplicable que pueda sustituir las bases en las que el urbanismo se sustenta, y liberarnos del miedos a perder lo que teníamos.

Ante el impulso de lo que imaginamos y el descreimiento de lo que conocemos, parece que nos queda lo más fácil y lo más difícil: Romper con el modo anquilosado de vivir y confirmar que, lo nuevo, puede resolverse con un sencillo cambio de perspectiva.

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5 comentarios a “Urbanismo contracultural o un cambio de paradigma, by Reyes Gallegos”

  1. S. DE MOLINA dice:

    Hola Reyes,

    El de los colectivos es uno de los temas más candentes del panorama. Ya lo creo.

    Solo me gustaría felicitarte. Me interesa el tema de los colectivos, como sabes, por varios motivos. Creo que se trata un fenómeno extraordinariamente pragmático. Por eso me llama la atención tu interesante asociación a la contra-cultura. Es un tema del que espero que encontremos ocasión para hablar.

    Creo que es un fenómeno con una maravillosa concepción del presente. No me atrevería a tanto de considerarlos “caducos”, es decir, “cosa del pasado”, pero si que en sus iniciativas pragmáticas se da por supuesto su caducidad, su tiempo vida inserto en el presente. Creo que los planes de futuro y la utopia están muy lejos de los planteamiento en su mayoría prácticos y posibilistas de los colectivos, (aunque entiendo que la generalización es inaceptable si nos ponemos serios, y porque los casos particulares y la variedad es enorme).

    En fin, lo dicho, felicidades. Creo que los colectivos es uno de los frentes abiertos más interesantes del panorama actual.

    Espero que encontremos ocasion de hablar de las relaciones entre el pragmatismo y la contracultura.

    Un saludo

  2. observer dice:

    Los colectivos no son tan fieros como los pintan, y la lógica económica que ha favorecido su aparición nos hace preveer su corta longevidad: se encuentran entre la espada y la pared de, por una parte, pronunciarse como instancia crítica con “el sistema”, y por otro el hecho de que el estado (o las instituciones y fundaciones que orbitan a su alrededor) es su unica forma de financiación. Estos procesos ya se han inventado antes y casi siempre han decaido por la misma razón: el dinero. Hay que comer. La lógica “indie” que permite por ejemplo sobrevivir editando música experimentalno es aplicable a un dominio tan oneroso como el urbanismo. Al final, lo que empieza como fuzz juvenil termina como pasatiempo romántico de sus protagonistas, que habrán de buscarse las habichuelas en otro lugar (fundamentalmente la enseñanza).
    …Y puesto que el problema crucial de este escenario no es el ideológico ni cultural sino el financiero, los debates deberían empezar ya a morder otros terrenos: ¿son sociedades anónimas, cooperativas o espontaneismos no reglados? ¿su relación con el estado es de simbiosis o de agresividad mutua? ¿su objetivo es perpetuar el marco legal actual o presionar hacia nuevas estructuras normativas (o su abolición)? En fín, creo que el problema es bastante más severo que juntar a cuatro Quijotes para hacer proyectos frescos: si la cosa va en serio, ya va siendo hora de madurar y dejarse de esa retórica de crowdsurfing, flujos, redes, afectos y demás clichés de los estudios culturales deleuzianos que, los que llevamos ya un tiempo reflexionando sobre estos procesos, sabemos que en el 99% se queda en ombliguista soliloquio por su desatención a las cuestiones infraestructurales. Ahí es donde se juega la batalla. Gracias por el interesante post.

  3. observer dice:

    PS: a las tres ecologías de Guattari le falta una cuarta: avituallamiento. Ni él ni Deleuze, con toda su minuciosa égida del deseo, elaboraron nunca el más mínimo discurso sobre el hambre. Y aunque no encaje mucho con la asertividad que tomaban de Spinoza, ahora mismo hay hambre.

  4. » ENCUENTRO ARQUITECTURAS COLECTIVAS: DE TODO, Y ADEMÁS, DEBATE… / Sevilla / 5-8 diciembre 2012 dice:

    [...] individuo-colectivo, dándoles lugar en un proyecto común que no elimine sus cualidades propias? Urbanismo contracultural o un cambio de paradigma laciudadviva.org / 04-02-2013 / Reyes Gallegos + S. de Molina + [...]

  5. Paisaje Transversal dice:

    Lo infraestructural y la “retórica de crowdsurfing, flujos, redes, afectos y demás clichés de los estudios culturales deleuzianos” no tiene porque estar reñidos. Un modelo de negocio o una estructura empresarial pueden (deben) basarse en las nuevas lógicas que rigen este cambio de época.

    PD: ¿Crowdsurfing, crowdsourcing o crowdfunding? ;-)

    http://en.wikipedia.org/wiki/Crowd_surfing
    http://es.wikipedia.org/wiki/Crowdsourcing
    http://en.wikipedia.org/wiki/Crowd_funding

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