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¿Qué es arquitectura contemporánea?

por Brijuni — Lunes, 25 de febrero de 2013
Van Nelle Factory. Brinkman, Van der Vlugt, Stam, Wiebenga.

Van Nelle Factory. Brinkman, Van der Vlugt, Stam, Wiebenga.

Sería muy ambicioso y poco modesto tratar de responder a una pregunta así en un texto breve como este, y de hecho sería una ambición fallida en cualquier caso, dado que probablemente es imposible acercarse a una definición, más allá de convenciones y mínimos aceptables académicamente para la enseñanza.

No por ello puede ser menos divertido repasar algunas ideas en relación al gran asunto, si nos acercamos un poco desprejuiciadamente y sin asomo de gravedad y permitiendo durante al menos un rato que la solemnidad de las grandes palabras no nos atenace.

Para ello lo primero sería quizá olvidarnos de otra discusión infantil que pretende debatir sobre la conveniencia de una Arquitectura con mayúsculas o una arquitectura con minúsculas, para centrarnos en algo más interesante, al menos, para nosotros, como puede ser el responder a la pregunta de si la arquitectura contemporánea ha de ser, o es, aún, arquitectura moderna.

Como es bien sabido, la arquitectura moderna es toda la que se produce a partir del Movimiento Moderno, fechado en Alemania en los años 20, y que luego vivirá feliz como Estilo Internacional gracias a P. Johnson y H. R. Hitchcock en los Estados Unidos hasta los años cincuenta, quizá, produciéndose luego otro montón de arquitectura moderna, gracias a los maestros emigrados y el abrazo americano, después de la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual empieza su crisis y declive que culmina con el opúsculo del postmoderno, que parecía abrir una nueva etapa o al menos cerrar una anterior.

Ahora sabemos que el postmodern fue sólo un mal sueño, una pesadilla ahora revivida en tesis doctorales que recuperan y reivindican la figura de Robert Venturi en su retiro dorado y, sobre todo, de D. Scott Brown, incluso de otro arquitecto interesante como Charles Moore, mientras intentamos pasar página con la dificultad de asociar un corto y poco brillante periodo temporal a toda una arquitectura que debía haberse construido sobre las cenizas del Movimiento Moderno, pero no lo ha hecho.

Por el contrario, las escuelas de arquitectura hasta hace muy poco han seguido enseñando a sus vástagos que Le Corbusier y Mies fueron unos héroes admirables que jamás se equivocaron y que sus epígonos aquí y allá no pudieron completar un legado, el de una arquitectura como factor condicionante del progreso social y de la educación democrática de la comunidad, aún latente, heredado y de obligado cumplimiento por las nuevas generaciones de arquitectos.

Así, mientras la historia se sigue enseñando como dogma de fe, nuestros maestros siguen en sus altares y nadie los ha hecho descender, a pesar de que Tafuri, Banham o más recientemente Tournikiotis o Vidler, hayan señalado primero a través del concepto de crítica operativa y luego admitiendo la terrible confusión entre historia, historiografía, crítica y proyecto moderno, que el Movimiento Moderno no fue siempre ingenuo y bienintencionado y que sus protagonistas no son los súper-héroes que nos mostraron los libros de edificios blancos, perfectos, sin mácula.

Se sospecha que la arquitectura moderna era eso, y queremos dejarlo atrás, pero seguimos atrapados en la modernidad, en la que vivimos desde mediados del siglo XVIII, aún apenas escapando de un modelo científico-positivista hegeliano, una revolución industrial, post-industrial y de la información, aún sin consecuencias, donde continúa la tradicional división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial,entre otros arcanos y memes.

La arquitectura contemporánea, mientras tanto, podría no tener estos serios problemas de indefinición ya que, historiográficamente, no existe, excepto en el presente absoluto, entendiendo por tal el momento vivido y, quizá, diez o veinte años hacia atrás, hasta el momento en que la historiografía la enmarca como historia y deja de ser contemporánea, y deja así de desinteresarse por la invención de nuevos lenguajes, el programa y la función, incluso el lugar y el valor de la construcción o la estructura -valores que Rafael Moneo señala como diferencias de la arquitectura contemporánea con respecto a la arquitectura moderna en su texto Otra modernidad- para interesarse por otros asuntos y responder así a la pregunta formulada al comienzo.

—–

Texto: bRijUNi arquitectos.  Beatriz Villanueva Cajide (Arquitecto, Master en Gestión de Espacios Virtuales y Master en Proyectos Arquitectónicos Avanzados) y Francisco Javier Casas Cobo (Arquitecto y Master en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura) son profesores de Ética y Deontología de la ETSA Zaragoza USJ.

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13 comentarios a “¿Qué es arquitectura contemporánea?”

  1. Antonio dice:

    Enhorabuena por el texto, compartimos muchas de las ideas expuestas

  2. ¿Qué es arquitectura contemporánea? « La Ciudad Viva | The Architecture of the City | Scoop.it dice:

    [...] Así, mientras la historia se sigue enseñando como dogma de fe, nuestros maestros siguen en sus altares y nadie los ha hecho descender, a pesar de que Tafuri, Banham o más recientemente Tournikiotis o Vidler, hayan señalado primero a través del concepto de crítica operativa y luego admitiendo la terrible confusión entre historia, historiografía, crítica y proyecto moderno, que el Movimiento Moderno no fue siempre ingenuo y bienintencionado y que sus protagonistas no son los súper-héroes que nos mostraron los libros de edificios blancos, perfectos, sin mácula.  [...]

  3. carmen dice:

    Me parece un tema apasionante y comparto algunas de las ideas expuestas, pero me gustaría introducir algunas reflexiones para el debate.
    1.- la ambigüedad del concepto moderno parte de la superposición de dos temáticas: la modernidad científica, cultural, social y productiva, (grosso modo de la ilustración en adelante), y la modernidad arquitectónica, desde las vanguardias del s.XX en adelante. La primera supone, de alguna manera, una homogeneidad del periodo moderno o racionalista entre los siglos XIX y XX, que la segunda ha negado, hasta hace muy poco tiempo. Hoy sabemos que, más allá de diferencias formales, hay una continuidad bastante clara de ideales espaciales y habitacionales entre los s. XVII, XIX y el XX.
    2.- Pensar en arquitectura o en cultura contemporánea como diferente a la moderna debería pasar por revisar esos ideales, esos principios, esos modos de hacer y ver si siguen operativos o no. Un ejemplo, ¿pueden mantenerse las tipologías habitacionales del racionalismo ante los cambios en los modos de vida y las estructuras familiares?¿la respuesta al problema de los tipos habitacionales pasa por aplicar las mismas reglas para hacer nuevas viviendas o cambiar de reglas?
    En mi opinión, con sólo mirar la transformación del territorio, de los modos de producción de la arquitectura, y de la relación del arquitecto con la sociedad, basta para darse cuenta de que estamos obligados a replantear lo que nos han enseñado los modernos, pero no todo el que hace arquitectura rechaza ese planteamiento sino que a veces se reafirma en la necesidad de la vuelta a los orígenes frente a la desbandada general.
    saludos

  4. Miguel Villegas dice:

    La pregunta es interesantísima y, como siempre, oportuna, pero hay temas que creo que faltan, y para mi son claves.

    Creo que la diferencia entre la modernidad y la contemporaneidad es la existencia de objetivos. La modernidad los tenía, había un hacia que era capaz de dinamizar ciertas cosas. Nosotros, la contemporaneidad ya no los tiene. El presente es ahora. ¿Podría explicar eso la “necesidad” de esa “otra modernidad” de encontrar anclajes en los que sustentarse?¿Puede eso explicar que la modernidad entendiera que la arquitectura era una herramienta y que la “otra modernidad” entienda que la Arquitectura puede ser un fin en si misma? En esa línea vuestra referencia a la dicotomía Arquitectura vs. arquitectura me resulta fatal. Creo que es uno de los problemas endémicos de nuestra profesión.

  5. Brijuni dice:

    Antonio, Carmen, Miguel, muchas gracias por vuestros comentarios.
    Muy de acuerdo en todo contigo, Carmen, aunque no sé si hay acuerdo en que la arquitectura moderna puede superponerse con el periodo moderno de la historia. Nosotros creemos que más bien no, y si Pevsner va a los Arts&Crafts o Collins y Kaufmann antes aún, no parece que muchos más historiadores puedan apoyar retrotraer los orígenes de la arquitectura moderna más allá de la segunda década del siglo XX, y digo la arquitectura moderna, no sus antecedentes o pioneros, por seguir a Pevsner. En cualquier caso, sí que la falta de ideales que señala también Miguel, podría ser un punto de partida interesante para discutir cuál es el sentido o la vocación de la arquitectura (siempre con minúsculas) contemporánea.

  6. eva alvarez dice:

    Escribo estas palabras con todo el cariño pero encuentro que este texto escrito desde una aproximación ‘desprejuiciada’ no se moja lo que debiera.

    Zizek, sin ser santo de mi devoción, aclara algunas cuestiones sobre la modernidad, declarando que el factor modernizador histórico efectivo es el capitalismo. Por otra parte, el capitalismo es un invento mediterráneo del siglo XIV-XV (ver Salvador Giner, El futuro del capitalismo) y no tiene ningún fin pronosticado, todo lo contrario(Serie Civic City Cahiers, Bedford Press). Y Tafuri nos conmueve cuando afirma que las instituciones de la Arquitectura se han forjado al mismo tiempo que las instituciones del Capitalismo. Desde mi punto de vista, difícil pues concretar cuándo empezó exactamente la modernidad y si exite o no; o por qué fases ha pasado y quién es más moderno que quien… Y, francamente, inútil.

    Vidler afirma que el MM es un invento hstoriográfico; no resulta difícil de creer. Tournikiotis no se moja al respecto. Scott Brown asegura (y le creo) que ellos son herederos morales del supuesto ideal moderno y que no pertenecen al PoMo… Por cierto, ¿por qué la arquitectura contemporánea es un invento historiográfico? Aún no hay nada dicho al respecto.

    Lo bien cierto es que una se enfrenta cada día a la realidad, pragmáticamente. Cada día hay que hacer algo para vivir. Son necesidades que parecen no importarle a nadie, mucha la gente cuyos problemas arquitectónicos ni se plantean… ¿cómo podría ser una casa aquí y ahora? ¿cómo es una calle? ¿cuánta luz natural hace falta? ¿cuáles son los criterios adecuados para evaluar una actuación?

    Nos perdemos y escondemos en debates y no veo argumentos transmisibles sobre lo que un arquitecto o arquitecta hace. Y, no eludo ningún debate especulativo, sólo quiero saber qué vamos a hacer, cómo vamos a hacer las cosas, cuál es nuestro compromiso con la realidad. Con independencia del nombre, para mi eso es el proyecto moderno (y uso palabras de Maldonado) y es intemporal. And I miss it.

    Saludos, Eva

  7. carmen dice:

    Hola de nuevo,
    quizás sea preciso describir esos factores de unidad. Si hablamos de relación entre espacio y función, la concepción del espacio público, o los avances constructivos y estructurales, seguramente estaremos de acuerdo en reconocerlos a lo largo del ciclo amplio de lo moderno. Otra cosa es el reconocimiento formal de la arquitectura del XIX, o la ruptura con el pluriestilismo como requisito de modernidad que se plantea en el XX, me parece que la historiografía lleva ya un tiempo dando un vuelco en esa lectura tradicional de la brecha entre movimiento moderno y XIX para insistir cada vez más en lecturas comprehensivas del ciclo completo. En esas filas podemos reconocer a Rafael Moneo y a Roberto Fernández, o Rem Koolhaas, entre otros.
    En mi opinión lo que se suele cuestionar con más frecuencia es la diferencia entre modernidad y contemporaneidad, y la datación exacta de ese alejamiento y en ese sentido es en el que me interesa el post. En estos casos, y dada la cercanía del periodo de ruptura suelo proponer una lectura más o menos salomónica del tema: analizar la continuidad precisa del factor concreto del que se habla -función, diferencia, espectáculo, sostenibilidad, rehabilitación- y estudiar la genealogía de su presencia en el presente, para ver cuñando se producen los cambios.
    En mi experiencia investigadora (HUM 853 Outarquias), estas genealogías señalan impenitente e impertinentemente a un proceso sostenido de cambios técnicos y sociales desde la segunda guerra mundial, al que la arquitectura moderna reacciona progresivamente dentro de las reglas modernas en las primeras décadas, y ya distanciándose de esas reglas, experimentando y dispersándose en sus prácticas desde los años ochenta en adelante.
    Me parece que sin una reflexión sobre cómo la disciplina arquitectónica ha llegado a la crisis donde se encuentra tenemos pocas posibilidades de salir de la situación en la que estamos, por eso creo que el argumento del post es especialmente útil para esa reflexión y reitero mi felicitación a los autores.

  8. Jorge Benavide dice:

    “(…) Se sospecha que la arquitectura moderna era eso, y queremos dejarlo atrás, pero seguimos atrapados en la modernidad, en la que vivimos desde mediados del siglo XVIII, aún apenas escapando de un modelo científico-positivista hegeliano, una revolución industrial, post-industrial y de la información, aún sin consecuencias, donde continúa la tradicional división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial,entre otros arcanos y memes.

    La arquitectura contemporánea, mientras tanto, podría no tener estos serios problemas de indefinición ya que, historiográficamente, no existe, excepto en el presente absoluto, entendiendo por tal el momento vivido y, quizá, diez o veinte años hacia atrás, hasta el momento en que la historiografía la enmarca como historia y deja de ser contemporánea, y deja así de desinteresarse por la invención de nuevos lenguajes, el programa y la función, incluso el lugar y el valor de la construcción o la estructura -valores que Rafael Moneo señala como diferencias de la arquitectura contemporánea con respecto a la arquitectura moderna en su texto Otra modernidad- para interesarse por otros asuntos y responder así a la pregunta formulada al comienzo”.

    - Tambien puede remitirse el origen de la modernidad, sobre todo en arquitectura, al renacimiento, cuando por primera vez se hace un proyecto

    - no entiendo cuál sería el método “científico-positivista hegeliano” que relaciona a Bacon-Compte y Hegel.

    - Sobre las revoluciones científicas habría que repasar a Khun, Fayeraben,Popper y sobre todo Catells; si esta comprensión es dificil trasladar estos contenidos a la política (poderes legistaltivo, etc.)

    - Ortega y Gasset creia que una generación supone 25 años, otros autores dicen que 15. Han resultado útiles para la historia de la literatura pero no para la historia de la arquitectura. Es conveniente identificar los paradigmas sobre los que se apoya la arquitectura contemporánea, tomando en cuenta no solamente la edad de la construcción sino sus apoyos teóricos y de comportamiento.

    En suma, el artículo es confuso.

  9. Brijuni dice:

    Eva, gracias por tu comentario, interesantísimo. Nosotros no estábamos hablando del proyecto moderno, parece que quieres emular a Zevi, lo cual no sería mala idea, buscar un verdadero proyecto moderno. Además él no discrimina entre moderno y contemporáneo y cuando habla de arquitectura moderna se refiere a la arquitectura contemporánea. Lo que planteas es muy importante, si bien creo que no es el objeto de nuestro texto, que es más especulativo como bien dices, y plantea preguntas más que intentar responderla.
    Carmen, muchas gracias igualmente por tu brillante aportación y de nuevo me viene a la cabeza Zevi con sus periodos históricos de creatividad y de regresión, no sé si vas un poco también por ahí. Algunas de las distintas genealogías de las que hablas (función, diferencia, espectáculo, sostenibilidad, rehabilitación) son muy contemporáneas, y su pertinencia ahora es máxima, si bien vuelve a ser un problema de la historia, o de la historiografía, el intentar re-escribir esas posibles genealogías sin hacerlo de una manera operativa.
    Jorge, gracias también por tu comentario. Por si alguien quiere información sobre algo de lo que apuntas, en lugar de Compte, Khun, Fayeraben o Catells, permítanos recomendarles realizar su búsqueda como Comte, Kuhn, Feyeraben y Castells.

  10. Diego Flores dice:

    Me interesa mucho el disparador de este sitio. El intercambio de ideas resulta fundamental en momentos de desconcierto como el que vivimos.
    Edito una revista que pretende cubrir el tema, y me interesaría mucho me autorizaran a publicar vuestros textos.

    Atentamente,

    Diego Flores

  11. Paco Casas dice:

    Diego, muchas gracias por tu comentario y tu interés. Encantados de ayudarte en lo que podamos con tu revista si consideras de interés algo de nuestros textos. Te dejo mi email para lo que necesites: paco@brijuniarquitectos.com
    Saludos,
    Paco.

  12. ely - domotica dice:

    Sin duda en el articulo he encontrado unos buenos consejos. Gracias

  13. Motores para puertas dice:

    Enhorabuena por el texto, compartimos muchas de las ideas expuestas.

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