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De ecologías y morfogénesis: peces en arquitectura

por Out_arquias — Martes, 9 de abril de 2013
Portada_This is not a fish(detalle)-James Christensen

Portada_This is not a fish(detalle)-James Christensen

Que el pensamiento contemporáneo se caracterice por la comprensión de la modernidad, en un intento de revisión de lo que han sido sus estatutos, es algo evidente por la pluralidad de términos con lo que se nombra a sí mismo. Que la puesta en crisis de las relaciones entre el mundo de las cosas y el mundo del hombre, en sentido moderno, haya sido mediada por las inquietudes y las reflexiones surgidas desde las ecologías, quizás lo sea menos, pero empieza a hacerse patente en los entendimientos de la arquitectura como sistema emergente. Que el reforzamiento de la dimensión genética y generativa de la forma, aunando biología y tecnología, pueda reorientar la preponderancia de un formalismo espectacular hacia otras posibilidades de entendimiento sobre la posición del ser humano en el mundo, puede que no sea tan inmediato, pero vamos a intentar demostrar lo contrario.

La arquitectura ha sido, entre todas las partes de la cultura e incluso antes de definirse como disciplina, la que más ha elaborado una conexión entre la existencia del hombre y sus entornos, y no por la vía estatutaria, sino por la especificidad que ha sido capaz de generar. Si pensamos en su desarrollo a lo largo del siglo XX, y sin poder obviar las condiciones en las que ha surgido -la aceleración social y cultural (reforzada, a partir de la segunda mitad del siglo, con el desarrollo de la sociedad de consumo de masas), y la aceleración informática (acompañada, especialmente en los últimos treinta años, por la proliferación de imágenes)-, no sólo nos percatamos de un cambio en los modos de producción y reproducción de la cultura, sino del surgimiento de un tipo de dependencia a lo artificial y una apertura hacia lo virtual, que ha transformado lo existente de sí y de lo que conocemos del mundo.

En esta recapitulación acelerada, no podemos dejar de detenernos, aunque rápidamente, sobre un pensamiento que se ha forjado especialmente a partir de los años posteriores a la segunda guerra mundial, y que ha marcado el tránsito de un enfoque funcional y metodológico, garantía de la infalibilidad del proyecto moderno, a un enfoque tipológico y morfológico, del que se deriva una concepción dinámica -genética- y relacional -generativa-, respecto a las retroalimentaciones entre organismos y artefactos. Podemos afirmar, de hecho, que ha habido una investigación en la disciplina arquitectónica, dirigida a entender la simultaneidad de genotipo y fenotipo en la acción proyectual, sustituyendo las correspondencias lógicas, sintácticas y semánticas de las relaciones basadas en la búsqueda de similitudes de significados y significantes, y dilatando lo arquitectónico a otros ámbitos del conocimiento e implicando una reconfiguración del papel de la arquitectura en un más amplio contexto ecológico. Si añadimos, además, la inserción de lo digital en el tránsito de un enfoque morfológico a un entendimiento morfogenético, se esclarecen las derivaciones que han sido posibles a partir ello: la redefinición de un suelo complejo de acción, en una renovada alianza entre arquitectura y ecologías -tanto inferida desde las relaciones dinámicas con el entorno, como referida a una condición dinámica de la forma-; la posibilidad de una aproximación a la indeterminación formal, debida a su mayor flexibilidad frente a la variabilidad de ambas condiciones; la oportunidad de hacer visibles los procesos de generación de la forma, y refundando, en esta coyuntura, la arquitectura como medio, y no como fin.

Este diagnóstico no es casual, sino surge de una línea concreta de acción arquitectónica, que se ha rescatado en forma de tesis doctoral, reconstruyendo genealógicamente la historia de la última parte del siglo XX y alcanzando nuestros días, a través de seis autores tratados como filogénesis: D’Arcy Thompson, Christopher Alexander, Philip Steadman, Enric Miralles, Greg Lynn y Karl S. Chu. Y tampoco es casual el encuentro entre ellos, puesto que entre sus obras se puede entrever un diálogo rico y variado, al margen de la historiografía tradicional, que matiza algunas de las cuestiones que han marcado este periodo: los influjos de la biología en la disciplina arquitectónica, las raíces ecológicas de los métodos de diseño, la continuidad entre las formas arquitectónicas -más allá de su sentido tipológico o taxonómico-, la contingencia de las dimensiones concretas de la acción proyectual, el origen biológico de lo digital, y finalmente el tratamiento genético de la disciplina.

Fig.1_Retrato de Dali-Federico García Lorca

Fig.1_Retrato de Dali-Federico García Lorca

Lo que sí ha sido casual, es el encuentro, en las profundidades mismas de esta reconstrucción, con una serie de peces, que han servido para esclarecer morfológicamente, que no figurativamente, las cuestiones fundamentales de la relación entre el hombre y sus espacios de existencia, en un más amplio sentido ecológico (sin olvidar la inserción inevitable de la arquitectura en la sociedad mediática y espectacular contemporánea), y para recuperar una tradición que supera tanto la racionalización de sus parámetros, en términos modernos, como la individualización de sus respuestas, en términos postmodernos. Y que ha permitido, más allá de ello, situar un avance en la disciplina arquitectónica que empieza en el siglo XIX y llega hasta nuestros días, que introduce la complejidad siempre creciente del mundo, sin dejar de incorporar la especificidad que resaltábamos al principio de esta consideración -aunque con las extensiones e incursiones necesarias desde y hacia otros ámbitos del conocimiento-, y que permite ver cómo se resuelven en el principio del siglo XXI las relaciones entre vida-artificialización-hábitat (biología, tecnología y arquitectura). Sin embargo, aquí nos detendremos solamente en estos seis autores, dejando a otro momento la recomposición completa que hemos hecho, pero sí haciendo especial hincapié en su necesidad y urgencia para el momento en el que estamos.

Enric Miralles quedó tan fascinado por los dedos que se transforman en peces en el retrato que Lorca le hace a Dalí (fig.1), que los hizo emerger en la superficie de su Hafencity en Hamburgo (fig.2). Que Miralles conociera la teoría de las transformaciones de Thompson (fig.3), lo sabemos por su Concepto para una oficina de venta de Automóvil, donde se sitúa su búsqueda de las posibilidades de transformación de un objeto en otro, “no mediante saltos o desplazamientos sino por la continuidad de una deformación” (El Croquis, 1995: 11). De hecho, entendiendo la obra de Thompson como una geometría aplicada a lo real, Miralles abre la posibilidad de reconocer las cosas, a través de la búsqueda de las similitudes, que dimana necesariamente en las analogías de Philip Steadman y sus cadenas de diseños “genéticamente” conectados (fig.4), en una evolución de las especies en un sentido no estrictamente darwinista.

Fig.2_Hafencity-EMBT

Fig.2_Hafencity-EMBT

También sabemos que Christopher Alexander, y así se lo reconoce Steadman, fue quien trasladó a la arquitectura los dictados de Thompson, y podemos afirmar que gran parte de su obra está dedicada a desentrañar la complejidad de la naturaleza, ampliando sus definiciones al entendimiento de una arquitectura viva, y no a la búsqueda de leyes o estructuras meta-históricas, como se nos ha ido transmitiendo desde los métodos de diseño (de los que, por cierto, él mismo renegaría).

Fig.3_Deformaciones geométricas-D’ArcyThompson.

Fig.3_Deformaciones geométricas-D’ArcyThompson.

En su afán de descubrir y describir las leyes geométricas y matemáticas de las

Fig.4_Copias sucesivas-Philip Steadman

Fig.4_Copias sucesivas-Philip Steadman

estructuras vivas, traslada las ideas de Thompson desde un entendimiento de la forma a un entendimiento de la naturaleza en su totalidad, a través de los procesos biológicos, y por ello, hemos visto, aunque quizás de manera forzada, una transliteración  desde su narración de un recuerdo de un estanque en una aldea japonesa, a su proyecto para una aldea en la India (fig.5), que nos  da la posibilidad de trasladarnos hacia los peces “voladores” de Greg Lynn, con los que nos recuerda las relaciones no con la masa de un cuerpo, sino con las fuerzas exteriores (volviendo a Thompson) para reconfigurarse en su Predator (fig.6) y hacia las disoluciones de Karl Chu, en la manipulación genética, donde el pez reaparece en la recomposición de la relaciones entre ser humanos y no humanos, entre arquitectura y cultura (fig.7).

Pero, para no perder el sentido de lo que es profundamente propio de la organización arquitectónica hemos ido fijando dos líneas entre las cuales se mueve el pensamiento en la disciplina con respecto a las relaciones entre ecologías y morfogénesis, definidas  respecto a su propia genética interna y a su milieu: la intraforma (donde se situarían las transformaciones que van de fuera a dentro), que constituye la autonomía de lo generativo y yace en el corazón de la computación -procesualidades, en Greg Lynn o evoluciones genéticas, en Karl Chu, aunque él diría que no-, y que sin embargo, podría decaer en un ensimismamiento que arrastra forzadamente el entorno, reasumiendo para sí -en forma de estilo-, la autonomía de la arquitectura, y por lo tanto, no parece posible hoy compartir esas razones; y la extraforma, (donde se situarían las transformaciones que van de dentro a fuera) que despliega las genéticas ígneas arquitectónicas, sin que sea posible anticipar su resultado, salvo que ese resultado se tome como tal y pase a ser metamórfico.

Fig.5_Aldea en la India_Christopher Alexander

Fig.5_Aldea en la India_Christopher Alexander

Y a la vez, hemos de invocar un actor exterior, un intérprete, que a partir de Miralles hemos de llamar “accionador del caos”, puesto que la forma se da o acontece precisamente, en la propia aprehensión de las huellas, las trazas, las fuerzas, que nuevamente se balancean entre lo interior y lo exterior, y al mismo tiempo, se manifiesta en una reconfiguraci

ón metamórfica que se copia y se transforma a sí misma, con respecto al sentido de la materia, en cuanto organización que proviene de la biología, y con derivaciones a la morfología que adquiere papeles que no les son propios.

 

 

Ahora que la arquitectura está reconsiderando estos términos, no puede hacerlo figurativamente, sino que debe

Fig.6_Predator-Greg Lynn

Fig.6_Predator-Greg Lynn

incorporar estos procesos profundamente constitutivos de la organización de la vida y de las estructuras en la arquitectura, en una analogía mucho más cercana y concreta, frente a la tendencia a hablar de una ecología superficial -que se sigue resolviendo en términos técnicos y económicos-, y no como constitutiva de la arquitectura con un sentido profundo de las ecologías: forzar las dos vías, lo digital y lo genético, lo tecnológico y lo biológico, nos permite ver como ellas mismas no pueden asimilarse por ahora, pero que una vía de desarrollo futuro para la arquitectura es pensar en cómo incorporar las dos al mismo tiempo.

Fig.7_TEDLectures-Karl Chu

Fig.7_TEDLectures-Karl Chu

Y más allá, revisitar la arquitectura en cuanto relación -ecológica- entre lo humano y lo no humano, plantea la revisión no sólo de su marco de acción y de sus modos de hacer, sino de las definiciones del hombre y las distintas formas de vida, incorporando, de manera simbiótica, todas las relaciones sintomatológicas del presente, que hacen posibles los procesos de transformación del entorno, y sus consecuencias sobre la forma en la que se está en el mundo.

 

Grupo de investigación: Out_Arquías Autora: Simona Pecoraio

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2 comentarios a “De ecologías y morfogénesis: peces en arquitectura”

  1. @GOmezGOrshkova dice:

    El entendimiento íntimo, orgánico, de los procesos naturales continúa estando en el debe del gran discurso de la sostenibilidad. La gran mayoría de las propuestas, por así llamarlas, orgánico-formalistas en raras ocasiones agotan las lecciones del orden natural.

    La referencia a Thompson es muy acertada. On growth and form, está entre los libros más seminales llegados a la arquitectura desde áreas insospechadas. Es sabido que Utzon obligaba su lectura a todo nuevo colaborador. Era una época en el que el autor se afanaba por encontrar un orden geométrico, un sustrato argumental desde el que sostener propuestas tan arriesgadas como la experiencia Sydneyliner. Y, sin embargo, la diferencia de escala entre las costillas de una ballena y las de las shells logró abrumar hasta un genio de su talla. Y digo abrumar a la luz de su obra posterior.

    El problema escalar es, a mi juicio, posiblemente la barrera más sólida entre lo biológico y lo tecnológico. La constante gravitatoria, vector ineludible, que afecta tanto a la bacteria como al auditorio, impone, o permite, órdenes que en apariencia distintos, están mediados por el mismo requerimiento físico: la eficiencia estructural.

    En otro orden, la metáfora ictiológica, y su recurrente empleo es sintomática de lo moderno. Abre todo un espectro de referencias que cuadran, como anillo al dedo, en el ethos contemporáneo. La imagen del hombre posado sobre la rosa de los vientos es,MOBILIS IN MOBILI,agente libre en un medio fluido, anida y arraiga hondo en el imaginario colectivo.

    Me veo obligado aquí a evocar la memoria del hombre-pez, el vizcaíno de la leyenda, que allá por el XVI -hablo de memoria-, fue encontrado en las costas de Huelva. Al lo parecer lo recogieron recubierto de escamas y apéndices aparecidos en su circunavegación peninsular a nado. Si algo hay de verdad, posiblemente se deba a la incrustación cutánea de especies marinas. Quizá sea hora de reivindicarlo como mutante pionero de la simbiosis que propones.

  2. simona dice:

    Muchas gracias por la aportación y por las referencias que son siempre bienvenidas. Un saludo, Simona

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