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PLACEMAKING: ¿Y ESTO DE QUÉ VA? (I)

por Abierto_ Ciudad Viva — Martes, 20 de agosto de 2013

“If you plan cities for cars and traffic, you get cars and traffic.  If you plan for people and places, you get people and places”. Fred Kent.

El pasado mes de abril se celebró en la ciudad norteamericana de Detroit el primer Placemaking Leadership Council con el objetivo de comenzar a fortalecer y consolidar el placemaking como un movimiento internacional. Este evento fue organizado e impulsado por Project for Public Spaces (PPS), una organización con base en Nueva York que ha estado detrás –conjuntamente con Jan Gehl o Transportation Alternatives, entre otros- de las transformaciones urbanas llevadas a cabo durante los últimos años en Times Square, Broadway, Madison y Herald Square, entre otras muchas acciones en otros lugares del mundo.

Asimismo, este impulso liderado por PPS está siendo recogido por UN-Habitat, organización que –conjuntamente con PPS- celebrará este junio la Conferencia The future of places en la ciudad de Estocolmo. Ésta será la primera de una serie de tres conferencias que darán lugar a Habitat III en 2016.

Así pues, estos dos eventos parecen una buena excusa para hablar sobre placemaking. A continuación, en este post, se presentan distintos materiales recopilados casi todos de la web y el blog de PPS; únicamente el último apartado es propio del autor, así como algunas consideraciones y reflexiones personales a lo largo del texto. Estas reflexiones personales son fruto de la asistencia durante el mes de mayo al curso impartido en la sede de PPS y titulado Placemaking: making it happen. Por su redacción en primera persona se refleja claramente que son autoría del que firma este post. En cambio, todo el resto, son materiales autoría de PPS, limitándose mi aportación en este caso a la ordenación y selección de los contenidos que se presentan.

 

1. Placemaking: una aproximación

Resulta interesante observar que si bien la gente percibimos las calles como un todo unido, como un lugar, la administración ha compartimentado las calles desde distintas perspectivas: la regulación del tráfico y el aparcamiento, el mantenimiento del pavimento, el mantenimiento de los servicios (agua, luz, gas, fibra óptica), los servicios de limpieza, la regulación de permisos de ocupación de aceras, las licencias urbanísticas, etc. Y lo más importante: aunque todas estas visiones sesgadas de las calles tienen como objetivo garantizar la calidad de vida y el bien común, no existe ninguna visión holística que se preocupe de mirar las calles en tanto que lugares, en tanto que sitios donde la gente se sienta atraída, quiera estar y repetir la experiencia.

De hecho, es admirable la cantidad de veces que las calles consiguen precisamente el efecto contrario: expulsar a la gente y obligarla a sólo estar de paso, fenómeno que también sucede demasiado a menudo en plazas y parques de nueva urbanización –muchos de los cuáles aparecen en las revistas de diseño urbano como buenas prácticas y referentes internacionales. Así pues, la primera pregunta que se plantea el placemaking (ya en los años setenta, de la mano de uno de sus “padres”, William H. Whyte[1]) es: con lo difícil que resulta diseñar espacios que no atraen a la gente ¿cómo puede ser que lo hayamos conseguido tantas y tantas veces?

Ante este interrogante, puede decirse de manera sintética que el interés del placemaking se centra en hacer del espacio público un lugar vivo. O en otras palabras: el placemaking se centra en la conversión del espacio (concepto meramente físico) en lugares (concepto que contiene la dimensión emocional, de vínculo entre las personas y su entorno).

A diferencia de tantas otras experiencias interesadas en dar un uso temporal a espacios privados en desuso (como las experiencias del Campo de Cebada en Madrid o “Esto no es un Solar” en Zaragoza), el placemaking no pretende dar un uso temporal, sino transformar aquella parte del espacio urbano que ya es de todos: el espacio público. Y no se fija en lugares excepcionales como grandes plazas o parques (que también), sino sobretodo en los pequeños lugares de la vida cuotidiana. Evidentemente, la gente de PPS no son los únicos en trabajar en este sentido, ni desde esta sensibilidad, puesto que tenemos muchos ejemplos similares en otras partes del mundo, comenzando por Europa[2]. Pero sí que creo que son uno de los organismos que ha construido un mayor corpus entorno a lo que podemos etiquetar como placemaking.

El Campo de Cebada en Madrid: ejemplo de aprovechamiento temporal de un solar. Diferentemente, el placemaking se centra sobre todo en el espacio que es de propiedad colectiva: el espacio público.

En definitiva, y de manera muy resumida, el placemaking se puede definir como un proceso de mucho sentido común y poca complejidad que focaliza su atención en tres puntos:

a)    ¿Qué usos quiere la comunidad que contenga el espacio público? ¿Cuál es su visión de futuro sobre los usos que debe haber en un lugar determinado?

b)    ¿Qué diseño nos puede ayudar a alcanzar esa visión?

c)    ¿Qué medidas de gestión a lo largo del tiempo son necesarias para consolidar esa visión?

 

1a. Construcción de una visión compartida sobre los usos deseados

El placemaking pretende involucrar directamente a la gente en la decisión sobre cómo quiere que sea su espacio público, considerando que las personas son las mejores expertas a quien preguntar sobre cómo un lugar debe ser usado. El problema es que hace tiempo que estas cuestiones se dejaron exclusivamente en manos de los profesionales y la excesiva profesionalización de este campo ha comportado que mucha gente se sienta desconectada de los lugares que supuestamente deberían servir a sus necesidades y valores.

Propuesta de esquema de usos a crear en una calle. Este esquema sirve de base para la construcción de la visión compartida a consensuar.

Muchos parques y plazas -incluso de reciente urbanización- están infrautilizados porqué no presentan las actividades que motivan a los propios usuarios y residentes; la gran mayoría de calles son consideradas únicamente como conductos para mover gente, en vez de los lugares por excelencia de la vida pública. Si preguntamos a la gente porqué no van a un determinado lugar seguramente nos darán más de una razón; en cambio, si les preguntamos que harían para mejorarlo, seguramente encogerán los hombros y dirán que “es un tema de los profesionales”[3]. Así pues, la excesiva profesionalización de este campo también ha comportado que ahora cueste que la gente se dé cuenta del valor de sus intuiciones y necesidades.

Sin embargo, el papel de los profesionales que llevan a cabo un proceso de placemaking es el de ayudar a las comunidades a crear por sí mismas lugares atractivos. Con este objetivo en mente, los profesionales hablan con la gente que vive, trabaja, juega (o no), en un lugar determinado. Se les preguntan cuestiones y se les escucha con el objetivo de construir una visión de futuro compartida, que dé respuesta a sus aspiraciones y necesidades. Para ello, se puede recurrir a numerosas metodologías participativas, utilizadas en muchos procesos participativos fuera del paraguas del placemaking. Pero en cualquier caso, en esta fase lo primordial es construir un proceso que articule y ponga en valor las observaciones de los usuarios y residentes de un lugar sobre cómo hacer que un sitio funcione bien, es decir, que se convierta en un lugar atractivo y animado.

1b. El diseño para construir la visión compartida de usos desados

La visión de futuro compartida tiene que evolucionar rápidamente hacia una estrategia y un diseño para implementar el cambio, comenzando por actuaciones que puedan implantarse de forma rápida, fácil y barata (véase más abajo el apartado Lighter, quicker, cheaper). Lo primordial es comenzar a ejecutar la visión, ni que sólo sea con medidas a pequeñas escala o a título de prueba piloto -las cuáles tienen la bondad de poder ser evaluadas y mejoradas en un proceso más iterativo que lineal.

Esto es una característica muy relevante, puesto que conlleva que el placemaking no sea un mero proceso de reflexión, sino un proceso de ejecución y –sobre todo- de gestión.

1c. La gestión del lugar

Ciertamente, la gestión es uno de los aspectos que se considera más importante. De hecho, desde PPS se afirma repetidamente que la mayor parte del éxito para que un lugar resulte atractivo reside en su management. Por este motivo, se puede conseguir que un lugar con un diseño pobre tenga vida gracias a su buena gestión: fuentes de agua que funcionen, pistas de petanca en buen estado, jardinería bien cuidada, programación de actividades, presencia de mercadillos, etc. Todas estas tareas pueden ser llevadas a cabo por la administración pública o, más interesante aún, por la propia comunidad. Dependerá de los costes que pueda asumir la administración y del grado de implicación de la colectividad que se hagan más o menos, o unas u otras.

“]

Ejemplo de jardinería colectiva llevada a cabo por voluntarios en Manhattan, Nueva York. En el cartel se puede leer: “Este parque fue construido por The friends of Laguardia Place. Cualquier interesado en donar tiempo y/o trabajo por favor contactar con nosotros en ….”.[4


 

Uno de los 11 principios para crear lugares atractivos que establece PPS es precisamente “you are never finished[5]. Es decir, dado que el espacio público debe responder a las necesidades de la comunidad, y dado que estas son dinámicas y cambiantes, es mejor estar siempre abierto a una gestión flexible del espacio. Un lugar nunca se puede dar por terminado, de la misma manera que no damos por terminada una ciudad. De hecho, tal y como se subrayó en el Placemaking Leadership Council de Detroit, obsérvese que se trata de un proceso y por eso se habla de place-making, ¡y no de place-made![6]

Muchas ciudades crean lugares pero una vez inaugurados se olvidan de su management. Sin lugar a dudas, el mejor management es el self-management, es decir, no tener que programar actividades sino que la gente por sí misma ya opera un programa de actividades de manera regular: trabajadores comiendo cada día con su taper, niños jugando, encuentro de adolescentes, etc. Cabe decir que en el caso de las ciudades norteamericanas, muchas veces el coste del management es asumido por los Business Improvements Districts (asociaciones de negocios y propietarios de una zona determinada y que pagan una tasa para financiar proyectos dentro de la propia zona). Personalmente, y sin querer entrar a valorar la idoneidad de la naturaleza de estas figuras jurídicas[7], creo que la idea importante a retener es el papel que también pueden jugar los privados en la gestión.

Evidentemente, a lo largo del tiempo, dada la naturaleza dinámica de las comunidades, el atractivo de un lugar podrá sufrir subidas y bajadas. Y esto está lejos del concepto actual de querer controlarlo todo y poner normas y ordenanzas. Pero así es como debe ser la vitalidad del espacio público: basada en gran parte en una gestión flexible y con el mayor grado de auto-gestión posible.

 

En definitiva, para recapitular y sintentizar esta primera aproximación, se puede decir que el placemaking es una práctica que se extiende a través de diversas disciplinas, más allá del planeamiento tradicional o el diseño urbano, detrás de la cual se encuentran las ideas visionarias y los análisis detallados de Jane Jacobs y William H. Whyte sobre la vitalidad del espacio público.

Uno sabe que está en un lugar atractivo cuando está rodeado de diferentes tipos de personas y gentes, pero sabiéndose a la vez como perteneciente al grupo. Así, pues, el placemaking no consiste en hacer sitios agradables para un determinado tipo de gente; es un proceso en el cual cada comunidad puede desarrollar su capital social a través de poner a la gente de acuerdo sobre una visión colectiva. No se trata de comprar, importar o quitar oportunidades de otros sitios, sino de desarrollar las propias capacidades de cada lugar.

Por lo tanto, el placemaking se escapa de la tradicional transformación urbana en base a proyectos destinados a solucionar un problema en particular (Project/discipline driven approach), para definirse como una perspectiva guiada por un enfoque basado en los lugares y la comunidad (place/community driven approach). En la perspectiva tradicional basada en proyectos se definen generalmente objetivos poco holísticos, establecidos por profesionales que miran el espacio público desde su propia disciplina de conocimiento técnico, invitando a participar a la comunidad únicamente después que los objetivos estén fijados (y a menudo, el proyecto entero acabado). El resultado es que los proyectos a menudo dejan de lado muchos aspectos importantes para el lugar por el simple hecho que no pertenecen a la disciplina de los que lideran el proyecto; los proyectos se basan en diseños estáticos y rígidos, generalmente muy costosos económicamente de implementar; y el rol de la comunidad muchas veces se limita a un papel reactivo, de mitigación de impactos negativos. En cambio, en el enfoque basado en los lugares y la comunidad, se comienza por una evaluación colectiva y la definición de unos objetivos a alcanzar (construcción de la visión holística y compartida del lugar). En este enfoque los profesionales tienen un papel de recurso para la comunidad, y la transformación – tal y como se expone en el siguiente apartado- se inicia a través de experimentos a corto plazo que se evalúan iterativamente para construir una visión a largo plazo. De esta manera, se elaboran soluciones más flexibles, menos costosas y que evolucionan a lo largo del tiempo con garantías de éxito, en vez de construirse de una vez y sin saber cuál va a ser su grado de éxito o fracaso. Y, seguramente lo más importante, este perspectiva de trabajo favorece que las personas desarrollen un mayor sentido de pertenencia a un lugar.

 

Lighter, quicker, cheaper: la herramienta de transformación del placemaking

Como ya se ha dicho, el placemaking implica crear una visión deseada de futuro. Pero no se trata únicamente de crear una visión sobre el papel, sino que el placemaking tiene como objetivo capital la ejecución de cambios para ir alcanzando esa visión consensuada.

Para tal efecto es necesaria una herramienta que permita transformar los espacios de manera fácil, rápida, y sin necesidad de una gran cantidad de dinero (lighter, quicker, cheaper), con el objetivo de que una vez consensuada la visión de futuro puedan comenzarse a ejecutarse transformaciones de forma inmediata[8].

Ejemplos de medidas LQC (lighter, quicker, cheaper) pueden ser la transformación de calzadas sólo con mobiliario urbano y pintura, tal y como se muestra en las fotos de Broadway Avenue y Herald Square. Pero las medidas LQC pueden ser de naturaleza mucho más variada, como por ejemplo: la instalación de sitios para sentarse, tenderetes de venta ambulante, puestos de comida y refrigerio en la calle, instalación de piezas de arte (que puede ser producido por los propios vecinos), sacar al aire libre actividades que normalmente se realizan en el interior de edificios (centros cívicos, bibliotecas, comercios, etc.), decoración de ventanas y portales, actividades programadas (cine al aire libre, talleres infantiles, espectáculos de calle, etc.), decoración de un árbol de la calle para navidad, etc.

Broadway avenue, cerca de Union Square, NYC: transformación de una parte de la calzada para peatones y usos estanciales, únicamente a través de pintura y mobiliario urbano. Obsérvese a la izquierda el bordillo aún existente -porque no se ha realizado ninguna obra- que delimitaba el límite de la acera.

Herald Square, NYC: transformación de una calzada sin ninguna obra: de carriles de circulación motorizada a una superficie coloreada de verde, blanco y amarillo, con jardineras, parasoles y sillas móviles. No son sillas para clientes de negocios de restauración, sino para toda la gente.

Por ejemplo, en cuanto a la instalación de sitios para sentarse, en Nueva York han optado repetidamente por las sillas y mesas móviles, que son ubicadas en el sitio deseado por cada usuario (a la sombra, al sol, en un rincón, al lado de otros compañeros, en solitario, etc.). De esta manera, la propia gente puede controlar dónde sentarse, escapando de las únicas maneras en las que ha podido pensar un diseñador a través de mobiliario fijo. Estas sillas son guardadas por las noches (tarea sufragada por los negocios de la zona), y durante el día no se han observado casi robos durante todos estos años. Lo mismo sucede en Granollers, dónde los comerciantes de la calle Mayor sacan sillas para que se siente quien quiera, no habiéndose contabilizado ni un solo robo durante todos los años que ya lleva en funcionamiento la iniciativa.

A menudo la visión de futuro no puede implementarse en su totalidad de manera inmediata. Pero eso no es lo más importante. Resulta mucho más provechoso un proceso construido a través de mejoras a corto plazo que puedan ser testadas y refinadas a lo largo del tiempo. Por lo tanto, las medidas LQC no deben ser entendidas como meras actuaciones baratas, sino como una manera inteligente de actuar y testar: podemos comenzar con experimentos a corto plazo, que nos ayuden a construir una mejor visión a largo plazo, la cual –a su vez- se puede comenzar a implantar con medidas LQC, sin necesidad de esperar a recaudar suficientes recursos económicos para realizar una gran reforma urbana. Por lo tanto, se podría decir que las estrategias LQC son la vía que permite a las comunidades experimentar con los lugares y aprender como la gente quiere usarlos antes de realizar cambios permanentes y costosos.

Personalmente, también me gustaría recalcar que las medidas LQC no deben entenderse necesariamente como efímeras; éstas pueden permanecer durante el periodo de tiempo que se considere necesario. Baste como ejemplo la transformación de Times Square, un espacio emblemático de Nueva York, con unos 27 millones de visitantes anuales, y que ha sido transformado con medidas LQC desde hace 5 años y aún sin una clara fecha de reforma definitiva y permanente.

Times Square, NYC: transformación de la calzada donde en 2009 circulaban coches, únicamente a través de pintura y mobiliario urbano. Obsérvese a la izquierda el bordillo aún existente -porque no se ha realizado ninguna obra- que delimitaba el límite de la acera.

Personalmente, y por regla general, afirmaría que la ejecución de obras para reformar permanentemente las calles no debe acontecer hasta que no sea necesario por motivos del estado de mantenimiento de la infraestructura, pero no por motivos de transformación de uso de la calle (excepto, en salvadas ocasiones, como por ejemplo lugares emblemáticos u otros). Cuando la infraestructura heredada pueda ser aún amortizada, me inclinaría por seguirla utilizando, modificándose únicamente con mediadas LQC y evitando obras. Si lo que se quiere es modificar el uso que la gente hace de un espacio, las medidas LQC tienen un potencial enorme. En cambio, sí lo que se quiere es mejorar el estado de la infraestructura, entonces las medidas LQC no tienen capacidad para ello y es cuando las reformas en base a obras resultan necesarias. Llegado ese momento, si se ha dado el caso, las reformas permanentes deberán realizarse en base a los experimentos LQC implantados previamente. Esta misma reflexión -que no es una receta para tiempos de crisis económica sino un planteamiento general- es la que expuse en otro lugar a través de la dicotomía “cambiar las reglas del juego versus cambiar el tablero de juego”[9].

Además, personalmente aún añadiría dos bondades más de las medidas LQC: por un lado, constituyen una herramienta para implicar a la ciudadanía, puesto que permiten cambios que se convierten ellos mismos en catalizadores de la implicación ciudadana. En otras palabras, lo que no consiguen los anuncios y las convocatorias de talleres de participación para motivar a una parte de la ciudadanía a involucrarse en el proceso, lo pueden conseguir mucho más fácilmente la ejecución de cambios. Ante cambios ejecutados en nuestras calles, resulta mucho más fácil que la gente opine y quiera participar en el proceso. La gran diferencia entre cambios ejecutados con obras y cambios ejecutados con medidas LQC es que mientras en el primer caso ya sería demasiado tarde para involucrarse, en el segundo caso nunca es tarde.

Por último, también cabe señalar como bondad de las medidas LQC su naturaleza 100% reversible. Este aspecto ofrece un gran potencial a la hora de limar las reticencias de aquellos que se oponen a la ejecución de cambios. Poder ejecutar transformaciones en forma de prueba piloto (y no de permanencia absoluta), que serán evaluados posteriormente para su validación, mejora o anulación, ayuda a suavizar sensiblemente los posicionamientos de partida y las reticencias al cambio (¡sobre todo cuando los cambios exigen tocar el statu quo del coche en la ciudad!). Y esto tiene como virtud poder comenzar a avanzar, evitando muchos estancamientos que a veces paralizan las transformaciones ya desde el inicio.

Autor: Màrius Navazo

Geógrafo del Grupo de Estudios y Alternativas 21 (Gea21)

Palabras clave: placemaking, espacio público, participación, diseño urbano, movilidad

Asesor y ponente en La Ciudad Amable: De las calles-pasillo a las calles-habitación Próximo corresponsal en La Ciudad Viva: Propuesta de corresponsalía


[1] William H. Whyte estudió los comportamentos humanos en el espacio público, grabando y observando detalladamente el uso de calles, plazas y parques. Su obra de referencia es The social life of small urban spaces. Existe un interesante vídeo que acompaña este libro que puede visualizarse en: http://vimeo.com/6821934.

[2] Uno de tantos ejemplos, por poner uno, puede ser el trabajo realizado por la organización Sustrans en el Reino Unido. Véase este estudio de caso: http://www.sustrans.org.uk/sites/default/files/file_content_type/cockmuir-place-street-design-project-report-may-2013.pdf


[3] Véase el post del blog de PPS To make a great third place, get out of the way: http://www.pps.org/blog/to-create-a-great-third-place-get-out-of-the-way/


[4] Véase también el programa Green Thumb del Ayuntamiento de Nueva York, que asiste a 600 jardines y a unas 20.000 personas que participan activamente en el cuidado de jardines públicos de sus respectivos barrios: http://www.greenthumbnyc.org/index.php


[5] Véase la web de PPS:  http://www.pps.org/reference/11steps/

[6] Véase el post del blog de PPS Overhead in Detroit: Ten great quotes from the Placemaking Leadership Council: http://www.pps.org/blog/overheard-in-detroit-ten-great-quotes-from-the-placemaking-leadership-council/

[7] Véase una valoración en HOYT, L. y GOPPAL-AGE, G. (2007) The Business Improvement District Model: A Balanced Review of Contemporary Debates, en Geography Compass, volume 1, Issue 4. Disponible en:

http://www.lorlenehoyt.com/yahoo_site_admin/assets/docs/Hoyt__Gopal-Agge_GECO.40112310.pdf

[8] Véase el post del blog de PPS How to be a citizen placemaker: think lighter, quicker, cheaper: http://www.pps.org/blog/tag/citizen-placemaker/


[9] Véase NAVAZO, M. (2009) Cambiar las reglas del juego para transformar la ciudad, en Boletín Ciudades para un Futuro más Sostenible nº40, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid-Universidad Politécnica de Madrid.

Disponible en: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n40/amnav.html#3

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5 comentarios a “PLACEMAKING: ¿Y ESTO DE QUÉ VA? (I)”

  1. Placemaking ¿Y esto de qué va? | Plan Caracas 2020 dice:

    [...] el placemaking (ya en los años setenta, de la mano de uno de sus “padres”, William H. Whyte[1]) es: con lo difícil que resulta diseñar espacios que no atraen a la gente ¿cómo puede ser que [...]

  2. IMUTC » Placemaking ¿Y esto de qué va? dice:

    [...] el placemaking (ya en los años setenta, de la mano de uno de sus “padres”, William H. Whyte[1]) es: con lo difícil que resulta diseñar espacios que no atraen a la gente ¿cómo puede ser que [...]

  3. Shalom pérez dice:

    Me parece muy interesante el tema del placemaking, pero quisiera saber en concreto con la ayuda de que y quienes lo ejecutan…. Donde podré ver mas información de esto, ya que me interesaría hacer un evento con esta temática

  4. Màrius Navazo dice:

    Shalom, en breve se publicará la segunda y última parte del artículo y espero que tus dudas queden aclaradas. Si no es así, volvemos a hablarlo. En cualquier caso, y mientras tanto, puedes mirarte la página de PPS (www.pps.org) dónde encontrarás mucha información.

    Màrius.

  5. Oscar Herrera - MarketingconRedesSociales dice:

    Me parece muy interesante el tema del placemaking espero obtengan el resultado esperado.

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