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Bottom up. Recidiva y reversión.

por Out_arquias — Viernes, 4 de octubre de 2013
Imágenes de revivalismo de Jane Jacobs, todas ellas posteriores a la crisis de 2008, y la portada de la reciente reedición de su libro "Muerte y vida de las grandes ciudades" -americanas, incluía el original- ya en su segunda edición (Captain Swing, eds. 2011)

Imágenes de revivalismo de Jane Jacobs, todas ellas posteriores a la crisis de 2008, y la portada de la reciente reedición de su libro "Muerte y vida de las grandes ciudades" -americanas, incluía el original- ya en su segunda edición (Captain Swing, eds. 2011)

El generalizado reflorecimiento de los movimientos de participación ciudadana y urbanismo “bottom up” hace pensar en una cierta recidiva cultural vinculada a los periodos (a su vez cíclicos) de crisis económica. Sin embargo, la comparación de las circunstancias de una y otra crisis nos llevan a cuestionarnos la verdadera, no ya actualidad, sino idoneidad de estos movimientos en el contexto actual. Para analizarla, será preciso volver un poco atrás en la historia.

Los movimientos participativos en el urbanismo tuvieron su edad dorada en la década de los sesenta, en el contexto del cuestionamiento generalizado del modelo social fordista y su “estado del bienestar” keynesiano. Formaban parte de un gran movimiento contracultural que englobaba la emergencia simultánea de un sinnúmero de heterotopías negadas hasta entonces por la asfixiante homogeneidad del modelo socieconómico fordista.

Basándose en los textos de Lefebvre, los situacionistas, Mumford, pero sobre todo en el grandísimo éxito de Jane Jacobs y su “Muerte y Vida de las Grandes Ciudades Americanas” (1961), las pronto legiones de defensores del urbanismo “bottom up” oponían flexibilidad, libertad y participación, frente a la rigidez “burocrática” y “paternalista” de la planificación institucional, heredera de la Carta de Atenas y los CIAM. Frente a la distopía de orden impuesto por un estado oprimente, la utopía de la libertad individual y la armonía colectiva en la construcción no dirigida del entorno humano.

Sin embargo, como decía Lefebvre, “el orden establecido tiene una gran capacidad de adaptación e integración; asimila aquello que se le opone”1. Son muchos los autores que sostienen que todos aquellos movimientos, toda aquella contracultura de los sesenta, que culminara en hechos como el “verano del amor” americano, o el mayo del 68 francés, y que de un modo u otro finalizó en la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods y la crisis del petróleo del 73, fue revertida en la construcción del nuevo orden económico post-fordista.

De este modo, “los revolucionarios de mayo fueron los emprendedores del espíritu de la burguesía. La culpa no fue suya […]: consiguieron lo contrario de lo que pretendían. La historia muestra su máxima astucia cuando trata con la ingenuidad”2[…] “Todo el esfuerzo […] había sido cuidadosamente revertido para beneficiar al mismo sistema contra el que se había movilizado. Para poner a la burguesía en el camino al Nuevo Mundo, los militantes de mayo tuvieron que soportar el vapuleo de sus ‘destacamentos especiales de hombres armados’”3. A diez años vista Régis Debray, sancionaba con frases como estas los resultados reales de mayo del 68. Paradójicamente -o tal vez no tanto según sus argumentos- la principal función de la revuelta habría sido despertar y forzar a la actualización a una clase dirigente anclada en esquemas de producción dirigidos a formas de consumo en extinción.

Mucho antes, tan pronto como en 1972, Clouscard forjaba la teoría del liberal libertario, según la cual se habría producido una confluencia de intereses entre la izquierda cultural y la derecha económica de modo que la necesidad de innovación y de libertad de una, conformaba la estructura social y de deseo que la otra precisaba para la implantación de un nuevo modelo de consumo extendido. En la social-democracia libertaria, el ejercicio de las libertades individuales constituye el fundamento de la sociedad de consumo4.

Yendo más allá, “si realmente queremos entender la sociedad norteame­ricana de los años sesenta, al menos debemos reconocer la posibilidad de que las fuerzas asimiladoras estuvieran en lo cierto y que, de algún modo, la idea que Madison Avenue tenía de la contracultura era correcta”5. Thomas Frank sostiene que la contracultura podría haber sido más el resultado que el modelo de un marketing publicitario que desde los cincuenta venía apelando al inconformismo como nuevo reclamo de ventas, en un mercado en que los productos ofrecen más un refuerzo identitario en la rebeldía personal contra el sistema, que un simple servicio funcional. Es decir, una cierta rebelión promulgada como pura técnica de marketing, al servicio de la expansión del consumo hacia nuevos ámbitos.

Podría decirse entonces que la lucha contra el poder, la ganó -y tal vez la gestó- un nuevo poder. El derrocamiento del fordismo tuvo como principal consecuencia el triunfo del postfordismo y de su corolario, el neoliberalismo económico. Frente a aquel poder establecido, “la desestabilización -uno de los grandes legados de la contracultura- la acaban logrando mejor el capital de riesgo, los grandes negocios y los mercados fluctuantes de dinero”6.

Esta cita esta originalmente referida a Koolhaas y Tschumi como posibles héroes contraculturales convertidos a los dogmas del nuevo capitalismo cultural. Y es que, si las grandes manifestaciones contraculturales fueron revertidas, asociadas al nuevo modelo económico, las menores como la arquitectura y el urbanismo, no habrían de ser menos.

Aunque en aquél momento las connivencias fueran completamente imperceptibles, la perspectiva histórica ha vertido nuevas luces sobre ciertos hechos. Así, en su original autobiografía, Peter Blake, arquitecto moderno convencido y editor durante años del Architectural Forum dirá: “La contratación de Jane Jacobs por Doug vista en retrospectiva, fue probablemente su movimiento más valiente. Sospecho que si fue posible fue en parte porque Perry Prentice creía que las ideas libertarias de Jane estaban más cerca de su propia devoción derechista a la libre empresa, que aquellas de los ideólogos utopistas de la Ciudad Radiante (como yo y otros de la misma ralea). Pero no estoy del todo seguro de que Perry tuviera las intuiciones o instintos que ocasionalmente se le atribuían”7. Aunque Blake se cuida mucho de mantener a Jacobs al margen de cualquier connivencia consciente, si deja entender que ciertos sectores de la derecha mercantil podían ya entonces sentir cierta identificación con alguna -probablemente interesada- interpretación de sus propuestas. Estamos hablando de tan pronto como en 1952.

Invitación a debate en 2011 sobre Plan /No plan, basado en la obra de 1969 de Price, Banham, Hall y Baker.

Otras intervenciones urbanísticas contra la planificación “burocrática” como “Non-Plan: un experimento sobre la libertad”, (Price, Banham, Hall y Baker, 1969), aunque originalmente provenientes de un entorno izquierdista, han sido consideradas por autores como Ben Franks, como múltiplemente coincidentes con ideologías liberales como la de Hayek. En una línea muy similar a la de Clouscard, Franks rastrea en “New Right/New Left: an alternative experiment in freedom”8, las semejanzas de intereses de una nueva izquierda y una nueva derecha, unidas por su lucha contra el Estado fordista. El resultado, como ya hemos dicho, es la aceleración del advenimiento del postfordismo neoliberal, también en el ámbito del urbanismo.

Siguiendo, por último a Kaminer, “la promoción de la participación directa como sustitución de la representación indirecta es hermana de ciertas ideas expresadas por los economistas libertarios de derechas y los economistas de libre mercado”9. Los activistas en urbanismo participativo, que imaginaban un público deseoso de intervenir en su ciudad se encontraron con frecuencia con una ausencia total de respuesta -tal vez impuesta por una forma de vida productivo-consumista diseñada para evitarla. La demanda de participación, como crítica a la institución “burocrática” que era, redundaba en la pérdida de poder de los expertos al mando de tal institución. Este vacío de poder, apoyado por legislaciones crecientemente desreguladoras, lejos de llegar a manos del público desinteresado en ejercerlo, acaba siendo aprovechado por empresas y lobbies, cuyos intereses, mucho más espurios, sí justifican la inversión de tiempo y dinero en desarrollos urbanísticos que el público nunca pudo o quiso hacer. “La agencia no humana del mercado se apropia del poder detentado previamente por el representante ‘autoritario’, ya fuera un político, un burócrata o un diseñador urbano”10.

Margaret Thatcher supervisando el diseño de Canary Wharf, Londres 1988. London Jewish Chronicle ©2010 Photo Scala, Florence/Heritage Images.

A la luz de estas reflexiones, la emergencia de los movimientos en pro de la participación ciudadana en el diseño de la ciudad, debería considerarse desde una óptica menos acrítica. Su carácter de recidiva y su eclosión, mayoritariamente a posteriori de la crisis, hacen flotar sobre ellos la sombra de la pseudo rebelión y la asimilación. Podrían considerarse, obviamente según los casos, como formas de rebeldía estetizadas y previamente desactivadas, muy en la línea de lo recientemente escrito por Fredy Massad11 en torno a la Trienal de Lisboa.

Aunque los logros del urbanismo participativo en el derecho de todos a la ciudad son innegables, los caminos que llevan de su implantación a la plutocracia ya han sido trazados. Debemos retornar de la plutocracia a una forma de democracia real y para todos. Y los garantes tradicionales de la democracia son sus instituciones. Un urbanismo que se pretenda democrático debe defender, además de la participación, la reforma política, administrativa y legal de las instituciones que deben responsabilizarse de él, en nombre de todos. Verdaderamente de todos.

Reciclaremos para concluir algunas citas. Continuando la de Lefebvre: “el orden establecido tiene una gran capacidad de adaptación e integración; asimila aquello que se le opone. Ha demostrado una sorprendente flexibilidad, una insospechada capacidad, que debería tenerse en cuenta, en lugar de atacar a los que inventan”. Y este es, y no otro, el objetivo de este ensayo, reclamar atención, tener en cuenta esas capacidades reversoras ya que, como decía Debray, “la historia muestra su máxima astucia cuando trata con la ingenuidad”.

 

Jorge Minguet Medina, arquitecto. Máster en Ciudad y Arquitectura Sostenibles.

NOTA: El contenido del presente post se engloba en una investigación mayor (la tesis doctoral “La producción arquitectónica en el tardocapitalismo. Reversión, amnesia y reincidencia”, en desarrollo en el seno del grupo out_arquías) que se centra en la influencia del capitalismo y sus ciclos en la producción cultural y de arquitectura. Su desarrollo se engloba dentro de los supuestos generales de esta investigación.

 

1.- Lefebvre, H. [1981] 2005, The Critique of Everyday Life, Vol. II: From modernity to modernism (Towards a Metaphilosophy of Daily Life), Verso, New York, p. 106. Las traducciones de los textos con original en inglés son mías. Ruego disculpas por su posible falta de precisión o inspiración.

2.- Debray, R. 1979, “A modest contribution to the rites and ceremonies of the Tenth Anniversary”, New Left Review, vol. I / 115, no. mayo – junio, p. 48.

3.- Ibid, p. 50.

4.- Clouscard, M. [1981] 2009, Le capitalisme de la séduction: Critique de la social-démocratie libertaire , Delga, Paris.

5.- Frank, T. [1997] 2011, La conquista de lo cool: el negocio de la cultura y la contracultura y el nacimiento del consumismo moderno, Ediciones Alpha Decay, Barcelona, p. 33.

6.- Dunham-Jones, E, Irrational exhuberance: Rem Koolhaas and the 1990s, en Deamer, P, ed. 2014, Architecture and capitalism: 1845 to the present, 1ª edn, Routledge, New York, p. 163.

7.- Blake, P. 1993, No place like Utopia :modern architecture and the company we kept, Alfred A. Knopf, New York., p. 216. Doug -Douglas Haskell- era el editor en jefe del Forum, mientras que Perry Prentice, era entonces el director. A pesar de la negación final, Blake no deja de decir lo que dice.

8.-Franks, B. 1999, “New right/New left: an alternative experiment in freedom” in Non-Plan: Essays on Freedom, Participation and Change in Modern Architecture and Urbanism, eds. J. Hughes & S. Sadler, Routledge, Oxford, UK, pp. 32-43.

9.- Kaminer, T. 2011, Architecture, crisis and resuscitation: The reproduction of post-fordism in late-twentieth-century architecture, 1ª edn, Routledge, New York, p. 154

10.- Ibid.

11.- Massad, F. 2013, De esta manera no, edn. 24 de septiembre, ABC, Madrid.

http://abcblogs.abc.es/fredy-massad/2013/09/24/de-esta-manera-no/

 

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Un comentario a “Bottom up. Recidiva y reversión.”

  1. arquitectura_entrelineas dice:

    Dejo caer una idea incómoda para muchos: el sistema político que os conviene es más parecido al liberal austríaco que al socialdemócrata alemán. La esquizofrenia de los nuevos mutualismos es su indecisión entre Keyness y Hayek.

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