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Aire de ciudad.

por Marina Moron — Miércoles, 6 de noviembre de 2013

Marcel Duchamp. Air de Paris, 1919 (4ªv. 1964, Centre Pompidou, Paris)

En julio de 1919 Marcel Duchamp, residente por entonces en los Estados Unidos, viaja durante algunos meses a Francia. De este periodo se conocen sus contactos con los círculos  surrealistas y algunas de sus realizaciones conocidas como “ready-made”. Una de éstas tiene su origen en el regalo que prepara para dejar a su amigo y mecenas Walter Arensberg en el momento de la despedida por su regreso a América. La ampolla de vidrio, que más tarde, desde 1949, deberá ser objeto de varias versiones, pasará del catálogo de accesorios de farmacia a la Historia del arte con el nombre, ya hoy tópico en el marketing del turismo cultural, de Aire de Paris. La creación de Duchamp, como ha sido estudiado y analizado en numerosas ocasiones, encierra sugerentes lecturas acerca de lo conceptual en el desarrollo de las ideas artísticas y de la compleja relación artista-obra-espectador. Pero también, y por eso sirve de punto de partida para nuestra reflexión, significa aislar la representación de un tema cuya importancia en la evolución de las formas de modelización de la realidad -perspectiva, profundidad, tridimensionalidad, relación entre los objetos- resulta tan indiscutible como difícil e infrecuente de atender.

Representar la ciudad supone conjugar los diferentes elementos que componen su paisaje, integrado tanto por sólidos visibles de presencia física como por la distancia, la relación y la articulación entre ellos. De la formulación de estas secuencias de lleno-vacío resultará una determinada comunicación del hecho urbano. Según esta lectura global, nos parecen bastante expresivas dos tendencias de la contemporaneidad fotográfica que han llegado a convertirse en auténticos estereotipos visuales.

Michael Wolf. Architecture of density, 2012

Imágenes como las de Michael Wolf aparecen una y otra vez en publicaciones de reportajes y documentos que pretenden dar noticia de las transformaciones experimentadas estos últimos años por las grandes aglomeraciones, sobre todo en oriente. La rotundidad de la escala queda subrayada por la acumulación,  y el encuadre cerrado alimenta la opresión de una trama asfixiante que se siente susceptible de extenderse hasta el infinito. La frontalidad de la perspectiva y la perfección técnica, cualquier atisbo de distorsión óptica está radicalmente prohibido, sustenta el mensaje de neutralidad, de manera que sea fácil identificar lo construido, por cámara y fotógrafo, y lo real, verificable en cualquier momento por la visión directa del viajero.

Bernd Uhde. Urban Surface,2009

Si perpendicularmente la fotografía puede sumergirnos en una ciudad densa, sin aire, también posee los recursos necesarios para hacerlo, paradójicamente, desde el cielo. Las vistas aéreas, que en la historia quedaron asociadas a una auténtica revolución en el punto de vista y en las posibilidades de composición de la imagen, son hoy medio habitual de denuncia y de llamada de atención sobre los cambios radicales que las sociedades humanas están ocasionando a la Tierra y que tienen su reflejo en las modificaciones de su superficie. A nivel de la propia forma urbana, la compresión focal y la abstracción características de estas tomas elaboran escenarios planos, de profundidad desaparecida, dibujados por una aséptica geometría y un descarnado cromatismo. Las cubiertas y los aparcamientos del proyecto Urban Surface del fotógrafo alemán Bernd Uhde, son piezas de una cartografía inanimada y epidérmica.

Camilo José Vergara. John R. Street, Detroit, 2003

O todo lo contrario. Entre los lugares más visitados últimamente por los fotógrafos cualquier persona próxima al medio citaría los espacios en desuso y las edificaciones en ruinas; lo obsoleto como espectáculo, la desolación y el abandono de un tiempo que se asume solo por ajeno. Detroit se ha convertido en auténtico destino de peregrinación en estas rutas de la desocupación. Pero no son sólo las grandes fábricas, antes emblemas construidos de los años de esplendor del desarrollo, o las viviendas abandonadas por una población reducida a más de la mitad, los objetivos codiciados por los cazadores de imágenes. La ciudad en sí misma es a la vez escenario y protagonista. Habituados a gestionar el fenómeno urbano en su dimensión multiplicadora, la contracción y la disolución se presentan como procesos inauditos, cuyos parámetros de reconducción se desconocen. Mientras, nuestro sensor colectivo sigue almacenando, en número creciente, estos vacíos sobrevenidos, esta invasión de aire que miramos con incómoda ansiedad.

Jacobs Roel. Isolated Rowhouses, 2012

Si el Detroit que retrata Vergara estamos seguros de que fue ciudad, no podríamos decir lo mismo de los emplazamientos donde fueron tomadas esas otras vistas de casas aisladas, composiciones directas en su discurso y en su mensaje, que nos ofrecen la nada como antónimo de ciudad. La gran extensión de aire que se desborda por los cuatro lados del fotograma y que ancla la mirada del espectador en un único centro: la vivienda, algo onírico, irreal, de un tiempo detenido o de un país fantástico. Sea producto del estallido de alguna burbuja, o de nuevas formas residenciales para seres desconocidos, lo cierto es que son leídas como testimonio de la desaparición de la ciudad.

Sería desproporcionado concluir que esta doble alternativa de pesadilla, de asfixia o de hiperventilación, define la producción de imágenes urbanas en la actualidad. Siguen vigentes hoy corrientes como la Street Photography, que van reactualizándose y encontrando nuevas formas expresivas. Pero con el aire situado en el foco de nuestra atención, tendría que ser el momento ya de plantearnos la correspondencia entre estas líneas de fuerza de la creación visual y su reflejo como maneras de vivir lo urbano. Porque si una imagen es la representación de una percepción, deberíamos preguntarnos por las causas perceptivas de semejante polaridad de vacíos. Quizás sea, como señaló hace tiempo Lipovetsky, porque nuestra época recoge la contradictoria aspiración de la hiperindividualidad afirmada en la negación de lo colectivo, una era de narcisismo y angustia. Más aún, la fuerza de mensajes como los que acabamos de referir nos llevaría a formular la cuestión de en qué medida estos tópicos visuales, que pertenecen ya al universo de imágenes mentales de comprensión colectiva, están construyendo nuevos modos de percepción de lo urbano, tanto en el sentido de la densidad como en el de la desocupación.

. . .

_marina_morón (Jesús Marina + Elena Morón)

www.marinamoron.com

www.superposiciones.com

 

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10 comentarios a “Aire de ciudad.”

  1. Benito SM dice:

    Si el término de “voiyeur urbano” aún no se ha acuñado (lo que es improbable), se lo dedico con pleno merecimiento a los amigos m_m.
    Enhorabuena!

  2. Susana dice:

    Me ha gustado mucho el post y la relación que establecéis entre la fotografía y la ciudad. También tiene que ver mi inclinación por la fotografía (urbana) como reflejo de la ciudad, su vivencia y su percepción.

    Un libro (que yo encuentro fantástico) que guarda mucha relación con el tema, pero desde otro punto de vista, es “Sombras de la ciudad. Arte y transformación urbana en Nueva York, 1970-1990″ de Iria Candela Iglesias (2007. Editorial Alianza Forma). En él se hace mucho incapié en aquellos artistas que por un lado criticaban el “romanticismo” de la ciudad a través de la fotografía, incluyendo reportajes sobre vagabundos y por otro como documentan a través de ella las transformaciones urbanas y sus consecuencias sociales (sin romantizarlo) haciendo que el espectador mismo tenga que sacar sus propias conclusiones sobre la situación urbana.

    Me parece que en este momento la ciudad está en voga dentro de la representación fotográfica profesional (no me estoy refiriendo a instagram, que es otro tema). Y aunque por una parte también se está romantizando la urbe y sus problemas por medio de la fotografía -no hay más que pensar en las fotografía de Detroit y sus edificios abandonados (y no me estoy refiriendo a Vergara)- por otra se encuentra una tendencia (?) a sacar tomas en las que la ciudad se presenta como algo abstracto, solitario e incluso a veces absurdo. Y son estas últimas las que me parecen realmente interesantes porque modifican el imaginario que existía hasta ahora de la ciudad.
    Entre estas últimas enta vuestra serie como “She’s asleep XIV”, o las fotografías de Lauren Marsolier ( en su serie Transition Part) o las de Steve Vogel.

    Muy interesante! Ya tengo ganas de leer vuestro próximo post. Un saludo!

  3. Ignacio Capitán Carmona dice:

    Qué duda cabe, que todas las cuestiones suscitadas en vuestro artículo tienen una respuesta afirmativa. Claro que el espacio público está en crisis, e incluso se podría afirmar que ha desaparecido ontológicamente. Las fotografías ponen de manifiesto la extraordinaria distancia entre el espacio del hombre y el espacio de lo “otro”. En su radicalidad límite, estas imágenes subrayan la atmosfera de la angustia por, el aislamiento, la soledad y el olvido, “dentro” de la colectividad. La última instantánea, epílogo del acontecer, nos presenta la individualidad de lo colectivo frustrado, arrasado por un presente fugaz, hacia ninguna parte. Todas ellas, son extraordinarias expresiones de patologías urbanas trasladadas a sus moradores, a través de la percepción. Éstos, inconscientes ya de su heredad natural, disfrutan de las lógicas inhumanas del mercado, felizmente ajenos a la patología social de la arquitectura que los enferma. Es por tanto, vuestra reflexión, otro impulso necesario y urgente para continuar avanzando en el tema, siempre pendiente, de la “salud” y la arquitectura. Gracias.

  4. Aire de ciudad - ARQA dice:

    [...] > http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=19564 bit_url("http://arqa.com/actualidad/colaboraciones/aire-de-ciudad.html"); Enlace [...]

  5. Observer dice:

    “(…) estos tópicos visuales, que pertenecen ya al universo de imágenes mentales de comprensión colectiva…” –> ese archipiélago de lo imaginario que mencionáis tiene mucho que ver con el “Circus of Objects” que plantea Grahan Harman, cuya transducción a la arquitectura ha trabajado Adam Sharr con el concepto “Circus Architecturae”: su trabajo es muy interesante porque sustancia un campo trascendental de representaciones imaginarias que, a la postre, sirven de repertorio a los arquitectos para sus creaciones. El plano ontológico en el que conviven la Villa Saboya, el Partenón, las Favelas o mi casa forman un campo autoconsistente que se comporta, en realidad, como un circo. Muy recomendable el trabajo de Adam Sharr!!”
    En cualquier caso, no sé si soy el único que empieza a estar hastiado del paroxismo de lo representacional que está suponiendo internet. En el fondo todos somos flaneurs virtuales, meros observadores, el mundo se ha convertido en Paisaje (pantalla de proyección moral) y el status onto-epistemológico al que nos enfrentamos tiene algo de tenebroso. Google Street View tiene algo de tétrico: nos encarcela en un mundo en el que todo está indexado y cuantificado, ya no quedan paraísos perdidos ni islas desiertas. Claustrofobia.
    Un saludo!!!

  6. Marina Moron dice:

    Ya se sabe, vemos lo que somos. Buscamos el aire, quizás porque se ha convertido en el objeto más codiciado.

  7. Jesús Marina Barba dice:

    La ciudad como objeto de estudio, la cámara como herramienta de análisis: estudio y análisis visuales. Desde su inicio, la fotografía aplicó su capacidad técnica al conocimiento de la arquitectura y el espacio urbano. Hoy la imagen ya es objeto de estudio en sí misma y nos está revelando cuestiones esenciales acerca de nuestro modo de ver el mundo. En el final del proceso de modelización de la realidad que es la elaboración de una toma fotográfica añadimps la reflexión introspectiva sobre los temas y modos que centraron nuestro trabajo.
    Gracias, Susana, por tus palabras y tus referencias. Compartimos este espacio de atracción por el fenómeno urbano y su dimensión de arquitectura representada. La sociedad ha llegado a identificar vida y registros visuales, experiencia y construcción y comunicación de imagen. Si podemos sentir, aún, la ciudad como algo vivo lo será en la medida en que siga siendo objetivo de nuestros objetivos, seduciendo y ofreciéndose para la creación y el diálogo visual.

  8. Katy Gómez dice:

    Profesionalmente ajena al mundo de la arquitectura pero profundamente subyugada por la fotografía, descubro el embrujo que causa la multitud de formas, texturas, líneas, vacíos, un costado, el ritmo de una perspectiva, una trama, un matiz y la ausencia o presencia del elemento humano que aporta el toque de vida a lo inanimado.

    Estado de meditación visual, tanto física como emocional, donde arranca un diálogo elocuente entre el fotógrafo, la ciudad y lo ojos del que observará tu imagen. Fascinante, derramar una mirada sensual y atenta para descubrir que vivimos rodeados de belleza en nuestra cotidianidad, en lo rutinario, en lo lejano geográficamente, en la decadencia de la ciudad desgastada y vieja seducidos por la estética de abandono o por el lujo y la voluptuosidad de la modernidad.

    Y a pesar de todo puede ahogarte el aire de la ciudad…

  9. Elena Morón Serna dice:

    La creación de una imagen implica la lectura de un lugar. Ya no basta con afirmar, repitiendo el discurso lingüístico de los años sesenta, que la fotografía “se lee”. La imagen ha adquirido identidad, autonomía y presencia suficientes en la sociedad contemporánea para alcanzar la condición de objeto de estudio. El resultado le ha restituido una condición activa, que trasciende las caracterizaciones pasadas de registro, documento y producto irrelevante o casual. También los repetidos empeños por revestirla de la apariencia de las otras artes, como si necesitara pedir prestado otros lenguajes para dignificarse.
    Sí, la imagen “lee”. Por eso se puede analizar como representación social, como manifestación de modos de ver y esquemas visuales de un tiempo colectivo. De ahí también sus posibilidades de instrumento de intervención, no solamente en la dimensión de lo denunciable, sino, sobre todo, en el de las propuestas. Ordena y visualiza cualidades del emplazamiento, traslada de la percepción a la representación cuestiones esenciales para su comprensión, detecta y subraya debilidades y fortalezas, contradicciones y singularidades. Imprescindible hoy para el trabajo del arquitecto, quien aún ha de aprender muchas de las vertientes de expresión y comunicación, críticas, innovadoras, que el lenguaje fotográfico le ofrece.

  10. _marina_moron dice:

    [...] Publicado en La Ciudad Viva (2013): http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=19564 [...]

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