La ciudad viva


Está en: Inicio > Blog


Tendederos, frontones y ascensores.

por JMRomero — Jueves, 13 de agosto de 2009

A propósito del post de Ecosistema Urbano de 29/07/09, sobre espacio libre, espacio público

Hace no mucho, en una barriada se rehabilitó un edificio de viviendas. Las protecciones visuales de los tendederos de ropa de las viviendas rehabilitadas se repusieron como en el proyecto original; un proyecto por cierto de buena calidad arquitectónica, para los estándares académicos y mediáticos. Sin embargo, las vecinas seguían colgando la ropa en las ventanas que no disponían de protecciones visuales. Cuando se les preguntó por parte de los técnicos de las obras que por qué tendían a la vista si existían unos tendederos que ocultaban la ropa interior y esas cosas, una vecina (de origen gitano), dijo. “Ay payo, a mí me gusta que se vean mis bragas y mis cosas“.

En esa misma barriada, un grupo de chavales jugaba al frontón contra una buena pared de ladrillo -con la llaga muy grande-, de uno de sus edificios. Jugando contra esa superficie, la pelota de tenis, al lanzarla, rebotaba en cualquier dirección imprevista, de manera incómoda. Entonces a alguien se le ocurrió enlucirla para dejar la pared tersa y alisada. Poco tiempo después, cuando mejor estaban jugando esos niños en su campo de juego callejero rehecho a su gusto, llegaron los del servicio de obras del ayuntamiento, picaron la pared, y recuperaron el estado original, dejando otra vez el muro del frontón con las llagas a la vista.

Sin embargo, ¿no hay aquí dos oportunidades mínimas, pero magníficas, para desarrollar una arquitectura, específica, concreta y atractiva, y por otro lado permitir un espacio público colectivo, usado e incluso alegre?

No me cabe la menor duda de que la creatividad en el espacio no vendrá del lado de la creatividad de la forma, o incluso de la técnica (que sólo es un instrumento), sino de la manera en que sepamos gestionar creativamente los proyectos y los espacios, y especialmente, la creatividad de los habitantes que usan el espacio para hacerlo suyo y transformarlo como lo deseen.

Sin embargo, la tarea que tenemos por delante es importante. En este sentido, es divertida, inocente y significativa la metedura de pata de Koolhaas -el arquitecto más creativo del momento pues entiende y aprovecha al máximo las oportunidades que ofrece cada situación; no sólo las arquitectónicas-, cuando, como comentan Muntadas y Herrero, se le invitó a Arte Cidade en Brasil, y recorriendo la ciudad vio un edifico de unos 40 o 50 pisos, pero sin ascensor, que estaba completamente tomado por okupas. Cuando lo visitó y subió a pie hasta el último piso, pensó que su propuesta para la exposición sería instalar un ascensor en el edificio; e incluso habló con Thyssen y Siemmens. Al enterarse los okupas de las intenciones del arquitecto dijeron airados: “¡Pero de qué ascensor ni de qué nada! Si nosotros queremos ser invisibles, que no entre nadie…”. Koolhaas pensaba que les iba a resolver un grave problema de habitabilidad, y que iban a estar encantados y agradecidos, y lo último que querían era un ascensor. En ningún momento se puso en la piel de los habitantes.

La moralidad “ilustrada” con que tanto los técnicos como los políticos nos acercamos a las arquitecturas, a los lugares, a la ciudad, para decidir lo que los habitantes que habitan esos espacios deben hacer es grande, y nos hace perder de vista las infinitas singularidades que nacen continuamente gracias a la creatividad de la gente usando el espacio.

A lo mejor no consiste tanto en esperar a crear grandes sismos (que también serían deseables), sino en saber aprovechar esas pequeñas oportunidades que se abren frente a nuestras narices, y no eliminarlas, de manera insostenible. Lo que me cuesta ver es si el mundo de la arquitectura es capaz de apostar por esas escalas tan poco elitistas de micro-acupuntura urbana, que son realmente económicas y que permiten que la gente haga suyas las cosas tan fácilmente.

Desde luego que es una postura política, pero también técnica y profesional.

Por José María Romero http://citywiki.ugr.es/wiki/José_María_Romero

comparte:
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Twitter
  • Google Bookmarks
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (7 votos, media: 4,57 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Etiquetas: , ,

7 comentarios a “Tendederos, frontones y ascensores.”

  1. carmen dice:

    Enhorabuena por el post, me parece muy adecuado para los tiempos que corren, pero sobre todo para ir dejando atrás toda la serie de prejuicios que tenemos -como técnicos, como creadores- sobre lo que la gente realmente demanda. Es especialmente valorable tu posición en cuanto a no despreciar absolutamente nada de lo que observamos y requiere una buena dosis de sensibilidad respecto al entorno.

    Por otro lado comentarte que lo que apuntas sobre la creatividad, un tema que me interesa especialmente, se entiende muy bien desde el presupuesto del cambio de paradigma sobre lo creativo al que asistimos desde los años sesenta, pero especialmente agudizado desde los ochenta. El rasgo de la creación radical se amortigua en una sociedad y un medio físico en los que está ya todo construido, está ya todo dicho, y a menudo mal construido y mal dicho.

    Las respuestas que se dan abarcan una gama que va de insertarse en el mercado de consumo como un vector de diferencia (creatividad acotada) que permita una actividad determinada -y ese sería el caso de Koolhaas- hasta respuestas mucho más integradoras, que ponen el énfasis en releer y resignificar lo que hay, pasando por poner atención a lo que encontramos y no establecer una barrera entre lo creado y lo existente.

    Es en estas últimas donde creo que se encuadra tu post, y me alegra que este sector esté creciendo y creando conciencia día a día. De ello creo que depende la adaptación de la arquitectura como disciplina, como técnica y como arte, a las nuevas condiciones del mundo en el que vivimos. Saludos.

  2. Martin Mcfly dice:

    Fantástico post! Quizá ahora estamos viviendo un momento histórico (como otras muchas otras crisis lo fueron) que pueda suponer la oportunidad de repensar la profesión y encontrar nuevos campos de actuación y consolidar así nuevas alianzas multidisciplinares más próximas a la ciudadanía. Aprovechando así estas pequeñas/grandes oportunidades que comentas. ojalá.

  3. Eva Chacon dice:

    Qué alegría encontrarte en La Ciudad Viva, José María. Me gustaría saber de qué barrio hablas, ¿se trata de la Zona Norte de Granada?
    Al hilo de tu análisis, pienso que es seguro que sí, el mundo de la arquitectura es capaz de apostar por la pequeña escala, y la mejor prueba es que hay profesionales como tú que lo hacéis. El mundo es lo que uno hace de él, ¿no es verdad? Ojalá consigamos como colectivo abrir definitivamente esta brecha, que nuestra creatividad se focalice en canalizar las necesidades y aspiraciones de los vecinos de cada barrio, de los habitantes de cada situación urbana, generando con estas juxtaposiciones trozos de ciudad más y más vivos, escenarios a la vez cambiantes y permanentes donde los protagonistas indiscutibles seamos los ciudadanos. Muchas vías hemos abierto ya, muchas otras son posibles.
    Un abrazo

  4. La Ciudad Viva dice:

    A propósito del post de [EU], sobre espacio libre, espacio público | Tendederos, frontones y ascensores: http://tr.im/wkeO #cv#rsocial

  5. Brijuni dice:

    Hola, José María. Puede que ahora con la escasez de trabajo que hay, más de un arquitecto se quiera dedicar a esa micro-acupuntura urbana de la que hablas y que es tan necesaria. El problema es que el tamaño sí importa y lo que no se ve, parece no existir, con lo cual, es mucho mejor hacer grandes obras que abulten mucho, aunque inútiles, por ejemplo, la ballena esa, puente-sala exposiciones, ninguno de los anteriores, de Zaragoza, o una torre en Sevilla más alta que la Giralda y la Torre del Oro juntas, que arreglar los barrios porque así “se atraerá más turismo” y redundará en “un beneficio para todos”. Ja, menos circo y más realismo.
    Es cierto que los arquitectos hemos pecado de grandilocuentes salvadores de la estética de nuestras ciudades y que a veces hemos querido imponer maneras de vivir absurdas, pero yo creo que es mucho más largo el camino que la sociedad, en materia de educación y cultura tiene que recorrer, que lo que los arquitectos tenemos que “desandar”. Creo que hay muchos -aunque porcentualmente represente una gota en el océano- equipos de arquitectos haciendo pequeñas cosas en la ciudad pero los trámites y el esfuerzo muchas veces no compensa, desespera, y desde luego económicamente casi nunca compensa si la administración no lo apoya con firmeza, cosa que pasa pocas veces. Hay muchos ejemplos de todos conocidos desde Urbanacción u otros equipos como EU o Cirugeda ya conocidos y aceptados por los políticos (no siempre, según contó Santiago en Valencia), hasta otros invisibles o directamente molestos para el poder, relacionados principalmente con movimientos okupas. En cualquier caso, no quiero ser corporativista pero por lo que conocemos, creo que la piedra está y por desgracia estará siempre, en el tejado de los políticos, no en el de los arquitectos.

  6. jmromero dice:

    Muchas gracias por los comentarios al post, provocan pensar y debatir. Me gustaría, sin embargo, puntualizar, pues pareciera que hubiese apelado a un intento de escucha del genio del lugar o algo por el estilo, y no hay nada más alejado. No hay propuesta de trascendencia. Tampoco me mueve diferenciar entre lo existente y lo creado exnovo (como materiales de proyecto), como si fuese un problema de lenguaje, o el debate sobre la disciplina (¿qué disciplina?).

    Lo dicho lo situaría en el entorno del trabajo colectivo-colaborativo que propone Rogelio López Cuenca, tan poco elitista, pero siempre crítico, directo, incisivo, culto… (¡y además es malagueño y amigo!).

    De Koolhaas destacaría especialmente la manera de meterse en los temas, de reconducirlos, de recrearlos, de sacar oro de vulgares piedras, fiel a su dicho “Los problemas surgen por razones equivocadas, planteados por personas equivocadas en lugares equivocados”. Aquí es donde los arquitectos podemos aportar más –insisto-, no en la forma, el lenguaje o en la disciplina (que por supuesto deben de estar cuidados, igual que la estructura o las instalaciones de un edificio bien diseñadas y calculadas: lo doy por hecho).

    Insisto, a un a riesgo de ser pesado, esta postura creo que se enmarca en una actitud política (de polis), de ciudadano. Precisamente por ello -por lo importante que es-, no deberíamos dejar la pelota en el tejado de los políticos. La pelota es de todos (y además, asustan las grandes políticas (sobre todo si se proponen sin contar con la gente). Es posible que la sociedad no tenga que recorrer tanto. Y también es cierto que hay muchos con ganas e intentando hacer pequeñas cosas -y también normales-, con imaginación. Ahí es donde es importante situar la política, y donde se pueden conseguir cosas. De hecho, este espacio-blog CV es una de estas “pequeñas” cosas.

    Pd1.: Eva, estos sucesos ocurren en cualquier arquitectura y espacio urbano de cualquier ciudad. Están ahí, te invito observarlos y describirlos, es instructivo (me parece recordar que era Deleuze quien decía que todos llevábamos un fascista dentro).

    Pd2.:Sobre RLC:
    http://citywiki.ugr.es/wiki/Imagen:Jmr-J(e_m)´acuse_-_Rogelio_Lopez_Cuenca.doc

  7. jmromero dice:

    Muchas gracias por los comentarios al post, provocan pensar y debatir. Me gustaría, sin embargo, puntualizar, pues pareciera que hubiese apelado a un intento de escucha del genio del lugar o algo por el estilo, y no hay nada más alejado. No hay propuesta de trascendencia. Tampoco me mueve diferenciar entre lo existente y lo creado exnovo (como materiales de proyecto), como si fuese un problema de lenguaje, o el debate sobre la disciplina (¿qué disciplina?).

    Lo dicho lo situaría en el entorno del trabajo colectivo-colaborativo que propone Rogelio López Cuenca, tan poco elitista, pero siempre crítico, directo, incisivo, culto… (¡y además es malagueño y amigo!).

    De Koolhaas destacaría especialmente la manera de meterse en los temas, de reconducirlos, de recrearlos, de sacar oro de vulgares piedras, fiel a su dicho “Los problemas surgen por razones equivocadas, planteados por personas equivocadas en lugares equivocados”. Aquí es donde los arquitectos podemos aportar más, no en la forma, el lenguaje o en la disciplina (que por supuesto deben de estar cuidados, igual que la estructura o las instalaciones de un edificio bien diseñadas y calculadas: lo doy por hecho).

    Insisto, aún a riesgo de ser pesado, esta postura creo que se enmarca en una actitud política (de polis), de ciudadano. Precisamente por ello -por lo importante que es-, no deberíamos dejar la pelota en el tejado de los políticos. La pelota es de todos (y además, asustan las grandes políticas, sobre todo si se proponen sin contar con la gente). Es posible que la sociedad no tenga que recorrer tanto. Y también es cierto que hay muchos con ganas e intentando hacer pequeñas cosas -y también normales-, con imaginación. Ahí es donde es importante situar la política, y donde se pueden conseguir cosas. De hecho, este espacio-blog CV es una de estas “pequeñas” cosas.

    Pd1.: Eva, estos sucesos ocurren en cualquier arquitectura y espacio urbano de cualquier ciudad. Están ahí, te invito observarlos y describirlos, es instructivo (me parece recordar que era Deleuze quien decía que todos llevábamos un fascista dentro).

    Pd2.:De RLC:
    http://citywiki.ugr.es/wiki/Imagen:Jmr-J(e_m)´acuse_-_Rogelio_Lopez_Cuenca.doc

Deja un comentario


Los articulos publicados son responsabilidad del/os autor/es y no necesariamente refleja el pensamiento de la organización.

Logotipo de la Junta de Andalucía