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LAS ESCALAS CONSCIENTES. SEVILLA (ESPAÑA) & GUADALAJARA (MÉXICO)

por Eduardo Diaz-Recasens — Jueves, 27 de febrero de 2014

Nuestra condición humana, así como la sociedad que hemos creado y en la que vivimos inmersos actualmente, nos hace olvidar más que nunca la perspectiva de las cosas. Si hoy día hablamos de Globalidad, de Comunicaciones, de Interculturalidad, de Democracia o, en definitiva, de la escala Macro; el día a día y la rutina de lo cotidiano y de lo Micro nos hace perder la noción de ésta, muchas veces condicionados por honestas razones, pero otras tantas por una falta de conciencia y comprensión o una directa falta de apertura.

En los últimos tiempos se reclama una vuelta a lo Micro, a lo «real», entendiéndolo en base al bienestar individual y a su buena inserción orgánica y ecológica en lo colectivo, el sistema o la estructura. De ahí también la constante recurrencia a la cultura oriental por parte de la cultura occidental para «renovarse» y atenuar el Neoliberalismo imperante, por ejemplo. Esta premisa tendría sentido en tanto en cuanto se abusa de lo Macro, pero sería eso, una cuestión de abuso y no de validez la que pesa en esta balanza que es la dialéctica entre escalas.

Podríamos decir que entender bien lo Macro supondría interpretar el mundo de manera amplia y concreta, global y localmente, individual y socialmente, general y densamente y, desde mi punto de vista, también, humanísticamente. Todo a un mismo tiempo, y esto es lo más importante.

El «modulor armónico» de Le Corbusier supone un relativo adelanto funcionalista a esa «humanización», algo que en principio parecería imposible para muchos, así como la monumentalización de los Espacios Públicos de las periferias urbanas a raíz de la reinterpretación del urbanismo que llevó a cabo Aldo Rossi, por el que se dio un triunfo de la Forma sobre la Función, paradigma que influyó fuertemente en España en la década de los 70 (Plazas Duras) y que sí guarda un componente «humanizador» más contundente. Paradójicamente podríamos interpretar que el primero lo hace desde lo más Micro (el cuerpo humano) y el otro desde una dimensión más Macro (la comprensión de todo el proceso histórico de formación de una ciudad). Uno desde el Funcionalismo ingenuo y el otro desde la Forma y el Historicismo, proclamando ya una cierta Humanización de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos.

Podría proclamarse que lo Macro sería la máxima expresión de la Humanidad, la forma más holística y perfecta resultado de su historia, la más global de todas las interpretaciones del humano. En la que no es lo mismo Conocimiento que Sabiduría, así como tampoco Describir o Explicar que Comprender. Lo Macro aceptaría la individualidad como la unidad mínima del nivel Micro, pero al mismo tiempo ese nivel Macro que puede generar conflicto, ya que no existen comportamientos propios de este nivel, como señala el economista Max-Neef. Así pues, esta idea de lo Macro, incluiría «una interacción dialéctica entre estados macro y comportamientos individuales» (Max-Neef 1998), en la que éste tuviera un peso adecuado a la articulación de cada sociedad a la que sirve y no impusiera sólo una estructura del tipo que sea. Normalmente en Iberoamérica, y concretamente en el caso de México, de índole oligárquico.

Por tanto, así como sobre la Articulación Socio-Política que se menciona, se podría tratar también sobre lo Melódico de la Interacción de Escalas. Como la Música occidental forma una estructura armónica de 24 escalas; la Geografía y la Ordenación del Territorio también pueden configurarse como unos buenos «modulores armónicos» de determinadas escalas. Al mismo tiempo, podríamos tomar como «modulores armónicos» del componente humanístico al Hermanamiento entre Culturas y Pueblos, así como entre Ciudades de diferentes partes del mundo.

Esta estrategia del Hermanamiento entre Ciudades surgió tras la Segunda Guerra Mundial como parte de esa nueva tendencia posbélica por la que se buscaba estrechar lazos políticos a todos los niveles, justo cuando comenzaban a forjarse los grandes organismos políticos supranacionales de carácter Macro. Uno de los fundadores del Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE), Jean Bareth, definía el Hermanamiento como «el encuentro de dos municipios que deciden hacer pública su unión para actuar dentro de una perspectiva europea, para contrastar sus problemas y para desarrollar entre ellos unos lazos de amistad cada vez más estrechos». Así, ya desde la década de los 40, se comienzan a identificar las características principales que suponen estos Hermanamientos, como pueden ser la Cooperación Internacional, la Amistad y la Comprensión entre los Pueblos, reforzando las Identidades Locales, sobre todo mediante los vínculos culturales.

De estas ideas sobre lo humanístico y sobre la dialéctica entre escalas, entendiendo esta última también como una forma de superación de barreras y como un instrumento de unión de pueblos, surge la reflexión sobre el reencuentro cultural entre urbes del ámbito ibérico y americano, concretamente entre Sevilla (España) y Guadalajara (México), ciudades oficialmente hermanadas desde 1984.

Como Saramago dejaba entrever en La balsa de piedra hay sociedades con caracteres culturales tan fuertes (que se demuestra a través de su folclore, sobre todo) que la hacen grandes propagadoras de ideas, visiones y actitudes; podríamos decir que tales casos son los de Sevilla y Guadalajara. Si a esto unimos las características económico-funcionales que poseen en sus respectivos contextos políticos, podremos encontrar sentido a un estudio comparativo entre ambas enfocado desde la dialéctica Micro/Local versus Macro/Global, entendiendo que no sólo los estudios de caso particulares, sino también los de carácter comparativo, son necesarios para obtener una visión no sólo particular sino también global de determinados hechos.

Las infraestructuras de transportes y comunicaciones son los principales elementos territoriales que ponen en evidencia esta dialéctica entre escalas, así como el papel de la que podríamos denominar como Ciudad-Nodo, que además de referirse a su función como Nodos de Transporte, también haría referencia al papel humanístico que cumplen Sevilla y Guadalajara en sus respectivos contextos político-administrativos, como centros simbólicos donde se expresan los valores y aspectos tradicionales, particulares y locales del lugar o Locus, al cual Aldo Rossi hacía referencia. Sevilla como símbolo de «lo español» y Guadalajara como símbolo de «lo mexicano».

No se pretende reducir este concepto a cómo lo definía Kevin Lynch, pero sí se tiene en cuenta la posibilidades que estas Ciudades-Nodo permiten, al hacer confluir y conciliar en un sólo punto todas las escalas del territorio que las redes de transportes y comunicaciones abarcan. Una ciudad que posea un sólo punto intermodal donde se pueda tomar cualquier tipo de transporte tendría grandes ventajas de competitividad frente a otras, lo que generaría un verdadero Sincretismo de Escalas o una verdadera imbricación multiescalar del territorio en el que se inserta. Por tanto, se busca poner en evidencia con los casos de Sevilla y Guadalajara.

Podría destacarse la relación directa existente entre el correcto funcionamiento y la buena intermodalidad de los transportes y la planificación territorial, más concretamente del buen diseño de los trazados en sus puntos de confluencia, por lo que en el caso mexicano el Corredor Guadalajara-Chapala, así como su relación con el Corredor Ferroviario de la ciudad, se perfilan como buenos ejemplos para demostrarlo.

Se trataría de reclamar que una buena planificación de los trazados de las infraestructuras de transporte a escala Micro puede llegar a ser fundamental para el desarrollo territorial y la maximización de la rentabilidad del servicio que prestan. La mejor o peor integración de las líneas de ferrocarril y de carreteras con el entramado urbano de la Ciudad-Nodo y entre ellos mismos para con el aeropuerto y el puerto más próximo, determinará fuertemente la globalidad de su funcionamiento.

Se priorizaría pues, el diseño físico pormenorizado dentro del Nodo para insertar lo Macro en un contexto territorial Micro/Local y viceversa. Aquí residiría el secreto para la verdadera integración o sincretismo de escalas territoriales y geográficas de un territorio y, por consiguiente, el secreto del éxito para que una red de infraestructuras de transportes cumpla altamente con su cometido.

Eduardo Díaz-Recasens

2DR Arquitectos

 

 

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