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Falsafén, política y libertad. La paradoja de la investigación del arquitecto.

por Juan D. Lopez-Arquillo — Jueves, 20 de marzo de 2014

La investigación en Arquitectura –y por ello sobre la ciudad, la edificación, la ingeniería, el urbanismo legal, etc…- generada por las múltiples proyecciones de la capacidad intelectual y científica de los arquitectos, es capaz de arrojar sobre una realidad social, paisajística y urbana-bien injusta, bien manifiestamente mejorable- nuevos aportes que redirijan los caminos de transformación de una realidad urbana y paisajística hacia otra mejor y más justa, en el actual estado de constante cambio de nuestras ciudades y entornos. Sin embargo, las actuales posibilidades de investigación de jóvenes arquitectos sobre la ciudad y sus diversos marcos aportan conocimiento en las diversas variantes de la investigación que implica la disciplina, superando las categorías de investigaciones de profesiones medias que ahora reclaman, en el marco del EEES, como protocolos propios.

1. Complejidad de la relación entre Arquitectura y ciudad, y trascendencia de su investigación.

La Arquitectura ha sido tratada históricamente -dentro de la clasificatoria del conocimiento que implicó la codificación enciclopédica de Diderot y D´Alambert a finales del XVIII- en las muy diversas esferas tecnológicas o científicas de la historia, la construcción y la ingeniería, así como en las interpretativas esferas del arte, la filosofía y el derecho. En ella, ciencia y arte vienen de la mano, y es esta esquizofrénica disyuntiva, provocada por los divergentes campos del conocimiento que en ella actúan y es necesario formarse, la que hace necesaria una importantísima carga lectiva para su completo estudio y ejercicio profesional.

Al estar inmersos en una realidad social, tecnológica y políticamente compleja, a cada instante con mayor espesor, cada actuación sobre la misma se densifica al estar obligados a operar  simultáneamente en un número creciente de esferas interpretativas. El proyecto de Arquitectura en el XIII era metafísico, ajustando cualquier obra a una representatividad metalingüística previa que la hacía ascender a los cielos. En el XV, el proyecto tomó su significado actual de adaptación de una realidad material a otra cultural, presentándolas simultáneamente en la obra concreta. Del XVI al XIX el proyecto trabajó en  su posibilidad plástica y maleable, habiendo descubierto las posibilidades de innovar copiando y modificando vidas anteriores de la arquitectura y aprovechando finalmente el cambio del ancient regime. Pero en los primeros lustros del XX la arquitectura está llamada a resolver problemas sociales reales que se presentan en ese siglo por la explosión demográfica sin precedentes en la historia de la humanidad y la destrucción provocada por las dos grandes Guerras Mundiales, que hacen “tabula rasa” de numerosas ciudades. Los arquitectos tienen que aportar nuevas soluciones para la construcción de una nueva ciudad, y la celeridad necesaria para la recuperación fuerza la desaparición de cierta atmósfera holística del proyecto de arquitectura culto, para dar entrada a otras profesiones menores –como la figura del aparejador, ya regulada desde 1854 en España como profesión auxiliar- o incluso profesionales de la ingeniería civil que asaltan campos externos a su formación ante la incapacidad de las escuelas de formar los arquitectos que se necesitaban.

La historia de la Arquitectura y la intemporalidad del presente histórico nos han narrado cómo el trabajo de los arquitectos durante los 4000 años de profesión -casi tal y como hoy la conocemos- ha sido el diálogo entre la voluntad de tender a idealizaciones formales y las dificultades y limitaciones técnicas y materiales para hacerlo. En ese trabajo, sólo la infusión de un sentido cierto de verdad en la búsqueda personal de la transducción de lo ideal a lo real es el que justifica las dificultades, los sinsabores y los desconsuelos que a veces esta profesión implica. Y todo ello, antes de comenzar siquiera a incorporar un perfil investigador al profesional.

 

 

 

 

 

 

 

 

Giorgio de Chirico_Plaza de Italia_1913

El esfuerzo de conformar la materia técnica según una necesidad de expresión impulsora social es el gran reto del trabajo del arquitecto, profesional, que trabaja no sobre un material –no es un ingeniero- sino sobre la elaboración de la realidad. Por supuesto, se limita la definición de arquitecto, profesional, desaforadamente delimitadora de los profesionales que trabajan sobre la verdadera identidad de la arquitectura, evitando la calificación de este epíteto –en ambos extremos- sobre aquellos que, habiendo cursado la misma formación, tienen su ámbito laboral fijado en otros campos lejos de la práctica liberal.

La arquitectura de las ciudades es un complejo ente que es, a la par, resultado expresivo de una sociedad –de sus relaciones sociales, económicas, sociales, políticas…- y es fuente de cambio al impulsar, sus profesionales, cambios significativos en la forma concreta relación y autogénesis de los proyectos de arquitectura: la forma y el fondo de relacionarse con la ciudad, o de vencer a los elementos, o de resolver un problema técnico, o de impulsar una nueva tecnología que nace de una nueva exigencia edilicia. Es un arma de doble filo, por ello, puesto que un mal proyecto no evidencia sólo los fallos que lo permitieron posible, sino también aumenta la masa histórica a superar que los compañeros no doblegados han de superar día a día contra la corriente de la masa social no crítica. Y, dada su entelequia macroeconómica, un volumen importante de afectación económica de cualquier sociedad urbana desarrollada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.Investigación y ejercicio profesional en Arquitectura.

La investigación en áreas científicas históricamente consolidadas como tales es enormemente compleja y costosa, pues su instrumentalización y coste son de tal envergadura que no pueden ser acometidos por investigadores aislados, sumando esfuerzos en común en numerosas disciplinas para la consecución de avances con aplicación real y práctica al común de los ciudadanos.

Sin embargo, la investigación en el urbanismo aplicado, la urbanística, es radicalmente diferente. Aunque, comúnmente a todo campo científico, es la sumatoria de esfuerzos disciplinarios y/o de equipo los que producen resultados significativos, en las muy diferentes disciplinas que componen la arquitectura, la figura del investigador personal sí es relevante, puesto que posee la misma una facilidad sincrética que pocos otros poseen: Una innovación, resultado de una concreta investigación, a una escala menor, suele ser significativamente aportable a una escala mucho mayor, de lo que toma su relevancia y significancia social y técnica. Además, uno de los parámetros de investigación más significativos de toda investigación es el factor económico, al igual que en esta disciplina en concreto, pues una vez se ha corroborado la validez de alguna innovación, se necesitan unos materiales y sistemas que la industria, en un momento inicial, no puede proveer, siendo necesarios modelos de implementación que exporten a la gran escala lo verificado en la pequeña. Las innovaciones arquitectónicas, marco definitorio de la evolución de la imagen de nuestras ciudades, han ido progresivamente demandando un procesamiento industrial que no existe en ese momento, pero siempre requiere de una prueba de tiempo –especialmente ligada a la durabilidad de materiales, la verificación de funcionamientos urbanísticos y los periodos de reversión en los supuestos de cálculos de las estructuras- que ha de pasar, necesariamente, para su aportación generalizada a sistemas de gran escala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“The Ark” Londres, 1990, de Ralph Erskine.

Y es que cualquier innovación no verá la luz a un sistema general de producción hasta pasados unos cuantos años de exposición a elementos, por lo que la ventaja inicial del bajo coste de la investigación profesional personal se ve contrarrestado por el necesario tiempo de prueba, pero, sobre todo, por la insoportable responsabilidad profesional de aquellos arquitectos profesionales –y volvemos a referirnos a los límites del término- que innovan en sus obras, que, a gran escala, no dejan de ser productos de representación áulica en os que cualquier problema acogerá grados de publicidad y significancia que jamás acontecerían en la pequeña escala, lo que evita en gran parte la necesaria exportabilidad de innovaciones surgidas de la investigación arquitectónica a la gran escala, verdadero campo de uso de la Arquitectura como disciplina.

Esta incorrespondencia entre la necesidad de expresión áulica –cuando se genera una gran obra siempre es por causa metasocial, bien política bien empresarial- y la responsabilidad de lo innovado en esa gran obra –exclusiva responsabilidad del arquitecto- es la consecuencia de  la minusvaloración del papel del mismo a la hora de repartir la responsabilidad civil y penal del proyecto de arquitectura, que si bien ha sido forzado a asumir la participación de profesiones medias de la edificación – o incluso externas a la misma- es extremadamente rígido a la hora de reconocer al arquitecto como único responsable del proceso, cuando, en la realidad metajurídica, en pocas ocasiones es así.

Es el único campo de investigación, la Arquitectura, en el que la investigación está limitada por la implicación profesional de su autor más allá de alcanzar objetivos. Si una fórmula química falla, se vuelve a reformular y se contrasta. Pero si falla un nuevo cerramiento –no sólo material, sino también sistema constructivo- cuya única validez se puede comprobar en la realidad material de una obra construida, los grados de responsabilidad harán de dicha investigación algo inseparable de la trayectoria profesional del arquitecto. Ninguna otra profesión media tiene responsabilidad en campos de innovación arquitectónica, refiriéndonos, siempre, a campos con relevancia material. La actual coyuntura de falta de obra viva de edificación a todo nivel ha limitado, con mucho, la investigación de la arquitectura a campos de la misma que no necesitan ese refrendo de obra material; por lo que esta implicación profesional del arquitecto investigador –y no pretendemos que una mera innovación constituya nunca una investigación- se ve ahora limitada a temas menos comprometidos en los que su rigor científico no necesita de la comprobación material a gran escala, siendo actualmente su papel infinitamente más sencillo.

 

3.Intrusismo e investigación parcial. Falseamientos metauniversitarios.

La investigación hasta la llegada del EEES, la investigación en arquitectura –así como en ingeniería- estaba limitada a las Escuelas Técnicas Superiores, pues en ella se impartían licenciaturas en las que, implícitamente, se habían de dominar las materias profesionales al completo. Tras ello, se podía comenzar una carrera investigadora cuyo objetivo último era no el conocimiento de la disciplina, sino la ampliación de la misma, en sus sentidos más amplios. En los periodos de investigación, se liberaba a la arquitectura de la semántica, y se le ofrecía un contenido que ampliaba los límites de la disciplina hasta entonces.

Y los diferentes ámbitos de la disciplina eran abordados por los diferentes departamentos, siempre desde la lógica de hacer avanzar la disciplina, digamos, en vertical, esto es, según la generación de conocimiento sobre los límites últimos alcanzados por investigaciones anteriores. Y la profundidad o grosor de dicho conocimiento era el requerido por las limitaciones del ejercicio de la investigación y su necesaria exportabilidad a campos de trascendencia arquitectónica directa, como la edificación, la urbanística o la legislación.

Sintomática del EEES es la primacía, en las ramas de Arquitectura e Ingeniería, del saber práctico sobre el saber teórico; pues es evidente el enfoque meramente mercantilista de esta reorganización de la enseñanza universitaria. Es por ello que se ha implementado ahora un sistema de valoración y reconducción del fallo juvenil en el acceso a carreras antes denominadas “superiores” al permitir que todas las antes carreras universitarias tengan ahora la posibilidad de ampliar sus conocimientos mediante los posgrados e, incluso, el doctorado. La limitación disciplinaria en la formación de profesiones medias y auxiliares provoca que, una vez acaban los alumnos los nuevos “grados” formativos, la carencia en el dominio disciplinario dirige la investigación en esos posgrados e incluso en el doctorado, a la ampliación de las capacidades técnicas profesionales ligadas a esos grados formativos, y no hacia la ampliación de la propia disciplina. La denominación, e incluso, la adscripción de trabajos de doctorado a métodos rígidamente científicos, evidencia aún más las carencias de la organización de la carrera investigadora en el EEES, pues la realización de tesis doctorales sobre capacidades técnicas profesionales no construyen una ampliación en vertical de sus disciplinas, sino que no dejan de ser un mero engrosamiento –en horizontal- de esas capacidades profesionales no dominadas en los grados formativos menores. Las diferencias entre las líneas de alta investigación doctoral y los posgrados encajados por el EEES en la formación universitaria superior ha sido afortunadamente evidenciado en la reorganización de la formación universitaria en España, debido precisamente a este forzoso ajuste al marco del EEES; puesto que se ha comprendido bien que los arquitectos e ingenieros técnicos, anteriores diplomaturas, ni son ni tienen las mismas atribuciones, luego de unos años más de formación, que los arquitectos e ingenieros superiores.

Esta esforzada superación de la transducción ideal entre realidad formativa e investigación, descubre la novedosa investigación en disciplinas menores como fruto de una circunstancial interpretación positivista y mercantil de la Universidad, basada en la anulación de las características propias de cada parte nos descubre la necesidad de abandonar la búsqueda de la trascendencia metasocial de la disciplina, para dejarla en mera categorización profesional, algo que, es evidente, puede llegar a sucederle a toda una disciplina del conocimiento al intentar ser proactiva más allá de sí misma.

 

4.Enfoques extra profesionales. Docencia e investigación exclusiva.

Nos centramos ahora en una situación generalizada para los nuevos procesos de formación del personal investigador, que reconoce la mayor deficiencia en la formación técnica de arquitectos e ingenieros: La carrera docente se comienza a separar, radicalmente, de la profesional. La situación hasta el momento actual es que profesionales de trayectoria reconocida accedían, luego de unos años de profesión e investigación profesional, a la docencia, con base profesional suficiente para poder formar a futuros técnicos. Luego de comenzar esas carreras docentes, estructuraban sus logros de investigación profesional y realizaban el doctorado. Por tanto, no existía una mercantilización de la Universidad sino lo contrario, eran los profesionales formados fuera los que ofrecían su formación.

Ahora, el marco de ajuste común del EEES no ha hecho sino segregar radicalmente la formación de profesionales y la formación de personal investigador, pues incluso se limitan los años de trabajo profesional para acceder a determinados programas. Lo que está provocando es, sencillamente, una progresiva desaparición del profesional que accede a la universidad con luengos años de ejercicio profesional, dejando la formación de técnicos en manos de quien eligió la carrera docente incluso ya durante los estudios –o como alternativa a un mercado laboral incierto- y, por tanto, no se ha podido desarrollar como profesional técnico y, de facto, ofrecerá una peor formación práctica a sus alumnos.

Pretendiendo segregar universidad y mercado laboral, el EEES ha provocado el efecto contrario, una total mercantilización de la misma por la necesidad de verdaderos programas profesionales extrauniversitarios –y mucho más onerosos- al ir progresivamente reconociendo la universidad como un campo profesional delimitado sólo para aquellos que no pueden desarrollar una carrera profesional fuera, al igual que ocurre con la política. Y hacia ello vamos, mediante la incorporación de investigadores a las carreras docentes de profesionales. Tres perfiles tan diferentes como el del investigador, el del docente y el del profesional sumados inconscientemente para la depreciación de la formación universitaria, a favor de posgrados de organizaciones privadas que sí elaboran planes docentes sobre la base de profesionales de renombre, como antaño realizaban muchas universidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MBA en gestión de empresas internacionales en el EES.Lejos, muy lejos, de la formación transversal de los másteres universitarios, de mucho menor coste.

Hoy, un posgrado de una universidad pública tiene un coste de 3 a 5 veces inferior a una universidad privada, y entre 5 y 15 veces por debajo de los másteres de empresa de mayor renombre. La formación de alto grado, la que influye en la toma real de decisiones políticas de trascendencia, ha quedado fuera de la estructura universitaria por esta causa. Y, aunque las universidades norteamericanas han sido las que realmente han creado estos programas formativos de élites nacionales, generando con ello una muy mayor relevancia social, las universidades españolas están operando en un sentido opuesto. Por ello, su relevancia social, profesional y de investigación decae progresiva y continuadamente frente a Institutos privados.

Por tanto, la segregación entre los jóvenes investigadores -que han de enfrentarse continuamente a la inestabilidad laboral de contratos de corta duración y programas dependientes en exceso de políticas de investigación- y la realidad profesional de alto nivel, es ya un hecho. Los perfiles de profesorado y personal investigador se construyen sobre itinerarios absolutamente encontrados con la empresa, lo que impide el adecuado trasvase de un campo a otro. La universidad española sirve ya, en muchos casos, como un mero trámite para acceder a másteres de gestión empresarial privada, impartidos por perfiles de profesorado no investigador. Y sería necesario un replanteamiento de la necesidad impuesta para el profesorado de ser, a la vez, un buen investigador. Ser un reconocido profesional, un buen investigador y un gran docente implica en algunas disciplinas capacidades personales tan encontradas que, encontrarlas todas ellas sintetizadas en una sola persona es, en el caso de la Arquitectura, prácticamente imposible. Aunque, claro está, la pasión en y por la disciplina lo posibilita.

 

5.Estructura oficial y adscripción oficiosa.

Existe, además, un problema añadido, y es el resultante de la inclusión de los programas de investigación en un marco académico politizado y profundamente endogámico–y, en algunos departamentos, también marco familiar-. Los jóvenes investigadores en las diversas ramas del conocimiento universitario se han de enfrentar, continuamente, con la oposición a ciertos resultados de investigación que contradigan o se opongan claramente a la ideología dominante, establecida por cierto ejercicio abyecto del poder político y metasociológico actual. Así como se evitan temas de investigación o tesis con resonancias políticas, raciales o clasistas, la necesidad de publicación y el riesgo cierto de concluir la investigación con aseveraciones –demostradas- que contradigan la verdad oficial y oficiosa establecida en los más diversos temas, provocan una sobredimensión de los temas de investigación en numerosas escuelas y facultades. Es una situación similar a las investigaciones de nuevos grados surgidos de antiguas diplomaturas que, a falta del dominio de la disciplina, se centran en capacidades profesionales como tema de investigación o tesis. La falta de criterio propio e independencia del investigador o doctorando, respecto de su programa, su director y su departamento, es, quizás, la más terrible causa de mediocridad de muchos trabajos de investigación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soluciones de algunos partidos políticos para la reforma universitaria. Artículo en diario “Público”

 

Por tanto, en las más diversas disciplinas -en especial las de repercusión o representación social- hay numerosas ocasiones en las que el investigador se encuentra en una difícil posición de forzado equilibrio entre lo que conveniadamente se ha establecido como realidad demostrada, aceptada socialmente, y lo que resulta de una investigación, tanto en sus conclusiones como en el camino que puede abrir dicha investigación. Ello no representaría mayor problema, si no fuera por la adscripción de muchos doctorandos e investigadores a programas de investigación subvencionados cuyos responsables son capaces, en extremo, de suspender dichos programas ante la amenaza evidente de que la carga crítica que sobre una verdad conveniada impone la investigación haga peligrar, incluso, el cargo estamentario que decide sobre dichos programas de investigación.

Contra todo eso, es necesario para los jóvenes investigadores comprendan la relevancia social de sus resultados y la necesidad de no ocultarlos parcialmente por agradar a directores de investigación o, lo que es peor, a cargos académicos semipolíticos, comenzando un camino de separación entre los responsables políticos y los programas de investigación, por cuanto se fuerza la verdad oficial en dicho condicionamiento.

 

6. El joven investigador como solitario héroe herácleo.

Resulta trágica, y cómica a la par, la adscripción de los perfiles curriculares sobre determinados clichés preestablecidos de cómo se han de realizar los trabajos de investigación, o la docencia, especialmente cuando el discurso político predominante es la independencia y la libertad personal. Esas universidades que promulgan esos valores personales, resultan luego constreñidoras hasta el extremo de la libertad individual, forzando a cualquier investigación realizada por personal formado y cualificado a encuadrarse a programas preestablecidos, como forma tanto de controlar las vías de investigación, como de excluir después a los que no se hubieren encuadrado en su rígido marco departamental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resultados totales de programas de investigación en 2012. Fuente: diario “público”.

 

¿Es menos relevante una investigación realizada en libertad, fuera de la estructura “oficial”? La ratio entre investigaciones oficiales e investigaciones libres de doctorandos marcha in crescendo por la disminución de trabajo y el aumento desaforado de nuevos profesionales, a la par que los accesos a departamentos y becas se realizan, cuando menos, en vías opacas o de muy sutil transparencia. Las investigaciones son cada vez  –tanto en número como en calidad- más libres que oficiales, pero los trabajos redactados como corpus investigado son tan relevantes como la más oficial de las líneas de investigación. El autoabastecimiento universitario en las categorías más altas de la investigación –no digamos en las medias, ahora autodenominadas superiores- está provocando la generación de todo un universo metauniversitario de egresados que, lejos de aumentar el prestigio de las universidades, ven en ellas un trámite profesional cuya única vía de valoración es el alejamiento. Así lo ha entendido el mercado laboral y la alta dirección. Y, ante esta realidad, los jóvenes investigadores de la arquitectura y, por extensión de la misma, la ciudad, apasionados de sus disciplinas, seguiremos investigando, cada uno en su libertad, debiendo acometer las actividades más variadas, pero, eso sí, sin deber nuestros logros a nadie, más que a nosotros mismos.

 

Referencias

1.    Baudrillard, J.; El sistema de objetos. Ed. Siglo XXI, 2012. Capt 3, 89-94

2.    Jarauta, F.; Pensar el presente. Ed. Círculo de Bellas Artes, 1989. Presente, 11-15

3.    Bürger, P.; Crítica de la Estética Idealista. Ed. La Balsa de la Medusa, 1983. Actividad del Genio, 4, 141-156

4.   Pérez García, S.; Diagrama, Arquitectura y Política. Ed. Mairea, 2011. Contextualización (III) 49-56

5.    Simmel, G.; El Individuo y la Libertad. Ed. Península, 2001. P&P (IV) 45-54

6.    Ludevid y Anglada, J.; Alegaciones del CSCAE al consejo de Estado, sobre el Anteproyecto de Ley de Colegios y Servicios Profesionales. Madrid, 2014. R-1, B 8-9

7.    Blanchar, C.; Los Colegios profesionales, en alerta ante la desregulación de los grados europeos. El País, Enero 2013.

8.    De Prada Poole, J.M.; La Investigación en el Proyecto. Recomendaciones para Doctorado y Tesis. Ed Mairea, 2004. 2.1 Figura del Investigador; 5.2 Metodología. 22-25, 37-52

 

 

 

 

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