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¿Cómo explicar esto? (Primera parte). Sobre la posibilidad de etiquetar la emoción.

por Brijuni — Viernes, 21 de marzo de 2014
Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28). Fuente: urbipedia. (Hallazgo debido a Jaume Prat)

Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28). Fuente: urbipedia. (Hallazgo debido a Jaume Prat)

Nada más comenzar la década de los cincuenta, J. M. Richards publicaba un extenso artículo en las páginas de la revista The Architectural Review, en el que se preguntaba cuál sería el próximo paso (“The Next Step?” era su título en inglés) y para contestar a ello se permitía hacer un resumen en el que se incluían imágenes que ilustraban las “tendencias estéticas en arquitectura moderna de los últimos veinte años”.

Richards enumeraba hasta un total de once categorías que podríamos traducir como: Pioneros, Estilo Internacional, Funcionalismo rutinario, Formalista, Neoclasicista, Mecanicista, Estética de la Máquina, Diagramática, Post-cubista, Orgánica Regional y Orgánica Empírica.

Muchas de estas categorías son aún reconocibles actualmente si bien otras no han trascendido o su vigencia está asociada a una etiqueta diferente. Si es imposible continuar con la idea de pioneros de la arquitectura moderna por razones obvias, sí lo es en cambio reconocer un cierto regionalismo orgánico vinculado probablemente a cuestiones vernáculas o medioambientales, o un racionalismo empírico, siguiendo la clasificación de Giulio Carlo Argan o, por qué no, una estética de la máquina que, aún trasnochada o menos vigorosa que en los años de la carrera especial, hoy reconocemos en algunos diseños paramétricos y orgánicos que de forma sibilina podemos a su vez emparejar con el rancio streamlining americano, un estilo igualmente impostado pero atractivo para la época.

Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28).

Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28).

Algo más de una década después del artículo de Richards para AR aparece “1930-1960: Treinta años de arquitectura”, de Jürgen Joedicke, importante no sólo por la brillantez de su autor sino también por ser casi coetáneo de la época que analiza, que justo acaba de finalizar, lo cual, a efectos de la historia, significa que no lo ha hecho aún sino que está, de alguna manera, discutiéndose todavía su significado y trascendencia.

Joedicke hace un análisis por autores y países agrupados en torno a características generales de las nuevas tendencias y evoluciones regionales de la arquitectura moderna (hasta 1939), para luego ofrecer una evolución (desde 1945) a partir de la influencia de los maestros de la primera generación hasta la tercera generación (utilizando la misma terminología que popularizaría Philip Drew poco después), y sólo al final se atreve a agrupar “las tendencias arquitectónicas de hoy” según las formas específicas para materiales y necesidades específicas, la significación de la forma, la experimentación constructiva, la arquitectura orgánica y, finalmente, la actitud modificada con respecto al pasado.

Se reconocen en el análisis de Joedicke, con respecto a la clasificación de Richards diez años antes, hilos conductores respecto de la forma, por un lado, la arquitectura orgánica, por otro, y en relación al pasado; e incluso en la primera década de nuestro siglo parece imposible olvidarse de una arquitectura despreocupada de casi todo excepto de la forma, frente a una arquitectura conectada, con distintos argumentos, con la naturaleza o lo orgánico, u otra finalmente apoyada en un discurso de aceptación, negación o superación del pasado, ya sea este el movimiento o la arquitectura moderna, devenida nuestra nueva antigüedad.

Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28). Planos.

Garaje y vivienda de chófer. Utrecht. Gerrit Rietveld (1927-28). Planos.

En todo caso, todos estos análisis no representan sino aproximaciones a una realidad compleja que tratamos de entender a partir de la aceptación de códigos y etiquetas que la simplifican y la hacen abarcable, al menos para los arquitectos. A pesar de ello, las imágenes de algunas de estas arquitecturas domesticadas bajo la apariencia más o menos neutral y accesible de palabras nos sorprenden y acentúan la dificultad insalvable que supone explicar, no ya a otro arquitecto sino a cualquiera, por qué una obra aparentemente insignificante para otro, resulta emocionante, no sólo intelectual sino también visualmente, para nosotros. Cómo explicar que una sencilla construcción prefabricada no es un galpón ni la simple vivienda de un chófer de un médico, sino un emocionante ejercicio de composición donde de hecho hay un desprecio evidente por la misma, en pos de la construcción y la prefabricación, y que ello es de un descaro y una modernidad tan insultante que desarticula y empequeñece discursos manieristas sobre este asunto y otros ampliamente enraizados en lo que entendemos como arquitectura.

¿Alguien se atreve?

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Texto: bRijUNi architects. Estudio de crisis arquitectónica y especulación literaria. Beatriz Villanueva y Paco Casas son arquitectos (ETSAM). Beatriz es Master en Proyectos Arquitectónicos Avanzados y Paco es Master en Análisis, Teoría e Historia de la Arquitectura. Son profesores de Crítica, Teoría, Cultura e Historia del Diseño y la Arquitectura en IED, MADinUSAL, UCJC, UEM y ETSAZ USJ; y comisarios de Menáge a Trois, F. A. Q., Al Borde de la Crítica y Portfolio Speed Dating.

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5 comentarios a “¿Cómo explicar esto? (Primera parte). Sobre la posibilidad de etiquetar la emoción.”

  1. Miguel dice:

    Mi atrevimiento
    http://bit.ly/arqtxtTagg

    Abrazos,

    M.

  2. Stepienybarno dice:

    Felicidades, pareja, por el post!
    Os dejamos con esta cita del libro LA IMAGEN CORPÓREA de Juhani Pallasmaa, que creemos que viene a cuento:
    “(…) La comparación de las dos Pietá de Miguel Ángel arroja luz sobre cierta dualidad. La Pietá que ejecutó a los 23 años es un ejemplo de virtuosismo en la representación escultórica a cargo de un joven genio. En cambio, la Pietá Ronsanini del Castello Sforzesco, la última pieza que trabajó Miguel Ángel, en 1564, parece tosca e inacabada. Sin embargo, después de una observación más profunda, el mármol de la primera pieza parece transformarse en carne con excesiva facilidad, mientras que la segunda es trágica y dramáticamente un pedazo de piedra y, al mismo tiempo, una tosca pero tiernamente elaborada imagen bíblica. La primera pieza nos suscita ADMIRACIÓN Y ASOMBRO, mientras que la profunda atmósfera trágica de la Pietá Rondanini hace que SE NOS SALTEN LAS LÁGRIMAS.”

  3. Paco Casas dice:

    Miguel, muchas gracias por tu comentario y tu post, te contesto en tu WEB, ya que has hecho el esfuerzo.
    Lorenzo&co. pregunta para nota, ¿quién de los tres #arquiamaestros el otro día hablaba de las sensaciones que uno experimentaba al entrar en algunos edificios (no puedo decir cuáles que si no es muy fácil) de Italia y cómo era esa sensación?
    Miguel también puede contestar si estuvo atento.
    Pues bien, este texto no habla de eso sino de un disfrute quizá más superficial e inmediato, que es el que da la sola visión de las fotografías que acompañan el texto. Yo creo que es más difícil entender esta emoción que la otra, ya que visitar el interior de un edificio compromete muchos más sentidos, y por tanto los estímulos son más intensos, no os parece?

  4. Fernando dice:

    Buena información detallada de esta casa del primer tercio del siglo veinte. Me llama la atención el empleo utilizado de un material constructivo de forma masiva opaco alternándolo con otro más etéreo, traslúcido, continuo, accediendo desde un solo elemento común de dos partes yuxtapuestas y pivotantes solidarizadas vertical y horizontalmente con gran acierto.

  5. Jerry dice:

    Recientemente, y también a consecuencia de la crisis, han surgido corrientes de pensamiento y administración basadas en lo que se conoce como Finanzas Éticas.

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