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México DF entre el levante y el poniente. Experiencias de un Taller de Arquitectura

por Abierto_ Ciudad Viva — Martes, 30 de diciembre de 2008

 

Se ha celebrado en México DF el Taller Internacional de Verano 2008 (TIV-2008), entre el 28 de julio y el 8 de agosto de 2008. Ha sido organizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Han participado en este taller profesores y alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, de las licenciaturas de Arquitectura, Arquitectura de Paisaje y Urbanismo, junto con profesores y alumnos de las tres escuelas de arquitectura de Andalucía, ETSA Granada, ETSA Málaga y ETSA Sevilla, así como de la ENSAPB de París Belleville.

El funcionamiento del taller ha sido tipo workshop, término curioso que se está imponiendo en Europa para definir un taller de proyectos donde profesores y alumnos analizan áreas y entornos urbanos con cierto grado de complejidad, para fraguar sobre ellas propuestas de solución o provocación, trufado todo con conferencias que permitan entender las lugares de estudio o acercarse a problemas semejantes desde diferentes perspectivas. La gestación y organización del mismo ha correspondido a Alejandro Suárez Pareyón, y la coordinación y su buen funcionamiento ha sido gracias a la labor de Isabel Briuolo Mariansky.

El TIV se ha estructurado en 6 grupos de unos 8 a 10 alumnos y dos docentes mexicanos por grupo. La misión de los profesores andaluces fue la de pivotar entre los distintos grupos activando y reactivando. Los alumnos andaluces se repartieron en los 4 primeros grupos entre los alumnos locales para compartir su trabajo.Las áreas de trabajo han sido básicamente dos.

 Por un lado la zona donde se asienta el antiguo Barrio Universitario, en el levante de la Plaza Mayor o Zócalo, como se la conoce popularmente, donde también se encuentra la Academia de Bellas Artes de San Carlos, origen de la primera Escuela de Arquitectura de México, allá por finales del siglo XVIII. La zona se encuentra muy definida por un pasado colonial potente que la dota de grandes edificios históricos, herencia de la universidad y, dedicados hoy día a la difusión cultural y extensión universitaria. También se ha convertido en una de las extensiones comerciales más populares de la ciudad, en donde hasta finales de 2007 los comerciantes ambulantes, tianguis, ocupaban la totalidad de la calle. El taller pretendía dar solución a cuestiones de espacio público y habitacionales. En esta zona trabajaron los cuatro primeros grupos en subzonas preasignadas por la organización.

Por otro lado estaba la llamada zona de contraste, ubicada en el suroeste del Zócalo, entre las calles de Fray Servando Teresa Mier y José María Izazaga, donde se encontraban tres paradas de metro de la línea 1, entre ellas la de Isabel la Católica. Se trataba de un área de tráfico denso, donde se quisieron concentrar los esfuerzos en estudiar los problemas de movilidad existentes, de densificación y de espacio público, aunque también aparecieron más cuestiones por resolver en el camino. En esta zona trabajaron los grupos cinco, íntegramente mexicano, y seis donde trabajó el equipo parisino.

El trabajo se desarrollaría a lo largo de dos semanas en dos sedes distintas, una por semana, que también nos permitían acercarnos al México de la dualidad.

La primera semana se desplegó, con sus conferencias y tomas de contacto con las áreas de trabajo, entre los fustes acanalados de las columnas jónicas del Anexo de Arquitectura de la Academia de San Carlos. Edificio neoclásico de porte elegante, articulado en su interior por bellos patios donde cruzarse con las réplicas de las mejores esculturas clásicas. El edificio y su entorno nos hablaban de la grandeza de la ciudad colonial, de la flexibilidad de su trama y de la generosidad de sus dimensiones, aún en el siglo XXI.

La segunda semana, dedicada a profundizar en las propuestas para terminar con conclusiones legibles y trasmisibles, se desarrolló en la Ciudad Universitaria (CU) de la UNAM, concretamente en el taller Benlliure de la Facultad de Arquitectura. En un espacio amplio con vistas a la famosa biblioteca de O’Gorman, y con una generosa luz cenital para alumbrar los ansiados resultados. La UNAM como proyecto colectivo de finales de los años 40 del siglo XX, representa el ímpetu del nuevo México para proyectarse hacia el futuro desde la formación y la innovación.

El centro histórico es un lugar vivo, complejo y contradictorio, es un hervidero de voluntades pautadas por una trama donde todo es posible. CU significa el lugar de los sueños, una verdadera Arcadia de orden y esperanza donde seguir apoyándose para hacer verdaderamente sostenible el futuro de este gran país. Y en ello tuvimos la inmensa fortuna de poder trabajar entre esos dos extremos de esta gran dualidad que es México.

El centro del DF sorprende por su vida, siempre se hablaba de sus problemas de toda índole pero su vitalidad es incuestionable. Es un espacio donde siempre se llega al Zócalo. El Zócalo, en palabras de Fabricio Mejía Madrid: es el espacio de la vulnerabilidad, donde todo comenzó y donde se vale todo. El Zócalo no es más que una caja vacía que jamás lo está.

El centro de México DF participa también de la dualidad latente, se encuentra claramente diferenciado entre el poniente y el levante del Zócalo que todo lo une.

El poniente es la zona turística por antonomasia, la cercana al Bellas Artes y la Alameda, la de los hoteles, restaurantes y tiendas turísticas. En definitiva la más vendible y segura, que no siempre quiere decir la más habitable.

El levante sin embargo, era el lugar de la universidad y la cultura y se transformó en el del comercio más popular, donde los pasajes comerciales penetraron en los predios y donde el espacio público se ocupó de una banqueta a otra. El debate en el taller siempre hablaba de revitalizar, de buscar estrategias para que se viviese allí, se habitase, no solo funcionase como ahora, como un enorme centro comercial abierto de productos accesibles para el mexicano de a pie. Curiosamente en los paseos que dimos para establecer los primeros contactos con la zona, la terca realidad nos hablaba de una ciudad viva. Pero solo durante el día.

El trabajo fue intenso y la primera semana discurrió entre conferencias, paseos de tomas de datos, a veces interminables, y la necesidad de responder, de provocar reflexiones que pudiesen cristalizar en propuestas que nos moviesen por dentro y pudiesen alcanzar el objetivo previsto por la organización de volver a hablar del centro histórico de México con las herramientas del arquitecto.

Durante la segunda semana contábamos con una ventaja y esa fue la distancia física, casi de laboratorio, que nos proporcionaba el trabajo en CU. Con el trabajo de campo hecho, entre los espacios verdes y los emocionantes edificios aún modernos del campus como utopía cristalizada, los diferentes grupos se propusieron proyectar para concretar en propuestas particularizadas para cada área de trabajo, mientras todas las tardes llovía de manera tozuda.

El viernes 8 de agosto recogimos velas, era el día de hacer públicas las propuestas, un día, como siempre, cargado de emoción y cansancio, alegre y lleno de satisfacción. Un día en el que una nueva realidad aparece para intentar demostrar que todo es posible.

El enfoque de los trabajos del Barrio Universitario de los cuatro primeros grupos se dividió en dos estrategias bien diferenciadas.

Por un lado los que encontraron la manera de generar una potente bipolaridad entre el Zócalo y varias intervenciones muy concentradas que se convirtiesen en atractivas excusas para habitarlo. El Zócalo como gran atractor respecto al resto del DF, como gran intercambiador, necesitado de nuevos nodos que lo complementen. Ahí se encontrarían los 3 primeros grupos.

El grupo uno retoma la traza histórica de 1842 de la calle San Ildefonso, donde se descubre la presencia de una gran manzana de edificios ligados con los Jesuitas, con potentes patios de articulación, ocupada en la actualidad hasta su mitad por el mercado Abelardo Rodríguez. La pretensión original busca ligar el sistema de espacios públicos y edificios históricos entre sí para también resolver los problemas de estacionamiento y de una calidad de vida muy deteriorada. La propuesta proyecta así, a través del dato histórico, una megamanzana donde todo cabe como mezcla de actividades donde conviva un complejo cultural con viviendas de nuevo cuño. Es un elemento que claramente pretende atraer a los ciudadanos.

El grupo dos se cuestionó la construcción del vacío como memoria, explotando las posibilidades del entorno de los restos arqueológicos del Templo Mayor, proponiendo su recorrido equipado de usos complementarios, donde la visita al recinto a distintos niveles permitiese comprobar como funciona la arqueología de este gran legado. Todo se efectuaba por encima de la cota de rasante y la propuesta no agotaba esfuerzos en hacernos percibir su cubrición valiente, como protección y llamada física de atención sobre el otro gran tesoro que se encuentra al este lado del Zócalo. Es un lugar para ser atravesado y visitado entre los trayectos del centro.

El grupo tres encontró un eje que traspasaba los límites propuestos, más allá del artificial y denso Anillo de Circunvalación o Eje 1, para unir la calle de la Soledad con el entorno de la iglesia del mismo nombre. El tráfico dividía otra vez el centro perdiendo así las capacidades de relación que ofrecía la propia historia. La propuesta lanzaba la posibilidad de crear un nuevo intercambiador modal como una nueva puerta del levante para toda la ciudad, como dispositivo que reparte y liga flujos. Un elemento puente, marco y mirador, capaz de unir no solo el comercio textil de la calle de la Soledad, como decía el viejo rockero, sino capaz incluso de abrir nuevas conexiones visuales con el resto de la urbe, e incluso con la Torre Latinoamericana.

Y por otro lado, el cuarto grupo se diferenciaba en su enfoque de los otros tres. Su propuesta atomizó las intervenciones a lo largo de la calle Jesús María en lo que ellos llamaron “cirugía de barrio” para articular un ambicioso esquema de conexión social que penetrase en la realidad como un virus sin retorno posible. También se definió como un cable alterno que activase otros usos y otros horarios, donde la mezcla de viviendas con biblioteca, hostelería, centro social y cultural y la renovación de la Plaza de Loreto permitiese regenerar una nueva conciencia de barrio desde una actitud activa.

El trabajo en la denominada área de Proyecto de Contraste fue realmente el más contrastado por la variedad de soluciones en el mismo entorno de los grupos cinco y seis. No hubo reparto de subzonas y eso provocó distintas soluciones de los mismos problemas. A modo de un concurso. El punto de vista oscilaba entre la movilidad y la densificación de la zona. Las propuestas pivotaron entre la del equipo francés, con un hermoso video diagnóstico sobre el fluir de la vida en esas calles unido a la polémica eliminación de la parada de metro de Isabel la Católica y el uso de todas las tipologías posibles de viviendas en recinto interior y la razonable propuesta del grupo mexicano para peatonalizar la calle Nezahuatcóyotl con una fuerte carga vegetal, unido a la apertura de nuevas bocas de metro hacia las paradas ya existentes. No obstante ambas propuestas coincidieron en la importancia de reconfigurar el polo intermodal de Pino Suárez, o bien eliminando el mercado para reubicar los comercios mediante una red de pasajes bajo el nivel de la calle articulados mediante patios o, como pretendía el equipo local, sin eliminar el mercado, establecer un nuevo sistema de capas que permitiese cruzarse a distinto nivel los  usos propuestos que incluían viviendas, oficinas, áreas verdes y transportes.

De manera significativa, la variedad y riqueza de las propuestas nos ayudaron a reconocer y repensar la ciudad, a calibrar su complejidad y a demostrar, en ese día alegre y responsable de la entrega del TIV-2008, que la capacidad del proyecto, como descubridor de nuevos caminos y realidades, abre nuevas posibilidades para una nueva mirada de la vieja ciudad que ojala llene de entusiasmo a sus ciudadanos y a los que los gobiernan para ir logrando que día a día se transforme y evolucione desde dentro, esa mezcla de concreto y personas que es México DF.

 

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2 comentarios a “México DF entre el levante y el poniente. Experiencias de un Taller de Arquitectura”

  1. NEOFEET dice:

    requiero saber de plazas en el poniente,norte y sur del d.f.

  2. hotel posada viena df dice:

    La arquitectura ayuda en lo mental

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