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Un paseo por los no lugares de Marc Augé

por María Toro [@estudioatope] — Martes, 22 de abril de 2014

¿Y qué es un no lugar? Tras más de 20 años desde la publicación de las reflexiones de Marc Augé en “Los no lugares, espacios del anonimato” (1992), estos siguen estando caracterizados por la soledad de los movimientos acelerados de los ciudadanos que usan ciertos espacios como hilo de paso a alguna parte. Son lugares de situaciones inestables y tránsito ininterrumpido, allí donde los encuentros son casuales, infinitos, furtivos e inesperados. Son la suma de itinerarios individuales donde los pasos se pierden, el encanto de todos los lugares de la casualidad y del encuentro, en donde se puede experimentar la posibilidad sostenida de la aventura. Son las autopistas, los aeropuertos, las áreas de descanso, los andenes, las salas de espera, el supermercado en el que nos autoabastecemos y en el que poder pagar en las cajas rápidas sin mediar palabra con nadie.

Por el contrario, los lugares serían esos espacios de la ciudad cargados de identidad e historia. Inscritos en las ciudades antiguas, nos regalan lugares de la memoria, lugares animados producidos por una historia más antigua y más lenta, donde los itinerarios individuales se cruzan y se mezclan, donde se intercambian palabras y se olvida por un instante la soledad. Y así, nos encontramos con la familiaridad que nos ofrecen las plazas de los conjuntos históricos, la charla en la puerta de la iglesia o los saludos matutinos junto al bar de toda la vida. En definitiva, los centros de las ciudades, son espacios[1] activos y animados, donde se mezclan y superponen las actividades administrativas, festivas y comerciales. Siendo la mayoría de estas actividades desarrolladas en el espacio público, las que hacen que cada ciudad reivindique su historia y cree su identidad.

Cuanto más vértigo nos produce la expansión de las ciudades, cuanto más dispersos son los nuevos barrios, más necesitamos incorporar a la memoria colectiva piezas de la ciudad con carácter relacional: nos sentimos cobijados en la ciudad ya construida[2].

#verdEA, Acción urbana #rEAvivaJaén. Fotografía: Inma Martínez

El espacio, para Michel de Certeau es un lugar practicado, un cruce de elementos en movimiento: los caminantes son los que transforman en espacio la calle geométricamente definida como lugar por el urbanismo. De esta manera, espacios públicos –calles- que podrían considerarse no lugares por estar marcados por el tránsito y el paso de ciudadanos, se transforman en pruebas de autenticidad e identidad, parte del imaginario colectivo, al ser testimonio vivo y comunitario de recuerdos, memorias e historia. Apoyado esto aún más por el empleo del nombre de las calles, mediante el cual se le impuso al espacio urbano una dimensión histórica mínima (lo cual lleva a pensar en la transgresión de la memoria colectiva al modificar un nombre tan emblemático como el del metro de Sol en favor de motivos económicos y campañas publicitarias).

 

Hace pocos días que compartí un viaje con desconocidos a través de una plataforma online que conecta pasajeros con un mismo destino. A lo largo de la conversación, uno de ellos comentaba que por su trabajo debía viajar en su vehículo, solo, de un extremo a otro de la península, y que gracias a las redes sociales y a las nuevas tecnologías tenía la oportunidad de no sufrir la soledad de cada trayecto y, además, viajar a través de otros. ¿Cómo era esta nueva idea de transformar el no lugar de las autovías en un espacio relacional? De alguna manera, al recoger gente, conocerla y compartir horas de camino, se puede viajar a sus lugares de origen a través de sus vivencias y recuerdos. Cada pasajero que pasa por el asiento del copiloto cuenta la historia de su lugar de procedencia o de residencia, proyectando su imagen del lugar y componiendo una escena mental del sitio, turistas de lo íntimo según Augé. Es ésta una manera de enriquecer los límites de los no lugares, abriendo situaciones intermedias de habitabilidad y de relación, reelaborando distancias y generando una nueva escala de situaciones intermedias. Un territorio que podría ser el de la posibilidad del lugar en proceso de reinvención constante[3].

Hacer un ejercicio de memoria sobre los lugares en los que vivimos es una forma de proyectar nuestras vivencias y contribuir así a la memoria colectiva; hoy más que nunca posible a través de las nuevas tecnologías, las cuales permiten que cada historia individual sea un componente más de la existencia social (sin olvidar, claro, que han generado también nuevos no lugares de la individualidad y potenciado algunos de los ya existentes).

Imagen vía Félix Maocho

Gracias a las redes sociales, ya no sólo somos observadores externos del espectáculo que nos ofrece la ciudad, sino que podemos convertirnos en actores de la gran trama urbana: elaborando historias, ofreciendo nuestra opinión sobre nuestro barrio o participando activamente en la construcción de nuestras ciudades.

Compartiendo el espacio público, en manifestaciones, encuentros o ritos sociales, es donde nos parece que nuestra historia forma parte de la que fue y la que está siendo, anudando entre todos los usuarios puntos de referencia característicos e identitarios de cada ciudad, cuyas ausencias no se colman fácilmente. Y así nuestra memoria, desde que nacemos, se va vinculando con ciertos lugares, para que cada uno de los ciudadanos tomemos conciencia de la colectividad de la que formamos parte.

El lugar no queda nunca completamente borrado y el no lugar no se cumple nunca totalmente, son espacios donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación. En los no lugares los lugares se recomponen, las relaciones se reconstituyen, la invención de lo cotidiano puede desplegar sus estrategias.

 

María Toro Martínez [Estudio Atope]

 


[1]/ El espacio sería al lugar lo que se vuelve la palabra cuando es hablada, Merleau Ponty.

[2]/ ESTÉVEZ FERNÁNDEZ, X. (2010) Curso “Sostenibilidad en Ciudades de Patrimonio Mundial”, Universidad Internacional de Andalucía.

[3]/ DELGADO, M.: De lo incalculable de las ciudades. Resumen del I Congreso Nacional Arquitaxi, pág. 59. Arquitaxi, Granada, 2007

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10 comentarios a “Un paseo por los no lugares de Marc Augé”

  1. Angelica dice:

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  2. carmen dice:

    ¿De verdad piensas que las redes sociales nos permiten ser actores, ser elementos activos en la ciudad? A mi modo de ver no dejan de ser un cúmulo de datos que desapareceran de las pantallas y se almacerarán dios sabe donde. Por lo demás, gracias por recordarnos que vivimos entre no-lugares y que ello nos obliga a buscar espacios de diálogo, aunque sea dentro de un coche en una autopista cualquiera.

  3. María Toro [@estudioatope] dice:

    :) Gracias por comentar. Sí, de verdad pienso que las redes sociales facilitan el poder expresar nuestras opiniones y posturas sobre actuaciones en nuestros barrios y nuestras ciudades. Apuesto porque sean una herramienta donde, bien gestionadas y empleadas, permitan aumentar los cauces de la participación ciudadana dentro de los procesos y proyectos urbanos.

  4. Juan D. Lopez-Arquillo dice:

    Muy interesante, María. Te tenfo que dar la razón, repensando o valorizando las lecturas de Augé o Lynch, las nuevas tecnologías no sólo han replanteado la participación, sino, sobre todo, la propia categorización de lugar y no lugar, provocando con mucha más fuerza la subjetividad como individualidad fundamental. Un lugar abandonado y sin cualidades específicas puede ser tan fundamental en la historia personal de un ciudadano cualquiera que habría que hacer como una averiguación estadística de la intensidad de esas significancias para el grueso de la ciudadanía…. y para eso sí que son totalmente operativas, a este respecto, las nuevas tecnologías…

  5. La desaparición del espacio público | A la atención de quien proceda dice:

    [...] En otras, es abandonado por las instituciones y por los propios usuarios, convirtiéndose en no-lugares, como sucede con los barrios marginales, los cascos históricos fantasma -deshabitados- y las [...]

  6. Lunes sociológicos: Marc Augé | Eixam dice:

    [...] sea la ciudad, sean las redes sociales o sea el tiempo. A este autor le debemos conceptos como no-lugar o la sobremodernidad. Entre su obra destaca “Los no lugares. Espacios del anonimato. [...]

  7. Susana Morán: “Lavapiés está perdiendo su identidad” | Embajadores de Madrid dice:

    [...] Otro proceso que ha ocurrido es que aquí había muchos comercios al por mayor, “chinos” la mayoría, y es verdad que esos establecimientos entraron sustituyendo a comercios locales que se cerraban. Ahora a ellos, más o menos, les han llevado a polígonos como Cobo Calleja, y los lugares que ocupaban se están colonizando con productoras de cine, peluquerías y tiendas de ropa de superdiseño. Lavapiés está perdiendo su identidad y corre el riesgo de convertirse  en un “no lugar”. [...]

  8. Un paseo por los No Lugares | SalvoLomas dice:

    [...] Cuanto más vértigo nos produce la expansión de las ciudades, cuanto más dispersos son los nuevos barrios, más necesitamos incorporar a la memoria colectiva piezas de la ciudad con carácter relacional: nos sentimos cobijados en la ciudad ya construida[2]. [...]

  9. >> Otro paseo por Los No Lugares de Marc Augé – estudioatope dice:

    [...] no lugares, un libro escrito por Marc Augé en 1991. La invitación que recibimos fue a partir de este artículo que escribimos para La Ciudad Viva, un paseo de María por los no lugares, por la bibliografía del [...]

  10. Natalia dice:

    Hola. es paradójico que esté precisamente dando una opinión a través de un blog. pero necesitaba decirte que no puedo estar mas en desacuerdo contigo en el punto que mencionas de que las redes sociales son un medio para participación ciudadana. y esto porque, los comentarios u opiniones no son más que eso, es decir, solo son palabras digitales que se quedan en este mundo digital. Estas palabras no son ideologías potentes y posturas que sí lograrían cambios. Cualquiera puede opinar y comentar. te recomiendo leer En el enjambre, de Byung-Chul Han, te abrirá muchas posibilidades del pensar.

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