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JUGAR: hacer nuestra la ciudad

por INFANS FANS — Domingo, 4 de mayo de 2014

el juego es la manera que tiene el niño de relacionarse con una realidad que le desborda

Jean Piaget

La ciudad encierra a los niños[1] en parque reservados, lugares infantiles prohibidos para los adultos, en terrenos de aventuras cercados. El niño busca apropiarse de la ciudad, pero cada vez encuentra menos margen para ello[2]. Ni siquiera puede apropiarse de estos espacios que supuestamente le pertenecen porque carecen de topografía, de elementos naturales con los que jugar, de lugares para esconderse…

Corral de diseño. Este área de juegos para niños se encuentra situada en la ciudad condal de Barcelona, capital líder del disseny, donde todos los espacios de juego se han homogeneizado con una bella cancela de cierre, tan ‘clean’ como el cerdito del fotomontaje. Los nítidos límites del área de juegos quedan perfectamente alineados con los camiones de la zona de carga y descarga y el estacionamiento para motos. La seguridad es total, no hay escape. Perdón, sí lo hay: el de los tubos de escape de las motos, candentes, alcanzando altas temperaturas. A la derecha de la imagen se adivina la cubierta del mercado de Santa Caterina de Enric Miralles, cuyo quehacer profundamente lúdico permanece al margen, como olvidado icono de la ciudad. [Imagen y pie de foto: Clara Eslava]

El escondite es, sin duda, uno de los juegos más  claros de apropiación del espacio donde se trabaja directamente sobre el territorio, eligiendo lugares del mismo que contienen señales que los identifican como soporte[3]. Es el propio espacio y todo lo que en él se encuentra, lo que es transformado en espacio lúdico. El juego aporta una nueva dimensión al conocimiento de los lugares familiares[4]. En este caso incluso define un límite -límite móvil en función de los recorridos- de apropiación de ese espacio, si bien los jugadores no lo pactan con antelación, conocen el área de juego y los lugares que quedan fuera. El escondite aporta una nueva dimensión al espacio conocido, nos descubre recodos, esquinas, recovecos…elementos que pueden convertirse en escondrijos dentro de este nuevo territorio de límites difusos.

El juego permite una lectura de la ciudad como campo y escenario atravesado a la deriva por el flaneur, paseante que encuentra el placer en deambular sin propósito, como lo haría un niño. El filósofo situacionista Guy Debord propone la deriva, una forma radical de distracción, desplazamiento sin finalidad abandonado a los requerimientos y sorpresas de los espacios que transita.

Y es que la ciudad la atraviesan los traslados de los adultos y los recorridos de los niños. El trayecto adulto va de un punto a otro y, preferiblemente, debe hacerse en el menor tiempo posible. Tratamos de reducir al máximo el tiempo empleado en los desplazamientos, ante la imposibilidad de acortar las distancias. Lo que ocurre durante el trayecto no tiene importancia, el objetivo es llegar al destino cuanto antes. Es exactamente lo contrario de lo que hacen los niños, la diversión se acaba en el momento de llegar, lo interesante está entre medias, en el recorrido, en el charco, en el escalón de un portal, en la hoja de árbol que recojo, en el banco que escalo y desde el que salto, en el juego que desarrollo en la ciudad mientras voy de un lugar a otro, sin importar ni el tiempo, ni la distancia más corta. Viven sus desplazamientos como una sucesión de momentos presentes, cada uno importante por si mismo cada uno digno de una parada, de una sorpresa, de un contacto[5].

 

Una deriva por la ciudad nos muestra la capacidad de extrañamiento permanente que tienen los niños y el componente lúdico siempre presente en sus movimientos. [Imágenes: Almudena de Benito © chiquitectos]

También el skater se apropia del espacio y convierte la ciudad en su campo de acción[6], al igual que  el flaneur deriva por la ciudad sin mayor fin que el placer y goce de su constante movimiento. Reconquista la ciudad para “apropiarse de toda inflexión de relieve, parque, baranda, vereda, riel pasamanos y bordillo que le permita expresar la viscosidad de su desplazamiento”[7].

El juego es entonces una herramienta de apropiación del espacio, tanto del doméstico como el de la ciudad. Gracias al juego de las tinieblas, descubrimos un espacio nuevo, prescindiendo del sentido de la vista agudizamos el tacto, el oído y tratamos de orientarnos en ese lugar que se presenta como desconocido, a pesar de ser un espacio cotidiano. La experiencia del juego en este caso concreto, claramente conecta espacio y cuerpo y hacemos el espacio físicamente nuestro, a diferencia de lo que ocurre en el juego simbólico, donde hay una conexión entre el espacio real y el espacio imaginado.

Ambos espacios han sido objeto de las investigaciones de Liliane Lurçat sobre las relaciones existentes entre el espacio de los lugares familiares y el espacio mental: el juego llevará a una reestructuración lúdica del espacio, que se convierte en un espacio de ficción[8]. Considera Lurçat que en esos espacios lo real y lo mental se confunden, algo similar a los planteamientos de Donald W. Winnicott, conocido sobre todo por su teoría del objeto transicional[9], pero que define también los fenómenos transicionales como la zona intermedia de experiencia, ese espacio entre lo que forma parte del cuerpo del niño y los objetos, que todavía no son reconocidos del todo como parte de la realidad exterior.

El cuerpo de cada individuo actúa como membrana limitante entre el exterior y el interior, pero existe también una zona intermedia de experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior y ésta podría ser el área de la que nos apropiamos cuando jugamos en un espacio. La vida imaginaria transforma los lugares reales, que se cargan de subjetividad. Y el espacio real o espacio objetivo es el soporte de los juegos de ficción y de los sueños. Espacio real y espacio mental quedan así relacionados.[10]

Y es través de la experiencia en/con determinados lugares mediante la cual conocemos nuevas sensaciones que provocan emociones y en consecuencia dejan recuerdos en la memoria, generan afectos espaciales.

En la infancia percibimos, exploramos y experimentamos distintos elementos de la ciudad. [Imágenes: Almudena de Benito © chiquitectos]

La ciudad debería tener espacios que recojan los afectos y para conseguirlo es esencial atender a dos aspectos: la memoria y el tiempo [11]

Damos valor al espacio como vivencia, como el espacio antropológico de Merleau-Ponty, el espacio no como un estado, sino como un acaecer, no como un territorio, sino como una tarea infinita de territorialización y desterritorialización de la que depende toda percepción verdadera[12].

Y surgen entonces en la ciudad distintos lugares donde se mezcla la realidad física con nuestra experiencia en ellos, con lo que sucede en el tiempo. Se mezclan los usuarios, se superponen los usos, las acciones al largo del día, que también son distintas si es festivo o no: el espacio verde por el que pasean jubilados por la mañana, comen trabajadores de las oficinas cercanas al medio día, disfrutan los niños por la tarde y donde se reúnen adolescentes al atardecer y jóvenes al anochecer de botellón… acciones y habitantes se suceden, se mezclan. Aunque la ciudad segrega, los ciudadanos rompen en muchos casos las barreras intergeneracionales e interculturales.

Los lugares pasan a servir para y a significar otras cosas y de un espacio de posiciones se transita a otro todo él hecho de situaciones[13].

Podría considerase que existen entonces distintas categorías de espacios en la ciudad: espacios de apropiación, espacios de oportunidad, espacios de recorrido, espacios de naturaleza, todos ellos interconectados y sucediéndose en función de nuestras vivencias:

- espacios de apropiación, donde se establecen vínculos entre las personas y los lugares mediante procesos de interacción entre personas y áreas de su entorno cercano. Estas interacciones, una de las cuales es el juego, provocan que aparezcan conceptos como el de apego al lugar, identidad del lugar, junto a  la identidad social urbana o el espacio simbólico urbano[14].

- espacios de oportunidad, que deberían caracterizarse por la igualdad, un espacio que de oportunidades a todos los habitantes de la ciudad y no solo a un determinado colectivo. Vacíos urbanos, espacios obsoletos, intersticiales, donde los habitantes ponen en práctica modelos de intervención urbana al margen de la planificación tal y como la entendemos hoy. Estos espacios provocan acciones espontáneas y populares que finalmente los convierten en espacios de apropiación. Como lo sucedido en el campo de cebada en Madrid o lo que podría suponer, si se llevara a cabo el proyecto ganador del concurso We Traders: Cambiamos crisis por ciudad de Andrés Carretero y Carolina Klocker, que propone llenar de arena la calle interior del frontón Beti Jai[15], hoy ocupada por escombros y vegetación y convertirla en un espacio de juego para los niños del barrio de Chamberí, también en la capital. Una acción fácil, primitiva, y radical[16] para recuperar una calle actualmente cerrada y en desuso.

Intervención urbana, “Siempre Fiesta” (Beti Jai) de Andrés Carretero y Carolina Klocker[17] , © Imagen Carolina Klocker

- espacios de recorrido, que estarían conectados con los no lugares[18] de Marc Augé: “Y, si se llama “espacio” la práctica de los lugares que define específicamente el viaje, es necesario agregar también que hay espacios donde el individuo se siente como espectador sin que la naturaleza del espectáculo le importe verdaderamente. Como si la posición de espectador constituyese lo esencial del espectáculo, como sí, en definitiva, el espectador en posición de espectador fuese para sí mismo su propio espectáculo. El espacio del viajero sería, así, el arquetipo del no lugar.”[19]

Lugares que recorremos, que atravesamos, por los que pasamos rápidamente sin deseos, ganas ni tan siquiera oportunidad de apropiación. Porque el lugar no lo permite, o quizás porque el paso es tan fugaz que no nos da tiempo siquiera a planteárnoslo. Lugares circunstanciales, definidos por el tránsito de personas. Pero no por ello aislados del resto…ya que en la realidad concreta del mundo de hoy, los lugares y los espacios, los lugares y los no lugares se entrelazan, se interpenetran. La posibilidad del no lugar no está nunca ausente de cualquier lugar que sea. Lugares y no lugares se oponen (o se atraen) como las palabras y los conceptos que permiten describirlas.[20]

- espacios de naturaleza, tan necesarios en la ciudad. Espacios abiertos, espacios púbicos que son de algún modo, la realización física de los valores de la sociedad. Las comunidades dan forma a los espacios públicos que utilizan y a su vez, los espacios públicos que las definen dan forma a las comunidades. Los espacios verdes actúan como un catalizador: genera energía y entusiasmo y aporta la calma y la tranquilidad necesarias para descansar del ruido y del caos inherente en las ciudades[21].

Manuel Delgado habla de que las formas de apropiarse de la ciudad deberían poner el énfasis en la necesidad de reinfantilizar los contextos de la vida cotidiana, reinfantilizar en el sentido de restaurar la experiencia infantil de lo urbano: el amor por las esquinas, los quicios, los descampados, los escondites, el juego. Hacer que las calles vuelvan a significar un universo de atrevimientos, las plazas y solares vuelvan a convertirse en grandiosas salsa de juegos y la aventura vuelva a esperarnos a la vuelta de la esquina[22].

El niño vive todos los espacios de la ciudad como espacios de apropiación y, como dice Delgado, debemos recuperar el derecho de huir y escondernos a la intemperie. Seguramente así viviremos la ciudad desde otro lugar, desde el lugar de la experiencia y el descubrimiento. Mucho más atractivo que desde el trayecto, la velocidad, el estar de paso, que no dan pie a la interacción y por tanto a la apropiación. La clave está en el JUGAR.

INFANS’ FANS  ·  [Almudena de Benito] Almudena de Benito realiza su tesis  en torno a la ciudad como campo de juegos para la infancia en la ETSAM, Madrid. Fundadora de ‘chiquitectos, talleres de arquitectura para niños’ [http://www.chiquitectos.com/]

PRÓXIMAMENTE: Visitaremos la exposición “Playgrounds – Reinventar la plaza” en el Museo Reina Sofía, 30 abril – 22 septiembre, 2014  [http://www.museoreinasofia.es/exposiciones/playgrounds]

 


[1] La palabra niño/s engloba también niña/s. La intención no es sexista sino de respeto a los ritmos de lectura.

[2] Isabel Cabanellas, Clara Eslava, AA. VV., Territorios de la Infancia, Grao, Barcelona, 2005.

[3] Íbid.

[4] Liliane Lurçat, Espace vécu et espace connu à l’école maternelle, Editions ESF, París, 1982.

[5] Francesco Tonucci.

[6] Isabel Cabanellas, Clara Eslava, AA. VV., Territorios de la Infancia, Grao, Barcelona, 2005.

[7] Pablo Allard, ARQ, n. 55 Juegos / Playing, Santiago, diciembre, 2003, pp. 5 – 8 [http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-69962003005500002&script=sci_arttext]

[8] Liliane Lurçat, Espace vécu et espace connu à l’école maternelle, Editions ESF, París, 1982.

[9] Objeto en el que el niño deposita cierto apego, que le da placer y seguridad y suple de algún modo la ausencia de la madre. Es a la vez objetivo, ya que se constituye sobre un objeto real, y subjetivo porque se le dan y atribuyen funciones en el campo de la imaginación.

[10] Liliane Lurçat, Espace vécu et espace connu à l’école maternelle, Editions ESF, París, 1982.

[11] Adriana Bisquert [http://elpais.com/diario/1998/11/15/andalucia/911085749_850215.html]

[12] Manuel Delgado. Introducción de Territorios de la infancia, Opus cit.

[13] Íbid.

[14] Tomeu Vidal, Enric Pol Urrutia. La apropiación del espacio: una propuesta teórica para comprender la vinculación entre las personas y los lugares.

[15] En euskera: Siempre Fiesta.

[16] Memoria del proyecto “Siempre fiesta” de Andrés Carretero y Carolina Klocker.

[17] Proyecto ganador del concurso We Traders: Cambiamos crisis por ciudad

[18] Un espacio que no puede definirse como relacional ni como histórico definirá un no lugar (Marc Augé).

[19] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad (1993).

[20] Íbid.

[21] Rogers, Richard. Arquitectura del futuro. Kenneth Powell.

[22] Manuel Delgado. Introducción de Territorios de la infancia, Opus cit.

 

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Un comentario a “JUGAR: hacer nuestra la ciudad”

  1. La ciudad post-crisis (VI): Ciudadanos, es la hora de jugar | La Grieta Online | Publicación digital, plataforma cultural y centro de debate. dice:

    [...] un mismo lugar en infinitos lugares y convertir todas esas ensoñaciones en realidad. Subraya Jean Piaget que «el juego es la manera que tiene el niño de relacionarse con una realidad que le desborda». [...]

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