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El Paisaje de las ruinas, del terrain vague al recorrido por los paisajes sonoros.

por Sabrina Gaudino — Martes, 13 de mayo de 2014

Las ruinas constituyen una parte del patrimonio edificado y de la memoria; el estado de un objeto en ruinas es la sentencia de una muerte anunciada en la eterna batalla entre el tiempo y la materia. Es quizás ésta apreciación de la destrucción que se transforma en una categoría estética meritoria de ser representada y explorada. La ruinas como vestigio socio-cultural en tanto que símbolo definen parte de la identidad colectiva; una forma de composición cronológica de lo que fuimos existe en el paisaje olvidado, oculto, invisible, que permanece latente en la historia y en sus restos materiales.

"Nuova Vita". Fuente: VacuaMoenia.

Como se hará referencia en adelante, el concepto de terrain vague define estos elementos, espacios, lugares, que han perdido el pulso de lo urbano; descolgados en el medio rural constituyen paisajes invisibles y potentes lugares de experimentación sensorial conceptualizados en el término soundscape como fenómeno estético de aporte para el campo del paisajismo.

La intervención, protección y gestión del paisaje, producto de un interés cada vez más especializado en procurar el desarrollo en este ámbito, requiere de una variedad de visiones que permitan acceder a la comprensión global de nuestro entorno. Si bien los campos que actúan sobre el paisaje ocupan a distintas disciplinas técnicas (arquitectura, urbanismo, geografía e ingeniería), es quizá desde la óptica del arte que se pueda establecer un diálogo hacia la integración. No en vano la concepción del paisaje tuvo su origen en esta actividad mediante sus recursos plásticos, conduciendo su trascendencia a la dimensión cultural.

"Paisaje con las ruinas del Templo de Ronda". Hubert Robert

A través del tiempo, el paisaje se ha convertido en concepto, lo cual ha permitido definir y catalogar el entorno estableciendo algunas diferencias fundamentales; por ejemplo, entre lo natural y lo antropizado. Con la acepción difundida en los distintos campos de estudio antes mencionados, ha sido posible la comprensión y con esto la identificación de los procesos de cambio propios de la obsolescencia tectónica relativo a las ciudades; el territorio es un contenedor de flujos, es espacio mutable y configurable, en donde se organizan los elementos que producen paisaje dentro de una inmanente condición temporal que define su carácter variable.

Pripyat, Ucrania. Imágenes de la ciudad abandonada. Fuente: Google Maps.

Es así como en la vorágine de dicha evolución y crecimiento el paisaje muta; desde la colonización de lo rural devenida en metrópolis, en los campos de cultivo abandonados que dejan su huella infértil en el patchwork de la geografía, en las áreas abandonas de la industria minera, en los núcleos de población desocupados… hasta los espacios de conflicto dentro de las propias urbes, se crea la imagen de los paisajes desapercibidos que entran en el contexto de lo intangible, pero con la fuerza contundente del vestigio que ha condicionado su permanencia en el territorio de los contrastes y las tensiones. Se puede decir que es este un aspecto del paisaje en la cultura contemporánea; un escenario en constante tensión entre el paisaje actualizado y desactualizado que en su proceso de renovación deja lugares abandonados, deteriorados, aniquilados o en ruinas, lo que constituye la idea emergente del paisaje invisible.

En base a la definición de terrain vague que hace  Solà-Morales1, estos espacios configuran una “porción de tierra de condición expectante, en movimiento, oscilación, inestabilidad y fluctuación”.

El paisaje en la cultura contemporánea plantea el desafío de nuevas formas de interpretar el entorno. Son las denominadas geografías de la invisibilidad 2 que abren la posibilidad de intervenir en el paisaje a través de otros métodos de experimentación. Cuando en 1921 el movimiento Dada se vale del andar en forma de recorrido errante (vagabundeo) por la ciudad de París en sus primeras “visitas excursiones” por los lugares banales, se conceptualiza un nuevo instrumento para “reconquistar el espacio urbano”; en este sentido se determina el potencial conceptual de la experimentación del espacio como “práctica estética”, abriendo paso a las sucesivas formas de explorar, descubrir, percibir y conceptualizar el paisaje. En lo sucesivo, el deambular se convierte en la representación de una necesidad por reconocer el medio urbano, así como en los orígenes de la civilización el nomadismo dibujó el trazado de los primeros caminos y asentamientos. Hacia 1950 la Internacional Letrista elabora la “Teoría de la deriva”3, concepto presentado como “una técnica de pasos ininterrumpidos a través de espacios diversos” fundamentada en el “reconocimiento de efectos de naturaleza psicogeográfica y a la afirmación de un comportamiento lúdico-constructivo”.

En el escenario contemporáneo, con base en el rico equipaje histórico que componen las vanguardias que consideraron explorar el entorno en el ámbito de lo urbano, se creó la disposición para que otros campos de estudio, como la arquitectura y el urbanismo, comprendieran y asumieran de forma sensible el paisaje. En esta misma línea se plantea la posibilidad de incluir en los campos de experimentación del paisaje la exploración a través del sonido. Volvemos a enlazar con el reconocimiento de los paisajes invisibles.

Terrain vague

Lo invisible no implica inexistencia, aquellos lugares que han pasado al olvido por el abandono, espacios presentes pero obviados, en el transcurso del crecimiento de las ciudades o los afectados por el natural deterioro que el tiempo les ha provocado, constituyen los terrain vague de la geografía antrópica.

Solà-Morales cuando introduce el término terrain vague, lo hace a partir de la conceptualización de la imagen que producen estos lugares gracias a la multiforme capacidad perceptiva que induce la fotografía. El registro histórico de toda la arquitectura contemporánea se ha valido de este instrumento para elaborar un registro completo de sus características materiales y espaciales intentando expresar toda la carga de sensorial en imágenes; sin embargo tenemos la posibilidad de incursionar en el campo de la experimentación espacial a través de otros medios y exaltando otros sentidos.

¿Qué formas de explorar los paisaje se presentan actualmente?

Considerando la dimensión sensorial que la evolución socio-cultural nos ha heredado, la concepción de los paisajes sensoriales, aquellos que también pueden oírse, determinan una nueva dimensión en la exploración y percepción del paisaje, “aprendiendo a mirar lo que no se ve”, surge el concepto del paisaje sonoro.

Paisaje sonoro (soundscape)

El paisaje sonoro es la extensión espacial definida por el sonido que producen los elementos que lo componen. Cada lugar produce un determinado sonido en relación con la materialidad, uso y ritmo de los objetos que le articulan. El sonido es un fenómeno que permite experimentar el espacio a través de un sentido, a partir de lo cual podemos clasificar el entorno en tipos de paisajes sonoros, sea urbano o natural. En un entorno urbano los elementos que componen la orquesta determinan también el grado de contaminación acústica de un lugar; por otro lado esta cualidad sonora del entorno define también una forma de experimentación del espacio.

“Il suono rappresenta non più semplicemente un medium, quanto soprattuto uno strumento metodológico potentissimo di esplorazione del territorio”. (Pisano, p.41, 2013)

El término soundscape fue acuñado por Robert Murray Schafer en los años sesenta. Interesado en estudiar el entorno con una visión ecológica (ecología acústica), define su búsqueda a partir del cuestionamiento de la contaminación sonora en las urbes. En esta línea la exploración en éste campo tiene, además, una implicación técnica en la arquitectura y el urbanismo para la planificación sonora de los espacios y en la problemática del deterioro del medio ambiente sonoro.

“Noise pollution results when man does not listen carefully. Noises are the sounds we have learned to ignore. Noise pollution today is being resisted by noise abatement. This is a negative approach. We must seek a way to make environmental acoustics a positive  study program”. 4

Enlazando nuevamente con el concepto de terrain vague, el interés por explorar aquellos “paisajes indecisos, desprovistos de función” que Gilles Clement refiere en su “Manifiesto del Tercer Paisaje” es el punto de partida en la introducción que realiza Leandro Pisano en la conceptualización del paisaje sonoro en el monográfico “The Third Soundscape5. La puesta en valor de la estética como argumento base para “reivindicar”, como el mismo autor refiere, la cualidad multi-sensorial del paisaje, pone en evidencia las cualidades sensoriales existentes en el entorno, que pueden ser descritas a través del sonido como “medio” a la vez que “instrumento de exploración”. Esta idea determina un nuevo componente en la experimentación del paisaje en la cultura contemporánea, que intenta derribar la primacía condicionada de lo visual sobre el resto de experiencias sensoriales, propio de nuestra cultura occidental.

“L´esplorazione sonora dello spazio e dell´immagine prelude in questo modo, nell´ambito della ricerca estética, ad una sorta di “riscatto” culturale della civiltà Occidentale che riscopre, propio nella dimensione multimediale (figlia del visualismo concettuale), la possibilità di riagganciare la sua matrice presocrática”. (Pisano, p.41, 2013)

Soundwalk

Un revival de la deriva fue desarrollado por Stalker en 1995; el aporte de Francesco Careri en su conceptualización del “andar como práctica estética” 6 determinó el movimiento como un fenómeno “revolucionario” en el que a base de cuestionamientos sobre el entorno, condujo utilizar la deriva como “una herramienta crítica, una manera obvia de mirar el paisaje” lo que supuso la actualización de conceptos predecesores como aporte en la comprensión de las transformaciones urbanas en la sociedad contemporánea.

En esta línea conceptual podemos identificar el soundwalk, el recorrido por los paisajes sonoros. Valiéndose del andar, el sonido es el instrumento que permite descubrir el paisaje oculto en las ruinas; es la estética del vacío. Desde los lugares olvidados, remotos pliegues antrópicos en lo natural, reside el vestigio de la lucha con la obsolescencia. Son aquellos residuos de la colonización del territorio reducidos a ruinas, que una vez núcleos urbanos, fueron hogar, trabajo y costumbre.

“La estética de las ruinas es en muchos sentidos una estética de los paisajes de la invisibilidad: están ahí sin estar; no son lo que fueron, pero permanecen”.7

Un equipo de soundwalkers desarrolla ésta práctica de exploración del paisaje de la ruinas en distintos lugares abandonados de la Sicilia rural. Su trabajo nos acerca a los espacios del recuerdo, de la nostalgia. VacuaMoenia define al equipo que está compuesto por Fabio R. Lattuca y Pietro Bonanno, quienes indagan sobre las posibilidades sonoras del paisaje a través de la tecnología multimedia, desarrollando un interesante proyecto de experimentación sensorial, valiéndose de las edificaciones como cajas sonoras o “muri vuoti”. Lo edificado se convierte en el instrumental, el sonido es el medio que permite descubrir la materialidad de los objetos. Ésta experiencia auditiva del paisaje se vale también del recorrido a modo de “excursión” (una forma de deriva) para conocer y descifrar el territorio al que pertenecen estos asentamientos olvidados, que van siendo descubiertos del anonimato; una forma de evocar un lugar otrora vivo.

Soundwalk, el recorrido por los lugares del olvido explorándolos a través del sonido. VacuaMoenia.

…“ Un’azione materica che propone un vuoto di natura densa, una scatola armonica. I materiali sono gli orchestrali, i percorsi e le strade sono partiture scritte sulla terra. Attraverso il tatto e gli altri sensi, ogni paesaggio sonoro diventa così luogo di suoni e strumento musicale in costruzione”. (Lattuca & Bonanno)

Además del estupendo trabajo musical que producen, es importante la implicación que tiene este trabajo para la arquitectura como aporte cultural en cuanto registro y documentación del patrimonio para la memoria histórica. Cada poblado visitado configura el registro del patrimonio en ruinas; todos manifiestan la huella del abandono, desalojados, bien por el devaste de un terremoto o por cambios en las dinámicas económicas y sociales del lugar. Estos asentamientos urbanos poseen características del tipo funcional y morfológico relativo a la época de su fundación, la mayoría del período fascista, hacia 1940; otros son de fundación anterior pero poseen características de interés particular por su valor histórico. La arquitectura de las edificaciones es propia del período racionalista y algunas piezas son referencias magníficas de la arquitectura rural de Sicilia, lamentablemente en estado de ruina y en algunos casos lejos de incluirse en un plan de reforma o protección dada su condición.

Identificación del objeto en el territorio. Vista aérea de los núcleos urbanos visitados. Google Maps.

Por otro lado hay que destacar el aporte que para la cartografía de los sentidos tiene este trabajo; parafraseando a Joan Nogué8, es casi nula (salvo algún interesado con vagas intenciones) la aportación cartográfica en este ámbito, en el que “no se han producido mapas de olores o sonidos que vayan más allá de los habitualmente utilizados”. En relación a la cartografía, hay que considerar el valor añadido de los sistemas de información geográfica en el avance de los métodos de exploración del territorio, los cuales han permitido visualizar y descubrir el entorno y el territorio rompiendo la barrera que la cartografía de los siglos pasados no pudo superar. Semejante ventaja alcanzada ha permitido derribar los límites perceptivos sobre la ubicación del propio individuo en el espacio, así como la identificación de objetos en el territorio, que al paso del tiempo y la metamorfosis urbana quedaron sembrados en el paisaje, solapados, olvidados o pasados por alto. Valiéndonos de estos sistemas la comprensión del medio físico y del paisaje adquiere una mayor amplitud, el mapa mental de nuestro inconsciente adquiere otra dimensión.

El paisaje es un producto social, describe las relaciones antropológicas con el medio y se configura a través de los distintos procesos humanos en lo político, económico y cultural. Es también el paisaje la construcción de la complejidad humana, en tanto que su producción tiene un matiz estético determinado por cuestiones relativas a las creencias, al género y los estratos sociales de cada contexto cultural. Tal complejidad refiere una dilatación de la concepción del paisaje -sincronizado con los ritmos de desarrollo socio-cultural y con el crecimiento urbano- en el que es posible identificar sus mutaciones, planteando nuevas formas de experimentación. En este sentido la integración y conciliación entre las distintas disciplinas, que abocadas en la exploración y comprensión sensible del paisaje, definirán una nueva forma de intervención en el paisaje, quizá más acorde con los preceptos de sostenibilidad y calidad ambiental.

 

Sabrina Gaudino Di Meo / @gaudi_no

 

 

  1. Solà-Morales, Ignasi de. (1995) Terrain Vague.
  2. Nogué, Joan. (2009). El paisaje como constructo social. En: Nogué, Joan. (2009). La construcción social del paisaje. Madrid: Biblioteca Nueva.
  3. Debord, Guy. Teoría de la deriva. En: Internationale Situationniste, núm. 2. París, 1958.
  4. Schafer, R. Murray. (1993) The soundscape: our sonic enviroment and the tuning of the world. Rochester: Destiny Books.
  5. Pisano, Leandro. (2013). The Third Soundscape: Carl Michael von Hausswolff/Thomas Nordanstand, John Grzinich/Maksims Shentelevz, Enrico Ruggeri/Elio Rosolino Cassarà . Blow-Up, núm.181, 40-43.
  6. Careri, Francesco. (1985). Walkscapes. El andar como práctica estética. Barcelona, GG. (2013)
  7. Nogué, Joan. (2009). La construcción social del paisaje. Madrid: Biblioteca Nueva.
  8. Joan Nogué cita a Francis Galton, cartógrafo británico del siglo XIX quien “soñaba con dibujar algún día un mapa de olores y de sonidos de cada lugar”

 

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