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Vestigios gráficos en la ciudad global

por Isabel Aparici Turrado — Viernes, 20 de junio de 2014

A veces, la distancia entre presente y pasado en la ciudad es tan delgada como una capa de pintura.

En 2004, las obras de restauración de la iglesia de Santa Maria del Pi, en el barrio gótico barcelonés, dejaron al descubierto una pintada de la Guerra Civil. En uno de los muros exteriores que da a la plaza Sant Josep Oriol se leía perfectamente “plaça del milicià desconegut” (plaza del miliciano desconocido), en letras mayúsculas pintadas directamente con alquitrán. Sorpresa. Expectación.

El periódico La Vanguardia levantó acta de la pintada el día 11 de agosto de 1936. En ese primer momento de la contienda, el fervor anarquista en la ciudad fue cambiando espontáneamente el nomenclátor, en especial el relacionado con el santoral. Algunas mutaciones fueron refrendadas por el municipio a los pocos meses, entre ellas este homenaje a los milicianos del frente.

La Vanguardia, martes 11 de agosto de 1936

En cualquier caso, la entrada de las tropas franquistas en la ciudad en 1939 acabó con este nuevo orden. Alguien pensó que una capa de pintura servía para borrar esa historia, para enviarla a lo más profundo del olvido ciudadano. Pero no fue así. Como en la resaca del oleaje, las paredes devolvieron el mensaje seis décadas después. En el caso de Barcelona, el cronista Xavier Theros documenta la aparición de tres pintadas de la Guerra Civil: la del miliciano desconocido, una en el barrio de Sants recordando a un militante del POUM (desaparecida por su mal estado de conservación) y otra en el barrio de la Barceloneta, que recuerda cómo la calle San Miguel pasó a ser Miquel Pedrola, miliciano del POUM caído en el frente. Esta última consiguió salvarse tras una lucha vecinal por la recuperación de la memoria histórica.

Nuestro presente se pregunta; ¿qué hacemos con ese pasado que vuelve?, ¿una pintada es un vestigio de suficiente calado como para conservarse?, ¿todas son iguales? ¿cómo las integramos en nuestro presnete? Y  más allá: ¿qué otros vestigios están esperando a ser descubiertos? ¿cuáles de los elementos que hoy escondemos volverán a la superficie de aquí a unas décadas?

El mismo mensaje en dos épocas diferentes: tipografía de palo y en catalán, seguramente en la década de 1930, y en castellano con letras de rasgo, superpuesta seguramente tras la Guerra Civil. Vestigio olvidado en una calle del Raval barcelonés

 

Los vítor sí están protegidos y se conservan. Ejemplo en la plaza Marcús de Barcelona.

Fotografías de Isabel Aparici-Blog Caligrafías urbanas

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