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10 MITOS sobre movilidad urbana (1/10): el derecho a ir en coche

por Marius Navazo — Viernes, 5 de septiembre de 2014

CON ESTE POST SE INICIA UNA SERIE DE 10 POSTS QUE IRÉ PUBLICANDO MENSUALMENTE A LO LARGO DE ESTE AÑO, DE SETIEMBRE A JUNIO. CADA POST TRATARÁ UN MITO EN RELACIÓN A LA PLANIFICACIÓN DE LA MOVILIDAD URBANA.

 

¿Cuántas veces como planificadores no habremos afirmado que la gente tiene que poder llegar en coche hasta la guardería a recoger a sus hijos o hasta tal tienda para comprar? ¿Cuántas veces no habremos oído sobre la imposibilidad de suprimir plazas de aparcamiento en una calle porque la gente tiene que poder seguir llegando en coche hasta ahí? En definitiva, ¿cuántas veces no hemos asumido implícitamente el derecho a ir en coche a todas partes?

Pero ¿existe realmente ese derecho? Si así fuera, lo primero sería identificarlo en algún texto normativo. Sin embargo, no encontraremos en ningún estatuto autonómico, ni en la Constitución Española, ni en ninguna Convención Europea ni Declaración de las Naciones Unidas que se hable de tal derecho. Por lo tanto,  por mucho que demasiado a menudo se dé por sentado que exista, debemos clarificar que se trata de un derecho inexistente.

Ilustración: Ricard Efa (http://gmbtz.blogspot.com.es/)

 

Más concretamente, el hecho de circular en coche constituye por si mismo algo más parecido a un privilegio que a un derecho. Y por lo tanto, desde la planificación urbana también debería tratarse más bien como un privilegio que no como un derecho.

En palabras del Diccionario de María Moliner, un privilegio se define como la posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por cierta circunstancia propia o por concesión de un superior. Así, pues, esta definición aporta dos aspectos clave para afirmar que circular en coche constituye un privilegio: por un lado, circular en coche está prohibido o vedado a los demás porqué no hay sitio para que todas las personas circulen en coche. Si todos decidiéramos salir de casa en coche no podríamos ni salir de la puerta del garaje. O dicho de otra manera: se conduce gracias a todos los que no conducen. Y, en segundo lugar, circular es un privilegio que tiene una persona por cierta circunstancia propia. En concreto, para conducir no se pueden tener determinadas discapacidades físicas ni mentales, deben tenerse más de 18 años, ser un ciudadano “con papeles” y también con permiso de conducción, así como disponer de los recursos económicos o la suerte para acceder a un coche de manera cotidiana. Por lo tanto, la conducción de un coche está lejos de ser un derecho universal, a diferencia de la marcha a pie, en bicicleta, o el gran potencial que puede ofrecer el transporte colectivo.

En definitiva, si de derechos queremos hablar, únicamente podríamos hablar del derecho a llegar a los sitios. Es decir, el derecho a la accesibilidad. Ciertamente, tampoco es un derecho que se reconozca explícitamente en ningún texto legal, pero se estará fácilmente de acuerdo que tal derecho subyace al derecho a una vivienda, al trabajo, a la educación, etc. Es decir, si tenemos todos estos derechos, necesariamente tenemos también el derecho a poder llegar hasta nuestra casa, trabajo, escuela, etc.

Obsérvese que el derecho del que hablamos no hace referencia a moverse en el modo de transporte que a uno se le antoje, sino que estamos hablando del derecho a llegar a las actividades localizadas sobre el territorio. De hecho, aquello que verdaderamente nos interesa a las personas no es el desplazamiento en sí mismo, ni en qué modo de transporte lo hacemos. Aquello que mayoritariamente nos interesa es llegar ahí donde necesitamos ir (a visitar a nuestra familia, amigos, al trabajo, cine, etc.); y que lo podamos hacer en poco tiempo y de manera confortable y segura. Y esto es calidad de vida. ¿O es que hay alguien que preferiría destinar 40 minutos para llegar hasta un bien deseado si lo pudiera hacer únicamente en 10 minutos?

Por lo tanto, el derecho a la accesibilidad nos hablaría de garantizar que todas las personas (indistintamente de sus circunstancias) pudiesen llegar a los bienes y servicios del territorio de manera confortable y segura, y destinando el menor tiempo posible. Y para avanzar hacia tal derecho deberíamos preocuparnos por perseguir un urbanismo y una ordenación del territorio que fomentara la proximidad, permitiendo reducir la necesidad de desplazamientos motorizados y sacando partido a la autonomía humana y los modos no motorizados. Este es el mejor camino para garantizar el derecho a la accesibilidad y asegurar una elevada calidad de vida a las personas.

De hecho, des de una perspectiva sostenibilista deberíamos cuestionarnos un interrogante fundamental: ¿podrían ser semblantes (en tiempo) un modelo territorial basado en la lejanía y la rapidez de los desplazamientos (autovías, trenes regionales de alta velocidad, etc.) y un modelo basado en la proximidad y la lentitud de los trayectos (fundamentalmente a pie y en bicicleta)? Puesto que si así fuera, el segundo modelo ofrece muchas más ventajas que el primero en términos de consumo energético, accidentalidad, sedentarismo, contaminación, etc.

En cualquier caso, y para acabar, reconozcamos que un urbanismo y territorio planificado para el coche no sólo arrincona por completo la autonomía humana -aquella que nos hace a todos iguales-, sino que se asienta en un falso mito sobre un derecho que nunca va a poder ser tal. ¡Ni que los coches se propulsen con energía solar!

 

Màrius Navazo trabaja en movilidad, planificación urbana y ordenación del territorio. Forma parte de Gea21 (www.gea21.com).

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7 comentarios a “10 MITOS sobre movilidad urbana (1/10): el derecho a ir en coche”

  1. Cristobal dice:

    Gran artículo, hace mucho tiempo que pienso de forma muy parecida sobre el trasfondo del artículo, conducir es un privilegio, no un derecho. Estoy deseando leer el resto de partes. Un saludo.

  2. Marcos dice:

    Enhorabuena por el post, es contundente. La verdad es que se agradece leer cosas que parecen obvias pero que la realidad diaria nos demuestra que no lo son para casi nadie.

    Un apunte; en un párrafo hablas del derecho a la accesibilidad y dices que tampoco está reconocido legalmente de forma explícita. Esto me ha sorprendido porque, bajo mi punto de vista, sí existe abundante normativa al respecto aunque es cierto que está muy vinculada a la accesibilidad de las personas con dificultades específicas, con movilidad reducida. Sin embargo, yo entiendo que garantizar la accesibilidad de estas personas implica garantizar la accesibilidad de todas.

    Por ejemplo, un rápido vistazo a la Ley 8/1993, de 22 de junio, de Promoción de la Accesibilidad y Supresión de Barreras Arquitectónicas de la Comunidad de Madrid (BOCM nº 152, de 29 de junio de 1993, págs. 3 a 13) nos permite leer en el preámbulo lo siguiente:

    “La sociedad, en general, y los poderes públicos, en particular, tienen el deber de facilitar la accesibilidad al
    medio de todos los ciudadanos; deber que se extiende, por tanto, de la misma forma, a aquellos
    ciudadanos con o sin minusvalías que se encuentren en situación de limitación con el medio, poniéndose
    especial énfasis respecto de aquellos cuya dificultad de movilidad y comunicación sea más grave.”

    Y en el Artículo 1. Objeto de la Ley, esto otro:

    “El objeto de la presente Ley es garantizar la accesibilidad y el uso de los bienes y servicios a todas
    aquellas personas que, por una u otra razón, de forma permanente o transitoria, se encuentren en una
    situación de limitación o movilidad reducida, así como promover la existencia y utilización de ayudas de
    carácter técnico adecuadas para mejorar la calidad de vida de dichas personas.”

    Bueno, pues lo dicho, enhorabuena.

  3. Marius Navazo dice:

    ¡Gracias por vuestros comentarios!
    Y, Marcos, tus observaciones me parecen muy pertinentes.
    Gracias de nuevo,
    Màrius.

  4. Samir Awad Núñez dice:

    Hola Màrius,

    Me ha recomendado Gianni este post y la verdad que ha cumplido con creces con las expectativas.

    El derecho a ir en coche puede ser, quizá, la forma de justificar el “síndrome de Estocolmo” del que ya has hablado en algún post anterior.

    Siempre he tenido la sensación de que frente al “necesito ir en coche” yo podía decir “y yo necesito poder ir andando por la ciudad y los coches me lo ponen realmente difícil”. Es una contestación complicada de rebatir y hace que sea casi imposible seguir la conversación sin que quien defiende el coche a toda costa no vea desmontados sus argumentos porque en otros momentos son peatones también.

    Un saludo,
    Samir

  5. Recopilación de noticias de octubre de 2014 dice:

    [...] tratar de reducir la participación del coche en el reparto modal es hasta inconstitucional [ver enlace]. [...]

  6. Ole Thorson dice:

    Som alguns que hem manifestat que el projecte de tot carrer inicia amb el disseny i adjudicació del espai per als vianants. El que caminen (la majoria) tenen dret d’espai i de itinerari cómodo, no ple de canvis de direcció i sense cantonades amb espai mínim – per permetre el gir de vehicles.
    Si comencem be, el resultat queda mes aprop d’un carrer humà.

  7. Tachito dice:

    Eso es lo que pasa cuando se imitanciegamente modelos (USA) que estan basados en el consumo y en el desperdicio de energía. La “popularización” del auto y su correspondiente urbanismo, nunca tuvo ninguna inspiració social incluyente o democrática, sino simplemente siguió una racionalidad puramente comercial. Ahora nadie quiere tocar este privilegio, sería negar las bases de nuestra sociedad capitalista.

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