La ciudad viva


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Despertar en São Paulo. El tiempo de la ciudad; las ciudades y los tiempos.

por Out_arquias — Lunes, 8 de septiembre de 2014

São Paulo, amanecer del 5 de septiembre de 2014. En el skyline puede observarse la construcción de un complejo de dos torres de Pelli y Asociados. Reduplicación de sí mismo en lo local y lo global.

Carlos Tapia, investigador de out_arquias.

Despertar en São Paulo. En portugués, el verbo acordar es despertar, para quien piensa en español. Pensar en español, con un verbo portugués cuya traducción poetiza el significado que tiene en nuestra lengua, particularmente aviva mi pensamiento.

Escritas las líneas que siguen en la nueva terminal de Guarulhos, a la espera de embarcar el día 7 de septiembre y, con toda seguridad, continuadas en las 12 horas y media que me esperan hasta llegar a mi destino, acordándome de los días transcurridos en la ciudad que nunca duerme (como la denomina el Atlas de las Metrópolis del diario Le Monde Diplomatique, retando a Nueva York) se me despiertan recuerdos y anhelos al pensar esta ciudad. Pero no sólo sobre esta ciudad, sino ahondar en el sentido de la ciudad contemporánea que el sueño puede des-velarnos.

El acuerdo que es el despertar, aglutina consciencia con inconsciencia, frescos recuerdos del sueño con vivencias. Acaece, más allá, a partir de esa cualidad poética que mezcla mi estancia aquí, gracias a las ráfagas sonoras con comprensiones a veces parciales que son las conversaciones, o por las ensoñaciones que evocan las comidas mixturadas con acerbos imposibles.

Si alguien pensó, independientemente de las lenguas, que la ciudad creció como los economistas nos enseñaron, por leyes naturales, se equivoca. Imaginar la ciudad futura ha sido una construcción humana, plagada de factores humanos, también los inconscientes, que encontramos en los sueños.

Podría parecer el sueño un asunto poco serio para pensar la ciudad. No sé qué estaré diciendo en este post para LaCiudadViva al final de mi viaje, cuando el cansancio del duerme-vela que será mi vuelo, haga confundir si se está de un lado o de otro. Pero en el Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo en São Carlos hemos estado pensando, y articulando comprensiones sobre todo esto, con los estudiantes. Despertar, estar alerta, comprender, son sinónimos reunidos en la voz sánscrita Bodhi, que se interpreta como Iluminación.

Antes de que alguien haga el chiste, diré que no hablaré de ciudades-dormitorio, particularmente interesantes en términos de movilidad urbana y para ser más ricos en la aportación, en una especie de tipología para un part-week commuter que se implanta creciendo rápidamente en los principales y numerosos polos financieros de la megaciudad brasileña. Uno puede encontrar minipisos desde 19 metros cuadrados, pasando por 23, 34, 47, en una variación tipológica que es difícil de imaginar como vida aposentada. Se trata de apartamentos al modo de habitaciones de hotel para permanecer en la parte de la semana dedicada al trabajo. La familia o la casa para la mayor parte de una vida a distancia, queda lejos del trabajo. Eso, que sería motivo de profundización, queda en mi mente recluido para dejar aflorar más causas para pensar el sueño. Precisamente, en el desigual libro (leído en varias sesiones de madrugada), que es “The seduction of place. The History and Future of Cities” de Joseph Rykwert, encontramos un argumento que engarza con nuestros supuestos. Rykwert escribe: [the city] “appeared to have some of the interplay of the conscious and unconscious that we find in dreams”. Artefacto del deseo, la ciudad en el histórico arquitecto polaco-norteamericano, nos faculta a pensar más allá de ella. Concretamente, invita a cuestionar la ciudad, en ese sentido del consumo y de las acciones casi-naturales de la mercadotecnia neoliberal, con la pregunta de si no será la ciudad ese invento que no nos podemos permitir, pero en el que invertimos con pérdidas para soñar qué somos, en qué consisten nuestras culturas.

Las culturas son como ecosistemas. Allí se localiza alimento físico y vida del espíritu, riqueza y conflicto. Al conjunto de ideas, teorías, mitos, filosofías, se denomina “la esfera noológica”, como Sloterdijk y antes que él Edgar Morin señalaron. Tal vez por ello, el propio Sloterdijk arracimando esferas de este porte, construyó su teorización de inmunidades burbujeantes y dejó anotado literalmente que los sueños son como espumas, que son asimismo necesarios para la formación de esferas. Su diagnóstico para el deprimido no duda: se trata de una parálisis de la experiencia espacial. Desconozco el efecto para el que vive en una vivienda de 19m2 (aunque para la casa onírica, Bachelard no precisa metros), pero es probable que no sea ahí donde uno deba confiar su experiencia de los fenómenos de la cultura. Es interesante porque precisamente el deprimido deja de soñar. Por el contario, si se es activo, se conformarán para el hombre descrito en el tomo 1 de las esferas sloterdijkianas (pág 44), “un complejo fluido de expansiones y resonancias”. Tristemente, es difícil imaginar ciudad fuera de la producción de plusvalías económicas como expansiones, e ignorante en el sentido del pasado y del patrimonio.

Edificio de Google en forma de puente en Sao Paulo. El ojo del Puente de la compañía que gestiona todo el conocimiento, "salva" y protege la condición patrimonial de una Antigua Fazenda paulista.

Ya pintó Goya a la razón dormida, gestando monstruos. No deja de ser contradictorio que la razón duerma, lo cual irritaba a Lefebvre:

El sueño. ¿Qué enigma para la filosofía! ¿Cómo puede el cogito dormirse? Debe velar hasta el fin de los tiempos, como comprendió y reiteró Pascal. […] Entonces, surge el ensueño, espacio ficticio y real, diferente al del lenguaje pero de un orden similar, guardian y viligilante del sueño, no más del aprendizaje social. ¿Espacio del deseo?, ¿de las pulsiones? […] Espacio teatral, más que cotidiano o poético: colmado de imágenes de sí, para sí. Henri Lefebvre. “La producción del espacio.” 1974 (2013) pág 252

No hará mucho, recibí la respuesta al enigma: una oferta a mi correo personal para descargar una aplicación financiera que garantiza ingresos mientras duermo (The Real Midas Touch Ver foto de la noticia). Expansiones y resonancias, decía Sloterdijk. Ya no nos queda ni el sueño. El desvelado de los sueños que era Duchamp, quizá, de haber tenido correo electrónico y spam, hubiera jugado menos al Monopoly y más al Go, como Deleuze y compañeros cultos e ilustrados. Quién sabe, aunque Rykwert ve peor su evolución en Simcity que el propio Monopoly, porque el digital no tiene establecidas penas de prisión para depravados que generan burbujas inmobiliarias (esas no tenidas en cuenta por Sloterdijk, que se sepa).

Y es que Deleuze también se ocupa de los sueños. En ellos, los juicios se liberan de la resistencia que les ejercería el conocimiento y la experiencia. Y dice, en “Crítica y Clínica”:

por eso, la cuestión del juicio consiste en primer lugar en la de saber si se está soñando. […]. En sus reparos sobre el surrealismo, Artaud esgrime que el pensamiento no se enfrenta a un núcleo del sueño, sino que más bien los sueños rebotan contra un sueño del pensamiento que se les escapa. (Pág. 180)

Pero insisto, es que ya no nos quedan ni los sueños. La crudeza de la 31 Bienal de São Paulo así lo demuestra.

Los mapas del artista Qiu Zhijie en la bienal de arte 2014 articulan valiosos caminos donde lo desconocido se halla, y se hace visible. Lema de la Bienal: How to (look for, recognise, use, imagine, fight, read about) things that don't exist.

Consuela saber que, para dar esperanza, la edición norteamericana del libro “The condition of postmodernity” de David Harvey, se ilustrara para su portada con el dibujo de Madelon Vriesendorp, “Dream of Liberty”, realizado en 1974, como queriendo apostar en el fin de la modernidad que una alternativa es aún posible.

Portada de libro deHarvey The condition of Postmodernity (1989) con la ilustración de Madelon Vriesendorp, Dream of Liberty, 1974

Pero es que generar ciudad futura no es crear ensanches o implantaciones tentaculares ex novo, como hoy prolifera, sino una red intencional de comunicabilidades potenciales que tanto estiran al presente las consistencias del pasado –por su susceptibilidad de manejo-, como sueñan en el ahora –y el afloramiento de esas inconsistencias pesan como las históricas- las formas futuras, físicas o virtuales.

De esas dos direccionalidades temporales apuntando a un centro, un “centro (de lo) urbano”, la pregunta por el futuro de la ciudad es la que más importancia alcanza. No debe entenderse como un desprecio a la ciudad histórica. Todo lo contrario, las formulaciones que anticipan figuraciones se deben a la comparación con lo conocido. Conocer el pasado  es, profundamente, conocer los márgenes del presente. Sobre lo que posicionaremos nuestro rechazo es precisamente en la escisión en capas argumentales como necesidad para cercar ese centro. Sus márgenes no son de dimensión simplificable a cero, es decir, el centro como un punto, sino que abarcan una realidad ancha, continua, pero con “agujeros”. Serían esos agujeros unas lógicas del discontinuo en el continuo de una realidad incontestable, cuyas experiencias en ella presentan la misma conformación.

Praça das artes Sao Paulo Centro. Este premiado Proyecto reflexiona sobre las peternencias a los espacios que surgen desde las trazas históricas: “… one thing is the physical place, different to the place for the project. The place is not a point of departure, but rather a point of arrival. Realising what this place is, is already doing the project.”
Praça das artes São Paulo Centro. Brasil Arquitetura.
Este premiado Proyecto reflexiona sobre las peternencias a los espacios que surgen desde las trazas históricas: “… one thing is the physical place, different to the place for the project. The place is not a point of departure, but rather a point of arrival. Realising what this place is, is already doing the project.”

La clave de nuestro discurso debe encontrarse en la elusión de admitir todo epíteto sobreexcitado para la exposición de lo que es hoy la ciudad. Al lector, al investigador, al ciudadano que trate de poner en orden los sentidos de la ciudad contemporánea, se le desploma encima el inmenso anaquel que crece hasta la desmesura albergando las teorizaciones sobre la ciudad de hoy. Discriminar la información, ya no tanto sobre lo que es posible decir, donde sin duda se hallan descripciones de inaudita belleza, es tan importante como decidir no acortar la bibliografía para evitar ser abrumado. Tal corte promueve una elipsis fallida, un caer en alguno de esos “agujeros” urbanos, desde el que no se ve más allá de la propia incomprensión de los bordes que se reconocen. La irreductibilidad del “gap” (o hiancia, en español y, además, en sentido lacaniano, alucinatorio) que el habitante vive en su desconexión (barrial, informacional, participativa, de movilidad, etc.) se mantiene en dimensiones más intrincadas y espacializadas que la refracción planar que proveen los estudios a través de univocidades conceptuales relacionables por capas. Cierto es que los mismos autores se refieren en sus extensos prólogos a la dificultad de pensar la ciudad en conjunto, como un ente complejo describible en esa misma complejidad. Pero en la medida en que las presiones del tiempo pasado y las ensoñaciones del anticipo futuro comprimen los márgenes hasta el desborde, como haría una tectónica de placas, derramando morfologías tridimensionales incluso en sentido contrario a los vectores de empuje por la violencia de los choques, las temporalidades para la comprensión de la ciudad han de estudiarse en su relación con el espacio. Y, sin embargo, ¿a qué espacio nos deberíamos referir?

Doreen Massey (“Some Times of Space.” In Olafur Eliasson: The Weather Project. Edited by Susan May. Exhibition catalogue. London: Tate Publishing, 2003: 107-118.) ha estudiado el trayecto espacio-temporal del viaje en tren entre dos ciudades británicas, en el entrelazamiento que supone pensar el sentido del mapa de previsiones atmosféricas consultado previamente junto a las relaciones instantáneas intersubjetivas de cuerpos que se topan sin fisicidad a través de la ventanilla del vagón y los vientos que azotan las mismas ventanillas provenientes de determinaciones científicas que avalan su composición, velocidad y origen. Ambas ciudades se conectan por la contraposición que provee una narratividad de intrahistorias como antídoto a la superficialidad (depthlessness) postmoderna. Todo ello, además, coexiste en el trabajo de Olafur Eliasson que Massey categoriza -para su catálogo sobre “The weather Project”- desde ese trayecto ferroviario para expresar la necesidad espacial en toda temporalidad pero por los cambios que provee la variación del ángulo visual que caracteriza el trabajo del artista danés, de lo personal a lo espacial, desde Bergson a lo que la geógrafa de Manchester ha determinado como los coetáneos otros (coeval others, competing voices). Los otros coetáneos, para Massey, siguiendo las directrices de la vida cotidiana de De Certeau, serían aquellos distintos de los que la escisión estratigráfica científica elabora, porque se ven con una claridad que no permite la sorpresa. Serían aquellas ataduras entre “la política, la productividad, las preguntas, las expectativas, el potencial para la sorpresa”.

Las indeterminaciones e inconsciencias parecen ser suficientemente válidas para la incorporación a los discursos sobre ciudad, la base epistemológica de la construcción de esos discursos y la propia acción sobre y desde la ciudad. Naturalmente, tal argumento no se basa en un acuerdo de intuiciones para ser fieles a su teorización. Se trata de una anamnesis donde el interrogatorio para un diagnóstico diferencial sustituye al paciente como individuo, por una espacialización más ardua y amplia y, cambiando el ángulo –como Eliasson-, generar una precisión que hile en la miríada de publicaciones alrededor de la ciudad.

Yo voy a elegir dos, quizá tres, encadenando un argumento final, antes de que se acabe la batería de mi computador, y yo mismo me obligue a dormir para evitar el jetlag que me entumecería el pensamiento y el cuerpo en los próximos días.

El primer libro que me genera una precisión es el de Jonathan Crary “24/7 Late Capitalism and the Ends of Sleep”. Crary arguye que el sueño es una interrupción descomprometida del robo del tiempo por el capitalismo. Lo que creímos en apariencia necesidades irreductibes de la vida humana (satisfacer hambre, sed, deseos, sexualidad y hasta la necesidad de amistad –léase Facebook, meetic, y tantas otras-) se han recompuesto en mercancía o forma financiada. Si pensábamos que el sueño quedaba a salvo, ya no.

El siguiente libro, dos encadenados, son los de William Morris “News from nowhere, or, An epoch of rest: being some chapters from a utopian romance (1889) y el de  H. G. Wells “When The Sleeper Wakes (1899)”. Ambos son parte de la literatura clásica que muestra el sueño de ciudad futura. El de Morris, sigue un texto bestseller de 1880 de Edward Bellamy titulado “Looking Backward” (1888). El libro de Bellamy cuenta la vida de un bostoniano que tras caer dormido, sueña durante 100 años y al despertar se encuentra con una sociedad muy avanzada en términos tecnológicos, pero moral y políticamente apática, deprimida. La sociedad retratada por Morris en su libro fue una crítica a lo que Bellamy soñó para la ciudad futura. Unido en sueños, el personaje de Wells duerme aún más, 200 años. Y encuentra al despertar una sociedad avanzada, que lo ha hecho su líder y es rico poseedor de una cuenta dineraria fruto de las evoluciones bursátiles que durante tanto tiempo han estado jugando mientras dormía.

Ambos textos son la cabecera de un cuarto libro (ya dije que era difícil seleccionar): The future of architecture since 1889, Phaidon. 2013. Jean Louis Cohen.

 

When the Sleeper Wakes. A Story of the Years to Come. Herbert George WELLS.

Se acaba la batería antes de lo previsto. Intentaré dormir. No sé qué encontraré cuando despierte una vez aterrice mi avión en Madrid. Espero acordarme de São Paulo y que la ciudad sea algo más que lo que soñaron para sí los durmientes anteriores. Como no hay energía en mi batería, tampoco nadie puede generar beneficios por mí mientras duermo. ¿O Tal vez si?

 


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