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Nostalgia

por Brijuni — Miércoles, 21 de enero de 2015

Recuerdo cómo los profesores de proyectos nos hablaban de sus viajes, a destinos europeos sobre todo, también americanos, para visitar la obra de los arquitectos que admiraban y nos servían de ejemplo. Parecía una rutina necesaria, casi una obligación. Viajar por Europa para ver la obra de Le Corbusier, los países nórdicos para conocer a Alvar Aalto y con algo más de tiempo Erik Gunnar Asplund, o si se hacía más adelante, quizá ya como doctorando, la de Reima Pietilä; saltar a Norteamérica para visitar a Mies en Chicago y Nueva York y a Frank Lloyd Wright por un territorio mucho más amplio… Resultaba atractivo pensar en ello como algo que tarde o temprano tendríamos que hacer y lo haríamos con placer, sin duda, y nadie objetaría al respecto.

Resulta más fácil convencer a tus padres para que apoyen económicamente un viaje de este tipo que otro, digamos, para pasar una semana en Ibiza, aún cuando también podrían verse allí obras conocidas de Coderch o, saltando a Mallorca, de Utzon, por ejemplo, pero esto no es tan sencillo de explicar. El viaje como descubrimiento o como epopeya seguía ofreciendo belleza y épica y animaba a los estudiantes a emular las aventuras ya narradas de los maestros y sus revelaciones luego volcadas en tesis de nuestros profesores que continuaban así una bonita tradición donde además se subrayaba la importancia también de lo clásico en la formación del arquitecto contemporáneo.

Creo que por suerte, pero quizá por pereza o por equivocación, aprendí a viajar sin demasiado interés por ver demasiados edificios. Pronto eliminé de mi equipaje la absurda carga de visitar un número casi ilimitado de ellos y preferí pasar más tiempo en los bares o paseando sin rumbo por las calles, en plan flaneur, aunque aún no sabía qué era y mucho menos lo había leído en Baudelaire o en Benjamin. Un profesor, muy antipático y amargado, al menos me enseñó una buena cosa y esta fue el placer de viajar sin ánimo de fotografiar absolutamente todo y mucho menos arquitectura, ya que existían muy buenas fotos y libros de casi todo (esto no me lo dijo, lo asocié yo).

Ya el cine y la propia experiencia nos ha despertado de un sueño viajero que ahora no es más que un triste devenir de maletas con ruedas y puertas de embarque. El viaje, como extravagancia, ha quedado reducido a un asunto incómodo que sufren delegados comerciales y ejecutivos en dosis similares de paciencia e incomodidades, y la emoción no es más que inquietud y temor a que, en el tedioso proceso, algo salga mal.

Por fin, el tiempo nos ha regalado no ya la emoción pero sí al menos la obligación de viajar, tampoco por placer sino únicamente movidos por la ausencia de oportunidades en nuestro país. Así, encuentro un pequeño placer en hacer memoria de mi ciudad y de los lugares donde he vivido o que he visitado, y recuerdo que he sido feliz en todos ellos, creo que sin excepción. Junto a mis recuerdos, guardo fotos de algunos de ellos y a veces me gusta verlas, y sentir una gran nostalgia, una enorme tristeza sobre la posibilidad de no poder volver a ellos, quizá nunca más, y eso me anima a viajar de nuevo para poder experimentar ese antiguo placer y estas nueva tristezas.

Texto: bRijUNi architects.

Bea Villanueva y Paco Casas son arquitectos y viven en Riyadh.

 

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6 comentarios a “Nostalgia”

  1. Fernando Alonso dice:

    La fotografía en los viajes tiene el inconveniente de registrar un momento sobre el cual ya nunca jamás podrás influir en él a posteriori. Se convierte rápidamente en pasado. Por eso es bueno no fotografiar, o al menos nunca de cerca. Ya no puedes influir en ella como creador o como arquitecto, salvo que conviertas esa foto en otra cosa.

    Sin embargo, la arquitectura y el paisaje son campos más abiertos, en continua transformación. Mezclar fotografía y arquitectura tiene efectos positivos para analizar cómo la segunda soporta el paso del tiempo. La primera es una “radiografía” de una parte del “paciente”.

    Estoy convencido que viajar por puertas de embarque supondrá darse cuenta de lo que es más importante, de lo realmente esencial. Será positivo ser consciente de esos límites.

    PD: Jamás he tenido nostalgia de volver a nuestro país por ver algunos edificios (especialmente el de vuestra foto), pero sí por oler el salitre del mar, por degustar sabrosa gastronomía y ver “a las gentes” en su cultura. Yo también me he dado cuenta de las cosas importantes en la vida. La arquitectura nos lo agradecerá algún día.

  2. Semisótano dice:

    Queridos Paco y Bea, encantada de leer como siempre vuestros sinceros textos, esta vez compartiendo en su totalidad los sentimientos que dejais que se transparenten. Para mi, la nostalgia del lugar que hemos dejado es agria, cuando estoy lejos de casa, añoro terriblemente a nuestros seres queridos y los pequeños detalles que nos hicieron tan felices, pero cuando volvemos y disfrutamos por un tiempo de todos esos placeres que la fotografía no es capaz de capturar, sentimos nostalgia del pasado. Nostalgia de nosotros mismos, de aquel espíritu de lucha por mejorar la vida cultural de nuestro pueblo (junto a vosotros y donde nos lo pasamos tan bien!!),de los escritos al ayuntamiento para salvar territorios, de las acciones con ASA y mil cosas más. Los viajes forzados (como los nuestros) fuera de casa creo que nos hacen más distantes de todo, incluyendo la arquitectura, a la que quizá de forma subconsciente o consciente (con nombres y apellidos de políticos y promotores) culpemos de nuestra situación. Besos grandes.L

  3. (German Cintas Araujo via fb con permiso de su autor) dice:

    Germán Cintas Araújo Cuando emprendas tu viaje a Itaca
    pide que el camino sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de experiencias.
    No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al colérico Poseidón,
    seres tales jamás hallarás en tu camino,
    si tu pensar es elevado, si selecta
    es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
    Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al salvaje Poseidón encontrarás,
    si no los llevas dentro de tu alma,
    si no los yergue tu alma ante ti.
    Pide que el camino sea largo.
    Que muchas sean las mañanas de verano
    en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
    a puertos nunca vistos antes.
    Detente en los emporios de Fenicia
    y hazte con hermosas mercancías,
    nácar y coral, ámbar y ébano
    y toda suerte de perfumes sensuales,
    cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
    Ve a muchas ciudades egipcias
    a aprender, a aprender de sus sabios.
    Ten siempre a Itaca en tu mente.
    Llegar allí es tu destino.
    Mas no apresures nunca el viaje.
    Mejor que dure muchos años
    y atracar, viejo ya, en la isla,
    enriquecido de cuanto ganaste en el camino
    sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
    Itaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.
    Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Itacas

    C. P. Cavafis. Antología poética.

  4. (German Cintas Araujo via fb con permiso de su autor) dice:

    No albergo nostalgia, no al menos de momento, y sí mucho asombro y extrañeza ante tanto desconocimiento. A veces me siento como si estuviera en la taberna de Mos Eisley, especialmente en Hong Kong, donde la variedad de culturas e idiomas es tan enorme que me parece que todos los cuentos de mi niñez pueden ser ciertos, y entonces el mundo se me hace enorme y de algún modo abarcable. Yo agradezco a la crisis haberme obligado a salir de Itaca a combatir en tierra extraña, espero no tener que matar cíclope alguno.

  5. (Julen Asua via fb con permiso de su autor) dice:

    Por lógica, en algún momento comenzará a reactivarse el trabajo en España, aunque sea poco a poco. Y que haya trabajo es una condición necesaria, pero no suficiente. El problema es que en España las condiciones han sido realmente malas y ahora mismo lo son, si cabe, aún peores. Y no es por pecar de pesimista pero dudo mucho que esto vaya a mejorar en algún momento. Las crisis, entre otras cosas, sirven para que muchos hagan ‘tabula rasa’ cada cierto tiempo y tiren los salarios (y las conciciones laborales) por los suelos. Y claro, uno quiere trabajar, pero no a costa de lo que sea y a cualquier precio.

    Influyen muchas cosas en el tema de la emigración (la evolución económica del país de acogida, la distancia a casa y factores personales propios de cada uno) y yo también me veo viviendo fuera a largo plazo. Además, aunque echo muchas cosas de menos, estoy agusto en China y me parece que la experiencia vivida hace tiempo que superó con creces mis expectativas iniciales.

    Pero también es cierto que tras 4 años viviendo aquí, comienzo a plantearme la opción (a medio plazo, no ahora) de acercarme un poco. Como dije antes, los factores personales afectan mucho y este año hemos sufrido un duro golpe que realmente ha hecho crecer la necesidad de estar un poco más cerca de nuestras familias. No hablo de volver, ya que lo veo del todo inviable, pero sí no dejar de probar otras situaciones y vivir nuevas experiencias en otros países.

    También creo que lo mejor es no hacer demasiados planes porque al final las cosas llegan por sí solas en el momento que tienen que llegar.

    Volver es difícil. Y lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Pero hay que sacar partido de estas circunstancias y aprovechar las experiencias que vivimos y vamos a vivir estos años.

    Yo, personalmente, jamás tendré suficientes palabras para agradecer a China lo bien que se está portando conmigo y todo lo que me ha dado y me seguirá dando durante (probablemente) unos añitos más.

  6. (Diego Carreño de Vicente vía fb con permiso de su autor) dice:

    muy hermoso texto, no te lo conocía… alguna vez siento que debería olvidar a posta mi Nikon, (ahora más difícil pues también en móvil tiene cámara y sin móvil no somos ni la mitad de hombre); pero hay algo de nostalgia también en las imágenes que me descubrieron mundos inaccesibles cuando era chico (una enciclopedia de Time-Life entre otras) o ya adolescente que siento cierta obligación en dejar algo para otros a través de la fotografía… entonces debo esperar a que suceda un accidente -se agotó la batería o se llenó la memoria de la tarjeta gráfica- para ser capaz de liberarme del todo. Al principio es molesto y duro, pero la edad nos da la perspectiva de disfrutar del momento aunque sea para nosotros solos; ya lo compartiremos, no sé, a través de un escrito de nostalgia…

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