La ciudad viva


Está en: Inicio > Blog


en defensa de los concursos de ideas de arquitectura y urbanismo públicos, abiertos y participativos

por JMRomero — Viernes, 16 de octubre de 2009

JM CV6_01

En una de las últimas reuniones nacionales de directores de departamento de la asignatura de proyectos de la carrera de arquitectura en Madrid, entre los que se encontraban arquitectos de reconocido prestigio, varios profesores criticaron con vehemencia a los estudiantes por carecer de cultura arquitectónica. Alguno comentó: “Ni siquiera conocen la obra de Le Corbusier o Mies van der Rohe, que todo arquitecto de verdad debe tener en mente”.

Un profesor salió en defensa de los estudiantes, y restó importancia al hecho. Aclaró antes, que es aconsejable conocer la historia, pero siempre de manera crítica, pues ningún arquitecto era un santo infalible que no pudiese ser objeto de crítica dura. Algunos presentes en la reunión casi se rasgaron las vestiduras al oír el comentario. Y reforzaron su postura declarando la pureza de arquitectos tan respetables. Cuando el temerario profesor defensor de los estudiantes volvió a hablar, explicó más o menos lo siguiente:

Le Corbusier fue un magnífico artista y arquitecto de pensamiento clásico. La obra de la nueva ciudad de Chandigarh en la India (años 50-60), tuvo aciertos -es posible que esté mejor organizada que cualquier ciudad india-, pero también fallos incomprensibles a nuestros ojos, actualmente inadmisibles. En la planta antropomórfica de Chandigarh -verdadero absurdo de planta de ciudad racional-, se distinguen: cabeza (donde se sitúan el gobierno y la administración), tronco (donde se localiza el grueso de la edificación en general), y extremidades (que son las infraestructuras, los ríos…). Por poco funcional, tiene el inconveniente de que los peatones deben andar ochocientos metros -de ida y vuelta-, para cruzar en ciertos lugares las vías de veinte metros que separan sus grandes manzanas. Es una ciudad pensada para el coche, con barrios donde no se permite la mezcla de gente, usos ni funciones, que es una de las virtudes incuestionables de la ciudad convencional. Miles de personas viven sin agua y electricidad al otro lado de la Universidad del Punjab, junto a los muros de la ciudad. Además, la cabeza –con tres “ejemplares” edificios del propio Le Corbusier-, se encuentra completamente aislada –separada- de los ciudadanos de a pie.

Tras la breve exposición del profesor sólo hubo silencio en la sala de reuniones. Ninguno de los otros ventitantos docentes había visitado Chandigarh. Desconocían los efectos de la obra más grande e influyente de la vida de Le Corbusier.

JM CV6_02

Chandigarh. La realidad de la nueva ciudad tras las fachadas: autoconstrucción y tiendas de campaña (De “Ciudades del mañana”, Peter Hall)

No todo el mundo tiene la fortuna de visitar la India. Sin embargo, lo que asombra del caso es el poder absoluto que a veces posee el ámbito académico y arquitectónico -y la fe en su propia disciplina-, que se impone a menudo de manera poco racional. Se confía ciegamente en los arquitectos más prestigiosos, y se asume, de forma acrítica, la idea de que pueden solucionar cualquier problema de manera magistral. El poder político, deseoso de utilizar su prestigio, halaga interesadamente el ego de los arquitectos, resultando con frecuencia soluciones y proyectos arquitectónicos y urbanos verdaderamente absurdos y alucinantes.

Nos hemos acostumbrado a aceptar como práctica habitual que se convoquen concursos de ideas restringidos entre profesionales de elite –expertos-, para agilizar “las cosas”. Después se divulgan ampliamente sus resultados en la prensa (tanto en la especializada, como en la de masas). Luego se promueven como modelos ejemplares de gestión y de arquitectura. Sin embargo, al final como mucho, de un concurso de éstos, sólo se obtienen cinco o seis propuestas para elegir. Y nunca los procesos de selección son públicos y democráticos, ni con los técnicos, ni con los ciudadanos (mucho menos son participativos y transparentes).

Le Corbusier se sentiría feliz con el sistema que se impone, pues decía: “La ciudad armoniosa debe ser diseñada por expertos que dominen la ciencia del urbanismo. Trabajarán en sus proyectos con total libertad, lejos de cualquier presión o interés partidista; una vez que los planes se hayan formulado, deben ser llevados a la práctica sin ningún tipo de oposición”. Y todavía más contundente: “La planificación de las ciudades es demasiado importante para dejarla en manos de sus habitantes”.

Por otro lado, el resto de concursos públicos “abiertos” convocados en territorio nacional se promueven más cerrados, pues prácticamente hay que ser un arquitecto importante y mayor, un equipo potente o un “consulting”, para cumplir con garantías las condiciones cada vez más exigentes de los pliegos de dichos concursos. Lo que demuestra que el trabajo -y las ideas-, de los arquitectos, que podría ser motivo de discusión y debate ciudadanos, se convierte en mercancía, y es acaparado por el mercado que dominan los grandes estudios o “consultings”; es decir, neoliberalismo: privatizar lo público  (y lo común). No entramos en plantear la doble grave crisis, que citaba Eduardo Serrano en el post anterior, que afecta de forma dramática en la actualidad a la gente más joven deseosa de aportar ideas: la crisis de la profesión de arquitecto, y la crisis económica.

Los arquitectos también somos cómplices. Resultado: mezcla explosiva de paternalismo, disciplina, jerarquía, orden, autoritarismo… ahora aliñada y reforzada con puro neoliberalismo. La ciudad armoniosa, aletargada.

Jose María Romero

comparte:
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Twitter
  • Google Bookmarks
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (4 votos, media: 5,00 sobre 5)
Loading ... Loading ...

6 comentarios a “en defensa de los concursos de ideas de arquitectura y urbanismo públicos, abiertos y participativos”

  1. joserrat dice:

    Sigo insistiendo en lo mismo que argumentaba en el post anterior. Coincido con vosotros en el ensimismamiento disciplinar, pero sigo desconfiando de los procesos de participación democrática.
    Yo soy de un pueblo en que a un 75% de la población le gustaría vivir en una casa al estilo de ermita rociera si se lo permitiesen, bueno, en realidad creo que no existe ninguna ordenanza que lo prohiba, excepto que haya alguna que impida construir un campanario más alto que el de la iglesia. A mi me da por pensar: Que horror! Por favor!, no permitamos que esto se haga. Y entiendo que un modesto arquitecto como yo no es nadie para decirle a la gente del pueblo que no lo haga. En el fondo, haber estudiado a Mies o Le Corbusier no me otorga ningún derecho especial sobre ellos, pero pienso que tal vez sí una especie de sensibilidad cívica y estética reforzadas en unas formas de pensar el habitar, el ser ciudadano. Con esto no quiero pecar de arrogante, sino que es más un alarde de formación y capacidad de pensar sobre la problemática compleja de la vivienda, el espacio público, la ciudad, el territorio, etc, con muchas otras limitaciones, por supuesto.
    Sobre estos temas, en este país somos unos analfabetos. El advenimiento de la crisis ha sido una muestra de ellos. Con el boom inmobiliario nadie quiso pensar en las nefastas consecuencias, y así nos va. No fue solo un proceso de especulación desde arriba, el mal estaba enquistado en todos-los-ciudadanos (y ciudadanas).
    No se puede interpretar el problema solo desde lo disciplinar. Es inexacto. Políticos, planificadores, técnicos, arquitectos, urbanistas, banqueros,… y todos los que están en el punto de mira por tener responsabilidades directas no somos los únicos responsables. El mal es endémico, es general. El traspaso de competencias a los ciudadanos y ciudadanas debe hacerse cautelosamente, porque no estamos preparados para hacer un buen uso del mismo.
    Hacen falta formulas híbridas, tuteladas, interpretadas, encauzadas, filtradas. Hace falta educación. Siempre es la clave de todo.

  2. Estudiante dice:

    Ahí, ahí. No es oro todo lo que reluce. Tan bueno el texto como el comentario de Joserrat.

  3. Pani dice:

    Participar es decidir, y debe ser tarea de todos y todas: La ciudad si es, será diálogo.

    Las formulas tuteladas, interpretadas, encauzadas, filtradas… ¿por quién? Normalmente a cargo de los denominados “expertos” colegas del politicucho de turno.

    “La ciudadanía no llega por casualidad: es una construcción que, jamás terminada, exige luchar por ella. Exige compromiso, claridad política, coherencia, decisión” Paulo Freire

  4. jmromero dice:

    Gracias por vuestros comentarios.
    Joserrat, en casi todos mis post intento decir que la cuestión ciudadana (o la cuestión política, de polis), es tarea técnica de los arquitectos, antes incluso, que las cuestiones puramente disciplinares. Y en este ámbito tan necesario, que tan acertadamente cita Pani, pienso, y pensamos bastantes, que la creatividad de la arquitectura y del medio (sea urbano o territorial), está inexplorada, y producirá nuevos trabajos de arquitectura no previstos ahora.
    Creo que en el último post de Franceso (de Ecosistema) sobre las posibilidades de las redes, aparece una lista de motivos para inventarse la arquitectura y la ciudad, de una forma mucho más participativa: colaboración (sumando más que compitiendo), apertura, transparencia, trabajo sin jerarquía, utilización de la web (mejor la 2.0), todo ello construyendo red de relaciones (sociales) entre implicados y futuros habitantes, que a su vez re-alimenta y enriquece el proceso, el proyecto y la obra…
    ¿Cuándo se ha valorado algo de todo esto en un concurso de los nuestros?
    Eso nos gustaría
    jm

  5. Estudiante dice:

    Coincido también con el post y el comentario de joserrat, creo firmemente que la clave es la educación. Sólo que no todo el mundo puede ni tiene porque estar obligado a recibir una mínima educación sobre arquitectura.
    Creo que desde el ámbito profesional, y debería ser también desde el académico, se debe potenciar poner el conocimiento que obtenemos y adquirimos en nuestra formación en manos del ciudadano, es decir, hacer de nosotros mismos herramientas y no organismos totalitarios.
    Pongo algo más en duda la lectura que plantea Pani, no por nada, sino por desconocimiento de ese tipo de experiencias y procesos, me gustaría saber de alguno.

  6. Sacselli dice:

    Bla bla bla
    Pues entonces mandemos al paro a todos los arquitectos y urbanistas.
    ¿Cómo van a decidir los ciudadanos por donde tiene que pasar la autopista, dónde va el aeropuerto, cómo crecerá la ciudad? Los ciudadanos tienen bastante con votar cada cuatro años y dejar las decisiones a los políticos (que por cierto no es a los arquitectos). Bueno, y eso si van a votar, porque a muchos les importa un huevo.
    Eso no es ser democrático, es el absurdo del individualismo llevado al extremo. ¿Que pasa entonces, que lo quiera la mayoría es lo más justo? ¿Y los colectivos minoritarios, los minusválidos, los enfermos, los inmigrantes? ¿Les decimos que lo sentimos, que la mayoría ha decidido que la ciudad no puede ser para ellos? Los ciudadanos no siempre tienen posturas que favorezcan globalmente. Lo normal es que tengan una visión reducida y parcial, que miren más por sus intereses que por el colectivo.
    Sí. Estoy de acuerdo con el Corbu: los expertos “trabajarán en sus proyectos con total libertad, lejos de cualquier presión o interés partidista”.

Deja un comentario


Los articulos publicados son responsabilidad del/os autor/es y no necesariamente refleja el pensamiento de la organización.

Logotipo de la Junta de Andalucía