La ciudad viva


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DETENGAN LAS NUEVAS OBRAS. ATIENDAN SU PATRIMONIO. Actualizaciones “Low-Cost” de arquitecturas históricas gracias a las T.I.C. docentes

por Juan D. Lopez-Arquillo — Lunes, 2 de marzo de 2015

Así como un edificio es síntesis de un tiempo de la ciudad, las ciudades son condensadores de las condiciones socioeconómicas y culturales que las sostienen. Ha llegado la época de volver la mirada sobre lo existente, de actuar sobre, en contra de seguir ampliando, fagocitando. Esta necesaria reactivación tiene hoy, además, la posibilidad digital de la acción impresencial derivada de la disolución de la docencia clásica.

1. Valoración del elemento patrimonial. Materialismo histórico.

“El materialismo histórico hace saltar fuera del curso lineal de la historia una época determinada, así como una determinada vida de la época, o una determinada obra de  la obra general. El resultado de su procedimiento reside en que en una obra se halla conservada y custodiada la obra general, en la obra general la época, y en la época el curso entero de la historia.  El fruto nutriente de lo históricamente comprendido posee en su interior el tiempo, como semilla preciosa pero carente de sabor” [1].

Que una ciudad pueda evocar tiempos ya pasados por la pervivencia de sus arquitecturas y escenas urbanas es común en las ciudades históricas. Ciudades diferentes, todas testigos de un pasado conocido, relatan un tiempo anterior en el que ciudad, territorio y naturaleza planetaria formaban una tríada complementaria de coordinación y coherencia. Cada pieza de la compleja morfología que compone la ciudad histórica, hoy reconocible por contraste con el resto de la ciudad, es símbolo y síntesis material, técnica y sociológica de la sociedad que, en su momento, la levantara; fragmentos construidos que han superado el tiempo de una normal supervivencia edilicia y que llegan hasta nuestros días metacodificados como representantes de tiempos anteriores de nuestra sociedad en los que la ciudad se encontraba en comunión con la naturaleza próxima y su entorno metalocal; pues la impertinente globalización que nos impulsa a consumir bienes traídos de otras partes del globo [2] aún no había dejado su temible huella ni en el planeta ni en nuestras ciudades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 1. Ciudad postcapitalista, inerme a su entorno (Cape Town, Sudáfrica) y ciudad romana, realizada desde una simbiosis total con un entorno coordinado (antigua Sexi Firmum Iulum, actual Almuñécar, España). Objetos de uso cotidiano del modo urbano: Smartphone y Lucerna.

 

Hoy nuestras ciudades son tiempos abiertos sobre tejidos previos, urbanos y rurales, históricos, dentro y alrededor de los cuales se ha impuesto una morfología urbana ciega a los condicionantes de los ciudadanos, planeada desde despachos municipales sin atención a la vida interior, anterior y productiva, y, pese a ello, la sensibilidad de unos pocos ha hecho que en unos muchos despierte la necesidad de proteger el patrimonio edilicio de la ciudad, mayoritariamente residencial, obra de un tiempo anterior, que sin embargo, por la ausencia de monumentalidad, parecía abocado a la ruina por la necesidad de la ciudad de renovar su sangre sobre las cenizas de sus difuntos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 2.  Vista (grabado) de Granada desde el bosque de la Alhambra,  de Gustave Doré, 1837. Perspectiva de Granada (desde vehículo aéreo no tripulado) actual.

 

El materialismo histórico que Benjamin generalizaba, desde el objeto a la ciudad, nos hace hoy valorar el monumento al mismo nivel que lo doméstico, pues, siendo del mismo tiempo, no hay razón para devaluar a uno frente a aquel. La ciudad ha dejado de ser un elenco de monumentos y equipamientos -razonablemente trascendentales para la figuración de la ciudad- erigidos dentro de una continua morfología de inertes piezas domésticas, residenciales y terciarias que aguardan su caducidad bajo la sombra eterna de las arquitecturas aúlicas.

Ahora la ciudad es un continuum físico de fundación metatemporal, que contiene los edificios que fueron, los que son y los que, según los anteriores, serán. Hoy es el tiempo, los tiempos, de valorar la ciudad más allá de los nodos de intensidad urbana que son las arquitecturas de la representatividad, porque hoy los tejidos residenciales nos representan como el logro de lo común que son. Más allá de lo figurativo y lo representativo, hoy la ciudad es también valorada en lo doméstico de sus tejidos residenciales, en la calidad de sus capacidades vitales para la ciudadanía y en la capacidad de relación con su entorno cercano, pues de ello depende su impacto ambiental y la calidad de vida ciudadana.

 

2. Planeta de lo humano, planeta de lo urbano.

Dentro de que la exigua capacidad de prever el futuro de la estadística no sobrepasa la mera extrapolación de las tendencias de un periodo estudiado, la lógica geométrica nos advierte de que, en el año 2050, el 60% de la población mundial habitará en ciudades. Y la realidad de la ciudad durante los últimos 150 años es el mejor bagaje con el que podemos haber llegado al periodo de globalización en el que hoy nos encontramos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 3. Gráfico de evolución de la población humana total en el planeta, y graduación de crecimiento vegetativo absoluto por país. Perspectivas (justificación y maqueta) del Plan Voisin, de Le Corbusier, tal y como aparecía en “Vers Une architecture” (1923)

 

La ciudad postindustrial, heredera de los modos tardíos del ancient regime, ha sido la maquinaria física que ha postergado la pobreza social más allá de lo que las revolusiones sociales la hubieran hecho deseable. Hasta el periodo de entreguerras y la necesidad masiva de vivienda por la explosión demográfica de la posguerra –soportada, eso sí, por las nuevas técnicas constructivas disponibles heredadas de las aplicaciones militares- la ciudad era una extensión de ciudades casi medievales, con pésimas redes urbanas de toda índole, peor sentido urbanístico y nula repercusión y compromiso de la ciudadanía.

Ante esta ciudad histórica, leída en exclusiva por una desgraciada combinación de higienistas y promotores, el anterior tejido de las antiguas ciudades mediterráneas fue interpretado como el infierno urbano a superar, abriendo la veda a la destrucción de esta morfología heredera de la acción ciudadana y dejando las ciudades a la suerte de ser tableros de juego para las grandes compañías, que durante más de cincuenta años han ido sustituyendo –desgraciadamente- el concepto de la ciudadana ciudad mediterránea por la liberalista ciudad americana. Se ha heredado que la naturaleza es opuesta a la ciudad [3], y, desde esta oposición, los tejidos urbanos se han ido imponiendo sobre el entorno, como una realidad urbana que no es posible de desarrollar en simbiosis con el entorno, entorno que cada vez es menos sustento de la ciudad y más sustrato de su ubicación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 4. Categorías absolutas: Ciudad histórica mediterránea, densa (albaicín, Granada) frente a naturaleza no urbanizada. Urbanización paralizada de uno de tantos polígonos industriales de España.

 

Pese al categórico cambio de interpretación de nuestros entornos físicos, las ciudades siguen siendo el entorno de la vida ciudadana soporte de la historia y sus movimientos [4] ; pero, extraordinariamente, las ciudades del siglo XXI comienzan hoy a reflejar en su fisicidad el cambio de mayor trascendencia para la ordenación urbanística desde la irrupción del vehículo de motor: La radical sustitución de la técnica por la tecnología, de lo electrónico por lo digital. La técnica ha sustituido la combustión por la electricidad, el desplazamiento físico por la multipresencia en red. La limpieza de lo digital ha permitido introducir la tecnología más allá de los límites de lo doméstico, y la producción local material y energética hacen de ésta una realidad sostenible a largo plazo [5].

La sostenibilidad ambiental es posible hoy por la posibilidad cierta –no aún del todo real, no obstante- de superponer naturaleza, urbanismo y sociedad, que, a modo de naturaleza urbana, es el nuevo entorno en el que durante las próximas décadas se desarrollará el reto más importante que la humanidad ha de asumir desde el momento presente: Imbricar desarrollo local y ecosistema planetario, contra la actual tendencia de hacer primar el desarrollo planetario contra –sobre-los ecosistemas locales, opción ésta que nos está llevando a una paulatina destrucción que ya es innegable.

 

 

 

 

Figura 5. “Metrópolis” de George Grosz (1925) vs botellón universitario. Se mantiene la actividad humana. Tren de vapor vs tren de alta velocidad. Cambio de paradigma técnico por tecnológico.


3. Repensar vs Ampliar. Actualizar vs Renovar.

La actual coincidencia de nuevas tecnologías de la información y el conocimiento con la conciencia mundial de red, dentro del común marco de respeto a los derechos humanos y al patrimonio, es una oportunidad histórica[6] de replantear la relación de las ciudades, locales, con su entorno, que hemos de obviar en cuanto a la ubicación para establecerlo en el común global que hoy, en realidad, es. Las ciudades son por tanto el lugar de encuentro de las relaciones locales con el entorno programático de lo global. Uno y otro es el marco de nuestra realidad presente y futurible, y en su fusión podremos hacer de nuestras ciudades entornos humana y ciudadanamente habitables en un entorno afectablemente planetario, global y local, un entorno glocal.

Las ciudades no pueden seguir fagocitando su entorno para crecer, ni seguir fagocitando recursos naturales de cualquier otra parte del planeta para sostenerse económica o ambientalmente. El consumo de mercancía en una ciudad, proveniente del otro extremo del planeta, es hoy posible por el bajo coste del transporte y la mano de obra de países tercermundistas. Pero el planeta al completo asume el coste ecológico del transporte –exclusivamente en base a combustibles fósiles- y el desequilibrio social de superdesarrollo frente a subdesarrollo. Y ahora, la crisis financiera mundial ha forzado una parada en el crecimiento económico y urbano, que es una oportunidad para repensar lo que ya tenemos, de considerar lo que ya se ha fabricado, construido, edificado, en especial cuando la tecnología, adaptable y de un coste medioambiental mucho menor que la edificación o las infraestructuras, nos ofrece hoy la posibilidad de producir energía limpia, de evitar desplazamientos innecesarios, de hacer gran parte de nuestras actividades más eficaces y limpias.  E incluso repensar y dar una oportunidad a lo existente –aunque suponga el cambio de paradigma de arreglar frente a desperdiciar y adquirir uno nuevo- se ha de hacer considerando la realidad de lo que las ciudades son hoy para sus habitantes, y no tanto por lo que son para sus dirigentes.

 

 

 

 

 

 

Figura 6. Ciudad opuesta a entorno, provocada por un planeamiento de zoning común a todas las ciudades. Boulevard Hausmann, en parís, 1860; y nueva aplicación del Comune di Venezia mediante bluetooth, para notificar puntos críticos por parte de turistas y residentes.

 

4. El patrimonio edilicio universitario. Oportunidades mutuas.

Esta lógica, que de propagarse supondría una solución a muchos de los problemas urbanos actuales, tiene en el patrimonio edilicio de muchas universidades históricas un directo campo de aplicación, máxime cuando son edificios que pertenecen a instituciones docentes que los integran en sus estructuras de propiedad pero, bien por la tipología histórica, bien por la dificultad de adaptarlos al uso docente estandarizado, no se encuentran adaptados ni asignados a una función docente concreta [7]. Estas arquitecturas históricas suelen estar asociadas, dentro de los patrimonios universitarios, a funciones administrativas, y por su lejanía con los campus –están en zonas históricas de la ciudad, los campus en zonas de ensanche- por lo que no se activa el potencial espacial, de localización y de flexibilidad que poseen.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 7. La Universidad de Granada, uno de los organismos de mayor antigüedad de la ciudad, posee un amplio patrimonio de inmuebles históricos aunque pocos se destinan a funciones docentes. Y, sin embargo, las cualidades de éstos los hacen perfectos para ser actualizados a nuevos procesos docentes.

 

Son radicalmente diferentes a edificios de usos hiperespecíficos, que sólo sirven a una función determinada. Estas arquitecturas son altamente flexibles [8], adaptables a las nuevas estructuras metadocentes universitarias, porque esta rigidez geométrica que, sin embargo, está formalizada en base a espacios bien resueltos, iluminados y con soluciones tradicionales ecológicas para su mantenimiento, nos provee de espacios que quedan referidos al margen de acción que la atmósfera, la historia acumulada y el accionamiento provocan en espacios que son más –interpretativamente, funcionalmente- que los espacios físicos que los componen. Existe una actualización posible [9],  en la que un edificio con un funcional marco físico híper-rígido es la oportunidad perfecta para aquellas actividades que se realizan con la hiperflexibilidad propia de una adaptación posible a diversas funciones asociadas a espacios de dimensión no fijada para funciones concretas. Esto es, las ligadas a la telepresencia y a los nuevos modelos de docencia no unívoca, sino biunívoca, no lineal y participativa.

 

5. Accionario de actualización en curso. Updating.

Se ha propuesto, y se encuentra en curso, un programa de actualización funcional de muy bajo coste para algunos de estos edificios, ubicados en el centro histórico, alejados de los campus, que sin embargo se encuentran en zonas de habitual residencia universitaria. Frente a la docencia clásica, el updating de bajo coste sirve a los nuevos modos docentes, situaciones abiertas, nuevos lugares y nuevos medios de mensaje, además de activar edificios sin uso específico que evitan desplazamientos.

1. Colocar webcam en directo para retransmisión en opencast, incorporados a grupos sociales en directo para plantear talleres comunes con capacidad para un número de alumnos que no podrían asistir simultáneamente dado el contenido volumen de los espacios de edificios históricos.

2. Descarga de temarios y archivos directamente a la tablet o medio de notas en clase presencial o telemática, evitando la focalización en los medios de anotación durante el transcurso de las masterclass.

3. Promoción de talleres interdisciplinares que fomentan la transversalidad de diferentes disciplinas que, sin embargo, tienen una directa relación con el actual marco laboral y no encuentran acogida en facultades y escuelas ya muy establecidas departamentalmente.

4. Utilización de espacios de estos edificios como inc-vivacs, espacios de localización física para Start-up´s y Spin-Off ´s de carácter universitario y que, pese a desarrollarse domésticamente, necesitan una ubicación física en sus comienzos.

5. Generación de Centros Permanente de Investigación libre, mediante tutela deslocalizada y que genera la posibilidad de ser centro oficial de nominación para investigadores sin adscripción continua por motivos de limitación profesional, evitando el desplazamiento de resultados de calidad en investigación libre a otros organismos; simplemente mediante revisión por pares previa a publicación.

 

6….en definitiva (y por ahora)….

Existen organismos que son marcadores ciertos de las actuales necesidades de refundación en el funcionamiento democrático. Existen edificios que son síntesis de su momento histórico, y perfectos ejemplos de los problemas que, respecto a nuestro medio físico urbano, tenemos que enfrentar en la actualidad y en lo venidero. Algunas Universidades y su patrimonio edificado son condensadores sociales de todo ello. Una nueva sociedad demanda –y el desajuste entre el mercado laboral y formativo es el ejemplo de ello- nuevas estructuras y modos docentes. Y los modos docentes están siendo permanentemente actualizados al introducir en la tradicional relación profesor-mensaje-alumno nuevos modos transversales, más participativos y, ante todo, menos programáticos.

Y este nuevo accionario docente, requiere también nuevos espacios físicos. En las arquitecturas históricas que poseen muchas universidades, sin funciones asociadas claramente establecidas y siempre actuando como centros subsidiarios de facultades y escuelas realizadas ad hoc para la enseñanza, se dan las condiciones perfectas para, con programas de actualización funcional muy sencillos y de bajo coste, como el expuesto que se comienza a desarrollar en la Casa de Porras de la Universidad de Granada, esta fusión de tiempos y espacios que son las nuevas actividades dentro de edificios históricos sean ejemplos activos de la renovación lógica, ecológica y con una profunda apuesta glocal que nuestras ciudades necesitan, además de absorber funciones para las que centros establecidos no son aptos.

NOTAS:

[1] Ver “valoración de la prueba” en capítulo 2 de “La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica” de Walther Benjamin (1955)

[2] El hecho de impedir mediante un uso abusivo de la política comunitaria de la UE una eficaz política agraria, condenando a la entrada de productos transgénicos de pésima calidad provenientes de países tercermundistas del otro extremo del planeta, con un menor coste exclusivamente obtenido de la falta de derechos laborales y el abuso de combustibles fósiles, dice mucho del tipo de política ineficaz para con los pueblos que se está realizando a nivel global, en la actualidad.

[3] La ilustración volvía su mirada a la naturaleza, entonces épica y hercúlea, madre de nuestra humanidad, y fundó el mito de una naturaleza eterna e inalterable que ha justificado los abusos sobre la misma.

[4] Que se mantiene inalterable en todas las sociedades y tiempos: Todos deseamos, en el fondo, lo mismo: Ser felices, tener salud, amor, hacer el bien, defender lo nuestro, trascendernos…

[5] No tiene porqué venir de China todo, por su pésima calidad material. Si se puede producir energía limpia (somos privilegiados en España para ello) podremos sostenernos en la era digital sin un apoyo de la otra parte del globo.

[6] Oportunidad forzada o evidenciada por la crisis financiera mundial, no obstante.

[7] De igual forma, esta situación respecto a edificios históricos la poseen la práctica totalidad de las administraciones españolas.

[8] Formalizadas con clasicistas criterios arquitectónicos, geométricos y tipológicos, son arquitecturas rígidamente definidas, y al estar además limitados por una conservación historicista, se limita  enormemente el establecimiento de funciones y actividades nuevas, siempre asimiladas como agresivas al patrimonio.

[9] Estas arquitecturas son por tanto una oportunidad para demostrar que existe la posibilidad de ejercitar un amplio accionario, para enfrentarnos a la ciudad heredada, entre la actuación de derribo y levantar de nuevo, y la estricta rehabilitación.

REFERENCIAS

-        Ballesteros, J., 2009, Ser artificial: glosario práctico para verlo todo de otra manera, Arquia, Madrid.

-        Pizza, A., 2000, La construcción del pasado, Celeste, Madrid.

-        López-Arquillo, J.D., 2013, Deslimitar la disciplina: La arquitectura más allá de sí misma, ed. Omniscriptum.

-        Toro, M., 2013, Participación ciudadana y estrategias para la conservación del patrimonio. Artículo en La Ciudad Viva. http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=20009

-        López-Arquillo, J.D. & Pica, V., 2014, La Casa de Porras, Universidad de Granada, 2015.

 

 

 

 

 

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