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Covent Garden y el espectáculo de la calle: control y resistencia en Londres

por Out_arquias — Miércoles, 8 de abril de 2015
Imagen 01: Plaza Djemaa El Fna, Marrakech © Nátalia De' Carli

Imagen 01: Plaza Djemaa El Fna, Marrakech © Nátalia De' Carli

“Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.” [i]

Por Natalia De’ Carli, investigadora de OUT_Arquias en Londres.

Lo que siempre me ha apasionado en las calles de las ciudades latinoamericanas es la increíble capacidad que tienen de sorprenderte. El caminar es casi una sucesión de sorpresas desordenadas, imágenes y colores dispersos, informalidades temporales en el espacio-tiempo del tránsito rápido, pero no desatento. La ocupación informal, – pero no menos territorializada, demarcada, controlada por otros códigos no institucionalizados – nos enseñan otras dinámicas bastante más complejas, quizás menos previsibles, pero mucho más espontaneas que a su vez garantizan el sentido del lugar.

Esta espontaneidad informal no es característica única de las ciudades latinoamericanas. La Plaza Djemaa El Fna, en Marrakech, patrimonio inmaterial de la UNESCO, nos evoca imágenes de alfombras mágicas y encantadores de serpientes, de especias y perfumes, de artistas, contadores de historias y comedores de cristal que conforman un extraordinario lugar de reunión y centro social por excelencia, donde el territorio enseña sus propias reglas como la de ganarse el respeto del vecino. Cada uno posee un emplazamiento preciso que está en juego cada día al no tratarse de una concesión eterna.

La comparación quizás superficial, prematura y dual entre los imaginarios urbanos de aquellos países en vías de desarrollo y los que podríamos considerar institucionalizados, corporativos y altamente controlados de las grandes metrópolis europeas nos lleva a comprender que los ideales del poder disciplinario y las tecnologías de dominación y control se hacen mucho más presentes en las ciudades europeas que en las ciudades periféricas, aunque ya es una tendencia a ser alcanzada y un reto a ser perseguido.

Al caminar por las calles de Londres uno se enfrenta de inmediato a una infinidad de instrucciones y comandos de órdenes restrictivas, dictadas para la seguridad y el buen funcionamiento de la vida pública.

La vida en esta gran metrópolis combina el vértigo de una libertad que es percibida como ficticia por la falta de medios para utilizarla, dada la generalizada ampliación de los aparatos de control: norma, ley, conducta, clasificación, exclusión. Las consecuencias de estas cuestiones se pueden ver en todas las esferas de la vida pública y generan impactos profundos en las relaciones sociales y las identidades colectivas de aquellos que no han desistido de una vida común.[ii]

Imagen 02: El mercado de Covent Garden y la Iglesia de St. Pauls a la izquierda. El el esquema, el número de escenarios o ‘pitchs´ es conocido como West Piazza (01), North Hall (02), East hall (03) y Courtyard,- (en el interior del mercado) (04). Covent Gardden, London, UK ©London County Council, London, 1970. Editada por Nátalia De' Carli

Imagen 02: El mercado de Covent Garden y la Iglesia de St. Paul a la izquierda. En el dibujo, el número de escenarios o ‘pitchs´ es conocido como West Piazza (01), North Hall (02), East hall (03) y Courtyard,- (en el interior del mercado) (04). Covent Garden, London, UK ©London County Council, London, 1970. Editada por Nátalia De' Carli

Dependiendo de la hora del día, dejarse llevar por las calles de Covent Garden[iii] puede ser una gran invitación al entretenimiento. Uno de los mayores escenarios a cielo abierto de mundo para la actuación de artistas callejeros se llena diariamente de una muchedumbre de turistas ávidos de consumo, alienadamente participes del gran espectáculo urbano. Tanto los artistas callejeros – dispuestos a provocar el acontecimiento – como los transeúntes – quien en el momento de la actuación se encuentran recogiendo este lugar – se vuelven parte de la misma escena: es cuando el espacio urbano “[...] no es un lugar, sino un tener lugar de los cuerpos que lo ocupan en extensión, y en tiempo”[iv]. Los ciudadanos se vuelven parte del espectáculo y se convierten, a la vez, en espectadores y participes de esta representación.

Imagen 03: El espectáculo I. Covent Garden Piazza, London, UK ©Nátalia De' Carli

Imagen 03: El espectáculo I. Covent Garden Piazza, London, UK ©Nátalia De' Carli

Partiendo de observaciones etnográficas realizadas en Covent Garden, hemos podido construir el debate acerca de los procesos socioespaciales que los espectáculos callejeros configuran en este barrio, pero sobre todo la normalización al que este espacio así como los artistas callejeros están sometidos, al impacto que este control genera al territorio, a las dinámicas del lugar y la forma de vivir la ciudad.

Los artistas callejeros han sido parte de la vida de Londres durante siglos. Organistas, trovadores románticos, gitanos, cantantes y grupos folclóricos han contribuido a entretener a los transeúntes y amenizado el espacio urbano hostil de esta ciudad.

Imagen .04.. 05: El espectáculo II. South Kensington, London, UK ©Nátalia De' Carli

Imagen .04.. 05: El espectáculo II. South Kensington, London, UK ©Nátalia De' Carli

Covent Garden cuenta con más de 100 artistas callejeros que disputan su camino hacia la fama ante aproximadamente 16.8 millones de visitantes que frecuentan la capital británica anualmente. En 30 minutos de presentación el artista de Covent Garden puede llegar a ganar 150 libras aproximadamente. Obviamente, esta no es una realidad extendida a todos los artistas callejeros que actúan en la capital. [v]

Imagen 06: El espectáculo III, North Hall, Covent Garden Piazza, London, UK ©Nátalia De' Carli

Imagen 06: El espectáculo III, North Hall, Covent Garden Piazza, London, UK ©Nátalia De' Carli

Estos artistas personifican el principio de que la gente debería tener la libertad de hacer cosas en el ámbito público. Nos recuerda que somos libres para interactuar, creando una cultura inesperada e informal que hace que los espacios públicos se conviertan mediante una vibrante practica de producción social. Quizás sea justamente el carácter libre y espontaneo asociado a esta tradición lo que ha generado desconfianza y ansiedad en las autoridades, que pretenden controlar las divergentes opiniones políticas y silenciar el activismo social que pudiese surgir de estas prácticas espontáneas, relacionándolas a una conducta antisocial y delictiva.
Recientemente hemos podido observar una serie de respuestas legislativas a la presencia de artistas en la calle con diversos grados de severidad. En el extremo más liberal las autoridades locales han introducido códigos de conducta que van, entre otros, desde un seguro que garantice la protección del artista y del público hasta audiciones extremadamente competitivas [vi] para seleccionar a los artistas. Sin cumplir estos requisitos, no se puede actuar en este recinto público (?) de Covent Garden.

Imagen 07: El espectáculo IV, Courtyard, Covent Garden, London, UK ©Nátalia De' Carli

Imagen 07: El espectáculo IV, Courtyard, Covent Garden, London, UK ©Nátalia De' Carli

En este escenario conflictivo, proliferan los mecanismos de control mientras se conforma la neutralización de estas prácticas, transformándolas en objetos y a los artistas rehenes de una forma de actuar normalizada y previsible. Se callan, se ocultan y se silencian libertades. En Covent Garden actúan aquellos a quien las autoridades ven como una no amenaza, generando una suerte de pan y circo donde el entretenimiento pierde su componente crítica y su capacidad de generar conocimiento, pasando a ser únicamente una herramienta para la alienación que encaja perfectamente en el espacio público higienizado.
No cabe duda de que otro escenario debe ser construido para garantizar la conquista de un espacio público más democrático y menos restrictivo, privatizado y controlado. Es probable que cuanto más se regulen estas prácticas, más controlada y menos espontáneas se vuelven las interacciones, las vivencias y la experiencia en lo público. Una ciudad que permita la posibilidad de lo espontaneo, lo accidental, lo creativo y lo reivindicativo frente a una sobredeterminación derivada de acciones previsibles y controladas se hallaría más cerca de producir un espacio público más inclusivo, visible y común a todos.

Sigue pareciendo esencial la existencia de artistas callejeros que lleven un aliento de rebeldía para huir de la rigidez de las leyes impuestas. La importancia de resistir ante la marginación debe servir para inscribirse en los intersticios de los códigos con la intención de ampliar posibilidades de construir un espacio público más enérgico y espontaneo.
Todo ello me hace reflexionar acerca del espacio público en las ciudades de aquellos países en vías de desarrollo que al crecer económicamente pueden correr el riesgo gran parte de sus cualidades: la inmaterialidad de sus lugares, la espontaneidad de sus prácticas, la sorpresa de los acontecimientos y principalmente la vivencia de lo colectivo.

Natália De’ Carli es doctora en Arquitectura por la Universidad de Sevilla y miembro del grupo de investigación Out_arquias, Máster en Ciudad y Arquitectura Sostenibles por la Universidad de Sevilla, investiga sobre el espacio púbico en las ciudades contemporáneas.

nataliadecarli@gmail.com

 


[i]DEBORD, Guy. Sociedad del Espectáculo. Valencia:Pre-textos, 1999, pag.8

[ii] Bahrdt describe la pérdida de características de la vida urbana en la metrópolis afirmando que la problemática de la gran ciudad moderna, y por consiguiente, de su espacio público, no es el hecho de urbanizarse aceleradamente y sin control, sino la pérdida de principios esenciales a la vida urbana. Esta manera de proceder en el espacio público: la actitud de indiferencia, desinterés o insensibilidad era lo que Bahrdt llamaba “tolerancia resignada”, que se refiere al hecho de respetar la individualidad del otro cuando no hay esperanza de entenderlo. Véase BAHRDT, Hans Paul. La moderna metrópoli. Buenos Aires: Ed. Universitaria de Buenos Aires, 1970, pag.164.

[iii] Covent Garden se remonta a los romanos y sajones. En su historia medieval era un jardín que pertenecía a los monjes benedictinos de la Abadía de Westminster. El Covent Garden de hoy ha evolucionado en gran medida tras el desarrollo urbano llevado a cabo en la década de 1630 por el conde de Bedford, que encargó a Inigo Jones crear la primera plaza pública en Inglaterra. Esto todavía se conoce hoy como el Covent Garden Piazza. Inspirado por lo que había visto en Italia, Inigo diseña un gran cuadrado abierto para ser la Piazza con una iglesia en el centro, siendo en nuestros días actuales el mercado de Covent Garden y la iglesia de St. Pauls.

[iv] DELGADO, Manuel. Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de la calles. Barcelona: Anagrama. 2007, pp. 13

[v] Simpson, Paul. Taking Performance to the Street: Legislation and the Performativity of Street Performance in Covent Garden. MSc Dissertation. School of Geographical Sciences, University of Bristol, 2006.

[vi] Las audiciones para los diferentes escenarios de Covent Garden ocurren cuatro veces al año (Febrero, Mayo, Agosto y Noviembre) y deben necesariamente seguir determinadas instrucciones: “ – Habrá un jurado compuesto por representantes de los Asociación de Músico de la Courtyard, de la Asociación de artistas callejeros y el equipo de la Gestión de Covent Garden; – Cada audición no debe durar más de 3 minutos. No se permiten instrumentos de metal, tambores, acordeones, gaitas (…) – Tenga en cuenta que no hay capacidad para guitarristas acústicos; – No se suministrara electricidad, por lo que el equipo debe ser alimentado por batería (…)” (https://www.coventgardenlondonuk.com/performer-enquiry)

 

 

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