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City in a box. La ciudad moderna reloaded

por Manu Fernandez — Martes, 26 de mayo de 2015

La construcción de nuevas ciudades como realización de un nuevo modelo de desarrollo urbano que atienda a la creciente urbanización mundial ha tenido en las smart cities una de sus principales referencias. Los proyectos de smart city que se han propuesto como ejemplares, icónicos o referentes han sido, en muchos casos, proyectos de urbanización desde cero de áreas espaciales que se promueven como nuevas ciudades (cities from scrath o cities in a box). Songdo, PlanIT Valley, Masdar o Lavasa se han constituido en cánones de la utilización de las tecnologías más avanzadas y como demostración de la posibilidad de planificar desde cero una ciudad, planteando nuevos desarrollos en espacios previamente no ocupados por población o infraestructuras urbanas.

Songdo (via pbworld.com)

La justificación principal de este tipo de desarrollos, más que atender a necesidades de la población –que inicialmente no existe- o a dificultades propias de las ciudades ya existentes en el mundo, reside en servir de espacios de experimentación a gran escala de manera que sirvan como aprendizaje tecnológico para entender cómo integrar esas tecnologías en el funcionamiento social. A este fenómeno de test-bed urbanism supone una nueva manera de entender los territorios como lugares de experimentación de soluciones tecnológicas y nuevas propuestas urbanísticas. Esta aspiración no es históricamente nueva. De hecho, la historia de la ciudad es, en buena medida, la historia del utopismo social y tecnológico construida alrededor de sucesivas propuestas teóricas (ciudad jardín, ciudad radiantes,…) o prácticas (Brasilia, Chandigarh , Milton Keynes,…).

Se trata, por tanto, de una renovación de una tradición por el master planning de nueva planta, heredera o resucitadora de la tradición modernista del urbanismo (Le Corbusier y su Radiant City o el Plan Voisin para París, Brasilia, Chandigarh, etc.) basada en principios de control social, de segregación espacial, de planificación centralizada y de sobre-especificación. De esta manera, la smart city  renueva una experiencia que ha resultado fracasada respecto a los objetivos que perseguía, revisitada ahora con una pátina tecnológica sobre la que se confía poder solventar las graves disfuncionalidades de la ciudad moderna.

La realidad ha demostrado que estas planificaciones racionalistas, a pesar de que en su momento podían tener perfecto sentido en base a las nuevas expectativas del conocimiento científico, han resultado desastrosas y muy alejadas de sus propias expectativas, revelándose sus efectos más perversos con el paso del tiempo. Los cuatro proyectos de smart city mencionados anteriormente, reflejan cada uno de ellos y en su conjunto el utopismo contemporáneo, una mezcla de sostenibilidad urbana de laboratorio en medio del desierto (Masdar), una segregación espacial en torno a proyectos de alto standing descontextualizados de su realidad cercana (Lavasa) y una promesa de ubiquidad conectada (Songdo, PlanIT Valley). A su vez, estos proyectos contienen unas características comunes: un impulso privado a través de desarrolladores que lideran el proyecto, la creación de áreas de excepción a la regulación gubernamental (en forma de permisos, rebajas fiscales, etc.) y una arquitectura organizativa formada por una red de empresas y consultoras internacionales.

De esta manera, el diseño, planificación y construcción de ciudades enteras se ha convertido en un negocio global con altas promesas de rendimientos económicos, un negocio enfocado a las clases medias-altas de países en desarrollo (principalmente). Este  modelo de urbanización es la plasmación espacial y la última realización de la ciudad liberal como ideología política de un mundo urbano. La utopía urbanista de principios del siglo XXI representa un cambio frente al modelo de las nuevas ciudades y las grandes urbanizaciones de la segunda mitad del siglo XX (especialmente en las décadas de los 50 y 60). Si en la fase anterior, las nuevas urbanizaciones se dirigían a ofrecer vivienda asequible a las clases bajas a partir de una acción planificadora intensa por parte de las autoridades nacionales (y, según los países, con más o menos capacidad de intervención también por parte de las autoridades locales), hoy nos encontramos con que el modelo de construcción de nuevas ciudades altamente equipadas con las últimas tecnologías digitales y de sostenibilidad se dirige a las clases medias-altas y altas, e iniciadas y lideradas por consorcios financieros internacionales que buscan en los poderes públicos un rol puramente facilitador.

En relación a esta tipología de proyectos, sin duda la más espectacular por su despliegue inversor y sus destellos promocionales, lo más significativo que podemos afirmar es que, de manera sistemática se pueden considerar hoy, en 2014, como un fracaso práctico. En algunos casos como PlanIT Valley, aún sobreviven en forma de presentaciones, catálogos y tramitaciones municipales paralizadas, pero continúan alimentándose como “ejemplos” a seguir. En otros casos como Masdar o Songdo, tras años de prometer fabulosas transformaciones, a duras penas han conseguido levantar suficiente financiación para cubrir su construcción formal ni han conseguido hacer realidad su objetivo de llenarse de habitantes y actividad y, consecuentemente, de convertirse aunque sea mínimamente en algo parecido a una ciudad. A pesar de ello, siguen reporduciéndose como modelos exitosos y referencias del imaginario de la smart city. Por otro lado, y más sintomáticamente, sus futuristas aplicaciones y sobre todo los rendimientos y beneficios que han prometido durante años están lejos de realizarse según los estudios en terrenos que han conseguido ir más allá de la mera repetición y reproducción de sus discursos promocionales. La principal crítica que podemos hacer a estos proyectos desde el esquema del régimen discursivo que proponen es su visión negativa de la ciudad actual y su incapacidad de dar respuesta a los problemas de la urbanización mundial. Por un lado, implícitamente contienen un mensaje de abandono sobre la posible renovación o mejora de las ciudades realmente existentes, como si se renunciara a actuar sobre ellas. Por otro lado, sitúan el foco en la construcción de nuevas ciudades para acoger una parte escasa de los movimientos migratorios y demográficos que están detrás del aumento de la urbanización mundial. En este sentido, a pesar de que se auto-presentan como experimentaciones para posteriores desarrollos urbanos, son y serán una excepción.  Por último, su propuesta de despliegue tecnológico se basa en una espectacularización de la tecnología, presentada normalmente de manera genérica pero con capacidades insospechadas e inauditas para acabar de una vez con los sempiternos problemas urbanos.

Manu Fernández (@manufernandez) es analista urbano y autor del blog Ciudades a Escala Humana. Consultor independiente, actualmente se encuentra desarrollando sutesis doctoral sobre la narrativa de las smart cities.

 

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