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La ciudad tradicional árabe: Un pariente no tan lejano (Parte 2)

por Manuel Saga — Viernes, 29 de mayo de 2015

Hace unas semanas explicábamos las relaciones entre las fundaciones clásicas greco-romanas y las ciudades de tradición árabe [1]. Según Saleh Ali al-Hathloul [2], muchas de las grandes medinas de la historia son refundaciones de colonias griegas o romanas. ¿Por qué son entonces tan diferentes hoy en día a las ciudades occidentales? ¿Se trata de un problema de desorganización? ¿De descontrol? ¿De informalidad?

Para explicar mejor este tema hemos elaborado un esquema teórico de la evolución del centro histórico de Damasco, basado en las planimetrías y los relatos fundacionales aportados por al-Hathloul [2] en su tesis doctoral [3]. Dichos relatos nos hablan de un centro político y espiritual, donde se ubica la mezquita y la casa del profeta/califa/gobernador. A partir de este punto se establecerían los ejes cardinales de la ciudad, junto a su límite y sus principales accesos. Sobre esta trama base, se distribuirían los khitat (sing. khittah), barrios asignados a los distintos clanes o tribus que formarán parte de la ciudad. Cada uno de los khitat sería independiente hasta cierto punto, con una mezquita, un hammam y su propia organización local, casi podríamos decir “vecinal”. De hecho, al-Hathloul explica cómo estos barrios especializaban su actividad comercial en torno a ciertas profesiones (exactamente igual que en la ciudad medieval europea), y cómo aquellos gremios que manejaban materiales valiosos tenían derecho a controlar el acceso diurno o nocturno a su khittah. Hablamos pues de unidades barriales muy bien definidas.

Damasco – Sistema de puertas. Plano de un bario mostrando puertas construidas para controlar el acceso. Fuente: Sauvaget, “Esquisse d’une histoire de la ville de Damas”, Revue des Etudes Islamiques, (1934), p. 452. [4]

 

Si el khittah es la unidad mínima de organización social y política en la ciudad tradicional árabe, podríamos deducir que es en su organización interior donde se encuentra el secreto de su trama irregular. ¿Cada tribu planeaba el espacio asignado a su antojo? ¿Existían costumbres no escritas comunes entre estas “asociaciones de vecinos”? Al-Hathloul se hizo estas mismas preguntas. Para despejarlas consultó “sentencias” emitidas por jueces islámicos de distintas épocas, detectando cuáles eran las leyes vigentes, quiénes los encargados de aplicarlas, y qué figuras legales afectaban a la forma urbana. Vamos a resumir en este post las más importantes, para intenter desenmarañar el laberinto de la medina tradicional.

Como nota adicional, al-Hathloul no sólo nos explica la existencia de una costumbre legal común a todas las ciudades islámicas, nos habla también de la existencia del muhtasib: una especie de curador urbano o gerente de urbanismo encargado específicamente de mediar en los conflictos entre vecinos por la propiedad del suelo o el uso del espacio público. El muhtasib no decidía por cuenta propia o en base a su interpretación personal de la Ley Islámica: existen manuales especialmente escritos para guiarlo en sus tareas y responsabilidades, los están datados en el año 899 d.c. Manuales de ordenación urbana a finales del siglo VII. Casi ná.

Medina – Alturas de edificios. Vista del barrio de al-aghawat, mostrando la similitud de alturas entre edificios. [5]

 

El primer punto en el que inciden los manuales del muhtasib es en la altura. Como muchos sabréis, la privacidad de la vida doméstica es un punto clave en la vida musulmán. Existen diferentes reglas que controlan la servidumbre entre espacios, pero sobre todas ellas pesa la prohibición de cualquier dispositivo que permita mirar al interior de la casa de nuestro vecino. Las sentencias analizadas por al-Hathloul a este respecto no están tanto dirigidas a conflictos entre ciudadanos como a infracciones puntuales del mohecín, la persona encargada de llamar a la oración.

El mohecín, un hombre santo, es el único que tiene permitido subir a lo alto del minarete y elevarse sobre las casas de sus vecinos. Si comete un despiste y dirige una sola mirada, así sea perdida, a la intimidad de cualquier ciudadano, puede ser duramente sancionado por las autoridades. Dicho esto, si un hombre de Dios está sometido a esta disciplina y control, ¿cómo no lo va a estar el hombre de a pie? La altura es pues, un factor central que homogeiniza el paisaje urbano árabe.

División de una sola casa tradicional árabe en distintas propiedades independientes. [6]

 

“Bueno Saga, esto de la altura es bastante conocido, ¡cuéntanos algo que no sepamos!” Tenéis toda la razón, es algo que podemos observar a simple vista, pero pone en evidencia cómo la Ley Islámica es determinante para esta continuidad en altura. Todo parece apuntar a que será igualmente determinante para su discontinuidad en planta.

El segundo punto del que nos habla al-Hathloul es la herencia. Según este autor, una vez fallecido el cabeza de familia, toda casa debía dividirse entre cada uno de los hijos varones del difunto, sin excepción. Si son tres hijos, tres divisiones, si son siete, siete divisiones. Como podemos ver en la animación, el modelo de herencia alienta la subdivisión del espacio y el crecimiento en altura, dseparando un espacio inicialmente unitario en diversos fragmentos con su propio núcleo de escaleras.

Viviendas y adarves de Túnez. [7]

 

Por otro lado, existía una restricción en la compra/venta de propiedades, ya que los propietarios colindantes siempre tenían preferencia a la hora de comprar, fueran o no familiares directos del vendedor. Esta norma, combinada con la regla de la herencia, crean un modelo estructural donde las unidades de vivienda se subdividen y combinan entre sí continuamente. Un sistema que genera a su vez calles sin salida o “adarves”, donde se produce la relación entre vecinos hasta el día de hoy.

Izquierda: Medina – Tiendas en áreas residenciales. Derecha: Medina - barhat al-aghawat. [8]

 

La cuarta de estas figuras importantes es la fina, un fragmento de la calle que antecede a la puerta una vivienda y se encuentra subordinado a ella. Puede ser utilizado por su propiertario para cualquier uso, siempre y cuando no interfiera con el paso o resulte molesto a los vecinos. Esta condición es clave para entender el espacio urbano tradicional árabe y el ritmo de su uso comercial, donde una miríada de tiendas sacan sus productos y estantes a la calle durante el día, guardándolos en la noche y los días festivos.

Ilustración del concepto de la fina tal y como es ilustrado por los juristas. En una calle principal, la fina sólo ocupa hasta la mitad del ancho de la vía. En un adarve, ocupa todo el ancho y se extiende por la fachada de la casa. [9]

 

Esta condición del espacio urbano determina también otro factor clave: Las puertas de dos viviendas no pueden ubicarse una frente a otra. Dos puertas enfrentadas provocarían un doble conflicto: primero entre la intimidad de dos vecinos que abrieran su puerta al mismo tiempo, segundo entre sus finas” que se encontrarían solapadas entre sí. De este modo se añade irregularidad al tejido, ya que es impensable una estructura de hileras de viviendas enfrentadas entre sí.

Medina – Proyecciones sobre la calle. [10]

 

La fina tiene además otra consecuencia interesante: No sólo se extiende en sentido horizontal, sino también vertical. El espacio aéreo frente a la puerta de una vivienda también está subordinado a ella, y puede ser utilizado por su propietario siempre y cuando no afecte a la circulación. Esta es la principal regla que controla la construcción de ampliaciones sobre la calle, pudiendo ser estas parciales o cubriendo la calle por completo (mashrabiyah). De hecho, al-Hathloul da cuenta de cómo los manuales antiguos aconsejaban controlar la altura de paso mínima, debiendo ser “mayor que el jinete más alto sobre el camello más grande”.

De este modo, el control legal sobre la altura, la herencia, la compra/venta y la fina son determinantes en la configuración de la forma urbana tradicional árabe. No dudo de la existencia de elementos adicionales, adaptaciones a distintos territorios o culturas y rupturas de la norma escrita, pero estos cuatro factores dan cuenta de un sentido profundo de control del espacio urbano y la legislación temprana sobre su uso.

Podemos decir entonces que, en la cultura islámica, Ley y Ciudad nacen de la mano, permitiendo entender una irregularidad que no es sino el legado de siglos de urbanismo consciente y organizado.


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Manuel Saga
Administrador de blogURBS. Arquitecto egresado por la Universidad de Granada. Asistente de Investigación en la Universidad de Los Andes, Bogotá. Desarrolla un trabajo constante en investigación sobre teoría del arte, patrimonio hispano-musulmán, estudios urbanos y modos de divulgación. http://about.me/manuelsaga

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[1] Hemos utilizado la palabra árabe para referirnos a lo árabe-mulmán, término utilizado por al-Hathloul y que diferencia las ciudades aquí explicadas de otras fundaciones árabes anteriores al Islam.
[2] Saleh Ali al-Hathloul, ex-ministro de urbanismo y planeamiento de Arabia Saudí. Al-Hathloul dedicó una parte de su tesis doctoral al estudio del urbanismo tradicional árabe, modelo al cual corresponden las ciudades hispano-árabes andaluzas. (M.I.T. 1981, dirigida por Stanford Anderson). Esta tesis puede leerse completa y descargarse en inglés aquí.
[3] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city (Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Retrieved from http://dspace.mit.edu/handle/1721.1/46401
[4] Op. cit. Pág. 94.
[5] Op. cit. Pág. 115.
[6] Basado en una la figura 12. de Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city(Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Pág. 58.
[7] Pavón Maldonado, B. (1992). Ciudades hispano-musulmanas. Madrid: Editorial Mapfre. Pág. 90.
[8] Saleh Ali Al-Hathloul. (1981). Tradition, continuity and change in the physical environment : the Arab-Muslim city(Thesis). Massachusetts Institute of Technology. Págs. 97 y 99.
[9]  Op. cit. Pág. 95.
[10]  p. cit. Pág. 104.

 

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