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Detroit: el relato del crimen de la calle 12

por Cartografias del deseo — Lunes, 29 de junio de 2015

Últimamente me siento fascinada por la ciudad de Detroit, permitidme que emita una valoración personal, pero la historia urbana de esta ciudad desde el siglo XX hasta nuestros días es un relato de ciencia ficción para mi (del exponencial desarrollo fordista a la ciudad fantasmagórica). Descubrir como la ciudad que abastecía de automóviles a todo EEUU durante la primera mitad de siglo y alojo a discográficas como la Motown llega a convertirse en una ciudad abandonada donde sus teatros son aparcamientos bien ilustra una película de género negro. Y precisamente son los eventos raciales los que han llevado a esta ciudad a protagonizar eventos de extrema violencia urbana. Para aquellos lectores que quieran profundizar en los hechos más relevantes de Detroit se recogen muy bien en este post. Mi objetivo en este post es resumir uno de ellos: la Revuelta de Detroit de 1967.

En la década de los 60 la llegada de los coches japoneses a EEUU desencadenó el desempleo en Detroit. Los barrios más humildes sufrieron los mayores índices de desempleo, como ocurrió en la zona de la calle 12 donde la gente ante la des-ocupación comenzó a ocupar la calle. La música y el baile se adueñaron de las aceras y las esquinas.

Si el espacio público deja de ser un espacio de estancia, nos resulta raro ver gente parada por el placer de estar o para relacionarse con otra gente. En el caso de las comunidades de inmigrantes, las calles y sus aceras son los lugares de oportunidad, de negocio y comunicación, las esquinas se convierten en lugares de encuentro y relación. Es el temor generalizado a esa comunidad lo que nos hace asociar la gente parada en la esquina con el miedo, lugares de conflicto. Según Anne Querrien, la sociedad de la esquina da miedo porque es propia de inmigrantes. La gente normal que atraviesa la esquina no se queda allí (Querrien, 2007).

Un batallón de la policía decidió poner orden a ese ruido urbano con una visita inesperada al barrio. Todo comenzó con una redada policial en una cantina situada en la calle 12 ubicada en un barrio predominantemente negro de Detroit, donde existía una gran población inmigrante de índole laboral. Lo que parecía ser una redada de un bar sin licencia derivó en una batalla entre los habitantes del barrio y las fuerzas policiales. Los vecinos del barrio cansados de sufrir discriminaciones de carácter laboral y habitacional cargaron contra la policía. En julio de 1967, cuatro días de revueltas dejaron 43 muertos y más de 1.100 heridos. Durante el conflicto se destruyó una gran sección de la ciudad en medio de cargos de brutalidad policial (imagen 1).

Imagen 1.- Destrozos urbanos durante la revuelta de Detroit (Desconocido, 1967).

Múltiples estudios e informes se realizaron para describir lo sucedido, acercándose al problema desde diferentes disciplinas, como fue la geografía y el periodismo de datos. Había dos teorías sobre quienes habían provocado las revueltas. Una decía que las habían provocado las personas pobres. Otra aseguraba que eran los inmigrantes, que no se habían integrado en la ciudad. Un periodista, Philip Meyer, convenció a la dirección de su periódico para que contratara a investigadores y la tecnología de IBM para estudiarlo. Vieron que no había ninguna relación entre la pobreza o la cultura de los participantes y los incidentes (Abad, 2012). En su lugar, descubrieron una alarmante brutalidad policial y una gran falta de recursos y expectativas en la población.

En 1967 el geógrafo radical William Bunge crea “The Detroit Geographic Expedition and Institute” (DGEI) cuyo objetivo era intentar cambiar el mundo a partir de las narraciones gráficas –cartografías- que proponían: “Por encima de todo, la función de los geógrafos no es la de simplemente mapear la Tierra, sino de cambiarla”. Y para ello se servían de un entendimiento de la ciudad a partir de los cuerpos que la habitaban: “Mapear personas es muy peligroso, las personas son móviles, comparado con las montañas, los ríos y las costas, son prácticamente invisibles”, nos dirá el geógrafo radical William Bunge. Hay un caso de estudio del DGEI en el que se dibujaba un crimen. El informe al respecto se tituló “La muerte de la calle 12”. Si ven el dibujo es muy dinámico. Uno de los integrantes de la expedición nos cuenta cómo unos cuantos policías intentaron asesinar una calle. “Cuando trabajaba en la zapatería, solía salir a la puerta de la tienda los viernes por la tarde y era como asistir a un loco carnaval o al circo. La calle era salvaje, con bailes y música por todas partes. Es posible que los policías quisieran matar la calle 12 y provocarán la revuelta”. La calle es un cuerpo (Cano, 2014). Como la calle había perdido sus puertas, su ritual, su orden -¿qué ritual hay en un circo o en carnaval?- decidieron acabar con ella. Este origen tan poéticamente detallado por el grupo fue el origen de la revuelta de Detroit, la tercera más importante en Estados Unidos tras la revuelta de Nueva York en la guerra civil y la revuelta de Los Ángeles de 1992.

En la figura de abajo se puede ver cómo la revuelta fue mapeada por la DGEI. Tiene que ser vista como es, como la ciudad es cuando existe el conflicto (imagen 2).

Imagen 2.- Revuelta de Detroit mapeada por la DGEI (Bunge, 1967)

Según las palabras de Jane Jacobs, lo primero que hay que comprender es que la paz pública de las ciudades -la paz en las calles y las aceras- no tiene por qué garantizarse de manera esencial por la policía. Esa paz ha de garantizarla principalmente una densa y casi inconsciente red de controles y reflejos voluntarios y reforzada por la propia gente (Jacobs, 2011). Un ejemplo de un intento de imponer orden en las calles por parte de la policía desencadenó unos de los mayores conflictos urbanos sucedidos en los Estados Unidos en el siglo XX, la revuelta de Detroit de 1967.

En segundo lugar, Jacobs llama a la comprensión de que problema de la inseguridad no puede en absoluto resolverse dispersando o desparramando las poblaciones cada vez más, es decir, trocando las características de una capital por las de los arrabales de tipo residencial. Los revueltas de Detroit provocaron una salida masiva de la población blanca al extrarradio convirtiéndose en una ciudad profundamente dividida donde el odio y la desconfianza se afianzaba a través del desarrollo urbano.

En el desarrollo de este post, la empatía y la aproximación a los hechos desde ambos bandos nos ayuda a generar otras herramientas que no derivan de la producción de un objeto arquitectónico, sino que establecen otras reglas de juego a la hora de intervenir en zonas de conflicto urbano desde la diversidad y la pluralidad.

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Ana Belén López Plazas, Cartografías del deseo.

 

Bibliografía

ABAD, Mar. ¿Olvidan los periodistas el potencial del periodismo de datos? Yorokobu [en línea]. 8 de noviembre de 2012. [fecha de consulta: 10 de junio de 2015]. Disponible en: http://www.yorokobu.es/peridosimodatos/

Cano, V., 2014. “Formless as living body: Cities from fertility to violence” en Composite Cities. European Symposium On Research In Architecture And Urban Design, 12, 13 y 14 de noviembre de 2014. Estambul: Universidad Técnica de Estambul. Disponible en: http://www.eurau.org/resources/files/eurau-files/95_Victor_Manuel_Cano_Ciborro.pdf

Jacobs, J., 2011, Muerte y vida de las grandes ciudades, Madrid: Capitán Swing.

Querrien, A., 2007, “L’exode habite au coin de la rue”. Multitudes. 2007/4 núm. 31, pp. 91-99.

 

 

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