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Apropiación e identidad, por Ana Vida Pozuelo

por JMRomero — Jueves, 4 de febrero de 2010

Respecto a los procesos de ocupación mencionados en el anterior post, son procesos surgidos de la carencia, de la necesidad de hacer de un entorno ajeno algo propio, de adaptarlo a modos de vida distintos, fuera de lo normalizado por la sociedad y de lo pensado a priori en la construcción de los barrios. Estos comportamientos que son denominados a veces como incívicos son fruto de una cultura y una identidad diferente: es la gente la que no es “normal” según nuestra óptica y por ello adapta un entorno construido para gente normalizada a sus propios hábitos. Por ello se apropia de él.

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La apropiación es un proceso dinámico de interacción de la persona con el medio que genera vínculos con los lugares (T.Vidal y E. Pol). Estos autores definen un modelo dual de apropiación, resumido en dos vías principales: la acción-transformación y la identificación simbólica.

En la primera, a través de la acción, las personas, grupos o colectividades transforman el espacio, dotándolo de sentido individual y social; mientras que la identificación simbólica se vincula con procesos afectivos, cognitivos e interactivos (T.Vidal y E. Pol). Desde mi punto de vista, existen dos formas de acción-transformación: de carácter permanente, en las que el individuo o grupo convierte un espacio público en privado (es el caso de los jardines o bajos comerciales en Palma-Palmilla); o de carácter temporal, en las que el espacio público es usado de una manera determinada durante un espacio temporal concreto y, tras su uso, conserva su carácter público, si bien puede haberse visto modificado física o simbólicamente (aparcamientos en las aceras y plazas, botellones, niños jugando, grafitis, manifestaciones, venta ambulante… y, en definitiva, la mayoría de acciones que realizamos a diario en el espacio público).

A través de la apropiación un espacio se convierte en un lugar, se carga de significado y es percibido como propio por la persona o grupo, integrándose como elemento representativo de identidad. Es decir, los resultados de la apropiación son: la creación de espacio simbólico urbano, el apego al lugar (sentirse del barrio, estar a gusto en el barrio, querer seguir viviendo allí…) y la creación de identidad social, de lugar… (identificar el entorno, ser identificado por el entorno e identificarse con el entorno) (T.Vidal y E. Pol).

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Un buen ejemplo de apropiación y transformación de espacios y objetos se produce en Cuba. Allí autos, utensilios, muebles, edificios son re-construidos constantemente, re-adaptados a nuevas necesidades, reparados reutilizando elementos ajenos, sin prejuicios ni complejos, más que con creatividad, con verdadera inventiva. Ernesto Oroza, diseñador gráfico e industrial y artista cubano, ha recorrido la isla investigando estos procesos y recopilando sus objetos. Su último trabajo, Architecture of Necessity (aún en elaboración), muestra la transformación de la arquitectura y su entorno próximo para responder a las nuevas situaciones familiares y sociales. Una transformación que él define como el más creativo fenómeno productivo popular de Cuba de los últimos 40 años. Un fenómeno que aporta identidad a las ciudades y a aquéllos que viven en ellas, un fenómeno surgido para resolver problemas, como defiende Oroza ante las críticas del gobierno a estos ataques al “orden visual y constructivo”: (…) estamos obligados a una mirada flexible y comprensiva hacia este ejercicio de autogestión, que si bien transforma la apariencia y esencias históricas de la ciudad, resuelve necesidades esenciales de miles de individuos.(…)Por eso cuando algunas personas deciden expresar sus demandas a viva voz, sin pudores ni recatos, y lo hacen directamente, creando soluciones a sus necesidades, desnudan uno de los problemas más contradictorios de la vida contemporánea: la insensibilidad que hemos adquirido para eludir nuestras verdaderas necesidades, y la habilidad que hemos ganado para fabricarnos o aceptar que nos fabriquen seudo necesidades.

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A la izquierda “tanques de agua” (2004). A la derecha “Moral Modulor #81” (Architecture of Necessity).Ambas de Ernesto Oroza.

Las apropiaciones de las que hablábamos en el post anterior y otras más cotidianas y menos “agresivas” realizadas por los vecinos de Palma-Palmilla, otorgan identidad a la barriada. Que muchas no sean consensuadas o negociadas no resta interés al hecho de imaginar, crear y construir aquello que se necesita, jugando la población un papel activo y reivindicativo mediante la acción. Este papel activo, esta búsqueda de mejora, además, ha estado presente desde las primeras construcciones en el barrio, hace 50 años: cuando la carencia de equipamientos y servicios de cualquier tipo era total, las familias vendían mercancías en sus propias viviendas que se convertían en “pisos-tienda” (algunos todavía activos) o instalaban precarios cobertizos, como el bar de la imagen. Estos fenómenos, en principio esporádicos e individuales, se fueron generalizando a lo largo del tiempo hasta extenderse como práctica habitual en el barrio, llegando a formar parte de su patrimonio colectivo.

Imagen extraída de “Málaga, de ciudad a metrópoli” de Alfredo Rubio.

Imagen extraída de “Málaga, de ciudad a metrópoli” de Alfredo Rubio.

Lo ideal es que todos los vecinos actúen en consenso, utilizando las capacidades creativas que aporta la condición de crisis permanente que vive el barrio y explotando los puntos positivos y singulares que poseen en lugar de esperar una mano exterior que siempre tarda demasiado. En este caso, investigar y trabajar fuera de la legalidad (que no en la ilegalidad) puede aportar soluciones a corto plazo para procesos muy dilatados en condiciones legales (por ejemplo, el tema de los comercios en los bajos de las torres o de los aparcamientos en las plazas).

Sin embargo, no me preocupa la imagen del barrio y sí el bienestar de sus habitantes, conseguir que cada individuo o grupo pueda vivir de acuerdo a sus costumbres, respetando las ajenas y compartiendo los espacios públicos y comunales. Si la apropiación es colectiva y/o generalizada, todos sentirán el barrio como propio, creando una identidad colectiva, participando de sus transformaciones y asumiendo sus peculiaridades; gente tomando el fresco en sillas de plástico en las aceras (como ha pasado en la mayoría de pueblos toda la vida), plazas polivalentes con aparcamientos para residentes y zonas de esparcimiento; jardines y comercios pasarían a propiedad de las comunidades de vecinos y pollos y gallos y otros animales tendrían su espacio y seguirían formando parte de la vida cotidiana de sus dueños…

Ana Vida Pozuelo, estudiante PfC en la ETSAG

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6 comentarios a “Apropiación e identidad, por Ana Vida Pozuelo”

  1. S. DE MOLINA dice:

    Respecto a los procesos de participación resultan interesantes casos que han sido capaces de producir arquitectura de cierta calidad y cuyo interés se ha mantenido en el tiempo.
    No voy a hablar del caso de Pessac y Le Corbusier, que ya sería un tema cargado de ironía pero bien interesante…
    Me refiero a Ralph Erskine y su Byker Wall, fantático proyecto que con la inclusión de elelmentos que la tradicción constructiva sajona se entendían como provisionales alentaban a que cada habitante hiciese suyo y sustituyese paneles de fachada y cerramientos por otros de su elección.
    Curiosamente el ambiente de participación en torno a Byker Wall y la figura de Erskine se dan en un contexto cultural donde la educación y las tomas de decisiones se toman de un modo cooperativo muy semejante al del ambiente que trasluce el post.
    saludos!

  2. suju dice:

    Muy interesante reflexión sobre el apropiamiento urbano. Coincidimos en la idea que expones: “no me preocupa la imagen del barrio y sí el bienestar de sus habitantes, conseguir que cada individuo o grupo pueda vivir de acuerdo a sus costumbres, respetando las ajenas y compartiendo los espacios públicos y comunales.

    Nuestras culturas cada vez mas “estetizadas” en cuanto a la arquitectura y la ciudad, no hacen más que ver como erróneo o “fuera de lo legal” (como bien dices) todo lo que rompe la imágen unitaria, o homogeinazodora de la arquitectura. Todas las intervenciones de los habitantes que se resisten a esa coraza estética no pueden ser más que signos de una ciudad viva.

    En Europa estamos ya cansados de ver ciudades convertidas en museos a las que no se les permite cambiar ni transformarse. Las reglamentaciones pasan de ser extremas a ridículas. El error en latinoamérica, al menos, es muchas veces tomar esos ejemplos para gestionar condiciones muy diferentes, con las consecuentes problemáticas a que esto conlleva.

    La decisión cooperativa, como bien dice el amigo S. de Molina en su comentario, la participación ciudadana y un gobierno flexible y que facilite realmentes la transformación de la ciudad a la necesidad de sus habitantes, son componentes fundamentales para responder a las necesidades reales y urgentes de la comunidad para así encontrar soluciones creativas, en vez de luchar en contra de ellas.

    Saludos cordiales

  3. ana dice:

    Gracias por vuestros comentarios.
    S. de Molina, no conocía el proyecto Byker Wall, gracias por la referencia, un proyecto sin duda interesante y pionero.
    Suju, totalmente de acuerdo en que las leyes muchas veces coartan estos procesos, que no consideran deseables sea por estética u otros conflictos que puedan surgir. Es cierto que los gobiernos deben ser más flexibles y permitir que la población experimente y participe en el espacio colectivo, pero el papel fundamental es el del arquitecto-urbanista, que ejerce como intermediario entre ambos. Nosotros debemos proponer alternativas y negociar con ambos para construir en conjunto nuevas realidades. Quizá lo deseable sea concebir los proyectos participativos sin un final concreto, sino como gestión de procesos en el tiempo.

  4. jmromero dice:

    Los arquitectos estamos acostumbrados a saber de objetos. Nos cuesta mucho trabajo entender lo que provocan esos objetos en la gente. Incluso nos molesta que “otros” puedan decidir sobre los objetos que hacemos (más estetizado todo es más banalizado, incluso hasta la mejor arquitectura).

    Recuerdo de nuevo la contundente e intencionada frase de Andrés Jaque: “La arquitectura nunca tiene un final feliz”. No deberíamos echarle la culpa a otros de ello.

    Lo que supone, como bien dice Ana, negociación (e imaginación e inteligencia por nuestra parte) con dosis de: soluciones multidisciplinares (que manden otros técnicos también), proceso indeterminado (con la asunción de la intervención de agentes externos a la arquitectura), debilitamiento del concepto de autoría (por no decir mejor, ausencia de la idea de propiedad y autoría decimonónica), que se “proyecte el acontecimiento” y no tanto el objeto (es decir, que se proyecte el tiempo, y no tanto el espacio)…, ausencia de platonismo (es decir: materialismo del bueno).

    Sin embargo, gracias a que entendemos algo de todo esto, también somos capaces de ir apreciando las cuestiones que cuenta Ana, porque la arquitectura nunca tendrá un final feliz, pero sí puede hacer infeliz a la gente si le expropiamos esas pequeñas licencias temporales de “apropiación e identidad”.

  5. Servando dice:

    Ana felicidades por tu trabajo. Como arquitectos estamos obligados a integrar avances de otras disciplinas, en este caso de la sicologia, con la apropiacion espacial.solo queria comentar dos puntos: La participacion del usuario en la definicion de las caracteristicas de su vivienda o de su espacio publico, es fundamental ya que “facilita” la apropiacion; por otra parte, para que un espacio sea apropiado es necesario que se tenga una experiencia positiva. En una investigacion que nos encontramos desarrollando, no nos explicabamos el por qué una señora no sentia el mas minimo apego por su casa, despues nos comento que hacia años habian sido muertos dos de sus hermanos en la puerta de su casa, cuando recien se habia cambiado a vivir ahi. Nos comentaba que vivia en esa vivienda por que no tenia a donde cambiarse, que nunca iba a sentir cariño por ella. Lo mismo pasa con el espacio publico, si te asaltan a un parque vas tener un sentimientod e rechazo por él.

  6. ana dice:

    Servando, gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo; las experiencias que vivimos en los espacios nos hacen apreciarlos más o menos. Por eso creo que los arquitectos debemos trabajar para facilitar experiencias positivas, en las que la gente que va a ocupar el espacio de manera permanente (vivienda) o temporal (edificios públicos, espacio público, etc) aporte su creatividad y forma de entender el entorno. Los ciudadanos son expertos en su hábitat y si sabemos escucharlos nos enseñarán mucho.

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