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LA CIUDAD SANA

por Stepienybarno — Lunes, 17 de mayo de 2010

Bruselas

Desde principios del siglo XX la población está constantemente migrando del campo hacia las ciudades. Los “migrantes”  se plantean las posibilidades que les da la vida en una ciudad a nivel laboral o de servicios, pero pocos reflexionan sobre lo que supone este hecho a otros niveles.

La directora de la OMS (Organización Mundial de la Salud), Margaret Chan, nos recuerda que “Las ciudades concentran oportunidades, pero también riesgos para la salud”. Con este post no queremos criticar el modelo de la ciudad en sí, sino poner en evidencia ciertas problemáticas que nos parecen importantes para ser tomadas como puntos de partida hacia  planteamientos urbanísticos más humanos o sostenibles.

Por otro lado, se dice que no hay nada más sano que vivir en el campo, pero creer en esta imagen un tanto bucólica como en un modelo a seguir para toda la humanidad, sería una utopía. Como dice Jaime Lerner: “La ciudad no es un problema, la ciudad es la solución”. Pero para que realmente esto sea posible hay que plantear una serie de las cuestiones que exigen ser resueltas.Y sin lugar a dudas, una de ellas vendría a ser la salud urbana.

Este tema cobra aún mayor importancia si tenemos en cuenta que hoy ya vive en las ciudades más de la mitad de la población y en 2030, se espera que 6 de cada 10 habitantes del mundo vivan en una urbe. Como consecuencia de ello, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto en las megalópolis como en las ciudades pequeñas y medianas, se observará una degradación de las condiciones de salud debido a factores como contaminación atmosférica, lumínica y acústica, tan presentes en cada ciudad. Todo ello, en gran parte, tiene que ver con el intenso tráfico rodado, siendo este elemento el que produce en los ciudadanos un estrés constante – fuente de muchas enfermedades-. Si a todo esto sumamos los factores que tienen que ver con la insuficiencia de infraestructuras (en países en desarrollo), la propagación de enfermedades infecciosas y de enfermedades crónicas causadas por malsanos estilos de vida, no sorprende que la OMS reflexione de manera seria sobre la influencia de las urbes en la salud de sus habitantes. En uno de sus informes presenta una serie de indicadores para analizar la salud urbana en las ciudades del mundo, entre los cuales se encuentran: la vivienda, desarrollo social y erradicación de la pobreza, gestión ambiental, desarrollo económico o gobernabilidad. Todos tienen una relación directa tanto con la salud como con el urbanismo.

Pero, ¿cómo debería ser este urbanismo sano? Según Manuel Gómez Beneyto, que centra el problema de la salud en su campo de psiquiatría, “El tamaño de la ciudad no es suficiente para causar un estilo de vida particular. Una ciudad grande puede estar dividida en barrios bien organizados que satisfagan ampliamente las necesidades  de sus habitantes y generar así un clima de convivencia razonable“. Subraya también un problema a nivel nacional. Aunque ya desde hace 25 años la Unión Europea exige que todos los proyectos que afectan al medioambiente fuesen evaluados antes de ser aprobados para determinar sus efectos sobre la salud humana, tanto física como mental, esta ley no se aplica. Y no es fácil descubrir las razones de tal situación, ya que “en el momento actual disponemos de las técnicas adecuadas para predecir el impacto que un proyecto de construcción puede ejercer sobre la salud.”

Como respuesta a esta situación este año la OMS  propone una acción global organizada para celebrar el día de la salud, enfocada para los ciudadanos y con carácter lúdico. Una gran fiesta urbana denominada “1000 ciudades 1000 vidas”, que se desarrolla en el espacio público de las ciudades participantes, tan a menudo ocupado por el tráfico rodado. Durante una semana del mes de abril se invitó a los ciudadanos a cambiar algunos de sus hábitos menos saludables. Para ello se les posibilitaba una serie de actividades como carreras o caminatas por la ciudad, actividades deportivas en los parques, conferencias sobre la salud urbana o promoción de los alimentos sanos. Todo ello, en  calles abiertas y libres de tráfico.

De esta manera, se consigue que los ciudadanos sean mucho más concientes de lo que supone vivir en la ciudad. Ojalá también lo sean quienes gobiernan nuestras urbes porque, como afirma Margaret Chan, “el buen gobierno de una ciudad puede producir una esperanza de vida de 75 años o más“. En el caso contrario, “la expectativa de vida puede ser tan baja como de 35 años”. Esta última cifra se refiere a un gran número de las ciudades pertenecientes a los países en vías de  desarrollo.

Un viejo proverbio médico dice que más vale prevenir que curar y esto sí que se puede hacer desde las mejoras urbanísticas. Así que parece más sensato proponer un carril bici que otra clínica más.

La salud urbana no es más que otra excusa para hablar del buen urbanismo que no tenemos y que tanto necesitamos. Por esto, nos parecen tan interesantes las iniciativas como la organizada por la OMS tanto a corto como a largo plazo.

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9 comentarios a “LA CIUDAD SANA”

  1. Ro dice:

    Me parece interesantísimo el tema que tocais en este artículo. La prevención sanitaria está estrechamente ligada con el modelo de ciudad. Hace un par de años descubrí unos documentos increibles gracias a un geógrafo de la Universidad de Oviedo, las “topografías médicas”. Existen de algunos municipios en España. Escritas por médicos durante las primeras décadas del siglo XX examinaban minucioamente aspectos que iban desde la disposición de los espacios verdes en los pueblos, a los hábitos alimenticios de sus habitantes, acceso a la cultura, flora autóctona…Aunque son escasas, constituyen un auténtico tesoro urbanístico, que analizaba las condiciones de entorno con la intención de mejorarlas. Pero pocas se encuentran editadas recientemente. Las que yo he consultado se encontraban en los fondos de consulta de las bibliotecas del Principado de Asturias. Si teneis ocasión alguna vez, creo que merece mucho la pena echarles un vistazo. Algunas como la de Gijón sí se puede encontrar con facilidad pues se reeditó: PORTOLÁ, Felipe, “Topografía médica de Gijón, 1918″.
    De nuevo felicidades por el artículo y por abrir el debate sobre este tema.

  2. S. DE MOLINA dice:

    Fantástico tema y fantástico artículo. Como siempre.

    Sobre la ciudad donde se desarrollan las enfermedades trata la conversación que proponéis. Y no se me ocurre mejor ejemplo para ver el origen de la problemática que el caso de Madrid, en un tiempo en que la pregunta sobre la ciudad saludable era casi la pregunta urbana que con más fuerza se estaba empezando a formular exactamente antes del comienzo del siglo XX en que comenzáis vosotros.

    Probablemente la relación de la ciudad con la enfermedad, tiene origen en un cambio de paradigma del siglo XVIII cuando la relación del hombre con la salud varía sustancialmente. Foucault lo detecta con agudeza cuando nota que la pregunta del médico al paciente pasa de la cuestión “¿quién es usted?”, al “¿cómo está usted?” generando una revolución urbana encubierta.

    Madrid conservaba aun en el siglo XIX una estructura urbana obsoleta, lo que supuso un espléndido caldo de cultivo para la enfermedad y la muerte. También es cierto, debido entre otras cosas a los conflictos bélicos. Por otro lado la condición insalubre de la ciudad como organismo propagador de la enfermedad corre en paralelo a la trasformación de las tipologías de los hospitales, (pero esa es otra historia).

    A lo largo del siglo XIX la población madrileña se duplica sin embargo el tamaño de la ciudad no aumenta, lo que propicia que la tasa de mortandad de Madrid sea de las más elevadas de Europa. Por ejemplo, la esperanza de vida en España en el periodo de 1860-1887 era de 29 años, a finales XIX casi 35, mientras tanto en Suecia era de 50 años, Francia 43, Inglaterra y Gales 45 años.

    Por supuesto en parte se trataba de un problema de espacio, En 1857, el gobierno publicó un Real Decreto por el que se autorizaba al ministro Claudio Moyano, a formular un proyecto de ensanche de la ciudad. El ministro le encargó a Castro el proyecto, que finalizó en mayo de 1859.

    La construcción del Ensanche fue lenta, prolongándose entre las décadas de 1860 y 1930 y siendo muy desvirtuado por intereses especulativos y el propio periodo de tiempo durante el que se ejecutó. Así, por ejemplo, Cánovas del Castillo impulsó que se redujeran los espacios verdes al 30 ó 20%, permitiendo que los espacios libres de las manzanas se convirtieran en calles particulares. En 1876 se cambiaron las Ordenanzas en materia de altura y masa de los edificios y en 1893 se suprimieron todos los artículos de las Ordenanzas referentes a la salubridad de los edificios. Asimismo, la anchura de las calles se fue reduciendo y se permitió construir con más de tres y cuatro pisos.

    Todo ello con consecuencias directas sobre la calidad urbana.

    El cólera, la viruela, el sarampión, el tifus, el paludismo, la escarlatina, la difteria y demás enfermedades infectocontagiosas solo podían ser combatidas por la mejora de las condiciones higiénicas, la sanidad pública, alimentación, vestido y la vivienda. Es decir, mejorando las condiciones urbanas.

    Y si la ciudad de algún modo debe “hospitalizarse” desde luego el agua era un factor decisivo para la higiene. Gracias al canal de Isabel II, este problema se resuelve al traer por medio de un canal derivado desde el río Lozoya, que llevaría su nombre en honor a la reina promotora del proyecto.

    Los factores de desarrollo de la enfermedad están relacionados con cierta relación de metros cúbicos de aire por enfermo y consecuentemente la ciudad sana era la que proporcionaba condiciones de esponjamiento suficiente. Aparecen pues, operaciones de esponjamiento, de alcantarillado, se abren avenidas, (en París, bien es cierto, por motivos de seguridad a la vez que urbanos), de los que la Gran Vía madrileña es un claro ejemplo.

    En este último tramo del siglo XIX las posibilidades del urbanismo están siendo plenamente explotadas por propuestas cargadas de intenciones respecto a lo que deben ser las condiciones de vida saludables. La ciudad jardín preconizada por Howard, se convierte en el tratado que da origen a un nuevo modelo urbanístico que por entonces se cree saludable.

    Madrid se esponja, se hacen públicos espacios verdes como son los parque que hasta entonces pertenecían a la realeza y la ciudad empieza a pasear y respirar una ciudad, si bien más contaminada, también es cierto más rica en espacios públicos.

    Luego llega el siglo XX. Y ahí empieza vuestra fantástica historia.

    Saludos

  3. Guille dice:

    Gracias por el artículo.

    Es increible que ha día de hoy vivir en una ciudad u otra, pueda doblar nuestra esperanza de vida. Las diferencias entre ciudades europeas no creo que sea muy grandes… pero es un buen argumento para luchar por ciudades más coherentes, humanas… en definitiva mas sanas….

    Gracias S. de Molina, tu explicación de Madrid ha estado muy bien, parece increible que desde 1860-1887 la esperanza de vida en España era tan solo de 29 años…. hace tan solo 120-150 años…. yo creía que esa época estaba mucho más lejana en el tiempo…

  4. Bruce dice:

    Fantástico tema y fantástico artículo. Como siempre.

    Sobre la ciudad donde se desarrollan las enfermedades trata la conversación que proponéis. Y no se me ocurre mejor ejemplo para ver el origen de la problemática que el caso de Madrid, en un tiempo en que la pregunta sobre la ciudad saludable era casi la pregunta urbana que con más fuerza se estaba empezando a formular exactamente antes del comienzo del siglo XX en que comenzáis vosotros.

    Probablemente la relación de la ciudad con la enfermedad, tiene origen en un cambio de paradigma del siglo XVIII cuando la relación del hombre con la salud varía sustancialmente. Foucault lo detecta con agudeza cuando nota que la pregunta del médico al paciente pasa de la cuestión “¿quién es usted?”, al “¿cómo está usted?” generando una revolución urbana encubierta.

    Madrid conservaba aun en el siglo XIX una estructura urbana obsoleta, lo que supuso un espléndido caldo de cultivo para la enfermedad y la muerte. También es cierto, debido entre otras cosas a los conflictos bélicos. Por otro lado la condición insalubre de la ciudad como organismo propagador de la enfermedad corre en paralelo a la trasformación de las tipologías de los hospitales, (pero esa es otra historia).

    A lo largo del siglo XIX la población madrileña se duplica sin embargo el tamaño de la ciudad no aumenta, lo que propicia que la tasa de mortandad de Madrid sea de las más elevadas de Europa. Por ejemplo, la esperanza de vida en España en el periodo de 1860-1887 era de 29 años, a finales XIX casi 35, mientras tanto en Suecia era de 50 años, Francia 43, Inglaterra y Gales 45 años.

    Por supuesto en parte se trataba de un problema de espacio, En 1857, el gobierno publicó un Real Decreto por el que se autorizaba al ministro Claudio Moyano, a formular un proyecto de ensanche de la ciudad. El ministro le encargó a Castro el proyecto, que finalizó en mayo de 1859.

    La construcción del Ensanche fue lenta, prolongándose entre las décadas de 1860 y 1930 y siendo muy desvirtuado por intereses especulativos y el propio periodo de tiempo durante el que se ejecutó. Así, por ejemplo, Cánovas del Castillo impulsó que se redujeran los espacios verdes al 30 ó 20%, permitiendo que los espacios libres de las manzanas se convirtieran en calles particulares. En 1876 se cambiaron las Ordenanzas en materia de altura y masa de los edificios y en 1893 se suprimieron todos los artículos de las Ordenanzas referentes a la salubridad de los edificios. Asimismo, la anchura de las calles se fue reduciendo y se permitió construir con más de tres y cuatro pisos.

    Todo ello con consecuencias directas sobre la calidad urbana.

    El cólera, la viruela, el sarampión, el tifus, el paludismo, la escarlatina, la difteria y demás enfermedades infectocontagiosas solo podían ser combatidas por la mejora de las condiciones higiénicas, la sanidad pública, alimentación, vestido y la vivienda. Es decir, mejorando las condiciones urbanas.

    Y si la ciudad de algún modo debe “hospitalizarse” desde luego el agua era un factor decisivo para la higiene. Gracias al canal de Isabel II, este problema se resuelve al traer por medio de un canal derivado desde el río Lozoya, que llevaría su nombre en honor a la reina promotora del proyecto.

    Los factores de desarrollo de la enfermedad están relacionados con cierta relación de metros cúbicos de aire por enfermo y consecuentemente la ciudad sana era la que proporcionaba condiciones de esponjamiento suficiente. Aparecen pues, operaciones de esponjamiento, de alcantarillado, se abren avenidas, (en París, bien es cierto, por motivos de seguridad a la vez que urbanos), de los que la Gran Vía madrileña es un claro ejemplo.

    En este último tramo del siglo XIX las posibilidades del urbanismo están siendo plenamente explotadas por propuestas cargadas de intenciones respecto a lo que deben ser las condiciones de vida saludables. La ciudad jardín preconizada por Howard, se convierte en el tratado que da origen a un nuevo modelo urbanístico que por entonces se cree saludable.

    Madrid se esponja, se hacen públicos espacios verdes como son los parque que hasta entonces pertenecían a la realeza y la ciudad empieza a pasear y respirar una ciudad, si bien más contaminada, también es cierto más rica en espacios públicos.

    Luego llega el siglo XX. Y ahí empieza vuestra fantástica historia.

    Saludos

  5. Brijuni dice:

    Me parece exagerado lo que dice Margaret Chan sobre la esperanza de vida en función del gobierno de la ciudad, obviamente tiene mucho más que ver con otros factores, pero bueno, empiezo por ahí porque es lo último que he leído.
    El post tiene una segunda parte histórica en el comentario de S. de Molina. Habría que completar con todo lo que los CIAM dijeron en este siglo, también con las new towns inglesas como modelo autónomo de ciudad con todos los servicios, el ejemplo nórdico de Tapiola, mucho de lo que cuentan los SUJU sobre Holanda (Petendrecht en Rotterdam, Amsterdam,…) me refiero a cómo organizar ciudades en función de su tamaño, cuál es el tamaño adecuado para ser autónomo y si eso es un problema o no tal como dice (que no lo es) Gómez Beneyto.
    De todo eso se habla aquí en LCV y lo que nos cuentan Stepien y Barno tiene mucho interés como siempre en el momento en el que estamos dejando pasar otra oportunidad para hablar de lo importante, la vida de las personas, en pos de lo único que cuenta, el mercado y la economía. Bien, en un momento ahora de no-mercado, sin demanda de viviendas, ¿por qué se habla tan poco y de forma tan poco concreta de mejorar nuestras ciudades y que sean saludables? a qué esperan los de siempre? véase el maravillos ejemplo ya citado otras veces de nuestra querida ciudad, Madrid, y su muy bien dotada para el cargo concejal de medioambiente eliminando las series históricas de concentraciones de gases y medio falseando los datos para que parezca que aquí se respira bien.
    Claro, desde EStella es fácil ser optimista!

  6. César dice:

    Bueno, lo primero felicidades por vuestro artículo. Para un lego en la materia como yo -pero ciudadano de a pie, a fin de cuentas- el tema me despierta un gran interés. Y bueno, oir hablar de ‘topografías médicas’ (como médico que soy) me resulta un poco como ciencia ficción.

    Aun a riesgo de parecer prosaico, esa invitación de la OMS a los ciudadanos a cambiar algunos de sus hábitos menos saludables me parece excelente, pero quizá algo ingenua, y me recuerda una experiencia que hubo en Granada hace pocos años, en la que la corporación local invitaba a los ciudadanos a dejar sus vehículos en casa en ciertos días (un poco siguiendo el modelo de México DF). Resultó un fiasco. Pero cuando se incentivó con reducciones fiscales (exenciones de sello municipal, por ej.) tuvo un éxito masivo.

    Comento esto por si sirve de elemento adicional a esta reflexión que aquí se plantea.

  7. Necesitamos más tiempo. El desarrollo de las megaciudades. « La Ciudad Viva dice:

    [...] ya se habrá leido en múltiples artículos y como se dice en el  último post de Stepienybarno “hoy ya vive en las ciudades más de la mitad de la población y en 2030, se [...]

  8. stepienybarno dice:

    Lo primero de todo, agradeceros a todos los comentarios que vais dejando.

    Tanto Ro como Santiago, se han animado a rebobinar un poco más sobre el tema y recordar que la relación entre la salud y la ciudad no es algo nuevo, sino que viene de lejos.
    Quizás, antes eran acciones todavía más decisivas las que se debían realizar, pues muerte o la vida de una gran parte de la población, dependía directamente de decisiones urbanísticas.

    Tampoco nos podemos olvidar que hoy la mitad más desfavorecida del planeta sigue quemando la basura delante de sus casas, sigue sin acceso a un agua limpia y para nada tiene resuelto el tema de la evacuación de fecales, por comentar alguna de las innumerables carencias que tienen. Son decisiones puramente urbanísticas de las que estamos hablando, que sin grandes desembolsos económicos mejorarían la salud de medio planeta.

    La otra mitad, la que se supone que vive en la sociedad del bienestar, también necesita mejoras, aunque en este caso sean más sutiles. Como bien nos recuerda Santiago, poco hacemos con tener más jardines, si el aire que llega a ellos está contaminado. No podemos depender de pequeños reductos de salubridad en nuestras ciudades. Tenemos que apostar por una ciudad sana en toda su integridad.

    También es cierto, como bien apunta Brijuni, que se está perdiendo la oportunidad de poner encima de la mesa estos temas, ahora que parece que por “culpa” de la crisis el sector inmobiliario ha parado la locura de insensato crecimiento al que nos estábamos acostumbrando.
    Pero quizás, gracias a estos argumentos más científicos (que no hacen otra cosa que acompañar otros menos “demostrables” como el sentimiento de comunidad, la memoria colectiva o la identidad) podamos convencer a nuestros políticos de que otra ciudad es posible.

    Otra ciudad, que como bien comenta Guillermo, debe ser más humana y coherente, es decir, una ciudad sana o lo que es lo mismo, una CIUDAD VIVA. Puede que con ello estemos más cerca de conseguir esas medidas políticas en favor del ciudadano, de las que nos habla Cesar y que gracias a ellas se pueda completar el cambio de conciencia que ya se esta produciendo en una gran parte de la población.

  9. WILLIAM RODRIGUEZ VENTURA. dice:

    MUY BUEN ARTICULO.
    Es muy imporante la relacion directa que existe entre la salud y el urbanismo en la cual contando con indicadores de “salud urbana” como vivienda, desarrollo social, erradicacion de pobreza, gestion ambiental, desarrollo económico o gobernabilidad, se puedan trazar las vigas maestras para contribuir hacia una cultura de “salud sana”, eh alli la tarea de realizar la Planificación salud urbana en colaboración entre los habitantes, Organizaciones de Base y las autoridades locales y asi mejorar el nivel de vida de los ciudadanos.

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