*Felipe Orensanz Escofet
La ciudad celeste es ésta y por su cielo corren cometas de larga cola,
lanzados a girar en el espacio por el solo acto libre y feliz
de que son capaces los habitantes de Bersabea.
Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles, 1974
Un día como hoy.
En São Paulo, más de 3 millones de personas desfilan por las calles de la ciudad en la marcha anual del orgullo gay. En Moscú, 40 personas mueren y otras 100 resultan heridas después de un ataque suicida en el metro. En Dubái, el Burj Khalifa alcanza los 828 metros de altura y se convierte en la estructura más alta del planeta: un metro cuadrado se vende en más de 40 mil dólares. En Mumbai, la población del distrito conocido como Dharavi, uno de los tugurios más grandes del mundo, se acerca al millón de habitantes: el alquiler mensual promedio de una vivienda es de cuatro dólares. Situaciones similares se presentan en ciudades como Nairobi, Río de Janeiro y Karachi, entre muchas otras. En la ciudad de México, el empresario Carlos Slim llega a la cima de los hombres más ricos del planeta gracias a su creciente imperio de telecomunicaciones. En Uagadugú, capital de Burkina Faso, sólo uno de cada cinco habitantes sabe leer y escribir.
Estas historias aisladas, apenas una fracción de las miles que se presentan día con día, evidencian, ante todo, distintas maneras de entender y ejercer la libertad. ¿Qué factores determinan la simultaneidad de experiencias tan contrastantes y disímiles?, ¿qué papel desempeñan las distintas fuerzas detrás del fenómeno urbano en la manera en que la población mundial define y experimenta su libertad?, ¿qué libertades, tanto individuales como colectivas, se ganan o se pierden en el marco de los procesos globales de urbanización? Éstas y otras preguntas se intentarán responder a lo largo de las siguientes páginas.
Durante buena parte de la historia del mundo occidental, las ciudades y la libertad han ocupado un lugar central en la manera en que los hombres construyen y ejercen sus relaciones con el mundo y con sus semejantes. La libertad, como afirma Orlando Patterson, es hoy en día el valor supremo de occidente y pieza indispensable para entender sus estructuras sociales, políticas, religiosas, económicas, morales y culturales (Patterson, 1993: 11). Las ciudades, por su parte, se han convertido en la configuración socioespacial más dominante y hegemónica del planeta y en el aglomerado más grande del mundo animal. De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (UNHABITAT), hoy en día poco más de la mitad de la población mundial vive en ciudades; en el transcurso de las siguientes dos décadas, se estima que esta cifra habrá ascendido al 60%. En palabras de Mike Davis, se trata de un cambio comparable a las revoluciones neolítica o industrial (Davis, 2006: 1).
Sin embargo, la relación histórica entre las ciudades y la experiencia de la libertad no se reduce a una simple serie de coincidencias y paralelismos. El análisis de la relación entre ciudad y libertad es un ejercicio complejo, en especial frente a la naturaleza escurridiza, ambigua y cambiante de ambos conceptos. Lo que en la actualidad se entiende por libertad diverge significativamente de las ideas predominantes hace escasos cien o doscientos años. Cabe recordar, por ejemplo, que fue hace menos de 150 años, en 1863, que se abolió oficialmente la esclavitud en los Estados Unidos. Hacia esas mismas fechas, la ciudad más grande del planeta era Londres, con alrededor de 2,800,000 habitantes, cifra que contrasta significativamente con las principales zonas megalopolitanas de la actualidad: Tokio (35,676,000), ciudad de México (19,028,000), Nueva York-Newark (19,040,000), Mumbai (18,978,000) y São Paulo (18,845,000).
Incluso hoy en día parece reinar el disenso. En años recientes, una guerra declarada en nombre de “la libertad del pueblo iraquí”, la llamada Operation Iraqi Freedom, generó una polarización mundial sin precedentes desde la caída del muro de Berlín y evidenció las distintas lecturas, con frecuencia antagónicas, a las que puede quedar sujeto un valor aparentemente universal. Parecería cumplirse la máxima de Zygmunt Bauman, quien ha señalado insistentemente que en las sociedades contemporáneas “la falta de libertad de una parte hace posible la libertad de la otra” y que “la efectividad de la libertad exige que alguien se mantenga no libre” (Bauman, 2007: 51, 116).
De manera similar, el imaginario colectivo asociado con la vida en las grandes ciudades modernas se mueve en múltiples direcciones. Lo que para muchos se percibe como una interminable suma de problemas, para otros constituye un inmejorable espacio de oportunidad. En la gran mayoría de las megaciudades actuales, los problemas cotidianos relacionados con el desempleo, el deterioro ambiental, la escasez de servicios o la inseguridad no impiden que millones de personas dirijan sus esperanzas hacia los centros urbanos en busca de un futuro más estable y prometedor. Por citar sólo un ejemplo, en China la migración del campo a la ciudad representa hasta el 80% de la mano de obra en ciudades como Shenzhen y Dongguan (Chan, 2009: xix).
Así, las relaciones entre ciudad y libertad constituyen un proceso de permanente intercambio y estrecha reciprocidad. Como sugiere Michel Foucault, no se pueden disociar la experiencia de la libertad, las relaciones sociales y la manera en que las personas se distribuyen espacialmente: “si se separan, se vuelven imposibles de entender. Cada una solamente se puede comprender a través de la otra” (Foucault, 1997: 372).
* El presente texto es un extracto del proyecto de tesis titulado “La ciudad y la libertad” desarrollado actualmente dentro del programa de Maestría en Urbanismo de la Universidad Nacional Autónoma de México (campo de conocimiento de Análisis, Teoría e Historia). En “La ciudad y la libertad” se busca identificar y analizar las distintas maneras en las que el fenómeno urbano influye sobre la forma de construir y ejercer las libertades individuales y colectivas en las sociedades contemporáneas. El estudio se estructura, en términos generales, a partir de tres niveles o secuencias de análisis. En primer lugar, propone una lectura de la ciudad a través del espacio de tensión formado por la relación dicotómica entre los conceptos de libertad y no-libertad. En segundo lugar, sugiere una clasificación tripartita de esta lectura a partir de tres formas fundamentales de libertad, formuladas a partir de la extrapolación de algunos conceptos centrales de las teorías del poder: libertades políticas, libertades económicas y libertades ideológicas. Por último, se identifican y analizan tres elementos o componentes centrales que, en el marco de la relación entre libertades positivas y negativas, permiten entender las distintas formas en que las libertades se cristalizan en el espacio urbano: 1) el agente que es o no libre, 2) las restricciones o limitaciones respecto de las cuales estos agentes son libres y 3) las acciones que somos libres o no de realizar.
Referencias bibliográficas
Bauman, Zygmunt (2007), Libertad, Buenos Aires, Losada
Chan, Kam Wing (2009), “Population, Migration, and the Lewis Turning Point in China”, en Cai Fang (editor), The China Population and Labor Yearbook Volume 1, Leiden / Boston, Brill
Davis, Mike (2006), Planet of Slums, Londres y Nueva York, Verso Books
Foucault, Michel (1997), “Space, Knowledge and Power: Interview with Paul Rainbow”, en Neil Leach (editor) Rethinking Architecture, Londres, Routledge
Patterson, Orlando (1993), La libertad en la construcción de la cultura occidental, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello
Etiquetas: ciudad, ensayo, ficciones urbanas, historia, historias de vida, imaginarios urbanos, libertad, unam
















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