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Mouse(s), devices and interfaces. Historias para jóvenes de arquitecturas a golpe de ratón.

por Brijuni — Lunes, 19 de julio de 2010

Información, velocidad, democracia y tecnología.  No son tiempos nuevos pero sí de muchas prisas. No podemos ser del todo optimistas pero si nos comparamos con generaciones anteriores ¿Por qué no serlo? Tenemos todos los medios a nuestro alcance para procurar los cambios que deseamos.  En arquitectura, las herramientas a nuestro alcance no son ajenas a la vorágine de nuestro tiempo. Hardware y sobre todo software evolucionan sin que al usuario le sea posible convertirse en experto de nada ante la premura con que nuevas herramientas suceden a las anteriores.

El exceso de información convierte en banal el 90%, si no más, de la misma. Editores, curators, comisarios, filtradores (ávidos lectores con mejor o peor criterio) nos la seleccionan y nuestra confianza en ellos determina la calidad de la información (limitada por cuestiones de espacio y tiempo) que procesamos.

La velocidad convierte lo acontecido ayer en perteneciente al pasado y carente de interés. La promesa de un futuro mejor nos hace avanzar como zombies devorando lo próximo, nunca lo anterior.

La democracia nos espera cada cuatro años en las elecciones generales y una vez al año en la reunión de vecinos. La importancia del usuario, ciudadano, particular o individuo, ha convertido incluso lo específico y lo técnico en una cuestión popular de gusto y aceptación masiva desplazando así al crítico, el experto o el versado en pos de un penoso mínimo común múltiplo. Incluso los propios arquitectos, muchas veces en una dejación de funciones y responsabilidades peligrosa, hemos cedido el paso a la sociedad para que sea ella la que decida por nosotros en cuestiones urbanísticas, estéticas o técnicas, sin tener en cuenta la trascendencia de la cuestión a decidir.

La tecnología (antes la industria) vino a aliviar al obrero de penosas tareas y a los arquitectos de largas horas de tablero y paralex. La herramienta se ha apoderado de los procesos y como un virus ha generado un cambio radical en la arquitectura de fin de siglo y en la venidera.

Ningún concurso le ha reportado al mundo un edificio de valor porque: (1) El propio jurado es necesariamente un promedio de escogidos. Algún grupo de electores debe concordar con el jurado. (2) Por esta razón, lo primero que este promedio hace como jurado, cuando selecciona, es examinar detenidamente todos los diseños y desechar los mejores y los peores. Esto es necesario, para que el promedio pueda hacer promedio sobre un promedio. (3) Por esta razón, cualquier concurso de arquitectura será un promedio sobre un promedio hecho por promedios, en defensa de un promedio. (4) El resultado es un edificio ya desfasado en el tiempo antes de empezar a construirse.

Podría parecer democrático, si la mediocridad fuera en arquitectura un ideal democrático. No. Los concursos son sólo oportunidades de airear predisposiciones precoces para la juventud inexperta.”[1]

Quizá uno de los primeros precedentes más  o menos recientes de lo que luego se ha convertido en un desmán en la colaboración de arquitectos e ingenieros sea la Sydney Opera House construida entre 1959 y 1963. El proyecto de Jorn Utzon fue descartado pronto de los posibles ganadores y sólo repescado por la insistencia de Eero Saarinen (en una de sus últimas decisiones importantes antes de morir en 1961), que andaba a la búsqueda de nuevas formas. Los dibujos de Utzon, muy sugerentes pero, a las luces del jurado, imprecisos, sólo esbozados y de dudosa fiabilidad en un hipotético proceso constructivo posterior, finalmente resultaron ganadores del concurso. A partir de ese momento, el problema de Utzon lo asumió su compatriota, el joven por aquel entonces Ove Arup, que antes de poder calcular nada tuvo que resolver la definición geométrica de aquellas curvas desafiantes que finalmente y después de muchísimo trabajo e imaginación se convirtieron en bóvedas de hormigón definiendo matemáticamente los segmentos obtenidos cortando en rodajas dos esferas madre, con lo que además se facilitaba la prefabricación en serie de los elementos estructurales. Las conchas acústicas de la estructura interior se obtuvieron de modo similar, a partir de dos cilindros estándar.[2] Algo parecido sucedió también  cuando Saarinen modeló la terminal de la TWA en el aeropuerto JFK de Nueva York con la ayuda de un pomelo.

Tuvimos noticias de un nuevo cuerpo a cuerpo entre arquitecturas imprecisas e ingenieros  salvadores medio siglo después –aunque pensamos que se producen a diario- con motivo de la construcción del Pabellón Puente para la Expo de Zaragoza. Manuela Gatto, arquitecto italiana del estudio de Zaha Hadid destacada en Zaragoza para las obras, comenzó una conferencia[3] en esa misma ciudad aclarando que para ellos la eficiencia estructural no era lo primordial sino la experiencia espacial. Una hora más tarde, cuando el ingeniero Hugo Corres (Fhecor) había explicado cómo se construyó el pabellón después de grandes dificultades para encontrar un modelo geométrico que se pudiera discretizar y calcular, la introducción de Gatto sonó a excusa terrible y a disculpa.

La población y la prensa local se esforzaban en encontrar un nombre adecuado: cáliz, tiburón, gladiolo u otra flor, mientras los ingenieros (y algunos arquitectos especialistas) se consumían ante la inminente inauguración a la que sólo un par de meses antes se supo que se llegaría a tiempo.

Ante de eso, en el año 2005, un jurado heterogéneo compuesto por tres ingenieros de caminos, tres arquitectos y tres cargos del gobierno local y la Expo, destacó ganador al proyecto de Hadid, Schumacher y Arup asociados por su “innovación, recreación impecable del concepto pabellón-puente, singularidad, encaje ambiental (…) conceptos estructural y arquitectónico, representatividad (…)”, si bien identificó como puntos a resolver “la integración dentro del río en caso de avenida extraordinaria, el coste (que siempre puede acotarse) y la ejecutabilidad (sic) del plazo existente”. Sobre la primera parte, ya ha quedado dicho que Hugo Corres afirmó ante un numeroso público que no había concepto estructural ninguno. Sobre la segunda, cabe preguntarse si el coste puede siempre acotarse de hecho y si el plazo no compromete aún más dicha acotación.

Según Corres, el proyecto se pudo calcular combinando distintos modelos al ser imposible que uno sólo abarcara la complejidad del mismo, y solucionando nudo a nudo. El cajón de hormigón que la ingeniería de Arup había propuesto inicialmente, al final también se construyó en acero, como el resto del pabellón. El cálculo con elementos finitos (infinitos según Corres en este caso) sirvió par definir la posición de los huecos (miradores, terrazas,…) que se abrieron en el puente. Para ello primero se realizaba el cálculo como si se tratara de un elemento continuo sin vanos y luego se recalculaba el mismo modelo con huecos en las zonas donde había menos solicitaciones y esfuerzos, en sucesivas iteraciones para optimizar su posición en función de dónde era más favorable para el comportamiento global del conjunto.

Apenas dos años después de su botadura, el gladiolo marchito, exangüe y carísimo yace moribundo como un pez varado a la espera de que alguien decida qué hacer con sus sesenta millones de euros de escamas, acero y maravillosos falsos techos curvados.

No obstante lo anterior, hay que recordar que los comienzos de Hadid no fueron tan orgánicos y estereotómicos (aunque luego casi todo se resuelva en el pabellón-puente de forma tectónica, la apariencia es la contraria) sino que la influencia del constructivismo ruso es evidente desde sus primeros dibujos y en su proyecto de graduación en la Architectural Association de Londres titulado Malevich’s Tektonic. Así mismo, según Charles Jencks entre otros, en los años 80 tiene lugar un revival constructivista con Gehry, Tschumi, Koolhaas y la propia Hadid, los dos últimos mirando al Tardoconstructivismo de Leodinov, Tschumi a Chernikhov y Gehry al preconstructivismo[4] y por tanto a lo puramente tectónico, que tiene su puesta de largo con la exposición Deconstructivist Architecture organizada en el MOMA por Philip Johnson (y Mark Wigley) en 1988.

El salto o evolución desde el postmodernismo de los años 70 hasta hoy, pasando por los 80 neoconstructivistas citados antes, debe mucho, al menos formalmente y junto a otras muchas razones, a la coartada post-estructuralista de la French Theory[5] y a los avances en software de dibujo y cálculo, sin que sea fácil precisar qué fue antes, si el deseo de hacer esa arquitectura o la posibilidad de poder hacerla.  De hecho, no fue hasta después de la exposición en el MOMA cuando proyectos que se dibujaban sin ninguna intención de ser construidos empezaron a serlo, y cuando las grandes corporaciones se fijaron en esta arquitectura marginal, teórica, del papel, haciéndola suya  hasta convertir la vanguardia en mainstream ayudados por gran parte de la crítica especializada y por el éxito de algunos edificios construidos como el Guggenheim de Bilbao entre el público general.

Tras el éxito bilbaino, Gehry continúa construyendo por todo el mundo pero un nuevo proyecto en nuestro país nos ayuda a entender los cambios que se están produciendo en el mundo de la arquitectura. Debido a la dificultad para estimar las cargas en las complejísimas superficies (canopies o marquesinas) del proyecto para el Hotel  Marqués de Riscal en Elciego (La Rioja alavesa) se realizó una prueba en túnel de viento con un modelo a escala y luego una maqueta tridimensional con el programa CATIA como ya se hiciera con el Guggenheim. La estructura alambicada resultante se unía a la superficie con el programa Rhino 3d y finalmente el programa RISA comprobaba los distintos supuestos de cargas para finalmente verificarse el modelo con la construcción de tres de las marquesinas a escala 2:3 para una exposición retrospectiva sobre Ghery en Nueva York.

Las empresas de software se esfuerzan en ofrecer al arquitecto programas de CAAD que, por así decirlo, dibujen en tiempo real, verdadera dimensión y que implementen los valores de resistencia de materiales y características que hagan posible un trasvase entre lo gráfico y el cálculo de un modo sencillo, todo en uno, pero aún no lo han logrado completamente.

En el caso de Peter Eisenman, el primer proyecto proyectado y dibujado con ordenador fue el Aronoff Center for Design and Art (1988-1996). Antes de eso aunque sí se dibujaron proyectos con él en su estudio, se proyectaba a mano.

“He empezado a utilizar el ordenador para que me genere figuras que yo no puedo hacer a mano. Mi mano, creo, está limitada por la estética clásica… el ordenador me libera y produce formas que no entiendo, y en las que ni había pensado… Parecen desconocidas, difíciles o alienantes: parece incluso que las hayan reprimido”[6]

Otro ejemplo muy conocido es el del californiano Thom Mayne que en la renovación de su estudio Morphosis, emprendió de hecho y según él mismo ha contado, un nuevo camino en la forma de entender y hacer arquitectura, seguramente muy influido por Gehry y proyectando esa influencia luego desde la UCLA School of Arts and Architecture y antes desde la Southern California Institute of Architecture que ayudara a fundar en 1972.

También los austriacos Coop Himmelblau ponen entre paréntesis su letra “l” desdoblando el significado de su nombre desde Cooperativa Cielo-azul a Coop Himmelb(l)au, por Cooperativa Cielo-construcción (o construcción del cielo), en el momento en que sus proyectos comienzan a realizarse.

Pudiera parecer que la arquitectura avanza, por un lado, gracias a que programas de CAAD Computer-aided architectural design[7] que permiten dibujar cosas que antes parece que sólo podíamos imaginar, superficies no regladas ni parametrizadas, volúmenes amorfos que elongamos o reducimos con facilidad en la pantalla, todas las posibilidades están al alcance de un clic; y por otro gracias a los programas de cálculo estructural que son capaces de modelar sólidos, superficies continuas, o por  elementos, discretizando, usando luego el método de elementos finitos, iterando y calculando estructuras que antes serían irresolubles si los procesadores de nuestros ordenadores no hubieran evolucionado tanto como lo han hecho[8].

Junto a lo anterior están por supuesto los avances en la construcción: aceros de alta resistencia, hormigones autocompactantes, toda la tecnología constructiva que posibilita llevar a cabo lo propuesto en papel. Del mismo modo que los rascacielos y los ascensores estuvieron durante un tiempo unidos en su evolución porque la resistencia de los materiales permitía alcanzar mayor altura que lo que era capaz de subir un ascensor, ahora pueden hacerse realidad formas moldeadas en encofrados antes imposibles o perfiles y esqueletos de acero fabricados en taller hasta el detalle para ser ensamblados luego en obra sólo con las limitaciones que el transporte por carretera impone.

Últimamente se alzan algunas voces críticas que echan de más en los concursos de arquitectura el barroquismo gráfico, el horror vacui y la el discurso verborreico (todo ello sin duda fruto de lo fácil –o al menos más fácil- que es llenar din a-1s que antes cuando no existían, por ejemplo, las impresoras de gran formato) y se echa de menos la contención expresiva y las ideas sencillas que pueden explicarse de un modo sencillo, por no hablar de renders y 3d que dibujan realidades inexistentes, imposibles o falsarias. Ello ha conducido no pocas veces a proyectos ganadores cuyos presupuestos reales exceden con mucho las bases del concurso o lo razonable, o directamente imposibles de construir (Parasol Metropol de Jürgen Mayer en Sevilla, Cidade da Cultura en Santiago de Compostela…) convirtiendo lo que debía ser regla (ajustarse en plazos y presupuesto) en excepción gozosa.

De cincuenta años (concurso de la ópera de Sydney) a esta parte, la arquitectura de vanguardia ha podido dibujar sus sueños tardomodernos, neo y desconstructivistas gracias a herramientas ajenas al discurso puramente arquitectónico, ya sean de parametrización o cálculo convirtiendo lo porticado y puramente tectónico en aburrido, antiguo o excepcional y elevando lo no reglado, oblongo e inasible a la categoría de auténtica y única arquitectura de vanguardia, o casi.

Los ordenadores son un medio que nos facilita muchas cosas pero… ¿somos realmente conscientes de su capacidad para sugerirnos formas y procesos que antes nos eran ajenos y nos podían parecer inadecuados? ¿Nos hemos convertido en esclavos de este progreso que nos permite dibujar lo que antes sólo podíamos soñar? ¿Se ha instalado por el contrario una cierta actitud pueril en donde el grafismo y la novedad que nos proporcionan el mundo digital se convierten en el tirano de nuestros proyectos? ¿Es necesario o aceptable en arquitectura todo lo que es posible dibujar? ¿Hubiera evolucionado la arquitectura hacia un mundo tan caprichoso (y a veces ajeno o más cercano a la aeronáutica cuando no directamente a la ciencia ficción)? ¿Son, como en algunos de los casos anteriores, los calculistas, ya sean arquitectos o ingenieros, los que acotan y ponen los límites a lo que los arquitectos dibujamos montados en fórmulas 1 del CAD que nos desbordan? ¿Es la arquitectura que producimos a partir de ahí razonable, socialmente aceptable? ¿Es el postestructuralismo en arquitectura necesariamente no-euclídeo y a-tectónico?

“Un blog es una herramienta de trabajo, nada más. Y no es revolucionaria ni es fenomenal. Es útil para el que tenga algo que decir. Para lo demás, habrá siempre nuevas modas.

De aquí a dos años, (…) estaré otra vez en esta sala, y seguramente también estarán aquí ustedes, que no son blogueros sino generadores de contenidos, y entre todos haremos el velatorio del blog, el duelo del blog. Festejaremos su muerte mediática y su nacimiento real.

Y un rato después, sin lastres, sin presiones, sin revoluciones tecnológicas, nos pondremos a trabajar, como siempre, en nuestras obsesiones primarias. A trabajar y a mejorar nuestros oficios de fotógrafos, divulgadores, profesores, escritores, periodistas, poetas, informáticos, arquitectos, estudiantes, humoristas, diseñadores, empresarios, monologuistas y comunicadores.

Apuesto a la muerte de la herramienta en manos de revolucionarios, y de fenómenos, y de la manipulación de los modernitos sin oficio conocido. Apuesto a la normalización y a la costumbre. Apuesto a que, una vez desaparecido el san benito de la revolución, el formato surgirá con tanta fuerza que será invisible, útil y cotidiano.

Apuesto a que entonces sí, por fin, prevalecerá el talento.”[9]

Beatriz Villanueva Cajide es arquitecto por la ETSAM y Máster en Espacios Virtuales por la Fundación Antonio Camuñas. Francisco Javier Casas Cobo es arquitecto por la ETSAM.

Ambos dirigen Brijuni Arquitectos, estudio de crisis arquitectónica y especulación literaria.

Este artículo fue publicado en el número 01/2010 de la revista Arquitectos que edita el Consejo Superior de Arquitectos de España en julio de 2010. El título del número, Formalísmos, buscaba hacer reflexionar sobre la forma en la arquitectura, para lo cual se hizo una petición de resúmenes como es habitual en la revista, de la que derivó este texto.


[1] LLOYD WRIGHT, Frank, Autobiografía 1867-[1943] El Croquis Editorial, Madrid, 1998, pp. 189-190.

[2] DREW, Philip, Tercera Generación La significación cambiante de la arquitectura, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1973, p. 15.

[3] Jornadas técnicas sobre las pasarelas de la Expo Zaragoza 2008 organizadas por APTA. Sala de Juntas de la Confederación Hidrográfica del Ebro, Zaragoza, 3 de Abril de 2008.

[4] JENCKS, Charles, Arquitectura Internacional. Últimas tendencias, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1989, p. 253 y 256

[5] Op. Cit. p. 262. Jencks afirma que Eisenman “malinterpreta motu propio (las filosofías y teorías en circulación) en beneficio de conferir a su obra lo que él llama una “energía didáctica””.  Se refiere probablemente y sobre todo a las de Jacques Derrida que son las que más han interesado a Eisenman y a las que más ha hecho referencia.

[6] Entrevista de Carsten Juel-Christiansen a Peter Eisenman, en SKALA, Nordik Magasin for Arkitektur og Design, núm. 12, octubre 1987, p. 10.

[7] CAAD, también CAD (computer-aided design) o CADD (computer-aided design and drafting).

[8] Si se quiere profundizar en este tema, recomendamos el excelente trabajo sobre el mismo de ESTEBAN MALUENDA, Inmaculada y ENCABO SEGUÍ, Enrique, Deus ex machina. La automatización en el dibujo de arquitectura, XII Congreso Internacional de Expresión Gráfica Arquitectónica, Madrid, 29-31 de mayo de 2008.

También son muy interesantes:  http://urbantick.blogspot.com/2010/05/r-question-of-morpho-ecological.htmlhttp://www.elap.es/script/

[9] CASCIARI, Hernán, Una charla sobre la muerte de los blogs, Evento Blog 2008, Sevilla, 16 de noviembre de 2008 y http://orsai.es/2008/11/una_charla_sobre_la_muerte_de_los_blogs.php

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