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Indicadores urbanos (I): la dimensión cualitativa

por Jorge Galindo — Miércoles, 13 de octubre de 2010

Imagen del proyecto Valencia Ocasional de Martí Perán.

Cuando hablamos de indicadores, la imagen que aparece en nuestra mente es la de un número (medidas, porcentajes) que nos ayuda a conocer cuál es la situación de una variable. Y realmente, esta es la definición académicamente aceptada. En ese sentido, hablar de “la dimensión cualitativa de los indicadores” sería una incorrección, ya que un indicador es, por definición, cuantitativo. ¿O no?

Para comenzar a poner en cuestión la noción establecida, podemos tomar como punto de partida, por ejemplo, esta ponencia (PDF) de Albert de Gregorio, por ejemplo. Lo primero que hay que tener en cuenta es que un indicador por sí solo no es nada. Un indicador tiene sentido en tanto que 1. está en relación con otros indicadores que lo complementan y lo completan (pudiendo crear un índice); 2. parte del criterio (y del interés subjetivo) de quien ha seleccionado los ámbitos de la realidad a medir; y 3. debe tener, partiendo de ese criterio (que implica exclusión de ámbitos) y de su relación con otros, capacidad de síntesis, de resumen de la realidad. Como dice De Gregorio, “La toma de decisiones exige sintetizar el conjunto de información que genera una organización y su entorno”.

Pero la realidad que es necesario resumir para actuar tiene dos características clave: primera, es consciente de que es realidad. Ya saben, la eterna paradoja de la Ciencia Social, cuyo objeto de estudio es a la vez el sujeto. Afortunadamente, aquí nos movemos en la dimensión política (en el sentido de hacer cosas, de resolver problemas, de policies), con lo cual este punto cuenta a favor. La segunda característica es que se trata de una realidad enormemente compleja. No les voy a aburrir con las teorías y los paradigmas de la complejidad, basta con que piensen en un fenómeno que conocen bien, la ciudad, y en la ingente cantidad de dimensiones, ámbitos, roles sociales, dinámicas económicas y movimientos físicos e informaciones que en ella se producen. La ciudad es, de hecho, el paradigma del mundo complejo, porque todo ocurre en sus (cada vez más difusas) fronteras.

Así las cosas, nos hallamos ante la necesidad de sintetizar nuestro conocimiento para tomar decisiones y medir la evolución de las que hemos tomado. Por supuesto, esto tiene una base cuantitativa necesaria, que nadie pone en duda. De hecho, esta parte está más o menos asumida por los agentes implicados en el proceso (Administraciones, empresas asesoras, y ciudadanía). Sin embargo, si partimos de cualquiera de las divisiones clásicas del mundo urbano (por ejemplo: poder, administración y toma de decisiones – economía y gestión de recursos – medio físico – relaciones sociales – cultura y símbolos), es fácil darse cuenta de que en cualquiera de estas áreas superpuestas hay fenómenos clave, cuya comprensión es necesaria para explicar el funcionamiento de cada dimensión, que no son aprehensibles con cifras. “Cualitativo” puede ser definido simplemente como “aquello que no puede ser cuantificado”. Y ahí entra buena parte del por qué de las cosas. Dando por sentado que es necesario contar siempre con un sistema de indicadores cuantitativo, ese “por qué” de las cosas que estos sistemas se dejan fuera podría ser resumido en las siguientes dimensiones de análisis:

- Decisiones de movilidad y relación con el medio físico, relaciones sociales, dinámicas de segregación-cohesión. Más allá de técnicas de análisis sociodemográfico como índices de concentración de inmigración por vivienda o distribuciones de renta y nivel educativo por barrios, las personas se relacionan entre ellas superando (o no) estos límites. Hay pautas de movilidad y consumo de bienes y servicios que ayudan a entender en qué marco físico se mueven las personas, cómo interpretan y perciben los distintos espacios (condicionando su forma de actuar), y en qué medida esto reproduce las dinámicas de segregación o cohesión en función de las distintas variables de diferenciación socioeconómica y cultural (sexo, edad, nivel educativo, renta, etnia, etcétera).

- Flujos y distribución de la información. Las ciudades pueden ser considerados como enormes procesadores de información. Dentro de ellos, hay nodos que tienen una importancia mayor, no sólo porque concentren buena parte del proceso, sino, sobre todo, porque gestionan información clave para el resto del sistema. Por ejemplo, si queremos hacer un indicador de corrupción en un municipio, hemos de detectar por dónde y por quién pasan las decisiones urbanísticas. Juan Antonio Roca era en Marbella, sobre todo, un nodo clave de información y toma de decisiones. La estructura administrativa, formal e informal, que gobierna y dirige una ciudad no puede ser descrita y evaluada atendiendo sólo a la cantidad y calificación del funcionariado, así como al número de impresos que se mueven de un lado a otro.

- Acceso a recursos y conexiones económicas. Localizar los foros informales en los que se producen las decisiones clave para el desarrollo económico es una necesidad básica para hacer una política real de desarrollo local.

- Sistema de valores y orden de prioridades: la definición de cada necesidad, su relación con el contexto cultural y económico de cada grupo social, y las posibles coordinaciones o conflictos entre estas necesidades/prioridades y el sistema de valores dominante en una sociedad sólo son superficialmente aprehensibles a través de una encuesta. Requieren de análisis de discursos en interacción.

- Hay uno más, pero permítanme mantener el suspense sobre él hasta el final del artículo. Ya verán por qué.

¿Cuál es el problema básico del enfoque cualitativo? Probablemente, la sistematización de los resultados (los “indicadores”) para asegurar una mínima estandarización, que resulten comprensibles tanto para el nivel político como para la ciudadanía, y que tengan una coherencia interna que permita un seguimiento sostenido. La solución a este problema es múltiple:

a) La claridad y el acuerdo en los métodos. Aquí proponemos cuatro, algunos de ellos ya empleados en el ámbito urbano en mayor o menor medida:
- Grupos de análisis y de trabajo.
- Entrevistas a informadores clave.
- Observación participante, no participante y otras técnicas de carácter etnográfico.
- Escucha activa mediante encuesta abierta y procesos participativos abiertos.

b) También es necesaria esta claridad y acuerdo en las diferentes definiciones a la hora de mostrar los resultados. Es decir: un glosario, ni más, ni menos. Un proyecto de estandarización como el que ha emprendido recientemente La Ciudad Viva es muy útil porque sobrepasa los límites de los técnicos e investigadores trabajando con la que hoy es la principal referencia para definiciones del mundo: Wikipedia.

c) A la hora de ofrecer los resultados hay que escoger un formato claro y adecuado a la acción política subsiguiente. Una opción sencilla y efectiva podría ser, simple y llanamente, dar respuestas a una serie de preguntas que se extraen de las dimensiones de análisis:

Física
- ¿Por qué vive la gente donde vive?
- ¿Por qué se mueve hacia determinados puntos y no hacia otros?
- ¿Cómo usa cada persona o cada grupo su entorno físico?
- ¿Cuál es el grado de desplazamiento entre los usos que se pretendían y los que realmente se dan?
- ¿Cuál es el grado de diferenciación y segregación en usos, relaciones y dinámicas de movilidad?

Informacional y política
- ¿Por qué nodos (personas, grupos) pasa la información clave, que tiene una mayor repercusión potencial en el resto del sistema (ciudad)?
- ¿En quién o quiénes se concentra la capacidad de decisión respecto a cada área?
- ¿En qué espacios físicos se localizan estos nodos y estos núcleos de decisión?
- ¿Cuál es el grado de “desplazamiento” entre la estructura formal y la informal?

Económica
- ¿Cuáles son los ámbitos de decisión económica privada de la ciudad en los distintos niveles (empresarial, trabajo, y diferentes sectores productivos)?
- ¿En qué puntos físicos se localizan?
- ¿Qué barreras de acceso existen a dichos ámbitos, y cuáles son sus vías de entrada?

Cultural y de valores
- ¿Cómo se definen las necesidades de los distintos grupos sociales en la ciudad?
- ¿Cuáles son los distintos sistemas de valores predominantes o en conflicto en estos grupos? ¿Cómo afectan estas valoraciones al medio físico?

Una anotación: en cada una de las tres últimas áreas existe al menos una pregunta relacionada directamente con el medio físico. Y, por supuesto, en la primera lo están todas. La mapificación de las respuestas a estas cuestiones es, más que una posibilidad, una necesidad hoy en día.

Captura de pantalla de Madrid en Open Street Map, uno de los proyectos de mapas abiertos más utilizados.

Metodología, proceso, información bruta y resultados (respuesta a las preguntas) quedarían abiertas a la ciudadanía en distintos formatos, con el objetivo de minimizar la presencia de “cajas negras” en este proceso que no es sino uno de participación ciudadana.

d) Porque la consecuencia lógica (suponemos que ya adivinada) de la implantación de indicadores alternativos es la apertura de un proceso de participación. Porque la dimensión de análisis que hemos decidido “dejar para el final” es la definición de problemas y la percepción de la ciudad por parte del propio ciudadano. La calidad de vida también se basa en cómo se autoubica el individuo en su contexto, como apuntaba ya hace tiempo Rosa María Chacón (PDF). ¿Por qué esta dimensión es distinta a los demás? Porque en este los ciudadanos se verán reflejados de forma mucho más clara, pero sobre todo porque es el que implica un nivel de acción política más directo y necesario. Todos los demás, al igual que los indicadores cuantitativos, suponen una información y un contexto en el que está muy bien que participen todos, conozcan, etc. Pero al final se hacen para poner en contexto, evaluar y desarrollar las soluciones que están o se pondrán en marcha.

Al fin y al cabo, contar con la participación del sujeto es la única vía para un análisis cualitativo. Uno no sólo se sienta a mirar a ver qué pasa a su alrededor, uno interactúa. En la siguiente entrada de esta serie ahondaremos precisamente en la construcción de procesos de participación local, vinculados tanto con la construcción de indicadores como con la acción política. Porque si separar conocimiento y acción es improductivo de normal, a la hora de hacer ciudad la unión es fundamental, indivisible y, por supuesto, deseable.

Jorge Galindo

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Algunas referencias interesantes, además de las citadas en el texto:

Defining indicators: qualitative and quantitative

The use of qualitative and quantitative indicators for local level (PDF)

Medir la nueva revolución urbana (PDF)

The city unbound: qualitative approaches to the city (PDF)

Borja, Jordi y Castells, Manuel: Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. Taurus, 1998

Gaber, John: Reasserting the importance of qualitative methods in planning. Landscape and Urban Planning. Volumen 26, Octubre 1993, pp. 137-148

Maginn, PM; Thompson, SM: Qualitative urban analysis: Towards a pragmatic renaissance. Studies in Qualitative Methodology, 2008

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3 comentarios a “Indicadores urbanos (I): la dimensión cualitativa”

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    [...] en los comentarios. Hace un tiempo Jorge Galindo planteó muy bien la necesidad de contar con un enfoque cualitativo en los indicadores de sostenibilidad. Este listado es mucho más naif pero, bien pensado, todos [...]

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