La ciudad viva


Está en: Inicio > Blog


Indicadores urbanos (II): pequeña guía de andar por casa para la investigación participativa

por Jorge Galindo — Lunes, 22 de noviembre de 2010

Esto se preguntan en Chile. Fotografía de vuelodemariposas.

Acabábamos  el artículo anterior de esta serie hablando sobre participación pública en el proceso de toma de decisiones a nivel urbano. Decíamos que la dimensión cualitativa de la realidad social en una ciudad sólo puede conocerse a través de la perspectiva del sujeto en el análisis que conlleva esta dimensión. Sólo así se consigue aprehender la complejidad, que viene en este caso principalmente definida por la gran cantidad de agentes (individuales o colectivos) en liza.

Para hacer política (también política urbana) es necesario conseguir un grado de acuerdo en la definición de lo que se quiere hacer, y cómo hacerlo. La vertiente de gestión del conflicto es, para muchos, la más importante en el proceso político. Si llevamos este hecho al punto en el que se encuentra con la parte más técnica del proceso del desarrollo de política pública, conseguir indicadores para orientarnos en el “qué hacer”, damos también con la unión entre investigación social y proceso participativo: investigamos para conocer, pero la única manera de conocer es abriendo la participación de una manera consciente. Porque lo que queremos saber son las perspectivas del sujeto, no sólo sus usos y costumbres, ni sus actitudes ocultas. Y queremos que el sujeto sea parte activa en el proceso político, no un mero objeto a analizar. A pesar de ello, la producción de discurso del sujeto sí ha de ser recogida, sistematizada y preparada para el análisis, a efectos de que sea intengible y útil para hacer política. Estaremos recogiendo y generando información a la vez que ampliamos la democracia. Porque, efectivamente, la información es poder.

Veamos si podemos construir una breve y fácil guía de andar por casa de proceso participativo top-bottom (iniciado por la Administración) que incluya recogida de indicadores cualitativos sistematizados. Y digo “de andar por casa” en el mejor sentido del término: el de hacer tabula rasa de todos nuestros prejuicios y conocimientos más o menos establecidos sobre participación, sostenibilidad y estrategias, e intentar ceñirnos, simple y llanamente, a conseguir lo que queremos: dar voz y poder de decisión, a la vez que recoger información útil para hacer política urbana.

1. Planteando las preguntas adecuadas

Tomemos un ejemplo de política urbana del que no se suele hablar mucho por aquí, pero que cada vez es más relevante en la gestión de la ciudad: la política de desarrollo económico. Podemos incluso concretar más, a efectos ejemplificadores, y hablar de política sectorial de comercio minorista, común a prácticamente cualquier municipio a partir de un cierto tamaño. Consideremos que hemos empezado por realizar los clásicos informes cuantitativos y geolocalizados sobre comercio (cuántos comercios hay, de qué tipo son, qué demanda tienen, dónde están, etc). Bien, con eso tenemos los indicadores de siempre, y realmente la ciudadanía, en cierto grado (“usos y costumbres”), ha participado. Pero aquí no estamos para hacer lo de siempre, ¿verdad? Recordemos la lista sugerida en el artículo anterior de preguntas que hacerse al abordar la dimensión urbana cualitativa, y escojamos de entre ella las preguntas que cabe hacerse para hacer política sectorial de comerio minorista de una forma eficiente:

Física: ¿Por qué se mueve la gente hacia determinados puntos y no hacia otros para consumir? ¿Cuál es el grado de diferenciación y segregación en usos de consumo? ¿Cómo usa cada persona o cada grupo su entorno físico en términos de consumo? Y las mismas preguntas respecto al lado de la oferta: ¿qué razones hay para que un comercio se sitúe en un punto determinado? ¿Qué efectos está teniendo esto en su espacio inmediato?

Económica – informacional: ¿Por qué nodos (personas, grupos) pasa la información clave para el comercio de la ciudad, que tiene una mayor repercusión potencial en el resto del sistema comercial? ¿En quién o quiénes se concentra la capacidad de decisión respecto al comercio? ¿Está en las asociaciones de comerciantes o fuera de ellas? O, lo que es lo mismo: ¿cuál es el grado de “desplazamiento” entre la estructura formal y la informal?

Política: ¿Cómo y quién decide ahora mismo la política comercial? ¿Es un departamento debidamente formalizado en el interior del Ayuntamiento? ¿Qué tipo y grado de relación mantiene con los agentes identificados en el área económico-informacional?

Cultural y de valores: ¿Cómo se definen las necesidades de consumo de los ciudadanos? ¿Qué les falta, qué les sobra? ¿Cuáles son sus pautas en torno a la idea de consumo responsable? ¿De qué forma definen las necesidades de infraestructura, incentivos y otros tipos de ayudas los comerciantes? ¿Son distintas estas definiciones en función del lugar que ocupa cada comerciante en la estructura de la información y toma de decisiones, sea dentro o fuera de las asociaciones?

Esta es la clase de cuestiones que debemos enfocar: preguntas de por qué, de quién y de cómo. No de cuánto ni de dónde, que ya tenemos resueltas por otros medios.

2. Lo importante es cómo preguntar

Si tenemos toda de las respuestas a estas preguntas, diseñaremos una mejor política comercial; creo que eso es patente. Pero, y aquí está la clave, el proceso de buscar las respuestas es tan importante como el hecho de conseguirlas. Porque, bien diseñado, estamos hablando de un proceso de participación pública. Dani Rodrik pone sobre la mesa tres dimensiones o condiciones básicas para el diseño de una política sectorial: embeddedness (medidas e instituciones plenamente imbricadas en la red de relaciones sociales en las que se enmarca), accountability (transparencia y claridad en la asignación de responsabilidades), y lo que él llama carrots & sticks, que no es sino la combinación de incentivos y castigos buscando no tanto premiar las entidades o sectores que funcionan, como dejar caer a los que no lo hacen. La participación pública deberá favorecer los dos primeros puntos: medidas embebidas en su contexto social, transparentes y claras:

- Ha de ser, por descontado, transparente. Así, los ciudadanos implicados sabrán quién les pregunta, qué les pregunta y por qué les pregunta. El investigador social ha tenido un miedo tradicional, casi atávico, a que los sujetos investigados sepan que están siendo investigados. Oh, piensan y dicen, así su respuesta cambiará. Y yo digo: para un proceso participativo esto no sólo es bueno, sino que es imprescindible. El sujeto ha de saber con quién habla para poder tomar una postura consecuente con sus planteamientos políticos. Nos guste o no, eso es participación política.

- Pero, además, tiene que existir un efecto visible de las decisiones tomadas y declaradas por la ciudadanía, que serán, en cierto grado, vinculantes. La persona tiene que ver claramente que si él dice A, el efecto es B. Más aún, tiene que ver que si él ha dicho A y el efecto no es B sino C, es porque otros muchos han dicho X, Y o Z. Esto es lo que posibilita la existencia de incentivos y vínculos de confianza que garantizarán (o, cuanto menos, favorecerán) la participación en siguientes procesos.

Es decir: estamos recogiendo información altamente relevante para definir una política a la vez que creamos un proceso participativo. Dejando de lado cuestiones de moral y ética democrática, esto ayuda a producir un resultado más eficiente: no sólo por la calidad de los datos, sino porque el ciudadano pasa a ser parte integrante y definitoria de la política desarrollada, la hace suya (para situarse a favor o en contra, o cualquier término medio). Volviendo al ejemplo del comercio, el concurso de todos y cada uno de los ciudadanos y grupos que han de responder a las preguntas arriba planteadas son necesarios para hacer una política comercial efectiva, ¿verdad? Pues así tendremos la mitad del camino hecho.

Tenemos, por tanto, dos características para las metodologías de investigación/participación cualitativa: transparentes, y con efectos reales. Podemos añadir otras cinco para acabar de completar el dibujo:

- Tengan unos objetivos claramente definidos. Cualquier insistencia sobre este punto es poca: si vamos a salir a la calle a preguntarle a la gente por algo, la pregunta tiene que ser extremadamente clara, y el interés para ellos en contestarla ha de saltar a la vista. Si hablamos de “proceso de rehabilitación del entorno” no lo conseguiremos tan bien como si, sencillamente, preguntamos qué hace falta para que su barrio sea más agradable para vivir.

- Sean constantes o periódicas en el tiempo (o, si es sobre un hecho puntual, predecibles) y recojan la información de una manera sistematizada y estandarizada que permita ser incluida en indicadores coherentes, útiles y dinámicos.

- Cumplan el formato de cercanía que exige la política local.

- Resulten beneficiosas para la Administración pública que las impulsa, tanto a nivel técnico como político, siempre teniendo como referencia la ampliación del marco de la democracia participativa.

- Actúen contra la desafección política y vaya más allá de los colectivos que ya participan o son propensos a participar, buscando incluir en el proceso sobre todo a aquellos que no lo harían de motu propio: colectivos en riesgo de exclusión. Por ello, hay que ser muy cuidadosos con el uso de las TIC. Son, claro, un instrumento que permite un gran avance en la eficiencia de la participación, por así decirlo. Pero normalmente se trata de herramientas que no van a por el ciudadano, sino que simplemente abren una ventana. Como tales, el coste de la brecha digital puede ser demasiado grande si se les da un papel central sin incluir mecanismos para que aquellos que están al otro lado de la brecha pasen a éste.

- A pesar de ello, no sean depredadoras ni excluyentes de otros procesos bottom-up que estén teniendo lugar. Más al contrario, deberían actuar como la “buena” democracia: de manera inclusiva, sumando y multiplicando esfuerzos para hacer ciudad, tanto los que ya estaban antes en marcha como los que la metodología pone en movimiento.

Podemos resumir estas características sine qua non en etiquetas:

transparentes

resultados vinculantes

con objetivos claros

predecibles

provechosas para la Administración

inclusivas

abiertas

3. Decidiendo una técnica

¿Y cómo se construyen procesos merecedores de estos calificativos? ¿Qué metodologías podemos emplear? Con esto de los métodos y las técnicas de los procesos participativos pasa algo curioso: la gente se lleva muchos años dándole vueltas al asunto, ideando fórmulas, estratagemas, estructuras, maneras más o menos sibilinas de plantear la pregunta. Bajo mi punto de vista, el foco de atención está torcido: si tenemos en cuenta todos los principios marcados anteriormente, ¿cómo ha de ser la pregunta o preguntas? Lo más clara, directa y llana posibles. No se trata de tomar laberintos, sino de limpiar, simplificar, aclarar y, eso sí, adaptar a cada persona. Esto significa hacer preguntas claras y abiertas, no encuestas. Este punto es importante, porque las encuestas suelen servir para confirmar o desmentir una serie de cosas, para dar a elegir entre un menú de opciones, pero no para recoger información sobre un terreno con varios actores en liza y sobre el que existe un cierto grado de desconocimiento. La muestra de ciudadanos a la que nos dirigimos ha de ser representativa, por supuesto, pero no estadísticamente exacta: nos debe preocupar más que sea una selección social e informacionalmente relevante, de agentes que proporcionan los datos que buscamos. Así de sencillo: escoger preguntas, grupos relevantes, salir a la calle, decir quién eres y hacer las preguntas. De momento, en esta fase no requerimos nada más porque lo que queremos es conocer, recoger información. Por supuesto, confeccionar estas preguntas y definir la muestra “socialmente relevante” exige la colaboración de expertos. Pero aquí, insisto, no está el quid.

La auténtica clave, donde el foco no miraba hasta ahora y, afortunadamente, empieza a mirar, es en lo que hacemos después con esa información recogida. Tenemos una ingente cantidad de discurso abierto ¿Cómo lo organizamos? ¿Cómo lo sistematizamos para poder utilizarlo productivamente? ¿De qué manera redistribuimos la información, agregada y explicada, para que sus propios productores (la ciudadanía) pueda conocerla y aprovecharla? Afortunadamente, a esto nos ayuda la informática: bases de datos, codificación segmentada, etiquetado semántico… siempre que durante el proceso hayamos hecho las correspondientes preguntas de segmentación a los ciudadanos (sexo, edad, barrio de residencia…), todo ello nos permite agregar los items cualitativos, analizar y producir de manera relativamente estandarizada, o al menos clasificada. Es posible dar un sentido claro, ordenado e incluso relativamente cuantitativizado a la información cualitativa. Y así, también podemos acumular. Y si acumulamos, podemos comparar para medir cambios y efectividad de medidas. Para ilustrar bien a lo que me refiero, muestro a continuación lo que podría ser un cuadro de resultados ya trabajados de información bruta sobre el tema de política comercial. En concreto, la respuesta a preguntas sobre necesidades de consumo:

Este ejemplo es figurado, por supuesto, pero se basa en un esquema que nosotros hemos utilizado ya algunas veces con distintos propósitos relacionados con procesos de participación y recogida de indicadores cualitativos. Como puede verse, ofrece información clara y acumulable, incluso cuantificada, sin perder riqueza cualitativa. Por supuesto, este es un modo avanzado (para expertos o connoisseurs) de mostrar la información. A partir de aquí se puede trabajar con formatos dirigidos a distintos públicos que permiten difundir la información recogida entre sus productores, la ciudadanía.

4. El paso más allá: las respuestas a las respuestas

Con estos resultados en la mano, llega la segunda parte: coger esta información y sacarle partido. Hemos descrito la realidad, hemos encontrado los problemas que hay en ella. Llegó el momento de buscar las soluciones. ¿Cómo? Siguiendo dos vías paralelas: la de los expertos, y la de los ciudadanos. Hemos de combinarlas, necesariamente, porque los problemas a los que nos vamos a enfrentar son siempre lo suficientemente complejos como para necesitar de especialistas en los mismos. Pero si queremos generar un mínimo consenso en torno a dichas soluciones, estas han de ponerse a prueba con la ciudadanía. Quien, además, sorprende muchas veces por su capacidad para proponer soluciones inteligentes y adecuadas. Por una razón que, de tan sencilla, pasa desapercibida a muchos planificadores: ellos se enfrentan al problema a resolver día a día, nosotros no, los expertos tampoco.

El lector habrá percibido que le hemos dado la vuelta a la forma más habitual de los procesos de planificación estratégica en el ámbito urbano: en vez de preguntar primero a expertos y luego ir con propuestas para que los ciudadanos elijan, hemos decidido que la base, el primer paso, son los ciudadanos. Cuando estos nos han dado la definición de la situación, entonces es el momento de iniciar la ronda de consultas a expertos. Esta, y no otra, es su labor: por un lado, poner en un contexto más global y dando una coherencia sistemática y estratégica a los resultados, sin (y esto es muy importante) prejuicios previos, porque muchos se llevan sorpresas, a veces duras, con respecto a lo que es su idea formada por muchos años de trabajo en un ámbito determinado. Y, por otro, poner sobre la mesa posibles soluciones, siempre teniendo en cuenta las propuestas ciudadanas.

Ahora sí, con las soluciones que se han recogido, es el momento de girarse hacia la ciudadanía, mostrar las propuestas y preguntar: “¿qué hacemos?”. Puesto que hemos partido de su propia definición de la situación, y ellos saben perfectamente que así ha sido porque nosotros nos hemos preocupado de hablar con mucha gente y hacérselo saber, el cambio respecto a la no existencia de la investigación y recogida de indicadores previa es fundamental, determinante. La pregunta “¿qué hacemos?” puede formularse de muchas maneras que conocemos bien, y que pueden combinarse: consultas online, offline, reuniones sectoriales, referéndums, grupos de discusión, grupos de trabajo, exposiciones… Pero sobre esto ya hay mucho más expertise, y este artículo ya es bastante largo como para añadir lugares comunes de manera gratuita. El caso es que hemos de escoger la técnica del enorme abanico para poder establecer una decisión, un calendario y unas prioridades. Estas son las tres cosas que deben resultar. Las repetiremos porque son fundamentales para que todo lo hecho haya servido de algo: decisión (qué hacer), calendario (cuándo hacerlo) y prioridades (qué orden seguir).

Y después, ¿recoger y apagar la luz? No, prepararse para el siguiente. Porque una vez una Administración y un colectivo ciudadano se embarca en este proceso, si cuaja, si produce resultados fructíferos para ambos, no hay vuelta atrás: se extenderá como un virus benigno en el espacio (hacia otros departamentos, políticas y espacios) y en el tiempo (hacia el futuro). Hasta la necesidad de constituir observatorios urbanos a tal efecto, o bien, si ya existen, hacer que por ellos también pase la información recogida en estos procesos participativos.

5. Vale, pero… ¿esto es posible?

Tal vez pecando de cínicos, podríamos preguntarnos por qué iban a tener interés las Administraciones locales en iniciar este tipo de procesos participativos fuertes, desde arriba. La respuesta es difícil, pero también doble. A nivel técnico, para mejorar la situación y el desarrollo de sus actuaciones. A nivel político, para asegurar un mayor acuerdo en torno a las políticas a desarrollar, y, por supuesto, para mejorar su imagen pública. En realidad, es mucho más probable que una Administración joven que inicia un nuevo curso político desarrolle este tipo de iniciativas, pues los incentivos para asegurar su aún tambaleante Gobierno es mayor, y no existen vicios y dependencias con el pasado en Departamentos, concejalías y personas. Además, la política local ya tiene ese tamiz de cercanía y conversación constante con la ciudadanía que le faltan a los niveles superiores, por una mera cuestión de tamaño de población gobernada y de contacto directo con la misma: el alcalde o alcaldesa se pasea por la ciudad, está en contacto constante con los vecinos, como lo están los concejales y los técnicos de los Ayuntamientos.

Que no es sencillo, lo sabemos: de procesos participativos muertos o moribundos todos conocemos unos cuantos. Por eso es tan, tan, tan importante incluir la dimensión de recogida sistematizada de indicadores. Porque, permítanme la insistencia, esto es un activo para los intereses de la Administración local en sus dos niveles: técnico, porque tienen información para hacer mejor las cosas, y político, porque ayuda a tomar decisiones para maximizar los votos. Así de claro. Y, bajo mi punto de vista, mejor si nos vamos quitando de la cabeza el cierto prejuicio que nos dice que esto es algo malo, porque no lo es. Tampoco es intrínsecamente bueno. Simplemente, es democracia.

Seguro que algunos de los que hayan tenido el valor y la entereza de llegar hasta aquí (reconozco que el texto no es ligero) se preguntan por qué no he hablado en todo el rato de user-generated content, o mejor, de citizen-generated content, de forma directa, menos intermediada y filtrada por la Administración. Por qué no he hablado de OpenStreetMaps, de FixMyStreet y de otras muchas herramientas de participación que generan información siguiendo un esquema bottom-up. La razón es bien sencilla: eso toca en el siguiente artículo. Hasta dentro de un mes.

comparte:
  • Facebook
  • del.icio.us
  • Twitter
  • Google Bookmarks
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (4 votos, media: 5,00 sobre 5)
Loading ... Loading ...

Etiquetas: , , , , ,

2 comentarios a “Indicadores urbanos (II): pequeña guía de andar por casa para la investigación participativa”

  1. Tweets that mention Indicadores urbanos (II): pequeña guía de andar por casa para la investigación participativa « La Ciudad Viva -- Topsy.com dice:

    [...] This post was mentioned on Twitter by La Ciudad Viva and Jorge Galindo, cajadesastre. cajadesastre said: Indicadores urbanos (II): pequeña guía de andar por casa para la investigación participativa: Esto… http://bit.ly/bNZb0w #arquitectura [...]

  2. Profundizar en la democracia local « La Ciudad Viva dice:

    [...] esto ya hemos hablado en el presente foro. De hecho, llegamos a diseñar una pequeña guía de andar por casa para la participación urbana, en la que hablábamos de cómo construir sistemas para recoger información en un marco de [...]

Deja un comentario


Los articulos publicados son responsabilidad del/os autor/es y no necesariamente refleja el pensamiento de la organización.

Logotipo de la Junta de Andalucía