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La ciudad horrible. Del in-between al poché: una regresión infantil.

por Brijuni — Martes, 28 de diciembre de 2010

Discutíamos con unos amigos hace tiempo durante un trayecto en coche por la Gran Vía de Madrid acerca de la idoneidad de clasificar un musical de Mecano (no recordamos cuál) como cultura, que es lo que ellos sostenían, frente a mero espectáculo, que es lo que opinábamos nosotros que era.

Sin que sirva de precedente, aquello quedó zanjado gracias a la web de la Comunidad de Madrid donde efectivamente había eventos y actividades clasificadas en el apartado de cultura y otras, incluyendo los musicales por los que nuestro alcalde, gran aficionado a la ópera, quiere hacernos creer que hay un gran parecido entre nuestra centenaria calle y el Broadway neoyorquino, catalogadas como espectáculo.

Llega la navidad y junto a las clásicas postales navideñas a cual más hortera que retratamos cansinamente año tras año todos aquellos que pensamos en la inconveniencia de disfrazarse con gorros y adornos luminosos o renos, aparecen en nuestras ciudades las luminarias (ahora más ecológicas y cool, firmadas por diseñadores incluso conocidos) y los espacios polivalentes que el pueblo llano ha conquistado y que antes eran simplemente plazas más o menos agradables, más o menos duras y más o menos arboladas. 

La conquista de la calle, ya sea en su versión botellón juvenil o en la mercantil banalización del espacio público alquilado por empresas que sufragan los fastos y aniversarios de calles, radios o cualquiera cosa que tenga la pasta suficiente para convencer al ayuntamiento de que lo suyo ha de celebrarse por todo lo alto, es una realidad que de hecho ya está afectando al diseño (o re-diseño) de estos espacios para la ciudad desde hace algún tiempo acentuando esta tendencia hacia lo diáfano (por llamarlo de alguna forma) que permite que una plaza albergue lo mismo un concierto de los 40 principales que una churrería móvil con bancos, una celebración de las fiestas del barrio o una pista de hielo navideña. 

La ambición es doble. Por un lado, la recaudación por el alquiler temporal de estos espacios, por otro, el vender a la gente la ilusión de que la calle es suya. Sólo cabe no dejarse engañar y ser muy crítico con la pretensión de que todo ciudadano, convertido como sabemos en mero consumidor, que no usuario, al prevalecer en la ciudad siempre y en todo lugar el valor de cambio sobre el valor de uso, se ha apoderado de un espacio público.

No estamos en contra de las tradiciones ni del comercio. Por el contrario, creemos que la conversión de la ciudad en un espacio puramente comercial y mercantil la despoja de cualquier posibilidad de ser algo más o algo mejor. De hecho, esta regresión infantil hace fácil considerar el espacio público una prolongación del espacio-basura (eminentemente interior en su formulación original) o uno de los peores no-lugares imaginables al perder lo urbano su condición de espacio para la convivencia en favor de la de espacio para lo mercantil. 

La exo-ciudad de la que habla Agustín Fernández Mallo como resultado de sustraer los sólidos de un plano virtual tridimensional de la ciudad podría ser una continuación del poche clásico o de los in-between (término que Aldo van Eyck toma prestado  de Martin Buber) contemporáneos, con las siguientes salvedades. Por un lado, la exo-ciudad es un ejercicio teórico mientras que el poché es una solución a la discontinuidad de los órdenes en la arquitectura clásica, por tanto ambos sin valor intencionado (uno propone y representa, el otro surge como solución a una necesidad); pero los intersticios en arquitectura contemporánea (que se descomponen, al contrario del poche, que ayudaba a componer)  tienen un valor intrínseco como tales y no a posteriori, no son decoración, añadido o relleno sino materia de proyecto. 

John Soane's House Museum in London

John Soane's House Museum in London

Así, la ciudad se ha convertido en un lugar intermedio de los menos afortunados, apenas un relleno o un hueco a completar con cosas tasadas por horas, huella en planta, kilowatios o cualquier otra unidad susceptible de ser luego convertida en euros. La exo-ciudad real sigue siendo un tablero de monopoly ahora más literal: ya no es el valor de la vivienda en una determinada calle, sino el valor de la calle o plaza como objeto de cambio, de nuevo, para ser usado por consumidores que sustraen su valor de uso por uno nuevo, esta vez como hemos dicho, mercantil.

De hecho, si consideramos las precisiones que hace Liane Lefaivre acerca de space and place, deberíamos hablar aún de espacio y no de lugar, siguiendo la cronología que va desde el abstract space de Henri Lefebvre (o el anterior non-place urban realm de Melvin Webber) hasta los más conocidos y ya citados no lugares (non place of supermodernity) de Marc Augé y el Junkspace de Rem Koolhaas, incluso Dejan Sudjic (The 100 Mile City) y Mike Davis (City of Quartz), donde se aprecia -según Lefaivre- una escalada de ironía y pesimismo.

El kitsch como sucedáneo de la cultura para las masas (que antes fue burguesía según Clement Greenberg, hoy pequeño burguesía según Miranda, Perea y tantos otros) ha fagocitado la ciudad, el último reducto donde los ciudadanos podían encontrarse más allá de lo privado y a salvo de la única actividad de la ciudad genérica: comprar. Pues ya, tampoco.

Texto: Beatriz Villanueva Cajide y Francisco Javier Casas Cobo (bRijUNi ARQUITECTOS).

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7 comentarios a “La ciudad horrible. Del in-between al poché: una regresión infantil.”

  1. Jack Babiloni dice:

    Atrás quedaron los tiempos, queridos Brijunis, en los que el habitante, sólo con gozar y sentir como suyo lo habitado, conseguía trascender los límites de la habitabilidad para ingresar en la continua redefinición de lo habitable (verbigracia, las plazas como ágoras). Las argucias de los hombres grises de los últimos 30 años, que tan acertadamente denunciáis, tienen como intención eliminar los comportamientos cívicos excéntricos a fuerza de tarifar multitudes, de modo que actividades cotidianas como -por ejemplo- utilizar la bici, en Madrid han pasado a convertirse en proscritas, amén de constituir diarias peripecias de inelegido prosuicidio (taxistas y autobuseros vandálicos, automovilistas generadores de doble y triple fila que obligan a los ciclistas a invadir carriles ultrarrápidos, policías con modales de neanderthal,…) Mención aparte merece el carril-bici inaugurado en septiembre de 2010 en la calle Serrano, obviamente diseñado por un becario (inasfaltado -los días de lluvia es una pista de derrapaje constante-, unidireccional, fracturado y sinuoso en las intersecciones, de anchura insultante {1,2m.}, siempre con motos y cubos de basura estacionados sobre él, etcétera). El del Pasillo Verde -despedazado-, obvia mofa al contribuyente desde hace 15 años, ya ni lo comento.

    Qué no verán nuestros ojos en 2011, queridos Brijunis.

  2. Tweets that mention La ciudad horrible. Del in-between al poché: una regresión infantil. « La Ciudad Viva: -- Topsy.com dice:

    [...] This post was mentioned on Twitter by La Ciudad Viva and rEcolectores urbanos, Paco Casas. Paco Casas said: La ciudad horrible. Del in-between al poché: una regresión infantil. « La Ciudad Viva: http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=8430 [...]

  3. Miguel dice:

    ¿Y?

  4. Brijuni dice:

    Jack, compartimos tu pesar sobre la desgracia de la calle Serrano y la oportunidad perdida con el nefasto e impresentable carril-bici que se burla de todos los que pensamos que es posible ir en bici por Madrid a pesar de los pesares. No sé si es más peligroso ir por la acera con los peatones que despistadamente invaden el carril (o no saben que existe) o por la calzada. Yo casi optaría por lo segundo. Un abrazo y muchas gracias.
    Miguel, nada, sólo eso.

  5. Stepienybarno dice:

    Bonito y necesario post. Estamos de acuerdo en que el tema que tratáis es un tema fundamental para los tiempos que corren.
    La privatización de muchos espacios públicos es una realidad que tiene consecuencias que conviene analizar y tener en cuenta. Por otro lado, el mal uso de este espacio, como indica Jack, es una constante tanto en el diseño como en su mala gestión por parte de muchos ¿ciudadanos?. Y de la cantidad ingente de espacio reservado para que los vehículos privados puedan ocupar el espacio público, mejor ni hablar.
    A su vez, creemos que el espacio domestico privado de casi todos nosotros, se está haciendo cada vez más público debido a las nuevas tecnologías y la eclosión de las redes sociales.
    Además, cada vez es más complicado hablar de espacio público a secas, y todo tiende hacia la difusión de los límites y la hibridación de los conceptos.
    Son tiempos de cambios y conviene entenderlos, asumirlos y luego intentar ver por donde pueden ir los tiros.
    Felicidades, como siempre, para Paco y Bea por seguir haciéndonos reflexionar.

  6. POR UNA CIUDAD “DESTRUMANIZADA”. « La Ciudad Viva dice:

    [...] será fundamental  cuidar este espacio público para que,  como comentaban en su último post Bea y Paco, sean lugares de calidad y no nos  dejemos engatusar por la tentación de privatizarlo todo.  El [...]

  7. Cris dice:

    Interesantísmo articulo sobre la ciudad horrible. Comercio, casetas en forma de “pueblito” con cascadas de luces Kitch a más no poder y otras horteradas similares -como la bola que sigue cayendo desde el reloj de la Puerta del Sol, la noche cero- es lo que rodea a mi lugar del centro en este siglo XXI. Mientras tanto los homeless, duermen bajo las marquesinas del que fue el Teatro Albeniz… y los regidores enfundados en sus trajes de gala, siguen yendo al Real, privilegio de una minoría. En estas “ciudades basuras”, es donde seguimos habitando, aunque pretendemos hacerlo poéticamente y creer en que no todo esta perdido, a veces se hace difícil… Enhorabuena por el post.

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