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POR UNA CIUDAD “DESTRUMANIZADA”.

por Stepienybarno — Martes, 11 de enero de 2011

Hoy vamos a intentar dar un repaso sobre algunos aspectos que han influido en que, a día de hoy, tengamos las ciudades que tenemos. Y para hacerlo, nos vamos a apoyar en una de nuestras películas preferidas: el Show de Truman. Desde ahí, intentaremos dar con ciertas claves sobre la construcción de las ciudades que habitamos en función  de cómo han sido nuestras formas de vida y, a su vez, ver cómo nuestra manera de habitar condiciona nuestras urbes.

Como consecuencia de ello, creemos que los límites entre realidad y ficción, y entre público y privado cada vez son más difusos. Así que, si os parece vamos a por ello y, como siempre, os animamos a que dejéis vuestra opinión sobre el tema.

Ya han pasado nada más y nada menos que 12 años  desde que Peter Weir consiguiera sacar del irregular Jim Carrey una de sus mejores actuaciones. La película con la que sorprendieron al mundo fue el “Show de Truman”, y en ella se narraba la vida de un vendedor de seguros que llevaba una plácida existencia. Todo rodaba sobre ruedas, hasta que nuestro protagonista (Truman Burbano),  empezó a darse cuenta de que su entorno no era más que un perfecto decorado en el que se recreaba una especie de ciudad idílica.  Gracias a este montaje,  Truman podía vivir sin que nada le faltara y rodeado de los que más quería, con la única pega de que, evidentemente, sus familiares y amigos no eran más que actores que interpretaban a la perfección el papel que les había encomendado el creador del programa: Cristof. Un show televisivo de máxima audiencia, siete días a la semana durante todas las horas del día.

De esta forma tan terrorífica, Truman vivía en la ficción su única realidad y los espectadores vivían a través de él todo tipo de emociones que, seguramente, no eran capaces de sentir en su propia realidad. Esta trama cinematográfica hacía convivir  lo real con la ficción, en un extraño pacto entre caballeros, con la esperanza de que no se descubriese tan cuidada escenografía. Pero, a su vez, esta “realidad”  encubría otra ambigüedad que tenía que ver con  la no menos perversa  idea de “ciudad perfecta”. Es decir, se consolidadaza definitivamente el nuevo arquetipo de las ciudades de nuestra contemporaneidad, que por aquellos días  estaba siendo exportado desde Estados Unidos a medio mundo.

De hecho, al poco de estrenarse la película, nuestra vieja Europa no quiso ser menos y llenó sus pantallas televisivas de “Gran Hermanos” y Realitys Shows, mientras que, al mismo tiempo,  alcaldes y el sector inmobiliario se encargaron de importar el modelo de la “ciudad trumanizada”. De esta manera, nos querían hacer creer  que se colmarían todos nuestros deseos y sueños. Una ciudad en la que podríamos aislarnos de la infernal vida de nuestros viejos y sucios casos históricos, y dar a nuestros hijos ese futuro que, al igual que Truman, se merecían. Y por increíble que parezca, picamos en trampa y durante todos los noventa y parte del siglo XXI, nuestra sociedad, de repente, solo tenía ojos para un adosado con jardín.

Con todo ello, la oferta inmobiliaria aprovechó el tirón con la  invención de  una nueva necesidad para el ciudadano de a pie, que en realidad iba en contra de lo que era su verdadera identidad. Esta velada imposición comercial sobre un bien de primera necesidad, el uso y abuso del vehículo privado y la incipiente religión de las hipotecas (en la que todo se podía pagar mañana),  comenzó a dar paso a una nueva forma de  vida.

Por lo tanto, como explica con detenimiento Zygmunt Bauman, los ciudadanos se desvivían por conseguir una plaza en esas urbanizaciones cerradas, selectas y, en consecuencia, muy caras.  Estamos hablando de nuevas comunidades que darían la sensación de seguridad y de haber llegado a la anhelada meta a quien accediera a ellas. Al mismo tiempo, extensas zonas de las ciudades se convertían en auténticos guetos donde los más desfavorecidos quedaban condenados a malvivir soñando con salir algún día de ahí.

El resto de los ciudadanos, que no se encontraban en ninguno de los dos reductos, por un lado,   seguían sobreviviendo, mientras aspiraban a ser acogidos en las ciudades dormitorio y conjuntos de chalets para gente bien (o de bien). Mientras por otro, se producía una lucha en sentido opuesto para no caer en la desesperación que les llevaría  acabar viviendo en la involuntaria segregación de los sucios y peligrosos viejos barrios.

El Cabanyal

Imagen publicada en actual.lasprovincias.es

Pero, mientras la calidad de la  vivienda se degeneraba a marchas forzadas, aparecían los nuevos centros comerciales que se autoproclamaban el corazón de la urbe. Inmensas moles, que crecían sin ningún miramiento en el extrarradio de nuestras ciudades.  Lo hacían a poca distancia de su centro, para que pudieran acceder cómodamente a ellos tanto quienes todavía no habían quedado atrapados en los suburbios, como la gente que vivía en las nuevas urbanizaciones privadas.

En estos malls, al igual que en el Show de Truman, se prometía una estancia realmente feliz, limpia y, sobre todo, segura. Creándonos, como comenta Zaida Muxi, la sensación de que podíamos acceder a todo tipo de servicios, actividades y productos sin ningún tipo de  restricción (cuando en realidad estábamos dentro del más férreo control jamás antes asumido libremente por el hombre). Todo en ello, tenía una sola misión: el recrear ese espacio público de “nuestros sueños”, pero con la paradoja de que, en realidad,  era un espacio privado (incluidas sus reglas, su financiación o  su seguridad) y los sueños no eran nuestros, sino que eran los que nos habían hecho creer que teníamos.  A pesar de ello, rápidamente fueron asumidos estos “no lugares” de los que ya hablaba Marc Augé hace muchos años, como el estandarte de la “la ciudad sedada”.

Así que visto lo visto, parece prudente rescatar a personajes como Jane Jacobs, y apostar, otra vez, por “la calle y la plaza como las verdaderas garantes de la seguridad”. El miedo cada vez está más presente en nuestra sociedad y eso tiene, como hemos visto, una traducción directa en el tipo de ciudades que hemos creado.  Por ello, conviene poner sobre la mesa cuáles son estas causas (y cuáles han sido sus mecanismos de actuación), para no cometer los mismos errores en la futuras planificaciones urbanas.

Pacific Mall

Imagen publicada en nhu-imagen.blogspot.com

Ante esta perspectiva,  conviene también  tener presente la frase de Walter  Benjamínla calle es el refugio de lo colectivo” con la cual se cerraba una de las últimas emisiones de Arquitectura en Beta. Por lo tanto, será fundamental  cuidar este espacio público para que,  como comentaban en su último post Bea y Paco, sean lugares de calidad y no nos  dejemos engatusar por la tentación de privatizarlo todo.  El , muchas veces injustificado, reclamo turístico para que  nuestras calles se llenen a toda costa  de gente, nos  lleva, a  museificar  una estampa de la ciudad, que poco o nada tiene que ver con la realidad de la vida que en ellas se desarrolla. Buscar este equilibrio para  que el comercio (y otro tipo de actividades privadas) pueda convivir a la vera de estos espacios públicos, sin que éstos pierdan su  condición de lugares donde poder interactuar de manera libre, parece una misión más importante que nunca. Debemos tener presente que si nos descuidamos, se corre el  peligro de que el espacio público solo pueda aspirar a convertirse en una especie de “espacio común”.

Por todo ello, los  límites entre lugares privados y lugares públicos son, cada vez, más difusos y, en los tiempos que corren, todo tiende, como nos recuerda Paula Alvarez, a hibridarse. Lo cual no es ni bueno ni malo, pero conviene ser conciente de que esta realidad será la que nos acompañará en los próximos años, aumentada aún más con aparición de las nuevas tecnologías que no hacen sino hibridar todo mucho más.

Ojalá entre todos consigamos crear lugares en los que, al igual que el zorro del Principito, podamos seguir “creando lazos de unión” para acabar, de una vez por todas, con esta ciudad trumanizada. Al fin y al cabo, parafraseando a Truman, “…se trata sólo de la vida… de nuestra vida…”.

Autores del artículo: Stepienybarno

*Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó. Nuestra actividad se sustenta en tres pilares básicos: la investigación, la publicación y la redacción de proyectos de arquitectura.

A su vez, somos socios cofundadores de SINERGIA SOSTENIBLE y redactores de LA CIUDAD VIVA.

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36 comentarios a “POR UNA CIUDAD “DESTRUMANIZADA”.”

  1. Tweets that mention POR UNA CIUDAD “DESTRUMANIZADA”. « La Ciudad Viva -- Topsy.com dice:

    [...] This post was mentioned on Twitter by La Ciudad Viva. La Ciudad Viva said: POR UNA #CIUDAD "DESTRUMANIZADA" nuevo post de @stepienybarno en el blog de @laciudadviva http://is.gd/kzgUH #modelos #urbanos [...]

  2. E.Aymerich dice:

    Saludos!!
    Me parece muy interesante hacer este tipo de reflexiones acerca de lo que hemos construido como ciudad y resulta necesario en estos momentos detenernos a pensar hacia donde queremos seguir construyendo y que modelo de ciudad queremos.

  3. Miguel Villegas dice:

    El estudio del territorio, e incluso de la ciudad como espacio, me supera, pero hay temas que me hacen dudar. En Sevilla por ejemplo, donde se incorpora además el tema patrimonial, está El Corte Inglés del Duque, antes casa palacio, que se demolió para levantar el “centro comercial”. ¿Nos podemos imaginar el centro de Sevilla sin “El Duque”? Creo que no.

    Aparte y como chinche. En el texto asociáis temporalmente la película al comienzo de la “trumanización” pero también hacéis referencia (esta vez si correcta) a que es un fenómeno de los ’90.

    Y como experiencia personal/familiar. A finales de los ’90 vi a mucha gente trasladarse a la periferia, para pocos años después, cuando su poder adquisitivo lo permitió, volver a los barrios internos de Sevilla, cerca de sus núcleos familiares… y creo que ese proceso se sigue produciendo y es interesante.

  4. Gustavo Romero dice:

    En Argentina esa imagen de ciudad que vosotros describís se dio a partir de los años 90´ en los cuales nos hicieron creer (tal vez deba por obligación incluirme) que estábamos a la par del “primer mundo”. Por cada peso argentino circulante había un dólar, el famoso 1 a 1, símbolo de la convertibilidad, a la postre, nefasta política económica por aquel entonces. En este contexto aparecieron los shoppings, los constantes viajes al exterior en los cuales uno venía embebido de todo tipo de modas y costumbres, claro de “primer mundo”, de topología de diseño, etc, etc, etc.
    Por todas estas variables resulta bastante difícil no caer en la tentación de adoptar todo aquello que nos lleve a tener la mejor ciudad de todas, ó barrios, como aquellos cerrados de hoy, que se siguen incrementando a pesar de todas las críticas y dificultades que día a día presentan.
    Ya nadie piensa en los cascos históricos, a menos que en ellos puedan reflejarse los modos de vidas modernos claro, como el shopping El Abasto, en Buenos Aires por ejemplo. Ojo que no es que esté en contra de estos centros comerciales, en definitiva mal ó bien es una oferta, discutible, pero oferta al fin. Seguramente un tema a debatir en otros artículos. Más bien estoy en contra de olvidar lo “otro”, el barrio, las plazas, plazoletas, etc. Sería bueno que las autoridades de turnos o aquellos planificadores, no olviden en dotar a los barrios de las mismas facilidades e infraestructuras que, con tanta velocidad y esmero, crean para estos monstruos posmodernos, a través de las sanciones de leyes y ordenanzas municipales.
    Espero que estos artículos sirvan para replantear ciertos temas como éste, en los cuales tengamos siempre como fin primordial una mejor calidad de vida del ciudadano, sobre todo de aquel que esta viviendo fuera de la ciudad de Truman.

  5. Miguel dice:

    Se me olvidó. Una cosa que nos fascinó de nuestro viaje a Egipto es que en El Cairo las calles estaban llenas de críos jugando. Como en España hace veinte años, maravilloso…

  6. Silvestre dice:

    Estas navidades vi algo en Ciudad de México parecido o casi igual a la foto que publicais. Lo que no sale en esa foto es el exterior: una calle vacía, entregada al coche, negada al peatón y deshumanizada. Pasamos una barrera de control y entramos en un centro comercial que, estando a rebosar de gente, recreaba una ciudad europea. Lo interesante era ver como el techo del edificio en su interior, recreaba incluso el cielo, el movimiento del sol, la luz natural, el movimiento de las nubes,….Un espacio público dentro de un espacio privado rodeado de espacio público.

    Felicidades por el post.

  7. maite dice:

    Buen artículo, pero ún par de críticas o autocríticas:

    1_el consumidor:
    es verdad ‘que nos han hecho’ creer que ese tipo de vida es perfecta. pero ¿dónde queda nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos?¿de darnos cuenta que ese tipo de ‘guetos’ nos hacen dependientes del coche y a su vez dependiente del petróleo…?

    2_los políticos:
    todo por el ladrillo. El ladrillazo español empezó en la era socialista de los 80, el PP de Aznar aprovechó el tirón, y a Zapatero se le ha venido encima. ¿qué sería de la sociedad si los mandatarios se preocupasen de la sostenibilidad, las ciudades, la VIDA en la calle (y no tantas normas cívicas para la ciudad bonita del turista), servicios públicos…?

    3_los arquitectos:
    al igual que los políticos se subieron al carro de la abundancia material. Sin ser críticos con la ciudad que se estaba creando, son cómplices de esa publicidad engañosa, de impulsar ese modelo de vida totálmente insostenible, de formar un tipo de sociedad…

    Todos tenemos derechos y responsabilidades, exijámoslas y seamos profesionales y consecuentes. Truman, después de descubrir la farsa, así lo hizo. Símplemente sentir que podemos hacer más de lo que creemos (o nos quieren hacer cree).

    hasta otra!

  8. Teo dice:

    Estoy de acuerdo con el fondo de lo que planteais, pero creo que es hora de avanzar mucho más e ir pensando referencias e ideas prácticas que hagan pensar a la gente que “otra ciudad es posible”.

    Otro dato apoyando el contenido de vuestra crítica a la destrucción de “la ciudad”: los hipers (llámalos como se quiera) se van comiendo al pequeño comercio de planta baja que es el que da buena parte de la vida social a nuestras calles (las ilumina por la noche, atrae gente durante el día, constituye buena parte de la imagen que la ciudadanía tiene de cada calle por la que pasa, es el elemento diferenciador de la zona en la que estás dentro de muchos de estos nuevos barrios fotocopiados que tenemos en la casi totalidad de nuestras ciudades, etc.).
    Pero ese pequeño comercio lo tiene muy difícil para competir con los hipers de la periferia, no sólo por la publicidad, no sólo porque ir a ellos es ser moderno y joven, mientras que los comercios de calle son de viejos, sino también porque la Administración Pública trabaja principalmente para los hipers y no para esos pequeños comercios de diario (paga las autovías, los supernudos de carreteras, los aparcamientos, la iluminación viaria, etc. que conduce a los hiper y no a los pequecomercios, recalifica terrenos y más terrenos para nuevos hipers, apoya al coche privado mucho y al bus público poco,…

    Lo cierto es que lo tenemos muy difícil para cambiar la dirección del “progreso” y recuperar una ciudad de escala humana.

    Pero seguiremos intentándolo en la medida de nuestras pequeñas fuerzas.

  9. Stepienybarno dice:

    Como bien comenta E. Aymerich, es conveniente pararnos a pensar el modelo de ciudad que queremos, y por ello nos parece fundamental tratar de clarificar qué es lo que ha pasado durante estos años. De esta forma, seremos más conscientes de lo que no nos conviene y, con un poco de suerte, no volveremos a cometer los mismos errores. Lo cual no quita para estamos de acuerdo en que hay que ser capaces, a su vez, de pensar en que ”otra ciudad es posible” y llegar a formalizar propuestas concretas.

    Al igual que a Miguel, a nosotros también nos maravilla cuando visitamos ciudades donde la vida de las calles se siente de una manera clara y manifiesta. Lo cual es justo lo contrario de lo que ocurre en esa ciudad “deshumanizada” como bien recuerda Silvestre. Quizás, estas sensaciones que el ambiente urbano es capaz de producirnos, sea uno de los temas que más nos interesa ahora mismo.

    Por otro lado, el asunto que trae a primer plano Teo, nos parece crucial para acabar de entender de lo que estamos hablando. La aparición de esos “hipers” evidentemente ha puesto en jaque la vida del pequeño comercio y eso no hace otra cosa que desvitalizar el espacio público donde éste se ubica. Aquí aparecen un montón de matices que son dignos de tener en cuenta (y que trataremos en sucesivos post), como pueden ser profundizar sobre lo que realmente significa, espacio público, espacio público privatizado, el espacio urbano, el espacio común (¿comunitario?) o espacio social.
    Entender porqué unos espacios de nuestras urbes están tan llenos de vida y otros no, no es ninguna tontería. Aquí entran en juego un montón de temas “invisibles” como son: las raíces, el sentimiento de pertenencia (¿comunidad?), la identidad o la memoria colectiva. Todos ellos van de la mano de otros más tangibles, como son la forma de la ciudad o decisiones que tienen que ver con la movilidad urbana sostenible y que afectan igualmente a la calidad e vida de nuestras ciudades.

  10. Stepienybarno dice:

    Tampoco quisiéramos olvidarnos de resaltar la necesidad, como apunta Gustavo, de tener bien presentes lo que han sido nuestras plazas y calles de toda la vida. Pero es cierto, que conviene volver a repensar el papel que éstas juegan en entornos cada vez más híbridos y donde nos cuesta mucho valorar los legados del pasado. Vivimos en una sociedad más gaseosa que “liquida”, en la que todo parece evaporarse, y no hay tiempo para nada. La prisa se ha apoderado de todos y parece que solo atendemos a lo novedoso. Esta forma de vivir tiene su traslado directo en lo que han sido nuestras ciudades, y por ello parece el momento de pararnos a valorar esta herencia para poderla integrar en nuestras futuras propuestas.

    Respecto al comentario de Maite, solo decir que no podemos estar más de acuerdo en esa “autocrítica”. Deberíamos haber sido mayorcitos para no asumir como corderos las ciudades que hemos hecho crecer. Echar la culpa de todo a políticos e inmobiliarios, significa no asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos.
    También es cierto que con la irrupción de las nuevas tecnologías y viviendo en una sociedad con un mejor acceso a la información podemos aumentar las perspectivas de actuación.
    Esperar que la administración por si sola nos proponga soluciones para que nuestras ciudades sean más sostenibles y habitables, parece, cuando menos, un tanto ingenuo. O se consigue provocando un urbanismo participativo y “emergente” que de paso a un triunvirato administración-ciudadanía-técnicos, o lo tenemos muy complicado.

    ¡Gracias a todos por vuestras reflexiones!

  11. Iñaki dice:

    Hola, quisiera aportar a vuestro debate un dato y una opinión.
    El dato es que el argumento de “The Truman Show” esta basado en el relato de Philip K. Dick “Time out of joint” traducido como “Tiempo desaticulado”.
    La opinión es que el éxito de la tematización no es solo una consecuencia de una estrategia capitalista. También, y creo que sobre todo, es un sintoma de las carencias de la ciudad moderna, de gran parte de la arquitectura y del urbanismo modernos, y no me refiero sólo a la instrumentalización que el capitalismo o el totalitarismo han hecho de ellos.
    Creo que los ciudadanos que se cobijan en temas, residenciales, de ocio, comerciales, turísticos, buscan el refugio de un relato reconocible.
    Opino que en el caso de Seaside, Florida, urbanización real donde se rodó Truman Show, hay dos aspectos que confluyen pero que hay que diferenciar: la tematización y la seguridad. la segunda es consecuencia de la sensación de peligro, en parte fundada y en parte inducida, que se ha apoderado de las clases medias americanas en los 80.
    La huída a la periferia, por otra parte, es un fenómeno que se ha dado ininterrumpidamente en las ciudades americanas desde el boom de las Levytowns posterior a la segunda guerra mundial.
    Un abrazo y enhorabuena por el foro y por su poder de convocatoria.

  12. Cris dice:

    Enhorabuena por el artículo. A mí la película de Truman también me impactó en su momento. Y especialmente el modelo de ciudad que propone o enseña: edulcorada y convertida en una cuidad falsa o “disneylandizada”. Los tiros siguen yendo por ahí, especialmente en esos “guetos cerrados para ricos” lejos de la realidad de los barrios periféricos y normales. (Ver El País Dominical del pasado domingo, aunque estén ahora vacíos). Los centros de las ciudades, a otro nivel, también se están convirtiendo en “barrios fachada” para turistas… y para ejecutivos. Pero ¿qué queremos? Si el modelo educativo y cultural está encaminándose (según la filósofa americana Martha Nussmaum) hacia un ciudadano robot, útil, neoliberal, infantil, inmediato, aislado e indefenso, lejos de un ser humano adulto, responsable, curioso, con ganas de convivir con el vecino y buscar la felicidad basada en el conocimiento, la solidaridad y el amor. La manipulación es terrible y habría que retomar las ideas aprendidas de niños para intentar salir de este embrollo… también en las ciudades, que de lo que se trata en este portal. Gracias de nuevo y perdonad la longitud del párrafo.

  13. sarvagata dice:

    Hola pareja!!!!!!
    Qué bonita esa dosis de conciencia, arrojada a ese espacio donde muchas personas pasan tanto y tanto tiempo, como muy bien vosotros explicais ayudandoos de la pelicula El show de Truman.

    Entiendo que es una apuesta por la humanizacion de los espacios. Y me sumo al comentario anterior de Cris, creyendo que todo lo que existe en el exterior es reflejo de nuestro interior.
    Así que, si como vosotros mostrais con este ejemplo de tipo de construccion, tipo de ciudad, vivienda etc, nos vamos haciendo más conscientes de lo que NO queremos y lo que SI, este trabajo será maravilloso. De esta forma, podremos construir lo que será un futuro mejor para nosotros y los que vayan viniendo.

    Gracias por trabajar por ello!!!!!!!!!

    paz!!!!!!

  14. Stepienybarno dice:

    Estamos con Iñaki, en que el gran tema que está de trasfondo de toda la película es “la seguridad”. De hecho, como también comenta el antropólogo Manuel Delgado, lo que nos ha llevado a este tipo de ciudades es la negación de “la necesidad de inseguridad”. Tendemos a querer controlarlo todo y por ello “inventamos” partes de ciudades (estos “guetos para ricos” que cita Cris), que nos hacen creer que tras nuestras rejas podremos estar seguros.
    Pero la realidad es bien distinta pues, por un lado, cuanto más se segregan nuestras ciudades, en realidad, más situaciones conflictivas aparecen cuando, tarde o temprano, se salga de las madrigueras. Y por otro, el ser humano tiene que vivir en una cierta inseguridad (sin poderlo controlar todo), para que a la vez que algo malo pueda ocurrir, miles de situaciones positivas puedan tener cabida en su día a día.

    Si a esto a añadimos que, como comenta Cris, no somos capaces de volver a ser niños, sino que hemos creado un urbanismo de hombres insensibles que han dejado totalmente fuera de sus propuestas a otro grupos “más débiles” como son la mujer, los niños o la gente mayor, pues nos encontramos con ciudades más muertas que vivas, y se trata es de pensar en la CIUDAD VIVA, no?

    Así que secundamos la propuesta de Sarvagata de buscar la humanización de los espacios a través de la concienciación de lo que “SÍ queremos” para “nosotros y los que nos seguirán”.

  15. Israel dice:

    Estoy de acuerdo,las ciudades han perdido su capacidad para sorprendernos.Y es que,como comenta Manuel Delgado el “espacio público” no existe.Si existiera y fuera realmente público,sería algo muy distinto a lo que está ahí fuera ahora y que pre-determina ya en sí mismo unas pautas y modos de vida.Sería un espacio donde se admitirían todo tipo de conductas y formas de comportamiento;un espacio plural,de todos,espontáneo,pero posiblemente al mismo tiempo caótico y conflictivo.Como decía el otro, “el sentido común es el menos común de los sentidos”.Con el espacio público actual planeado y controlado por la administración pasa parecido.

    Creo que es muy acertado este último comentario sobre la seguridad.Rescatando una cita buenísima de vuestro último post, Bauman decía;“El camino hacia la identidad es una batalla continua y lucha interminable entre el deseo de libertad y la necesidad de seguridad”.

    Creo que esto es perfectamente aplicable a nuestras ciudades.Necesitamos que nuestras ciudades sean seguras,pero al mismo tiempo necesitamos de la pluralidad y de las distintas formas de vida actuando libres a pleno rendimiento para conformar la verdadera identidad de esa ciudad.Que estas dos cuestiones confluyan algún día es altamente improbable,yo diría imposible,pero es a lo que tenemos que ir acercándonos poco a poco.

    Enhorabuena por el post.

  16. Brijuni dice:

    Por una vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo en la observación de Miguel sobre las ciudades donde los niños pueden jugar en las calles… Bueno, aquí en Madrid, aún juegan, los mayores, pero poco. Recuerdo algunas imágenes de Caño Roto maravillosas con esos juegos de madera en el arenal. En fin, hoy tenemos tiendas multimarca y todo lo que necesitamos a cambio de una paz a la que hemos renunciado para siempre.
    De todas formas, El show de Truman, que me parece una película fantástica, no sé si tiene mucho que ver con lo que yo pensaba que sucedía en este post, algo así como la súpervigilancia de nuestras calles, algo a lo que por desgracia, no estoy seguro de oponerme y que por el contrario veo muy necesario.

  17. Miguel dice:

    OMFG! Asumo que el Brijuni que afirma asombrarse de estar de acuerdo conmigo es el Sr. Casas. Y van a ser dos. Y aquí me preparo para recibir las respuestas airadas de las hordas de bienpensantes… La ciudad no debe ser un espacio sujeto al derecho a la intimidad personal (si sois aficionados a la fotografía callejera sabréis el porque lo digo… trata de hacerle una foto a alguien en la calle, y verás…)

    Y si no quieres que te vigilen siempre creeré que es porque tienes mala conciencia… No me estorban ni molestan las cámaras de seguridad, en el espacio público no hago nada de lo que me pueda avergonzar o que pueda incriminarme, y si alguna vez sucede y se usa en mi contra… me lo habré buscado.

    De cualquier forma, la sensación de seguridad en los centros comerciales, es totalmente ilusoria, y encandenando, me niego rotundamente a que en un aeropuerto me registre personal de seguridad de una “empresa”, por suerte los ciudadanos tenemos el derecho a exigir que lo haga el guardia civil que siempre debe haber a su lado…

    Derechos y deberes, siempre en equilibrio y activos.

  18. Brijuni dice:

    De acuerdo con Miguel sobre la ciudad vigilada!
    Lo de la guardia civil y el persona de seguridad no lo había pensado, en principio me gusta colaborar, no tengo preferencias pero probablemente, por alguna razón, quizás lleves también razón en eso. Sí, soy el Sr. Casas.
    De hecho, yo no tengo demasiado aprecio por la intimidad ni en la calle ni en casa (vivo sin cortinas en plan noruego) porque nada escondo pero claro, falta saber el grado de interés de los demás en las cosas de otros. El pasotismo que algunos holandeses nos han confesado (falta de interés) por sus semejantes, que nosotros pensábamos que era prudencia y responsable madurez en la convivencia.

  19. Miguel dice:

    Lo de los holandeses es tema aparte. SIn cortinas vale, y con una aparente amplia tolerancia a la aparición de la carne al aire en la TV… pero… ¿cuántas parejas veías dándose muestras de afecto en público? Ni cogidas de la mano… no lo voy a llamar hipocresía porque somos holandófilos por adopción, pero raro es, tela…

  20. Stepienybarno dice:

    Nos viene bien la cita de Manuel Delgado, que trae a colación Israel, para reflexionar si verdaderamente existe el espacio público. Esto nos llevaría a un debate, seguramente, demasiado extenso, pero que creemos que tiene que ver con el tema que estáis planteando.

    La seguridad es evidentemente una condición indispensable para que exista este espacio público. Pero aquí aparecen dos temas interesantes, por un lado, si es seguridad o es sensación de seguridad y por otro, qué peaje tenemos que pagar para obtener esta seguridad (o sensación).

    Si nos subimos a un avión y nos hacen descalzarnos, lo hacen porque, realmente, así estaremos todos más seguros o es una especie de paripé que hace que volemos más seguros.

    A su vez, si entendemos por espacio público un lugar “donde se admitirían todo tipo de conductas y formas de comportamiento; un espacio plural” en el que podernos relacionarnos e interactuar con normalidad, tiene que haber un momento donde esas cámaras, de las que habláis, o esas fuerzas de seguridad velando por el orden, tengan un límite.

    A buen seguro, que el buen diseño del espacio, vamos a llamar, urbano o social, ayudará en gran medida a que sea realmente seguro y si de paso la propia gente del barrio se implica en su cuidado, seguramente ni la mejor cámara de vigilancia será tan eficaz.

    Al final, se trata, como bien coincidís (creemos que estáis de acuerdo más veces de las pensáis!!) de proponer un lugar donde puedan jugar los niños tranquilos e invite “a pasear de la mano”.
    Estas serán las mejores muestras de que un espacio público es un lugar de calidad a la vez que seguro.

  21. Miguel dice:

    Una referencia estupenda a la vigilancia colectiva que entonces se debería llamar de otra forma.

    Lourdes tuvo una experiencia interesante, consiguió en su proyecto de los 51 Alojamientos para Jóvenes y Mayores que los vecinos no pusieran rejas en las ventanas del patio interior. Consiguió implicarlos en ese sentimiento de espacio propio del que todos son responsables. Muchas veces hemos visto dentro bicis aparcadas sin atar…

  22. Brijuni dice:

    Es verdad, Miguel, que es alarmante el número de rejas y verjas en plantas bajas que se ven en España, con excepción quizá de algunos pueblos tranquilos, pequeños,… con respecto a la cantidad de ventanales a la intimidad sin proteger que se ven en otros sitios en Europa, tanto en Holanda como en no sé, ahora venimos de Londres y hemos tenido una sensación parecida.
    A la pregunta sobre esto y otras cosas como la suciedad o los grafitis, los europeos siempre dicen “no somos mejores que vosotros ni más educados, simplemente las multas son mucho mayores y muy frecuentes”. Será sólo eso???

  23. Miguel dice:

    Mejores no, pero más educados, en el sentido más retorcido de la expresión si que son. Daría para tanto…

  24. inex dice:

    Qué bueno el post!

    Vi la peli hace bastante tiempo y estoy intentando recordar cual es la motivación de Truman para salir de ese entorno, cerrado, seguro, idílico, perrrrfecto.
    Era curiosidad? la despertó el amor? qué hizo superar el miedo a Truman?

    Nosotros también estamos secuestrados y además padecemos el Sindrome de Estocolmo, ayudando a nuestros captores en su objetivo: Control, que no seguridad.
    La seguridad es una necesidad, pero imposible de asegurar, oh contradicción!.
    El control no es una necesidad humana, pero si es necesario para el sistema que ostenta el poder y si es segura su aplicación: con miedo.
    Es maravillosamente sencillo.

    Puertas abiertas a una nueva Era de Oscurantismo.
    Hagamos murallas y urbanizaciones donde no puedan entrar quienes no son nuestros semejantes: los Otros.
    Levantemos templos al Consumo para que ordas de fieles en procesión vengan a depositar su tiempo y su dinero a nuestros pies.
    Cerquemos barrios enteros, así nuestros rebaños de esclavos no podrán salir sino es en un vehículo policial devuelta a su país.
    Cámaras de vigilancia, a saco! es mucho mejor y más barato vigilar que educar, cómo vamos a confiar en las personas, y el vecino, un idiota!

    …para que hablar de la red!

    Esta tarea de adoctrinamiento sobre cuales son nuestras necesidades, anhelos, miedos e inseguridades les ha llevado tiempo y mucha propaganda, pero..que bien lo han hecho! tanto que suscribimos y defendemos “nuestro sistema”, sin reflexionar en otras posibles opciones: es el Síndrome.

    Ay dioses! que bien enseñados estamos a recitar credos, leer señales, seguir direcciones y flechas.
    Cual será nuestra motivación para salir de nuestro reducto mental?
    Curiosidad, instinto, amor, despertad!

  25. a_rosique dice:

    Genial el artículo y el debate generado.

    Os habéis centrado en el tema de la seguridad sin embargo, en mi opinión, todo radica en el consumo. La “falsa seguridad” es utilizada como otro argumento más de venta en ciudades, centros comerciales y urbanizaciones privadas. El centro comercial se ha convertido en un trozo de ciudad controlado, “seguro” (o aparentemente seguro) la plaza artificial, cerrada y situada en cualquier lugar a las afueras.

    Llegando más lejos, al hilo de lo que comentaba Cris con los “barrios fachada” para turistas, han convertido poblaciones enteras en bienes de consumo. ¿Alguien ha estado en Santillana del Mar en agosto?

    En mi última visita a Madrid, en diciembre, percibí la manera en la que el consumo está privatizando el espacio público, ya que cada plaza que visitaba estaba ocupada por puestos de mercado dudosamente ubicados. Algo similar sucede en el Paseo de la Explanada de Alicante, donde los puestos ocupan el 50% del centro del lugar, durante todo el año, enturbiando un tranquilo paseo junto al mar.

    Considero que estos mercados aportan cierta actividad positiva al espacio público (a costa de su privatización temporal) pero todo en su justa medida. Hay otras actividades compatibles en el espacio público que pueden hacer que recuperemos la ciudad y la “destrumanicemos”.

  26. Conrado dice:

    Siempre fue, es y será más sencillo replicar (copiar) que innovar o buscar respuestas personalizadas a cada asunto a resolver.
    Una vez conseguida una solución para un espacio y un tiempo concreto, materializado en producto vendible, el avispado “economoadicto” con falta de imaginación pero con una sed de enriquecimiento y manipulación desmedida, lo empezará a fabricar como churros y a exhibir hasta la saciedad para que los potenciales consumidores vayan integrándolo como deseo hasta convertirlo en necesidad, donde invierta la mayoría de su tiempo y energía para poseerlo, aunque no sea lo idóneo para su salud y su calidad de vida.
    Demasiados lobos para un rebaño desorientado y con un pastor y unos perros alienados por los mismos deseos que venden esos lobos. (y siento insultar así a tan bello animal).
    La cadena alimenticia necesita estar equilibrada para que las distintas especies puedan sostenerse y evolucionar en el Tiempo en su Hábitat.
    Demasiado depredador (carnívoro), demasiado voraz consumidor (herbívoros) para el pasto que hay. ¿Qué se va a acabar antes? ¿Se está regulando el número de consumidores? Es el de depredadores inconscientes el que es excesivo.
    Ayyy..estos dinosaurios de la aluminosis.. esta cómplice usura que se lava las manos durante toda la historia de la humanidad.

  27. Ethel Baraona Pohl dice:

    Me parece muy interesante el giro que ha tomado este debate. Hace algún tiempo, en un post que publicamos en Plataforma Arquitectura hablabamos del tema de la arquitectura de vigilancia, entre otras cosas, comentando:

    “Otra forma de control e imposición de miedo es el uso abusivo que los gobiernos hacen de los sistemas de vigilancia. El ciudadano medio vive su libertad coartada por la falta de intimidad y la constante vigilancia de sus actos.”

    Recomendamos la publicación de Zemos 98 del libro Panel de Control, que se puede descargar en PDF, aquí. Es interesante valorar hasta donde está llegando la “necesidad de control” y de que forma está reaccionando la ciudadanía. Por eso también queremos mencionar el trabajo de algunos grupos que se están dedicando a “hackear” este excesivo control con el que los gobiernos intentan dominar las ciudades. Un ejemplo es el proyecto Routes of Least Surveillance, con el que el Institute for Applied Autonomy se ha dedicado a rastear y cartografiar las cámaras de videovigilancia que hay en Nueva York, para dibujar mapas con rutas alternativas que permitan a las personas ir de un sitio a otro sin pasar por estos puntos de control.

    Muy buen post Loren y Agnieszka… gracias!

  28. CELULAS URBANAS « La Ciudad Viva dice:

    [...] nuestro anterior post intentamos analizar cuáles eran los problemas que veníamos arrastrando desde finales del siglo XX [...]

  29. Stepienybarno dice:

    Lo primero de todo, agradeceros vuestras bonitas palabras y ser capaces de intensificar el debate y darle tanta vidilla. ¡¡Así da gusto!!

    Como bien remarcáis no es lo mismo seguridad, que sensación de seguridad, que control. Esos “lobos” de los que habla Conrado y a los que tanto miedo tenemos nos vigilan con esa “infinidad de puntos de control” que pone encima de la mesa Ethel. Efectivamente, esta es la mejor forma de que el “ciudadano medio viva su libertad coartada por la falta de intimidad y la constante vigilancia de sus actos.” Y ya puestos a controlar, pues también queremos controlar nuestro espacio más cercano y entonces todo se llena de verjas. Por eso, nos parece especialmente interesante casos como el que trae a colación Miguel, en el que los propios vecinos deciden quitar las rejas y hacerse responsables del espacio comunitario del que disfrutan.

    La estética del miedo es endiablada y por eso la educación, como apuntan Brijuni y Inex, es un factor fundamental para no llenar todo de “murallas” que nos garanticen paraísos seguros en los que consumir sin parar. Esos “barrios fachada” no son más que una perversión del sistema para hacernos creer lo que no es. Y dentro de ellos, se desarrolla esa “privatización del espacio público” que denuncia a_rosique y que no hace mucho tocaban en uno de sus post Paco y Bea. De hecho, esta ambigüedad es uno de los temas que queremos abordar en próximos artículos.

    A ver si entre todos seguimos dando con las claves para sacar los colores a la CIUDAD TRUMANIZADA.

  30. Aprender a “leer la ciudad”… A propósito de la ciudad y la muerte de Bogdan Bogdanović « La Ciudad Viva dice:

    [...] La Ciudad Viva, acerca de a relación entre la arquitectura, la ciudad y temas como la vigilancia en las ciudades “trumanizadas”, o las píldoras del miedo en los espacios totalmente planificados, todo esto enfocado en su [...]

  31. Aprender a “leer la ciudad”… A propósito de la ciudad y la muerte de Bogdan Bogdanović « La Ciudad Comprometida dice:

    [...] La Ciudad Viva, acerca de a relación entre la arquitectura, la ciudad y temas como la vigilancia en las ciudades “trumanizadas”, o las píldoras del miedo en los espacios totalmente planificados, todo esto enfocado en su [...]

  32. ARQUITECTURA, ARQUITECTOS Y CIUDAD « La Ciudad Viva dice:

    [...] de la alianza político-inmobiliaria. En este punto, poco se puede decir, salvo admitir que la “ciudad trumanizada” de la que hemos venido hablando en los últimos post para la CIUDAD VIVA, en general, ha crecido [...]

  33. ramiroaznar dice:

    Un post que he ido dejando… pero al final he leído. Genial: Truman, Jacobs, Benjamin… e incluso ¡el principito!

  34. POR UNA CIUDAD QUE EXIJA UN #urbanismorealya « La Ciudad Viva dice:

    [...] de nuestras ciudades.  Nadie se ha ido a las calles de las anodinas urbanizaciones de la “ciudad trumanizada”, y por suerte la arquitectura ha supuesto el perfecto escenario y telón de fondo para que los [...]

  35. POR UNA CIUDAD QUE EXIJA UN #urbanismorealya « zonas temporareas dice:

    [...] de nuestras ciudades.  Nadie se ha ido a las calles de las anodinas urbanizaciones de la “ciudad trumanizada”, y por suerte la arquitectura ha supuesto el perfecto escenario y telón de fondo para que los [...]

  36. Stepienybarno dice:

    Muchas gracias, Ramiro, por tus palabras. La verdad es que, el Principito es una fuente inagotable de conocimiento. Gracias por comentar.

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