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Píldoras para el miedo

por Ecosistema Urbano — Viernes, 4 de marzo de 2011

Durante las pasadas semanas, en Madrid se ha discutido sobre la regulación de la música callejera. La propuesta de ley, impulsada por la Delegación de Medioambiente y respaldada por un buen número de asociaciones vecinales, se dirigía a la disminución de las molestias generadas por una de las más tradicionales prácticas de libre expresión urbanas.

Podemos considerar el episodio como otra manifestación de una tendencia de las ciudades a la “planificación total” de las actividades y los usos: la socialización tiene lugar en bares, el deporte en polideportivos, el ocio dominguero en parques etcétera.

Los espacios de vida se especializan hasta ser monotemáticos, y a raíz de esto la calle se queda afuera.

Manuel Delgado constata:

“[…] Se entiende que dentro [de los edificios N.d.A.] rigen principios de convivencia basados en un pacto de franqueza y previsibilidad. En la instancia social estructurada que ese dentro suele albergar se registran relaciones estabilizadas, como las que vinculan entre sí, por ejemplo, al empleado con su jefe o, en el máximo nivel de privacidad interpersonal, al marido con su esposa. Dentro, tras las puertas y las paredes construidas, bajo techo, se encuentran las sedes de las diferente instituciones primarias, en cuyo seno uno reconoce y ve reconocido su puesto en un organigrama de puntos más bien fijos.[…]

En cambio, el afuera se asocia al espacio no construido y, por tanto, no habitable, vasta comarca en que tienen sede formas de organización social inestables. la calle y la plaza son los afueras por excelencia, donde, al aire libre, tiene lugar una actividad poco anclada, en la que la casualidad y la indeterminación juegan un papel importante. […]

El adentro tiene límites, por el contrario, el afuera es paisaje ilimitado en que no vive apenas nadie y por el que lo único que cabe hacer es deslizarse.”

En un avanzado proceso de expoliación de las funciones sociales del espacio público y de transformación del afuera en lo que Bauman define como espacio émico o fágico los bancos y los asientos son el primer obstáculo. Se oponen al tránsito, favorecen el encuentro, se usan para el reposo y el ocio.

Citando a Steven Flusty, Bauman afirma que la ciudad contemporánea usa medios arquitectónicos que son versiones técnicamente actualizadas de las murallas y las torres medievales, necesarios para defender unos ciudadanos de otros a los que se atribuye el estatus de enemigos.

Flusty evidencia tipologías que nos deberían resultar familiares: el espacio erizado, defendido por elementos que impiden sentarse y que no puede ocuparse cómodamente, o el espacio nervioso, que no se puede usar sin ser observados por organismos de control.

Estos medios vacían gradualmente el espacio público de su sentido más profundo, bajo un pacto social que, en muchas ocasiones, es compartido por los ciudadanos.

Sin embargo la sociedad necesita habitar el afuera.

Según Rebecca Solnit sólo los ciudadanos que tienen familiaridad con su ciudad como territorio práctico pueden ser capaces de ejercer un verdadero control social. Cuando se limita el derecho de reunirse quitando los bancos de una plaza, fomentando el uso del coche o con una ley antibotellón, en realidad se está eliminando el público mismo: el individuo deja de ser un ciudadano capaz de actuar en comunidad.

En este espacio vaciado de usos sociales queda la paranoia urbana basada en el miedo a las diferencias, y sobre todo al ejercicio de las diferencias, cuyos protagonistas son marginales, extranjeros e individuos peligrosos en general.

Por otro lado, queda la sumisión total del espacio público al hiperconsumo, que como afirma Carlos Taibo es antes un indicador de malestar que una fuente de felicidad.

Banco Guerrilla

En el 2008, en Valparaíso (Chile) en la vigilia de una importante manifestación, todo el mobiliario del centro de la ciudad fue desinstalado para que no fuese usado como arma o para formar barricadas.

En nuestras ciudades también los bancos pueden ser hoy las trincheras en las que se combate la guerrilla entre un espacio cuyos usos son totalmente planificados y la libre determinación por parte de los usuarios. El mobiliario urbano es la primera interfaz para el sistema operativo urbano, la herramienta material para el ejercicio de la ciudadanía en todos sus sentidos.

De estas premisas se desarrolla el proyecto “Banco Guerrilla” del colectivo Todo por la Praxis:

“Este proyecto reflexiona sobre la importancia del mobiliario como articulador de dinámicas sociales más allá de las puramente consumistas. Por lo que se plantea una metodología de working progress, donde haya espacio de experimentación y reflexión.

El punto de partida será el trabajo desarrollado en talleres  que se desarrollen  en diferentes solares de Madrid, este contexto nos permite establecer unas condiciones abiertas para la experimentación tanto en lo formal como lo constructivo.

Una de las condiciones auto-impuestas es tener como premisa una ejecución de bajo coste y de fácil montaje. Se plantea la realización de bancos  como punto de partida que se construyen a través de la reutilización  y reciclaje de otros objetos de mobiliario urbano, como señales de trafico , cubos de basura o la utilización de material de andamiaje y obra como bidones de agua etc. Mediante sencillas intervenciones se plantea la transformación de estos elementos en objetos de mobiliario urbano.”

Interviniendo sobre la “interfaz” y las “periféricas” de nuestras plug-in cities, es posible resignificar una metrópolis entera, aunque la ciudad de hoy no sea una cancha abierta donde cualquier jugador puede legitimarse con el trabajo.

Para toda una generación de jóvenes arquitectos, urbanistas, artistas y activistas de vario género, intervenir sobre la estructura de la ciudad global es imposible.

Estos actores, que quieren ser protagonistas del cambio, se mueven en una capa superestructural, jugando un papel de hackers y cambiando, a través de pequeñas intervenciones, el paisaje urbano de forma sutil y paciente.

El espacio público es lugar de trabajo de estos colectivos, la guerrilla y las intervenciones en píldora su metodología, otra ciudad su objetivo.

Texto escrito por Massimiliano Casu para Ecosistema Urbano.

Fotos: Todo por la Praxis

Referencias

Z. Bauman – City Of Fears, City Of Hopes – http://cms.gold.ac.uk/media/city.pdf

R. Solnit – Wanderlust: A History of Walking, Penguin Books, 2001

M. Delgado – Sociedades movedizas, Editorial Anagrama, 2007

Todo por la Praxis – http://www.todoporlapraxis.es/

Blog de Maximiliano Casu – http://50tav3nt0.wordpress.com/

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3 comentarios a “Píldoras para el miedo”

  1. Aprender a “leer la ciudad”… A propósito de la ciudad y la muerte de Bogdan Bogdanović « La Ciudad Viva dice:

    [...] la arquitectura, la ciudad y temas como la vigilancia en las ciudades “trumanizadas”, o las píldoras del miedo en los espacios totalmente planificados, todo esto enfocado en su relación con los conflictos [...]

  2. Aprender a “leer la ciudad”… A propósito de la ciudad y la muerte de Bogdan Bogdanović « La Ciudad Comprometida dice:

    [...] la arquitectura, la ciudad y temas como la vigilancia en las ciudades “trumanizadas”, o las píldoras del miedo en los espacios totalmente planificados, todo esto enfocado en su relación con los conflictos [...]

  3. Píldoras para el miedo | ecosistema urbano dice:

    [...] Texto escrito por Massimiliano Casu para Ecosistema Urbano, y previamente publicado en el blog de La Ciudad Viva - Fotos: Todo por la [...]

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