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La inocencia perdida.

por Brijuni — Domingo, 17 de abril de 2011

Vällingby -Suecia-, años cincuenta.

Dejábamos atrás la Suecia de los años cincuenta y el análisis casi microscópico de su cambiante espacio urbano en los alrededores de Estocolmo y en algunas de sus new towns mientras unos niños se bañaban en las fuentes de Vällingby y otros, no muy lejos de allí, jugaban al sol en lo que parece un entorno tranquilo y protegido, bajo una de los típicos balcones de los edificios suecos de esa época.

La imagen no puede ser menos perturbadora. Mientras una de las niñas observa cómo rebotan las pelotas de sus compañeros de juegos, otro niño aún más pequeño aprende a montar en bicicleta justo delante de la puerta del edificio y cerca de un aparcamiento al aire libre probablemente utilizado únicamente por los residentes del conjunto de edificios.

Se podría pensar que a muchísimos kilómetros de allí, en el poblado madrileño de Caño Roto, una escena similar era posible. En una imagen que bien podría pasar por uno de los playgrounds de Aldo van Eyck en Amsterdam, un buen grupo de niños disfrutaba con los juegos de madera que el escultor Ángel Ferrant (1), maestro y amigo de arquitectos de la época como Antonio Vázquez de Castro, autor de las dos fases de más de mil seiscientas viviendas del poblado dirigido de Caño Roto junto a José Luís Íñiguez de Onzoño.

Niños jugando en Caño Roto con juegos de madera del escultor Ángel Ferrant. (Fotografía atribuida a Joaquín del Palacio -Kindel-)

No hay rastro del conocido autor al que se le atribuyen muchas de las fotografías que el número 54 de Hogar y Arquitectura de septiembre-octubre de 1964, un año después del fin de las obras, publicó en un amplio reportaje que ahora el GIVCO (Grupo de Investigación Vivienda Colectiva DPA ETSAM UPM) adjunta junto con el resto del cuaderno CVI002 sobre el Poblado Dirigido de Caño Roto (Fases I y II). Animados por otras poderosas razones que nos muestra Andrés Perea, le preguntamos al propio Antonio Vázquez de Castro sobre estas fotos y nos cuenta que la mayoría son del fotógrafo Joaquín del Palacio (conocido como Kindel) y otras son suyas, concretamente las de su casa.

Interior de una de las viviendas del poblado de Caño Roto.

Repasar las fotografías de la época y comentarlas con su autor es toda una experiencia que agradecemos y queremos compartir. Antonio Vázquez de Castro nos cuenta cómo habitó una de las viviendas durante las obras, más por pura responsabilidad que por necesidad, hasta que la cedió a un delineante suyo que la necesitaba más que él; cómo era el único dueño de un automóvil que utilizaba para llevar a los primeros habitantes del poblado a la casa de socorro o donde fuera y cómo en realidad, durante el proceso de construcción, un estado inacabado e inseguro de las viviendas ya era mucho mejor que las chabolas y los futuros moradores se empeñaban en mudarse aún a costa de poner en peligro su seguridad y la de su mucha prole.

Muebles diseñados por Antonio Vázquez de Castro en tubo de acero.

Sobre los juegos de madera de Ángel Ferrant, Vázquez precisa que “no estaban a la altura del grado de civismo porque no se podían dejar allí sino que había que guardarlos por la noche porque si no se los llevaban”. En esto, por desgracia, no hemos cambiado demasiado. Más curioso aún es el relato de los económicos muebles de tubo de acero (que recuerdan a los primeros de Marcel Breuer) que el propio Vázquez de Castro diseñó y que, confiesa, tuvieron muy poco éxito entre los habitantes del poblado que preferían endeudarse por mucho más de lo que les iba a costar su vivienda con tal de tener unos muebles que representaran algo que pensaban que la vivienda no les daba; quizá un cierto status o la dignidad que una vivienda social no tenía. Aquí sí hemos cambiado y puede que ahora los muebles del arquitecto hubieran tenido mucho más éxito ya que Ikea ha cambiado nuestra forma de amueblar nuestras vidas.

Interior de la vivienda de Antonio Vázquez de Castro.

Lo que no ha cambiado, como vemos, es la percepción que los arquitectos y la sociedad tienen sobre una misma cosa. Emilio Tuñón recuerda lo que él llama el naufragio de una ilusión, al mirar las fotografías (esta vez probablemente del propio arquitecto, no de Kindel) de los interiores limpios y modernos de Caño Roto, y cita a Luis Fernández Galiano en su quimera moderna:

“Fue hermoso mientras duró. La experiencia de los poblados dirigidos de Madrid, tan breve como intensa, representa un momento estelar de la arquitectura española de los 50. En la construcción de aquellos barrios populares, fervorosamente modernos, trabajaron un puñado de jóvenes arquitectos entre los que estaba la mayor parte de los que clasificamos como maestros. El brillo fugaz de aquella concentración de talento se apagó al entrar en contacto con la atmósfera densa de la España de entonces, sin dar apenas tiempo a formular deseos o expresar esperanzas. La quimera moderna naufragó bajo el peso de aquellos tiempos de plomo…”

Poblado Dirigido de Caño Roto -Madrid- (1957-63). (Fotografía atribuida a Joaquín del Palacio -Kindel-).

No hemos vivido esa época, sin duda mucho más difícil y sombría que la de ahora, más fácil y cómoda aunque quizá más desesperanzada, pero sí encontramos que esas fotografías son, a pesar de “lo fingido del cuadro” que escribe Andrés Cánovas en el CVI002 antes referido a propósito de la imagen anterior, mucho más creíbles y que ahora, si viéramos a esos niños o a otros, siempre pensaríamos que son atrezzo fingido y triste decoración para una ciudad que hace tiempo que perdió la inocencia o la ha confinado tras vallas que delimitan un conjunto de tobogán, balancín y columpio donde una fila de niños hace cola.

Texto: Beatriz Villanueva Cajide y Francisco Javier Casas Cobo (bRijUNi arquitectos).

Basado en una entrevista con Antonio Vázquez de Castro en su estudio en Aravaca el 6 de octubre de 2010.

1 Según Antonio Vázquez de Castro, Ángel Ferrant se interesó por la experiencia de los poblados dirigidos y quiso “hacer generosamente una aportación, cobrando lo que me cobren el carpintero y el cerrajero” y diseñó los juegos de madera de las imágenes.

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8 comentarios a “La inocencia perdida.”

  1. L.F.P. dice:

    guapas las sillas… da para un post lo que decis del dinero y la representacion de tu casa… no hemos cambiado tanto en eso, ikea representa…
    ademas que esta muy bien pensar en los niños desde otro punto de vista no el de siempre la seguridad sino la libertad!

  2. javierizqui dice:

    Tuve la suerte de hacer el año pasado una tasación de una de las viviendas de Oiza del poblado de entrevías. Bueno, la suerte además de visitar la vivienda por dentro fue el hecho de poder hablar con uno de los propietarios que me relató como las construyeron con sus propias manos. Desde luego que eso sí que eran viviendas sociales. En cuanto a las viviendas en concepto y a sus espacios públicos poco hemos avanzado o más bien, mucho hemos retrocedido. Muchas de esas viviendas de poblados sociales son mejores que la mayor parte de las viviendas construidas recientemente
    Un abrazo y como siempre enhorabuena por vuestro artículo

  3. Guille dice:

    Es una lástima que la arquitectura racionalista no llegara a cuajar, en la sociedad española de los 50, como pasó en otros paises.
    Hoy día parece que la cosa está cambiando, y la sociedad acepta un poco mejor la estética de la arquitectura contemporanea.
    Todos sabemos los grandes errores que cometieron los primeros arquitectos racionalistas, al creerse que podían hacerlo todo… pero esta misma visión les hacía crear arquitecturas utópicas, con mucho más contenido, con muchas más intenciones. Querían mejorar el mundo, cambiar la sociedad donde vivían.
    Yo por lo menos hecho de menos una visión más utópica de la arquitectura, que se hable más de contenidos, intenciones…. pero a todos los niveles, ciudadanos, políticos, arquitectos…
    http://www.youtube.com/watch?v=uoEcUqFxDUc
    Saludos, y gracias por el artículo.

  4. Brijuni dice:

    Hola, Guille. Qué pena, sí, todo lo que dices… en próximos posts abordaremos el tema de porqué no cuajó, al menos desde la vivienda social, lo que en otros países sí lo hizo, ya que Antonio Vázquez de Castro nos concedió una segunda oportunidad y nos contó mucho de lo que pasó en esa época donde como dices la gente pensaba con más ilusión que ahora.
    L.F.P. has visto el artículo de Manuel Tochez sobre Ikea al que hacemos referencia al comienzo del post?
    http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=8554
    Javierizqui, qué suerte tuviste con esa tasación! Hemos avanzado muy poco, yo creo, es verdad, no me resisto a volver a decir aquí lo que ya hemos dicho en posts anteriores sobre la injusticia de la vivienda social en propiedad, siendo un bien escaso y los recursos del estado aún más escasos, conceder un premio así a unos pocos es una terrible injusticia.
    Los dejamos aquí de nuevo por si queréis echarles un vistazo:
    http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=3829
    http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=4884
    Esos sorteos grotescos con polideportivos llenos de gente, en fin, gracias por vuestros comentarios.

  5. S. DE MOLINA dice:

    Queridos Brijunis,

    Llevo tiempo queriendo continuar el hilo de la conversación de vuestro estupendo escrito.

    No voy a decir mucho de esos columpios mágicos en cuanto que poco encuentro en ellos de sistema “pedagógico” y si de extraordinario ejercicio plástico y constructivo de la madera.

    Maite Muñoz, ha pensado en este sentido sobre esos columpios de Ferrant que por su parte conoce a través de la revista “Nueva Forma” del año 1969 y sobre los que ha escrito algunas palabras lúcidas(http://www.mansilla-tunon.com/circo/epoca6/pdf/2006_137.pdf).

    Como objetos de pensamiento, objetos móviles y ligeros, creo que tal vez son más bien esculturas y que ahí concentran su mayor interés. Desde esa óptica, como esculturas, exigen espacio a su alrededor que es precisamente el exigido para poder jugarse con ellos. El orden de esos “juguetes” los niños al acabar la jornada, quizás constituyan el campo de la verdadera escultura. (Antes de que los birlaran, claro).

    Solo por eso rememoran espacios que no eran propios en España en esos años pero si de Noguchi, Bill o Van Eyck.

    Un gusto haber traido el testimonio de Vázquez de Castro para contarlo, (casi), en primera persona.

    Saludos!

  6. lopezmir dice:

    Joo… seguimos con las nostalgias del pasado en blanco y negro!!! qué pena pero qué bonito. Un sobresaliente a los Brijuni por estas imágenes, las citas y el texto. Manifiesto arqui-ético… y qué cantidad de buena arquitectura y buenas intenciones… eso sí era idealismo al más puro estilo platónico… amor platónico por la casa, la silla, los juegos infantiles, el mundo obrero… y menuda cantera de arquitectos en plena dictadura franquista… qué curioso, paradojas de la vida.
    Efectivamente, un verdadero naufragio de una ilusión que da para más de una tesis doctrinal y un examen concienzudo del ombligo del/los/las arquitectos/tas/tis.
    Seguro que lo conseguiremos. Ánimo y seguimos esperanzándonos.

  7. Los niños en la ciudad holandesa « La Ciudad Viva dice:

    [...] unos pocos días atrás Brijuni ilustraba su artículo “La inocencia perdida” con unas fotografías muy sugerentes de niños jugando en la ciudad. Una de Suecia en los años [...]

  8. Angel Cordero Ampuero dice:

    Como siempre, ¡enhorabuena Paco y Bea!
    Curiosa personalidad la de Angel Ferrant, curiosa y al parecer contagiosa a arquitectos y (sobre todo) artistas madrileños, una generación de la que fue maestro en tantas cosas. Sobre todas ellas quiero destacar la sensibilidad, una cuestión que a menudo se nos escapa (no sé si por cursi o por abstracta) entre el racionalismo industrial y las cuestiones sobre la representación.
    Cada vez estoy más convencido de que es una de las pocas aportaciones reales de la arquitectura, una forma de sentir o tomar conciencia de la realidad que habitamos. Incluso en ese “fingido del cuadro”, indudable en algunas de las fotos pero, al fin y al cabo, tan arquitectónico. ¡Qué gran arquitecto, Kindel!
    Y nuestros mejores maestros en los poblados dirigidos, como los de colonización y tantos otros, fueron sobre todo maestros en su demostración de sensibilidad, a menudo tan próxima a la ética…
    Cent’anni!

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